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Miércoles 31 de mayo del 2017.
La cabeza me martilla el cerebro queriéndolo romper. El estrés de estos días me está ahogando, es como si alguien me apretara del cuello y me cerrara la garganta por la presión de la fuerza empleada. No permitiré nunca que alguien me trate de esa manera, no de nuevo, muchos lo han hecho y no más.
Soy el único que me puede lastimar, porque me encanta experimentar el dolor en mi cuerpo, al igual que la adrenalina y el poder, pero aún más, un placer descomunal el provocarlo, ver a alguien sufrir por mis propias manos, palabras o acciones es lo más satisfactorio del mundo.
No tengo amigos. ¿Para qué querer tener falsos amigos? Para lo único qué son buenos es en irse, en fallarte, en decepcionarte y estar a tu lado por conveniencia. Así que mejor no, gracias.
La vida es complicada, pero si no lo fuera no sería para nada interesante. Así que paro de quejarme y en su lugar me tomo un par de aspirinas. Me meto en mi espléndida cama de mi más reciente mansión, es temprano pero tengo que descansar. Nunca pensé que el trabajo empresarial sería tan pesado y agotador como cuando vendía drogas a los dieciséis años por las calles, siempre cuidándome las espaldas por los enemigos que esperaban pacientes su oportunidad para eliminarme del mapa, y aún la esperan, pues que lo hagan sentados, porque a nadie le daré el placer.
Apago la lámpara que reposa sobre la mesita de noche y me dispongo a cerrar los ojos cuando mi celular suena con la llegada de un mensaje. Suelto una maldición.
El mensaje proviene de Harry, un idiota que en ocasiones puedo lograr soportar. Lo ignoro mientras leo un correo de la oficina, un segundo después llega otro mensaje proveniente de Harry reluciendo en la barra de notificaciones:
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Harry (10:02)
Vamos a tomar algo, no sabes lo que hoy podría pasar.
Harry (10:06)
Por si no lo sabías, hoy se graduaron los estudiantes de la universidad de San Diego, exacto, ya sé que estás pensando lo mismo que yo maldito bastardo. Hoy podríamos ir a la cama con un par de ex universitarias.
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Quisiera ignorar el que me haya llamado «maldito bastardo», pero pienso en ello y me doy cuenta de que lo soy, no solo en el sentido literal.
Tengo veintiséis años y hasta hace tan solo dos meses mi «padre» se dignó a darme el apellido y reconocerme. Sí, exactamente, como si fuera un jodido crío. Según él ahora está muy arrepentido, tanto así que me dio la presidencia de su gran empresa sin ser educado en horarios de edad correspondientes e institutos de los que entran en las listas de los mejores del país, eso no quiere decir que sea ignorante puesto que de la calle y el sentido común también se aprende y después de todo el conocimiento lo tengo, no depende del pago de la colegiatura ni de qué tan elevada sea esta misma, si no de los profesores que te asignen.
Que quede claro que acepté este maldito puesto por orgullo, para obtener más poder y sí, también para poder humillar a mi «hermano mayor», un tipo llamado Derek que nada más verlo me dan ganas de golpearlo, él no pasó por todo lo que yo he pasado, por ello le desprecio.
Sacudo la cabeza no queriendo seguir pensando en eso.
Poco a poco la idea me intriga y cuando menos lo noto ya me estoy poniendo una playera y unos jeans color negro, escojo llevar mi par de botas viejas estilo militar. Le mando un mensaje a Harry mientras tomo las llaves de mi deportivo jaguar.
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Dominic (10:15)
En diez te veo en Moonset.
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Necesito un buen trago de alcohol para quemar mi garganta ahora que los recuerdos han vuelto, siempre lo hacen de forma constante. Y de paso también un buen polvo.
Siempre puedo tener un poco de sexo con Pamel. Ella es la única con la qué puedo tener sexo sin que quiera de mi parte una jodida relación, un anillo de diamantes y una ceremonia en la iglesia. Porque definitivamente es algo que no quiero ni necesito, estoy bien de esta manera, solo.
Cuando el gorila mastodonte de la entrada rápidamente me abre paso en la fila y me deja pasar primero descolgando la cadena, una chica se queja de que no me formé, no diría nada si supiera que soy el puto dueño del lugar.
Antes de llegar a la barra una mano se posa en mi hombro de forma amistosa. Quito su mano con una mueca de asco, él solo se ríe y me dice «imbécil».
—Una botella de whisky para el reservado de la esquina —pido.
—Claro señor. —El barman asiente.
Harry sigue a mi lado hablando hasta por los codos. Me dirijo a mi lugar siempre reservado con el pelirrojo pisándome los talones.
Cuando llega la botella inmediatamente pido más tomando el resto de mi bebida de un solo trago.
—Ya vengo, iré a por esa chica. —Levanto la vista y la dirijo hacia donde él la tiene puesta.
La recorro con la vista, parece... Una muñeca de porcelana, rubia, con buena estatura, de las qué no tienen que usar tacones para ser altas. No alcanzo a ver el color de sus ojos, desde la distancia parecen ser negros, o quizá sea solo la escasez de luz, sus rasgos son finos y hermosos, muy, muy hermosos.
Algo se remueve en mis pantalones al verla bailar entubada en ese vestido de cóctel negro. No me importaría pedirle a la chica hacer un trío con el idiota de mi lado. Pero sin más en cambio una idea absurda cruza por mi mente, no lo toleraría.








