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¡¿No eres gay?!

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Sinopsis

Mi vida no es normal, no con la familia tan peculiar que me ha tocado. Aunque después de tantos años juntos, estoy acostumbrada a los arranques de mi madre, al desinterés y malicia de Fran y a las puntadas de Peter. Siempre estoy preparada para sus locuras y para intentar salvar la situación, pero para lo que no estaba preparada era para conocer a su nuevo amigo. Alguien que ha venido a casa y no precisamente de visita.

Genero:
Humor/Romance
Autor/a:
Isela_Reyes
Estado:
Completado
Capítulos:
13
Rating
4.9 14 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: Otro amiguito de Peter


Hay pocas cosas que son capaces de romper la tranquilidad de mi familia, ¡Nah! Mentira, es un hecho que prácticamente todo lo hace, incluso el vuelo de una mosca o el ladrido de un perro consiguen alterarlo. Si, así de mal estamos. Y la intensidad va de unas cuantas frases hasta gritos desproporcionados que llaman la atención de los vecinos. No somos normales, en absoluto, tengo que admitirlo.

Como olvidar el caos que se formó cuando Peter declaró su gusto por las prendas femeninas y su amor por las personas del mismo género. ¡Eso fue explosivo! Mi madre trató de arrojarle encima la cazuela con aceite hirviendo. Y no es que sea homofóbica, nadie en casa lo es, ni nada parecido, pero mi hermano es cosa seria, muy, muy seria y de temer. Después de hacernos saber que no sería el “hombre de casa” como creíamos, sino otra más de nosotras, quiso comenzar a usar nuestros artículos personales, incluida la ropa interior. Y eso sí que fue extraño, más que alocado. Digo, cada uno hace con su cuerpo lo que quiere, o en este caso con su trasero, pero… que quiera parecer una mujer con voz de mariachi de Garibaldi, con la altura y los pies del hombre de las nieves, pues no es muy común que digamos. Afortunadamente, no pasó a mayores, como tampoco lo hizo su iniciativa para abrir una tienda travesti en la cochera. ¡Dios mío! Ahí sí que la vecina nos quería echar la policía cuando se le ocurrió hacer su desfile de ropa interior. Ese es mi hermano, Peter.

Luego está mi hermana, Fran, Francisca o Pancha para quienes son de confianza. Es la mayor de los tres y quien tampoco se salva de ser protagonista de riñas. Es imposible olvidar cuando la encontramos en la sala de la casa con el carnicero, cuchillo en mano para cumplir una fantasía sexual. El problema es que mi madre pensó que la quería asesinar y todo se descontroló. Aunque no fue tan impactante, como saber que estaba embarazada y que no tenía idea de quién era el padre. Si, así es mi querida hermana. Alguien que no sabe escoger parejas, porque simplemente agarra a todos los que se le cruzan en frente. Ella no sabe discriminar. Peter la llama fácil, cuando anda de buenas y mejor no referir cuando está de malas; por otro lado, mi madre no es tan sutil a la hora de asignar sus calificativos, que también prefiero no mencionar. Yo prefiero abstenerme en ese sentido. Fran va por su quinto mes de embarazo, y seguimos sin saber a quién se parecerá la pobre criatura.

Y hablando de mi madre, ella no se salva, también es bastante particular. Viuda hace 10 años, con tres hijos que sacar adelante y una hermana que es una auténtica bruja y a quien no nombramos ni por error. Es una autentica arpía, casi, casi como Voldemort en Harry Potter. Rebeca es una buena mamá, la cosa es que no suele ser moderada a la hora de hacernos saber su opinión y eso definitivamente nos mete en cada lío. Evidentemente, a nadie le gusta que le digan las cosas a la brava. Ella es paciente, bueno casi siempre; tiene problemas de la vista y usa gafas que siempre olvida. Odia que la llamen por su nombre y Peter ama sacarla de sus casillas con eso.

Por ultimo estoy yo. Soy la menor de los tres y según lo dicen, la más tranquila. Tengo mis cosas, ciertamente no soy un ángel. Ni poquito. Me encuentro atascada en una “especie de relación”, desde hace 4 años. Y ni siquiera sé la razón. Bill no es guapo, más bien diría que es bastante feo. A veces me da pena salir con él. Desgarbado, chaparro, con una barba horrible y un sentido de la moda espantoso. Mejor no imaginarlo. Tampoco es rico, o sea que soy yo quien tiene que pagar las cenas o los boletos del cine cuando no tiene dinero, que casi es siempre. ¿Por qué sigo con él? No es por sexo, eso es seguro. Es de los que solo piensan en ellos a la hora de la intimidad. No hay frases lindas o melosas, nada de juego previo, es de los que van a lo que van y punto. Lo meten, empujan y ¡ya! Se acabo la fiesta. Ni siquiera lo quiero. En serio, ¿Por qué rayos sigo con él? Quizás es la costumbre, lo que puede pensar mi familia o que no existen muchos prospectos en un pueblo pequeño como en el que vivimos.

Aquí la gente sigue siendo bastante cerrada de mente, tanto que una mujer que pasa los 20 años, tiene que comenzar a pensar que hará para atrapar a alguien o donde un hombre que camina modosito es maricón. Peter, pues sí que lo es. Y lo peor, ni siquiera intenta disimular. ¿Quién rayos usa un plumero de color rosa en el cuello y saluda como si fuera en la pasarela de Miss Universo? ¡¡Nadie!! Solo él.

En fin, creo que todos estamos acostumbrados a las locuras de cada uno, así que no es algo de extrañar. Lo que sí es fuera de lo común, es lo que acaba de decir Peter. ¿Amigo? ¡Ja! Eso nadie lo cree ya. Las tres: mi madre, Fran y yo, sabemos que la palabra “amigo”, para él significa otra cosa muy distinta. Todos los “amigos” que han venido a la casa, van directo a su cama, en lugar de pasarse por la sala o la cocina, como lo haría alguien normal, mínimo fingiendo interés en algo más.

―¿Quieres que tu amigo se quede en la casa? ―pregunto con cautela, esperando que no sea lo que creo que acaba de decir y que mi saturada mente esté jugándome una mala pasada. Hoy ha sido un día bastante atareado en el despacho, puede ser eso.

―Si ―asiente tratando de parecer casual, algo que Peter no puede lograr, ni aunque quisiera―. Y antes de que lo sugieran, no es gay. ―Nuestras caras responden a eso―. No es gay.

―Permite que lo dude, todos tus amigos son gays ―opina muy acertadamente Fran. Incluso ella que se la vive en lamentarse no saber quién es el padre de su hijo y que hará para que se responsabilice, lo sabe.

Peter se lleva la mano al pecho, mirándonos claramente ofendido, antes de posar sus ojos en mí. Ya que soy algo así como su último recurso y eso es malo.

―No tengo nada que decir ―murmuro llevándome un pedazo de pan a la boca. Esa es una realidad indudable, incluso para mí, que me da exactamente lo mismo si para lo único que los quiere es para meter su amigo dentro de su amigo.

―¡Por favor! ―gimotea haciendo una pataleta nada varonil―. Es la verdad. Tom no es gay.

―Tiene nombre de gay ―masculla Fran, fingiendo interés en su cena.

―El mío no es nombre de gay y ¡soy gay!

Si, él tan orgulloso de su sexualidad. ¡Qué bárbaro!

―¿Ya te lo tiraste?

―¡Mamá! ―exclamamos al mismo tiempo mi hermana y yo, mirándola horrorizadas. ¿De dónde sacó eso?

―¿Qué? ¿No se dice así? ―inquiere pareciendo contrariada―. ¿Follar? ¿Pinchar?

―¡Por Dios, Rebeca! Comportante.

―¡No me llames así! ―exclama dejando caer el tenedor. Peter levanta las manos en señal de rendición y retrocede ligeramente sobre su silla. Si lo que quiere es convencerla, va por mal camino.

¿Amigo? Lo que quiere es tener con quien enrollarse. Seguro se trata de eso. Él no es ninguna alma caritativa, como quiere hacerlo ver.

―Como digas. La cosa es que sería solo por unos días, quizás un par de semanas. Tiene un problema con su piso ―explica con voz melosa, poniendo a trabajar su labia. Así es como consigue a los tipos más guapos, que quien sabe de dónde rayos los saca. Aun me cuesta creer que chicos que parecen sacados de alguna revista permitan que mi hermano los folle.

―¿Con su piso o su novio? ―murmura Fran, apuntándolo con el tenedor―. Seguro quieres consolarle por su perdida.

―Son imposibles. ―Sacude la cabeza―. En serio que no es gay y tampoco tiene otro lugar donde quedarse. ¿Prefieren que duerma en la calle y muera de frio? ¡¿Tan malas son?! ¡Mujeres sin corazón! ¡Las desconozco!

¡Maldito! Ahora intenta darle lastima a mi madre y a su corazón de pollo. Puede parecer muy dura la mayoría del tiempo, pero es un pan de Dios.

Fran me dedica una mirada, que me hace saber que piensa lo mismo que yo. Ese individuo se quedara aquí, ya es un hecho.

―No es por ser mal pensada, pero será mejor que se quede con Sara.

Paso de golpe el bocado, mirándola incrédula. ¿He escuchado bien?

―¡¿Por qué conmigo?! ―pregunto atónita, casi saltando de la silla, como si acabaran de electrocutarme. No puedo creer que mi madre esté sugiriendo algo como eso. No conozco a ese chico, no importa lo gay que sea. ¿Y si quiere usar mis pantis, como lo hizo Peter? ¡Que feo! No tengo muchas para estarlas regalando.

―¿Quieres que no nos dejen dormir? ―pregunta mirándome ofendida, como si no tuviera motivos para protestar―. Estarán como conejos si los dejamos en la misma habitación.

―¡Mamá!

―Me estás difamando ―se queja Peter, con un gesto que bien podría valerle el Oscar.

―¿Qué? ―inquiere encogiéndose de hombros―. Es la verdad. El último amiguito que trajiste gemía demasiado alto y llamaba a un tal Jesús.

―¡Dios!

―No era Dios, era Jesús. Estoy segura, los oídos aun no me fallan.

―¿Lo dicen en serio? ―intento inútilmente, porque sé que no llevo las de ganar. No puede quedarse con Fran, su recamara es más pequeña y con el embarazo se levanta seguido al baño. No lo dejaría dormir.

―Sí, eres la más cuerda. Además no le van las mujeres.

―¡Que sí! ―insiste Peter―. Que no es gay…

―Pues no por mucho al paso que va ―afirma―. Que tú a todos te los tiras.

―¡Mamá! ―Fran y yo negamos. Cero sutilezas.

―¿Qué? ¡Ustedes dos parecen coristas! ―Se incorpora tomando su plato, dirigiéndose al fregadero―. No se hable más. Tu amigo gay se queda, pero con Sara y cuidado que anden follando por los rincones porque los saco a la calle a los dos.

―Rebeca a veces me das miedo. ―Peter la mira fingiéndose horrorizado, cuando en realidad quiere reír tanto como nosotras.

―Que no me digas Rebeca ―patalea entrecerrando los ojos, de modo amenazante. ¡Van a empezar de nuevo!

―Así te pusieron tus padres ―dice con chulería, disfrutando sacarla de sus casillas.

―Eran tus abuelos, idiota.

―Lo que sea. Entonces, ¿le digo que pase? ―Las tres nos miramos perplejas. ¿Lo ha tenido afuera toda la cena?

―¡Pues claro! Antes de que la cena se enfrié, porque yo quiero ver la novela.

―¡Genial! ―celebra mi hermano saltando como si fuera una porrista de preparatoria, que intenta ligar. A veces es más femenina que Fran y yo juntas.

―Pero estás advertido…

―Sí, sí, lo que digas. ―Sale corriendo de la cocina mientras mi madre abre el grifo, Fran acaba su cena y yo opto por dar por terminada la mía.

Escucho sus pasos y la voz chillona de Peter, quien segundos después aparece en el marco de la puerta con una sonrisa de oreja a oreja. Nos mira, antes de hacerse a un lado y dejar a la vista a…

¡Joder! ¿Ese es el tipo que dormirá conmigo?

La comida de Fran cae de la cuchara al plato, el mío casi se escapa de mis dedos y mi madre de gira, solo para quedarse con la boca abierta.

―Buenas noches ―una voz ronca y varonil nos saluda, acompañada por una sonrisa juguetona y cálida. Nosotras lo observamos como tontas, impactadas por lo atractivo que es―. Soy Matías.

¿No se llamaba Tom? Miramos interrogantes a Peter, pero se encoje de hombros, mirándole disimuladamente el trasero. No parece gay y es una pena, si no lo fuera, posiblemente estaría considerando olvidarme de Bill y arrojarme sobre él. Pero es amigo de Peter, lo que significa que es o como dijo mi madre, está en proceso de.



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Bien escrito

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Trama absorbente

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Buenos personajes

8

Buenos personajes

Diálogos potentes

14

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Ver 6 comentarios anteriores...
author

hola

2 años
1
author

Muy buen inicio, Rebeca me mató!!!?

2 años
author

Muy interesante el inicio de esta familia.

un año

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