Capítulo 1 - 01
Arabella:

—¡Tendrás que casarte con el segundo príncipe!
Mi padre vino con la noticia después de ir al imperio con mi hermano mayor. Se le veía muy cansado por el viaje, su cabello plateado estaba cubierto del polvo del camino que hacía parecer que tenía un brillo dorado. Él es el gobernador de la Nación del Sur del imperio de Laephia, su nombre es Hyperion Navarreaux Strodde y es reconocido por forjar a los mejores guerreros de todo el Imperio, los caballeros Ethier.
Los Caballeros Ethier, han sido entrenados desde muy pequeños para dominar el arte de la espada, la mayoría de ciudadanos envía al menos a un miembro de su familia para servir al sur, ellos pasan por una serie de pruebas a ciertas edades para que suban de rango, cada año también se celebra una competencia entre ellos y a los campeones se les permite pertenecer a los Caballeros Ethier, liderados por mi hermano ilegítimo el general Wyatt Ross.
Addler mi hermano mayor, se sacó el casco con cuidado, miró a mi padre por un segundo y luego me miró directamente a los ojos con expresión desalentadora como diciendo —hice todo lo que estaba en mis posibilidades.
Carles, mi hermano menor, que en ese momento estaba leyendo un libro del que no vi ni el autor ni el color, lo dejó a un lado para saludar a mi padre, luego se me acercó con los brazos cruzados a la espalda y caminó hacia mí como marchando, puso su cara cerca de mi oído y me susurró con tono de burla.
—Estoy seguro de que el príncipe no te va a soportar más de un año.
Con una sonrisa sombría le dije —tal vez solo un par de meses.
Después de la noticia, mala noticia para mí, mi padre se fue con mi hermano mayor a la sala de reuniones para discutir los demás asuntos de la nación.
—Ayúdame a salir del castillo— le comenté a Carles.
—¿A dónde piensas ir?— me dijo con una mirada de sospecha y con la mano en la barbilla.
—Iré a la capital del imperio, escuché que hay una fiesta de inicio de primavera para los solteros que dura tres días y no quiero perdérmela.
Le pedí a mi pequeño hermano adolescente, que me ayudara para ir a ver el imperio de cerca, ya que siempre que iba, nos dirigíamos directamente al palacio y nunca pude ir a las famosas fiestas de primavera que pasaban en la ciudad.
Carles es solo dos años menor que yo, desde muy pequeños siempre competíamos juntos con la espada, pero él siempre perdía, no es que fuera malo, sólo que no siente pasión por ella, en cambio, se siente irresistiblemente atraído por los libros y las historias que encierran, es muy tímido con los extraños, sin embargo, tenemos un vínculo especial lleno de burlas y complicidad mutua, siempre es sarcástico conmigo, considero que es un amigo leal y entretenido.
Aunque muchas veces nos la pasábamos discutiendo, él siempre me ayudaba a encubrir todas mis travesuras, recuerdo que de muy niña me encubrió cuando me escabullía a la cocina y me llevaba muchos de los dulces que sobraban fuera de nuestra residencia, a un lugar donde jugaban niños que usaban la misma ropa por muchos años.
—Tengo listo tu caballo Arabella— Vino con un caballo ya ensillado.
—También mandé a preparar algunos alimentos para el camino— me dijo con voz de duda.
Me emocioné en el momento y sin pensarlo, decidí salir esa misma noche, tomé un traje cómodo para poder montar y puse otro en la alforja sin muchas decoraciones, también una capa para cubrir mi cabello y rostro y los accesorios que más utilizo.
—Gracias Carles, te traeré algún regalo de la ciudad, solo tienes que cubrirme cuando pregunten por mí— agregué a nuestra despedida antes de salir del castillo.
—Si veo que vienes herida, no pienses que estaré preocupado, al contrario, iré directamente donde el que te la hizo a darle mis bendiciones— me dijo con una sonrisa forzada.
—Imposible, gracias Carles, di algo creíble por favor.
—Procuraré sea la excusa más vergonzosa de todas — Se agarró la panza y se puso a reír.
«Maldito bastardo» pensé con el ceño fruncido y con la sonrisa torcida, después monté el caballo y salí a toda prisa.