1.
Había sido la confesión más hermosa q había escuchado, había sido la única y la última que quería escuchar
Pero esté último pensamiento se había vuelto demasiado literal, justo cuando estaba envuelto en ese dulce amor sintió el ardor más desgarrador, era la sensación de que te arrancarán el alma de forma conciente, un dolor que ya había experimentado en sus años en el frente , sin embargo, después de todo en esos años tenía un cuerpo débil por lo que pasó gran parte de estás calamidades inconsciente, a diferencia de está vez, sentía las llamas del infierno tocarlo, dónde ilusamente mezclo está sensación con el entusiasmo del momento y las nuevas emociones, eso se forzo a creer hasta que vio la cara del hombre con el que compartia ese momento tan íntimo y vergonzoso, ¿Quien era el?, ¿dónde estaba Hobie?, Ese hombre, el que lo sostenia, portaba una expresión inundada en melancolía mientras ejercía fuerza sobre su abdomen, causando que una gran incomodidad llegase a el, intento separarse del fuerte agarre que lo sometia, y al estrujarlo logro ver las perforaciones de la bala en su abdomen y el irreconocible olor a plomo que se desprendía de ese ambiente apocalíptico lo desperto de su ilusión , un aroma que conllevó a que empezará a ver la realidad y los delirios se esfumaran, logrando identificar con lucidez fue el rostro de quién le brindaba asistencia, Demián. Identifico la locación en la que se encontraba, y comprendió, no habia habido un declaración romántica, no había rastro de Hobie Brown por ningún lado, eran solo las ilusiones de sus anhelos presentes en sus últimos suspiros .
La sensación física de varias manos inspeccionando su cuerpo lograban mantenerlo con conciencia, junto a palabras de individuos.
- Parcerito... Cómo va a seguir con esa cagada, esos hijueputas solo querían mandarnos al matadero. - era lo que le repetía el hombre frente a él. Se sentia cansado, con el alma fragmentada, toda la adrenalina del momento empezaba a desvanecerse y empezá la sensación de desfallecer.
-Las niñas lo esperan, hágalo por ellas, por favor.
Una sensación de angustia y soledad lo perseguía mientras sentía el aire de la rapidez con la que movían el catre en dónde lo transportaban, está acariciaba sus pómulos ya colorados por la sensación de frio.
-¡Preparen el área de urgencias! ¡Hombre herido! - débilmente oia ese tipo de gritos de parte de su compañero que al mismo tiempo le brindaba ánimos, pero ¿por qué? ¿Acaso ya no había vivido lo suficiente? ¿Valdría la pena salir de esta? Empezó a cuestionarse con desesperación, sin poder hacer nada, su cuerpo estaba adormecido y sus ojos se cerraban poco a poco escuchando exasperantes gritos que intentaban con fracaso impedir sus acciones.
-¡Preparen una ampolleta de adrenalina! Comenzamos con las maniobras de reanimación...