Sueños sin meta
Coexistimos en este mundo complicado, donde los conflictos son una constante, niños que con sus manitas juntas claman por piedad, rogando a los mayores por un poco de amor y un abrigo que los haga sentir cálidos y protegidos, un manto que les brinde un calor jamás experimentado.
Sus lamentos se escuchan siempre en las calles, pero parecemos ignorar a esos inocentes, cuyas vidas anhelan solo un poco de atención, una atención que nunca recibieron.
Sus ojitos acuosos reflejan un brillo de esperanza, anhelando un futuro en el que su sufrimiento llegue a su fin.
Sin embargo, la vida parece empeñada en negarles la felicidad, ¡maldita vida, puto destino!, haciéndoles sufrir a esas almas inocentes y puras, carentes del razonamiento contaminado de los adultos con pensamientos viles.
Esos pequeños susurran a alguna entidad en busca de paz, un hogar que los resguarde del frío, un techo bajo el cual cobijarse cuando llueva. Solo anhelan unos brazos protectores, un calor corporal que abrigue sus pobres almas desdichadas.
Esos ojos expectantes ante lo desconocido, sus lágrimas empañan sus rostros con el salado líquido que producen día tras día, su triste destino que parece no mejorar.
Sus vestimentas son harapos rasgados y rotos, la única ropa que llevan consigo. Sus rostros sucios solo muestran una sonrisa dolorosa, intentando calmar su sufrimiento.
Cada uno de sus ojos parece transmitir un dolor infinito, tan profundo que magnifica su angustia con cada segundo que pasa. Sus cuerpecitos flacos dejan al descubierto las costillas debido a la falta de alimento. No es que ellos no quieran comer, simplemente carecen de los recursos necesarios para abastecerse. Lamentablemente, los signos de alguna enfermedad alimenticia y desnutrición son evidentes. Temen no poder salir del fango en el que se han sumergido.
No tienen hogar, ni comida, ni brazos a los cuales recurrir para esconderse de las garras del enemigo. Y, trágicamente, el enemigo resulta ser aquellos mismos seres en los que ellos confían y creen que pueden ayudarlos.
No tienen madre, tampoco padre; son niños que, por culpa del destino, sufren y llevan una carga en sus hombros que nunca pidieron. No tienen familia, no viven debajo de un puente ni padecen frío físico, pero sí sienten hambre, aunque no sea de forma física.
Somos nosotros mismos, llevando un niño dentro, aunque nuestros cuerpos hayan madurado y la vejez esté por venir. Somos niños necesitados de alimento para ser felices, ese alimento que anhelamos tanto, las ganas de seguir nuestro propio rumbo sin ser juzgados, sin importar nuestra orientación sexual o nuestros gustos.
Ansiando alimentarnos de comentarios positivos que llenen nuestro corazón hambriento y lo protejan del veneno de la crítica.
Sentimos el frío en las críticas de nuestros seres queridos, en esas miradas que juzgan nuestros anhelos y gustos. Nuestra alma padece desnutrición ese es el caparazón, donde reside aquel niño, intenta soportar las duras palabras que nos ofrecen en nuestro día a día, el camino que debemos recorrer para alcanzar nuestros objetivos y los múltiples tropiezos que encontramos.
Nuestra pobre alma se deteriora, necesita alimento, pero no lo encuentra.
Nuestras lágrimas son silenciosas, nuestra alma llora en silencio, anhelando alcanzar objetivos sin ser juzgada.
"Anhelamos ser todo, pero solo somos una chispa fugaz en el vasto universo."
Ahogamos lágrimas que nunca salieron, queriendo aparentar que nuestra vida es perfecta, cuando en realidad somos pobres criaturas que solo desean ser felices y cumplir nuestros propósitos sin recibir amonestaciones.
Nuestra alma es como una esponja en ella reside todo lo bueno y lo malo. Absorbemos lo bueno felizmente, mientras que lo malo se queda allí, como residuos esperando el momento para deteriorarse y convertirse en basura. Y nosotros nos preguntamos si alguna vez nuestra vida valió la pena.
A menudo maldecimos y lastimamos sin darnos cuenta, sin saber a quién culpar. Nos lastimamos a nosotros mismos sin saber cómo.
"Tu alma es una mierda, porque tú eres una mierda".
Aceptar quienes somos sin depender de nadie suena fácil decirlo, pero enfrentar esa realidad puede resultar abrumador. A veces, caemos ante el dolor, creyendo que somos incompetentes y sin propósito.
"Eres alguien sin valor, porque tú crees que eres así".
Y no nos damos cuenta de que en este mundo, siempre hay tres pasos para lograr el éxito:
1. En el camino hacia el éxito, los tropiezos son como piedras preciosas que pulen el diamante que somos.
2. El verdadero éxito no reside en evitar los errores, sino en aprender de ellos para no repetirlos. En la sabiduría del pasado florece el triunfo del futuro.
3. La disciplina, es la fiel espada del guerrero interior, es el lazo inquebrantable que conecta los sueños con la realidad. Sin ella, el éxito se convierte en un espejismo inalcanzable.
Así que, no temas a los obstáculos en tu vida, son la piedra angular para alcanzar el éxito. Sin éxito, solo te sumirás en tu propio lamento, pensando que eres alguien sin futuro e inservible.
Si gustas, querido/a puedes leer. Este escrito es solo una forma de expresar lo que siento, ya sea tristeza, enfado o mi estado de sentirme bien, orgullosa con frases algo narcisistas. Aquí encontrarás un poco de todo, dependiendo de mis cambios emocionales.