Prólogo
Las nubes grises avanzaban con gran velocidad hacia el castillo de Monsarce. Se acercaban no solo con litros de agua por descargar si no que también noticias. Noticias que dependiendo la perspectiva del receptor serían consideradas buenas o en el peor de los casos malas.
El Ministro Clemens se dirigía con gran velocidad al despacho del Rey Apsel; ya que tenía que hacerle saber una noticia que cambiaría muchas vidas. El Ministro avanzaba por los interminables pasillos del castillo, tomando atajos que muy pocos sabían.
Conforme más se acercaba al despacho del rey las frías paredes mostraban ciertas decoraciones; una gran enredadera con finas flores de metal forjadas por los mejores herreros de la nación. Los pasillos también estaban decorados con pinturas de diferentes paisajes de Monsarce. Antes de que el Rey Apsel ascendiera al trono, en lugar de estos paisajes estaban colgados retratos de los predecesores del rey y también de la familia real. Los trazos de las joyas eran tan precisos que pareciese que los materiales fueran reales, también las costuras de las finas telas de la vestimenta se podía apreciar; en los cuadros se plasmaba a la perfección la majestuosidad de la familia.
Los retratos no sólo exhibían las riquezas materiales de la familia, también su belleza. Los miembros de la familia real se caracterizaban por ser elfos altos con piel pálida y cuerpos delgados y bien proporcionados, ojos que sin importar el color cautivaba a cualquiera que los viera.
Pero cuando el Rey Apsel llegó al trono se encargó de que todas estas pinturas que simbolizaban bastante para la familia salieran de su castillo, nadie sabía el motivo de esta decisión ya que el Rey se negó a dar alguna razón. Muchos especularon que era debido a la pérdida de su familia a tan corta edad; otros por motivos de empatía con la nación, ya que cuando él ascendió al trono se encontraba en graves problemas económicos y los cuadros requieran grandes costos de mantenimiento y el Rey no veía bien que mientras el pueblo sufría miserias la monarquía derrochaba dinero en cosas tan frívolas.
El Ministro Clemens solicitó permiso para entrar al despacho del Rey, el cual con rapidez fue concedido.
-Por favor déjenos solos -Pidió el rey a sus guardias. Clemens no logró ver bien al Rey debido a que se encontraba detrás de una pila de documentos- ¿A que se debe el motivo de tu visita a tan altas horas de la noche, Clemens?
-Noticias del reino de Silva -dijo Clemens. En el momento que el rey escuchó dicho reino rápidamente se levantó del asiento para que ambos conversarán cara a cara.
Apsel es un elfo que aunque pertenezca a la familia Alfson es bastante bajo, pero no mucha gente notaba esto ya que el rey solía usar zapatos que lo hacían ver más alto de lo que era. A pesar de esto, el rey sí tenía la cabellera rojiza que caracterizaba a la familia.
-Clemens, toma asiento por favor- Pidió Apsel señalando uno de los cómodos sillones que estaban junto a la chimenea mientras ambos se acercaban al lugar.
El ministro sacó un pequeño pañuelo del bolsillo de su túnica para secarse el sudor de la frente mientras trataba de controlar su respiración ya que la larga caminata lo había dejado muy agitado.
-Bueno, como sabrá la semana pasada asesinaron al dictador demente de Mork, Igor- recordo el Clemens a Apsel
-Si, tengo entendido que murió a manos de el Rey Ikal
-En realidad, antes del duelo tomó una infusión que lo mató en cuestión de minutos, pero de todas maneras moriría a manos de Ikal- rectificó Clemens. Este detalle no le sorprendió a ninguno de los dos ya que; cuando estaban a punto de atrapar a algún comandante de alto rango del reino de Mork, el primer instinto de este era buscar una muerte segura.
-Al parecer encontraron una forma más sutil de acabar con sus miserables vidas- dijo con rabia Apsel
-No solo es esa noticia, hace dos días Silva y Mork firmaron un tratado de paz entre ambas naciones; también delimitaron el territorio con mayor precisión: y Mork aseguró que no tomara represalias contra los ciudadanos de su nación que apoyaron a Silva en la guerra...
-Enhorabuena -dijo con una notoria alegría el Rey Apsel, parándose de su asiento para ir en busca de uno de los vinos que tenía almacenados en su despacho- Esto es digno de celebración, ayúdame a buscar un buen vino
-Su alteza, las noticias no terminan allí -dijo Clemens mientras retiraba su peculiar bombín color verde olivo. Al rey este gesto no le gustó para nada provocando que se le erizará la piel- El Rey Ikal de Silva, fue encontrado muerto en su habitación; una noche después de firmar el tratado con Mork. Al parecer fue envenenado con la misma infusión que tomó Igor.
El Rey Apsel al escuchar estas palabras buscó instintivamente sostenerse con el escritorio. Su cabeza se quedó por completo en blanco. No podía creer que un gran guerrero como lo era su amigo de vida, Ikal fuera asesinado de la forma más cobarde posible. Envenenado.
Clemens ayudó al Rey a tomar asiento en uno de los sillones. Clemens era de los pocos que conocía la relación que tenían Ikal y Apsel. Una amistad que traspasó fronteras, diferencias culturales, y también años. El ministro no pudo evitar imaginarse cómo sería estar en el lugar del Rey, e inevitablemente por sus ojos brotaron un par de lágrimas.
-¿Saben quién fue el responsable? -dijo Apsel de forma distante, al parecer tratando de ocultar el nudo en la garganta que se le había formado.
-Está en etapa de investigación todavía -mencionó Clemens mientras trataba de encontrar en la cara del rey algún rastro de siquiera alguna emoción; el Rey sabía muy bien controlar los músculos de su rostro. Pero no se podía decir lo mismo de su dedo índice que se encontraba jugando de forma inquieta con su anillo.
-Manda a los mejores especialistas que puedan ayudar con la investigación de el asesinato de Ikal -dijo Apsel lo primero que paso por su vacia mente
-¿No cree que el Reino de Silva se sienta ofendido? -Sugirió Clemens
-Manda una carta ofreciendo ayuda -dijo Apsel, este poco a poco se hundía en el sillón y su postura comenzaba a ser muy mala
-Está bien, me retiro. Dejaré todo listo para que mañana a primera hora la carta sea enviada -dijo Clemens dirigiéndose a la puerta para salir del despacho del rey, no sin antes recordarle al rey- Apsel, si necesitas algo no dudes en llamarme, por favor.
Hace muchos años el Ministro no llamaba por su nombre al Rey, a pesar de que Apsel fuera muchos años menor que Clemens. El respeto que el Ministro tenía hacia la corona era enorme; siempre solía usar las formalidades debidas sin importar si estaba a solas con los miembros de la familia real. Pero Clemens sabía que la noticia del fallecimiento de Ikal iba a afectar al rey.
-Trae a mi hijo Harald -dijo el rey antes de que Clemens dejará el despacho
Al momento en que la puerta se cerró y Apsel se quedó solo en su despacho, dejó de suprimir las lágrimas necesitaban salir, tapándose la cara. Se negaba a creer que dejaría de compartir memorias con su mejor amigo, y solo lo podría ver en la suya.
Ya no escucharía su estruendosa risa; ya no bebería con él hasta quedar inconsciente en algún bar de mala muerte; ya no podría hacer enojar a su amigo con sus comentarios fuera de lugar. Ya no lo volvería a ver.
Apsel durante años trató de olvidar que era lo que se sentía perder a alguien que era tan importante en su vida; pero cada vez que estaba a punto de olvidarlo alguien más se iba.
El rey intentó secar las lágrimas pero era imposible; ya que seguían saliendo más y más. Este se dirigió hacia la botella de vino que había sacado para celebrar la victoria de su amigo Ikal que había salido ileso, pero no había nada que celebrar; algún hijo de puta le había arrebatado no solo la dicha de celebrar si no que también le había quitado la vida.
El rey destapó la botella para después servirse una buena copa del vino que tenía guardado desde hace muchos años para alguna ocasión especial. La ocasión especial que él buscaba era el día que terminara la guerra entre Silva y Mork; festejar la victoria de Ikal.
-Por tu victoria amigo -brindó Apsel antes de llevarse la copa a los labios y beber un poco- Espero que estes en un lugar mejor, yo desde aquí haré todo lo posible por vengar tu muerte
Dejó la copa en el escritorio para después sentarse en la silla de este. El rey tomó un par de hojas y comenzó a escribir. La pluma se deslizaba con facilidad debido a que el rey tenía tantas cosas por escribir. De vez en cuando tomaba un pañuelo para limpiarse las lágrimas y así evitar que las hojas se dañen. Al terminar de escribir tomó un sobre, escribió los datos del destinatario pero no el del remitente.
Se escuchó como llamaron a la puerta y el rey se aseguró de no tener ninguna lágrima en el rostro, tosió un par de veces para evitar nudos en la garganta y apagó un par de luces del despacho.
-Adelante por favor -Dijo el rey mientras se colocaba delante del escritorio
-¿Me mandaste hablar padre? -Entró el hijo mayor del rey. Harald. Era muy parecido a su padre; tenían la misma nariz larga y afilada; cabello largo rojizo a excepción de sus ojos que eran de un color azul cielo y tambien era mas alto que su padre
-Si, ¿no se si estes enterado de los sucedido con Silva y Mork?
-Me contó el ministro Clemens antes de venir aquí -declaró Harald- ¿Qué crees que sucederá con el reino de Silva, padre? Ya no quedan brujos varones en la línea de sucesión en la familia real de Silva.
El rey no se había pensado en lo que sucedería con la nación de Silva ahora que Ikal ya no está. Apsel pensó un momento las posibilidades que tenía el reino vecino. Puma cuñado de Ikal, falleció en campo de batalla hace dos semanas; Tooko hijo de puma abdicó al cumplir los 20 años y aunque no lo hubiese hecho no tenía posibilidades de gobernar ya que no estaba apto para el cargo por motivos de salud.
-Solo queda Tomás; el otro cuñado de Ikal
-¿Crees que el senado de Silva permita que un simple humano tome semejante cargo? -preguntó Harald
-Es una opción poco viable, pero a fin de cuentas es una opción. Aunque pensándolo mejor...-se quedó pensativo el rey. Silva al igual que cualquier otra nación solían ser gobernadas por varones- Themis en el tiempo que Ikal estuvo en el campo de batalla guió de forma excepcional al reino; la economía de Silva a pesar de estar en guerra se mantuvo medianamente estable; y planes que se tenían para impulsar el desarrollo de Silva, gran parte de ellos se materializaron.
-Sin duda Ikal y Themis hicieron un buen trabajo -analizó Harald- Ikal hizo un buen trabajo manteniendo a raya al ejército de Mork; dicen que Mork no pudo avanzar más allá de la muralla que los separaba.
Ikal y Themis supieron cómo trabajar en equipo a pesar de la distancia y a pesar de que Themis fuera también madre. El rey sintió que las lágrimas volvían a salir. La partida de Ikal no solo significaba la pérdida de un gran amigo; también de un gran líder; un gran esposo y también un gran padre.
-Harald, necesito que entregues esta carta lo más rápido posible. Intenta que salga la carta antes del amanecer. Junto con un arreglo de flores -Pidió el rey antes de que comenzara a llorar de nuevo; ninguno de sus hijos conocía la relación tan cercana de Apsel e Ikal.
-No tiene el remitente -Observó Harald- ¿Tú la envías? Es para la reina Themis, ¿Puedo saber cuál es el contenido de la carta?
-No -dijo secamente el Rey y guió a su hijo a la salida de su despacho.
Por su parte el hijo se sintió excluido; ya que su padre rara vez le ocultaba información. Por la mente de Harald pasaron un sin fin de teorías del posible contenido de la carta; desde un pésame un tanto personal para la familia del rey de Silva; hasta un romance con la reina Themis