Introducción:
Introducción:
[Amber]
Siento que mi corazón se rompe lentamente, quizás esta no sea la mejor decisión. Pero ahora es lo único que puedo hacer, debo alejarme. Le observó e intento no derramar una sola lágrima. Nunca he sido débil y hoy no sería la excepción.
Respiro con profundidad y me animó a decir lo que siento.
—Se terminó, lo lamento Stef —susurro con voz débil—. Pero no puedo seguir con toda esta mierda y menos si no pones de tu parte —admito y las ganas de llorar aumentan. Tranquila Amber, tu puedes—, No quiero volver a verte y espero logres encontrar a alguien que si pueda salvarte de tus demonios —muerdo mi labio inferior y deseo que diga algo. Que se oponga a la decisión que acabó de tomar por los dos, que me grité y me diga que me ama tanto o más de lo que lo hago yo. Pero no dice nada, no se opone, no grita, no dice que me ama.
Con lágrimas inundando mis ojos y con mi corazón hecho trizas me alejo. Le dejó allí, parado, sólo. Una parte de mí, esa que es tan estúpida y soñadora. Espera que me detenga, que me abracé y diga que no logrará vivir sin mí. Joder. Estamos hablando de Stéfano Caristeas, una persona que no tiene sentimientos -pero que en algún momento me engañe creyendo que si los tenía-. Una persona fría e intimidante. Que con sólo una mirada de sus ojos mieles logra que dejes de respirar.
Pero nada sucede como quisiera, no me detiene. Me deja ir y con ello no sabe cuanto daño ha logrado hacerme. Ha destrozado por completo mi alma y ya nadie podría repararle jamás.
(...)
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