prólogo
—Pierdete—Gruño estresada.
—Claro preciosa ¿Donde quieres que me pierda? ¿Entre tus piernas o en tus labios?—Comenta el divertido.
Suelto un suspiro irritada por sus pésimos comentarios. Es por eso que lo odio y es por eso que odio el libro al que pertenece.
—Deja de ser idiota ¿Quieres?
Él ladea la cabeza con inocencia, se baja de la mesa y se acerca hasta a mi.
—¿Por qué tienes tanta desconfianza?—Susurra mientras me ve batir la masa para hacer un pastel— ¿Por qué?
—¿Por qué eres tan bipolar? Eres galante y otras veces todo un poeta siendo cantante— Quito unos mechones de cabello que caen por mi frente, limpio mis manos y pongo mis manos en mi cintura mientras lo observo—, Hay algunas cosas que no se pueden explicar Josh.
—Te he observado y juro por la tinta que recorre en mis venas, que eres un diamante en el barro, solo debes de creer en ti misma—Se acerca a mi con cautela—, haré que ganes toda la confianza que te hace falta y si es necesario, te doy la mía.
—Vuelve a tu libro, no necesito tu ayuda, iremos a donde esas ancianas que se creen brujas para mandarte a tu increíble mundo.
—Aunque no lo creas preciosa—Se acerca a mi dándome un pequeño beso en la mejilla justo en el momento a que vuelvo a batir la masa—, haré lo que sea para quitarte esa inseguridad, para borrar el pasado que tanto te atormenta, no importa si la única forma de lograrlo es hacer tus tormentos los míos; porque yo merezco sufrir y tu sonreír.
Y ahí me di cuenta que no era tan terrible como en su libro, que no es un completo idiota, sino un galán que forma maravillosa música convertidas en fascinantes poemas.