Relatos cortos de un cuervo colorido.

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Sinopsis

Éste será un pequeño apartado de relatos como bien dice el título, alguna que otra cosilla que pasan por mi cabeza, ya sea pequeños fragmentos de mis historias actuales que no puse, ni las hice "canon", por así decirlo.

Genero:
Other/Drama
Autor/a:
Arise Prabe
Estado:
Completado
Capítulos:
12
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Cuando cae el sol.

Mi abuela siempre me contaba de su época, de que muchas personas hacían fiestas nocturnas y ebrios se presentaban en su vecindario cuando acababa la fiesta, contó las veces que el su tío Carlos hablaba sobre la guerra en la que estuvo involucrado. Unas historias fascinantes que en el día de hoy se puede considerar como suicida, ya que nuestra generación entra en pánico cuando empieza a ocultarse el sol.

Cuando el sol se oculta no ves a ningún individuo vagar por las calles, es un protoloco, o algo así dijo mi mamá; incluso mis padres empiezan a cerrar las ventanas, aquellas que en vez de vidrio poseen un metal que no deja ver lo que hay en el exterior.

Tal vez esto sea un infierno para las personas que vivieron en la época de mi querida abuela; mas sin embargo, en mi punto de vista, me estuve acostumbrado un poco a esta vida en la que tememos a la noche. Nunca me explicaron exactamente por qué tenemos que escondernos como si nos persiguiera una pantera; por otra parte, mi hermano parece saber lo que ocurría en el exterior cuando empezaba la desaparición del sol.

Una vez tuve tanta curiosidad que intenté abrir una ventana, pero estaba tan trabada que no pude hacerlo, en cambio, pude escuchar cosas extrañas que provenían de afuera, sonaban como ruinas colapsando o enormes galletas romperse, también pude percibir una vibración inusual. Mis padres me dijeron que los geólogos se harían a cargo de informar sobre eso, pero no ocurrió nada.

En el día: mis padres trabajan y mi hermano mayor se queda a cargo de cuidar a mi abuela y a mí. El nombre de mi hermano es extraño, ya que mi padre lo llamó Krieg, que según, significa guerra en alemán; la verdad es que no entiendo por qué le pusieron ese nombre, el mío es un poco más normal, ya que me llamo Dan, así como mi abuelo Dan Muchosre Galos.

En fin, mi hermano me suele regañar cuando no hago mi tarea o cuando le pregunto a mi abuela sobre la noche, Krieg me recordaba mucho a mamá en su forma de reprenderme, mi hermano se enojaba tanto que terminaba mordiéndose la legua.

Me aburro en las vacaciones, ni siquiera de día me dejan salir, a pesar de que el día no representa mucho peligro para nosotros. Por suerte, es una época de clase, así que pude hablar y jugar con mi amiga Patricia, jugábamos con su cronómetro, otras veces ella me cuenta sobre sus hermanos y sus padres.

Retomando lo anterior con respecto a mi curiosidad, una vez salí de compras con mi madre, ella deseaba comprar un cinemato, cintemato... Bueno, lo que sea; también algo de ropa nueva para mí; recuerdo ver un montón de personas agrupándose en un mismo lugar, yo le pregunté a mi mamá en porqué se agrupaban y ella me miró con un poco de incomodidad. Había forzado una sonrisa en su rostro y me respondió:

—Debe haber oferta de un cosmético, por eso están así.

Después de esa charla, parece que hubo muchas ofertas, porque cuando salía, muchas veces me encontraba una cantidad abismal de personas agrupadas, murmurando entre ellas con angustia. Una vez vi una agrupación fuera de mi colegio, pero los maestros y padres no dejaron que los niños se acercasen. Si así es nuestra sociedad, quiero ser un amargado como mi abuelo Víctor.

Al parecer, los únicos que saben lo que en realidad está ocurriendo eran los chicos de secundaria como mi hermano y los adultos, todo es tan extraño. Los niños vivíamos en una burbuja sin saber lo que sucede a nuestro alrededor y esta burbuja no fue creada por nosotros, sino por las personas grandes.

Tal vez nos enteremos cuando crezcamos.

Mis padres usaban auriculares para escuchar las noticias en su móvil, ya que el televisor tiene esos canales bloqueados por ellos mismos, por si yo tuviera la curiosidad de saber lo que está ocurriendo. A veces colocaban microcintas con películas para que me entretuviera. Mi abuela escucha las noticias monoaural en una radio del sótano, y como a mí me daba miedo ese lugar, tenían la confianza de que nunca iba a bajar. Estuvieron muy equivocados conmigo.

La curiosidad suele ganarle a mi miedo, así que me escabullía para poder saber lo que estaba escuchando la abuela. Me daba miedo la idea de ser descubierto y la emoción era incomparable.

Escuché sobre desapariciones, pedesastia y muertes, pero no comprendía mucho de qué trataba, ni siquiera sé qué es pedesastia.

Una vez cuando mi hermano se encargó de cuidarnos, le pregunté con mucha insistencia que terminó en una discusión, que él me dijo con ira:

—¡Los niños como tú desaparecen si ven la noche, los chicos como yo y los adultos mueren, se los lleva el necróforo! —lo había dicho con tanta brusquedad que no pude evitar lagrimear.

Lo que es más frustrante es que no podamos gozar de la noche como en el día, ni siquiera había supervisión de policías, pero los delincuentes también tenían miedo, ¿por qué todo se volvió de esa manera? ¿Por qué mi abuela no vivió eso en su juventud y nosotros sí? No entendía y no estaba seguro de poder entender en un futuro.

En el día de mi cumpleaños, mi mayor deseo fue ver la noche, pero mis padres y hermanos no me iban a saciar mi curiosidad de saber cómo eran las calles por la noche. Ese día me sentí un poco insatisfecho. ¿La noche sería como el día? No lo sé, cuando el cielo se tornaba naranja no me dejaban mirar por la ventana para ver la esfera nocturna que llamamos luna.

Descubrí en dónde pone mis padres las llaves de los candados de las ventanas: están en un cajón bajo sus camas. Busqué la llave de la ventana de mi habitación, toda esta aventura me parece una fantasía. Finalmente pude abrir mi ventana mientras que todos dormían.

Vi un cielo oscuro siendo iluminado por lo que parecía ser la luna, no la pude dejar de mirar junto aquellas estrellas. El ambiente expulsaba un aire frío que me hacía sentir tan vivo. Nunca pensé que la noche sería tan hermosa e hipnótica.

Pude escuchar aquel sonido que había distinguido hace mucho tiempo atrás, al mirar me di cuenta de que se trataba de un ser que me recordaba a los esqueletos de los libros de biología que tenía mi hermano. Un esqueleto enorme como un edificio y de cuencas brillantes como la luna. No tengo miedo al mirarlo, no puedo evitar sonreír a pesar de que su mano huesuda se acercaba a mí.

Ahora entiendo lo que pasa cuando cae el sol y eso me pone feliz.

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