Capítulo 1
En ese momento no recordaba nada, ni siquiera su nombre. La cabeza le daba vueltas, le dolía demasiado y el ruido de las máquinas se hacía cada vez más intenso, además de todas las preguntas que no dejaban de llegar a su mente, sentía que era demasiado. Se sentía perdida y lo estaba, por más que intentaba querer recordar algo, todo era en vano, todo se veía negro y así se sentía aún después de haber despertado.
―Me duele demasiado la cabeza ―susurró porque hasta su propia voz le molestaba, miles de punzones se instalaban en su cabeza con cada palabra que decía.
―Me encargaré de eso ―informó el hombre, revisando por última vez las máquinas.
Cerró los ojos por un momento pues el dolor cada vez se volvía más intenso, además de que la luz no dejaba de molestarle. Se sentía extraña y, por primera vez, empezó a notar el dolor en todo su cuerpo, sus manos, sus dedos, abdomen, cuello, no había alguna parte que no le doliera. Tal vez los sedantes ya habían dejado de hacer efecto porque minutos atrás no había sentido nada, solo el malestar de su cabeza, pero en ese momento podía percibir todo
Debió de haber hecho una mueca o algo porque el médico pareció notarlo. Terminó de anotar unas cosas en su tableta y salió sin decir ni una sola palabra, pasaron varios minutos que parecieron eternos cuando volvió junto con una enfermera.
―Te pondremos un analgésico con un sedante para el dolor, te ayudará a reducir el dolor de cabeza y de tus heridas, te sentirás mejor en unos minutos ― lo observó, sin saber qué decir y aunque quisiera, el dolor era insoportable.
Ella la miró algo temerosa, pero la enfermera le ofreció una amigable sonrisa.
―No te preocupes, no te dolerá. El medicamento será inyectado en la intravenosa que ya tienes.
Trató de respirar lenta y profundamente para intentar amortiguar un poco su dolor. Observó el líquido ser inyectado y, en cuestión de minutos, se sintió relajada.
―¿C… cuál es su nombre? ―trató de observarlo, lucía cansado.
Por un instante sus miradas se cruzaron y pudo observar que sus ojos eran de un hermoso color miel que por alguna extraña sensación la hacían sentir a salvo.