Leyenda
Si le preguntases al pueblo de Ios, dirían que la guerra inicio por Delpha, por aquellas criaturas más bellas que las flores y los cielos repletos de estrellas. Criaturas consagradas a la naturaleza y la sanación. Criaturas con el poder de sanar o matar con solo el líquido de un frasco.
Si le preguntases al pueblo de Delpha, dirían que la guerra inicio por Ios, guerreros por naturaleza, cazadores de bestias y herreros innatos. Honorables pero salvajes. Capaces de forjar hermosa joyería y las espadas más letales.
Si le preguntases a los Dioses, dirían que la guerra fue un invento antiguo. Una forma de lidiar con el aburrimiento de la vida eterna.
Lo cierto era, que esa guerra se había decidido desde milenios y milenios atrás, Delpha se enfrentaría a Ios, Ios se enfrentaría a Delpha y el mundo seguiría su curso después. El equilibrio sería restaurado.
En el primer milenio se le llamo como lo que era “Guerra”, en el tercer milenio se le llamó “maldición” ya que era inevitable, en el sexto, se le llamaba “Tradición”. Y quizás en el futuro, se le llamaría “Honor”.
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Si le preguntases a ambos pueblos, el destino estaba marcado.
Cada tres décadas, el líder de cada pueblo se citaba en el claro del bosque llamado “el abismo”, marchaban hasta ahí con su ejército a la espalda, una vez en cada lado de “el abismo” se miraban unos a otros, conociendo por primera vez a sus enemigos y descubriendo que las leyendas de cada uno eran reales.
A las once y treinta de la mañana, los líderes se acercaban cara a cara. Nadie sabía lo que se decían, nadie podía atestiguar algo a la distancia.
¿Un acuerdo de paz? ¿Una promesa de muerte? ¿Insultos burdos? ¿Un silencio absoluto?
Nadie lo sabía, lo único que todos sabían era que, a las doce del mediodía, las espadas de Ios se desenvainaban y los arcos de Delpha tensaban sus cuerdas y entonces... la guerra de las hadas estallaba.
Con los rayos del sol ardiendo y destellando sobre la tierra regada con la sangre y la muerte de ese día. El día de la Tradición.
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La vida en Delpha giraba alrededor del día de la tradición, entrenando a sus arqueros, pasando dagas sagradas de generación en generación, elaborando venenos letales con un cuidado casi religioso. Engendrando al futuro líder y enseñándole su destino a la primera comprensión del mundo.
La vida en Ios también giraba alrededor del día de la tradición, entrenando a su gente en la caza, forjando espadas y yelmos, trazando estrategias de combate. Engendrando al futuro líder y enseñándole su destino a la primera comprensión del mundo.
Dos pueblos, dos líderes y una guerra.
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Si le preguntases a los humanos...
Cada treinta años los cultivos morían, los ríos se secaban y el ganado enfermaba. La gente moría.
Una vida humana por cada hada caída en batalla.
Lo llamaban “el día de la furia de los Dioses”.
Y era inevitable.