Temporada 1
~Lucas~
Subir al bus, menuda hazaña. Sobre todo arrinconarte en una esquina para que ningún pasajero cavernícola te suelte algún escupitajo, o peor se tire un pedo. A veces te olisquean, creo que para percibir si pueden extraer algún artilugio para luego venderlo. Menos mal que hoy no llevo móvil, prefiero llevar un GPS para no perderme por mi ciudad. En serio entrar en los buses es peligroso se mire por donde se mire, te sientes donde te sientes.
Os cuento, estoy cerca de la salida y próximo al botón, ese que todos pulsamos para avisar al conductor de la próxima parada. A veces tuve que bajar antes de tiempo porque algún pasajero te miraba de muy malas formas, poco ortodoxas.
Menos mal que no pasa siempre, hoy por ejemplo tengo cerca a una señora con un crío a su lado. Estaba súper pesada dándole instrucciones de cómo sentarse, parecía doña sargento. A pesar del llanto del niño, al final obedecía. En ese instante no quería acordarme de esa vez que...
Llegué y esta vez no me regañan por llegar un poco tarde de mi hora, lo peor sería que la tarjeta no funcionase.
Es lunes y eso todo lo hace complicado, pasar hasta dentro es un logro y llegar hasta el baño, lavarse las manos. Así es, en todas partes nos enseñan cómo hacerlo, parece que somos ignorantes en ese tema, al menos yo. Creo que estamos algo obsesionados por motivo del coronavirus, se respira casi a diario la incomodidad sobre todo en los comercios.
Hace dos años se instaló definitivamente este virus para que tomemos conciencia de que podemos infectarnos en cualquier momento.
¡Oh Dios espero no olvidarme que pronto hay que inyectarse la segunda vacuna! Otro maltrago en mi vida es que mi compañero de piso se gasta poco en comida y esta de aprovechado. Por eso siempre salgo más y no le debo nada pero tampoco voy a impedir que se alimente; es un Gorrón.
En nada tengo en mi cabeza el trasto este para recibir llamadas, siempre lo conecto antes de encender el ordenador, ir al icono de la pantalla....y una vez tengo la ventana correspondiente sale lo de mi usuario donde poner mi clave, una vez dentro se empieza a "trabajar" bueno más bien captar clientes como lo llaman aquí. Puedes estar horas llamando y recibas malas contestaciones y que te cuelguen. También puede ser tu día de suerte y que por el otro lado te diga al comienzo que no está interesado o que no tiene tiempo porque está ocupado, es decir son excusas al principio hasta que le coges el tranquillo para convencer al cliente sea autónomo o no.
Desde el principio te enseñan a rebatir, enseñarte ese guión tan estructurado y mejor que no se te escape nada porque jugará en tu contra. Os digo que cada rato de descanso luego se hace más ameno. Al rato pasan como dos horas mínimo sin poder establecer un contacto pero estoy tranquilo, la paciencia es una virtud en este lugar. En cuanto me giro observo a mi alrededor y puedo ver como mis compañeros también tienen su lucha diaria o sea lo pasan mejor o Peor.
Caminar durante media hora por las calles de mi ciudad siempre sería una buena opción por el día, pero en la noche guárdate de los delincuentes, nunca se sabe quién te está viendo como una presa a esas horas.
«¡Cómo está la sociedad de corrompida!»
Decidí subir al bus a pesar que salí a las nueve de aquel local que hace esquina además está anocheciendo. A decir verdad me gusta estar un rato conversando con Pepe, mi conductor preferido. Acto seguido procedo a dar un salto después de que se abra la puerta del bus, estando en el suelo avancé recto. Luego no me olvido de ponerme los audífonos para escuchar algo de bachata.
Me encanta oír música de camino a mí casa, bueno medio casa, no me olvido que mi primo me ayuda con el alquiler, Sergio es muy puntual con ese pago pero no sé molesta en lo del pago de la luz. Me protesta ¡Oye qué tú gastas más luz en esa computadora del demonio! Qué excusa para olvidarse de que el se pasa viendo televisión.
~Sergio~
Teletrabajo es teletrabajo
Soy un simple autónomo que se dedica a vender piezas de coches, mi amigo Eusebio me proporciona la mercancía, él tiene su propio taller y siempre consigue tomarle el pelo a algún cliente, es un mala pieza, jeje.
Hoy por ejemplo me consiguió unos asientos de un coche antiguo. Me dijo que el dueño del coche quería tunear su Seat- Ibiza SX, es un Ibiza blanco alpino que se compró en Murcia. Ha pasado muchas revisiones, tiene muchos kilómetros y es del año 1992. ¡Y es de gasolina claro!
Me viene de familia este interés por los coches antiguos así que me llena este oficio. Desde niño oía a mi abuelo sobre los mismos vehículos que se compraban sus vecinos, en aquellos tiempos había mucha envidia, y siempre que fulanito se compraba un Seat 600 al año llegaba otro vecino con un Seat 127, más tarde con el 1400.
¡Madre mía qué tarde es! espero que a mi primo no le hayan atracado; a veces va tan despistado. Lucas es tan pesado, todavía me acuerdo ese día que decidimos alquilar aquí, llegamos con esa ilusión de empezar de nuevo. Ambos tuvimos algún fracaso que otro pero a él le afectó bastante el último. No supo encajar bien que lo echaran de su anterior empleo.
~Lucas~
El placer de tomar algo refrescante aunque luego te provoque gases es lo que te hace sentirte sexi, guay....bueno es que la Coca cola es un referente porque casi todo el mundo la bebe en cualquier bar, burguer King. Se entiende ¿no?
Aquí estoy mientras mi primo suspira al verme sin muestras de haber sido lastimado. No es que se preocupe por mi a diario o de ser así no lo transmite. Nada más llegar se enoja porque voy directo a la nevera, lugar donde tiene un horario plastificado donde se muestran las odiosas tareas de limpieza de cada día.
Creo que lo está porque le toca limpiar el baño aunque espera que me muestre solidario a pesar que él no lo hace. No cruzo ni media palabra con él mientras termino mi refresco. Luego con su mejor disposición va a coger los productos de limpieza y se dispone a hacer algo que no le encanta pero aún así lo hace. Mañana me tocará así que lo entiendo.
Al pasar media hora estoy disfrutando de mi rebanada de pan con un trozo de tortilla, es la que compramos en el supermercado. Sergio se acerca, llega con un bote de Don Simón, toma su vaso con su mano derecha y echa el líquido sin derramar ni una gota. Se cuida más.
El también disfruta de la tortilla de patatas con cebolla, ya la miraba de reojo tras salir de la cocina.
Ambos no hablamos demasiado pero tenemos esa confianza para llegar a acuerdos. Nos parecemos a esos personajes de un tebeo donde cada uno va por libre cuando nos separamos pero una vez en casa se forma la de Dios.
"Mi Maravilloso martes"
No es tan fácil lidiar con el despertar de Sergio, siempre que se levanta con el pie izquierdo no sabes cómo va a reaccionar. Así que me mantengo distante, lejos de su apestoso comportamiento.
Procedo con mi aseo lo más rápido que puedo, me lavo mi cara en el lavamanos, me seco con la pequeña toalla de algodón, luego me peino con mis manos y para rematar me rocío con unas gotas de perfume. Sé que voy al trabajo pero me gusta ir presentable.
Tras media hora estoy en la calle despertando el interés de algunas mujeres de a saber qué edad, son mayorcitas. No siempre ligo con jóvenes porque tuve que lidiar con alguna joven emocionalmente inestable, de esas que necesitan saber tus apellidos, conocer dónde vives, dónde trabajas o tu DNI. Bueno entiendo que la mayoría necesitan saber algo más que tu nombre vaya a ser que no les pueda invitar ni a un refresco. Al transitar por una calle que conozco bien diviso una panadería, me detengo un instante para poner mi vista en esos deliciosos Donuts. Pero decido continuar porque ya perdí mi tiempo y no necesito que el jefe se ponga de mal humor al verme llegar por tercera vez tarde. Las excusas no funcionan ya porque me tiene en su lista negra.
Aparezco por allí, la primera que saluda es Leire. Ella como teleoperadora lleva más de un año pero está deseando conseguir otro trabajo; lo sé porque ella me dijo que la tratan con la punta del pie. A pesar del esfuerzo que hace por incorporar nuevos clientes pareciera que no es suficiente. No tarda en aparecer Salvador, es el tío más alocado de la plantilla, no se le escapa nada. Reacciono mal cuando me da una palmada en mi espalda, que mania tiene de llamar mi atencion, también sonríe poniendo cara de niño bueno, es su gran estrategia. El sabe lo que nos espera ahí dentro y también sabe que me ganará, siempre compitiendo conmigo.
Por fin estoy en mi puesto, atado a mi silla, no es demasiado cómoda pero puedo levantarme por un buen rato además no tenemos una jornada completa. A gran diferencia de mis competidores ando más relajado y muy optimista, a pesar de tener a Salvador a dos metros de mi. ¿Por qué se la cree tanto? Y encuentro la respuesta en sus ojos tan profundos, en su nariz puntiaguda, en sus manos grandes, que va, en su forma de ser. Él es nervioso al contrario de mi, sin embargo tengo a mi favor que pienso antes de actuar, en eso le gano.
Una posible llamada me hace actuar deprisa, así que pongo interés. A lo primero me responden con las típicas evasivas pero me abrí camino para sostener una charla amena, elocuente, y si se puede bromear también. En fin toca rebatir.
Pasan los minutos, y conseguí al cliente, un hombre que trabaja en una zapatería, no es un autónomo pero necesita internet en casa, el mismo tiene familia, al parecer dos hijos adolescentes además su mujer es peluquera. Toda esa información es válida, la cuestión es que conseguí que cambiara de opinión, que dejara de poner excusas, eso es lo que hacen la mayoría por desconfianza. Pero necesitaba este operador con urgencia.
¿Por qué no iba a cambiar si le sale más rentable?
Mi amiga Leire me felicita, también otros que recién se enteraron de mi logro pero me lo tomo sin arrogancia.
Es un cliente, si. Y puedo ganar un poco más pero es un principio y todavía queda mucho para demostrar que valgo para el puesto. Salvador siempre me llevará ventaja.
Al pasar media hora nos levantamos, podemos tener un rato de descanso.
Por fin cojo confianza y puedo charlar con Leire y Ana, ambas son simpáticas.
A veces me encuentro incómodo pero con Ana. Ella es muy guapa, con unos ojos verdes como la esmeralda, de cabello castaño como el tronco de un pino, parece un ángel vestido de negro.
«Lo sé, es una comparación rara»
Ella prefiere esos colores grises, oscuros para vestir. Lo cierto es que le quedan bien. A veces me mira y creo que lo hace para analizarme. Ella es muy lista, a pesar de tener este trabajo también estudia en la universidad. Sabe que si quieres llegar lejos hay que coger cada oportunidad al vuelo.
Me quedé ensimismado por un rato, comiéndome lo que queda de bocadillo.
Ellas sonríen, quizás por algo que recién ocurrió o porque ambas se ríen por cualquier cosa. Leire me observa, sabe que en ese rato no pronuncie ni una palabra. Casi siempre me la pasaba observando y no sé si será incómodo para ellas.
Al fin toca regresar y mientras subo las escaleras tropiezo con Atenea, una mujer robusta, a ella no le caigo simpática. Aún así tengo que saludarla porque soy generoso con las personas como ella. Atenea tiene aquí un cargo importante, estuvo como telefonista durante un año pero quería crecer, siempre tan ambiciosa. La formación que da aquí es para esos novatos, ahora da clases a los que llegan por primera vez a esta instalación. Ella no es la encargada de seleccionar a los posibles compañeros pero les da las herramientas para poder defenderse. Ella sigue su camino mientras veo a otros jóvenes avanzar detrás. La mayoría son de nuestra edad, jamás escogieron a alguien que no tuviera conocimientos de Office o estudios.
No es un trabajo para cualquiera, lo digo al ver cómo hay gente que se queda sin esa posibilidad pero es lo que hay.
~Sergio~
Sigo enojado con mi primo por lo que hizo, siempre encuentra un motivo para discutir. Ni siquiera se disculpó por atreverse a lanzar uno de mis coches y escogió el escarabajo; Lucas esto no se quedará así.
No fue suficiente lo de la camiseta necesita una lección que jamás olvide; pero luego pensaré en ello. Ahora lo más importante es mi cita con ellos; tal como Eusebio me dijo ayer en la mañana existe la posibilidad de que nos vendan el calibra. De el podemos extraer algunas piezas, los neumáticos, la tapicería. En fin le urge a Jota deshacerse del mismo. El es propietario de otros dos vehículos, le gusta adquirir algunos modelos de segunda mano, luego los vende o se los traspasa a algún familiar si le da un buen uso. Nunca regalaría el calibra además sirvió para ligar, me puedo imaginar al Jota montado en el, y alguna mujer encima de sus piernas.
Detrás de mí percibo a Eusebio, sabía que llegaría antes, el trae puesto en su cabeza un sombrero de fieltro de ala corta, nunca quiere pasar desapercibido.
Al rato llega Jota, y la camarera lo reconoce.
Nos sentamos despertando mucho interés pero hay que tratar el asunto; se que el objetivo de negociar es conseguir un acuerdo y a veces no es fácil.
Por mí no hay problema en regatear un poco porque sé que a Eusebio le fastidia tener que pagar por encima a lo acordado. En un primer momento se llegó a una cifra pero los hombres como Jota se piensan que tiene una ganga y pueden beneficiarse. Así que pasó cómo una hora y lo puso difícil. No había forma de que baje la cifra y Eusebio ya harto decide que no.
Es normal que el cliente se quede decepcionado pero él tenía que haber supuesto que mi amigo y socio no iba a pagar más. Nada, se marcha contrariado y ambos seguiremos a lo nuestro.
~Lucas~
Odio los miércoles por muchas razones,una es porque cada mañana me enfrento a mi mismo, sobre todo al frío de mierda que pasa por mis huesos al levantarme, y sin ganas voy al baño, necesito esa ducha. Miro hacia atrás; menos mal que el despertador no se rompió de milagro.
Suelo dejar vaho por los cristales y
luego camino con una toalla en mi cogote y otra anudada en mi cintura, miro mi reflejo frente al armario. Que razón tenía en decir que soy un fideo.
¡Que Dios la tenga en su gloria!
bueno hojeo mi agenda y compruebo que será un día intenso.
Nada por aquí, nada por allá hasta que por fin aparece mi camisa blanca, tengo más de una y de distintos colores, las mismas que plancho a diario. Regreso al baño para peinarme mi cabello oscuro que casi siempre luce despeinado. Aún así jamás usaré gel, no quiero que me vean como pijo.
No percibo al principio a nadie hasta que no salgo con mi café en mis manos, por mi torpeza ocurre un pequeño accidente, y por mucho que diga que no fue a propósito él siempre cree lo contrario; Además ¿Qué culpa tengo de que la taza sea tan escurridiza?
No considero que sea para tanto, dije. Sergio se cabrea conmigo, que si acabo de limpiar el salón y la retaila de siempre. Me hartó tanto que cogí uno de sus coches en miniatura y se lo lancé, menos mal que lo atrapó al momento. Lo que recibí a cambio por parte de él fue un insulto de los suyos. No veas lo que hizo, se fue directo a mi cuarto, cogió una de mis camisetas y....parece que él no quiere que llegue puntual a mi trabajo. El tiene la suerte de no estar por debajo de nadie, soportando regaños y advertencias.
Nada, tuve que abandonar deprisa el piso y bajar a por mí camiseta.
Sabía que iba a ser una mañana movidita e interesante, lo peor vendrá después cuando me enfrente al jefe, a Salvador o a la bruja de su hija.
Abro la puerta del baño y me llega un olor, al parecer huele a ambientador, estoy seguro que Demelsa hace poco estuvo por aquí. Ella me cae bien a diferencia del engreído de Daniel, no es casualidad que me envie un correo, en el mismo me exponía el mismo argumento. Ese párrafo es tan repetitivo, es decir siempre escrito de forma correcta es decir sin faltas de ortografía; dejando para el final un saludo. La cuestión es que se prestan a un mero formalismo de quedar bien. Tan amables, pero soy uno más de la plantilla de tontos. Porque así me considero por soportar a…ahí viene.
Ella avanza a lo largo del pasillo. En nada llega hasta donde nos situamos; ni nos mira. Tiene solo un punto fijo, va hacia donde están su padre, Daniel y Sara.
Seguro están decidiendo a quienes van a incluir de nuevo o a quien/es van a despedir. La última decide retirarse.
Sarita es bella, me impresiona su mirada entre otras cualidades, alguna vez me crucé con ella pero no hay química además creo que le gusta el repartidor. Alguna vez la vi echándole el ojo a Oscar.
Dejo de mirar a la rubia y me concentro en lo mío, estoy apuntando en mi agenda la cita que tengo con un amigo después de salir de aquí, me queda como una hora para terminar y aún no conseguí ningún cliente. Hago un ligero movimiento hacia atrás, pero no me retiro de mi escritorio; porque si lo hiciera me llamarían la atención. Entonces Ceres tendría una excusa para ser cruel una vez más. Todavía me acuerdo de ese chico que trabajaba aquí, estuvo solo media hora en el baño por encontrarse mal pero ella no lo quiso entender. Parece que se chiva a su padre y Fernando nunca se entera del chisme completo.
Desde mi posición observo a Ana, la misma está ocupada interactuando con un cliente. Me gustaría saber qué piensa; Ojalá fuera en mi, bueno es lo que quisiera pero ella está más concentrada en su trabajo, en sus estudios además me ve como un compañero más. Si supiera que me atrae demasiado, que cada vez que me mira me pongo nervioso. De por sí siempre que ocurre ella sonríe, creo que intuye algo pero cómo le habrá sucedido con otros pues...de repente sale la hija del director y noto como nos visualiza. No a mí directamente pero antes de irse quiere intimidarnos. La evito porque no me agrada y vuelvo a concentrarme en lo mío.
Media hora después toca un pequeño descanso, en ese momento me encuentro dentro del baño haciendo lo de siempre.
No tardó más de cinco minutos y al salir tropiezo con Leire. A pesar que me sonríe la noto extraña.
«¡Oh Dios mío, no tendrá que ver con la reunión que tuvieron el jefe, Daniel y Sara!»
Y no me extrañaría que esa chismosa supiera de qué se trata.
Se que no me contará, primero porque es reservada y segundo porque solo se abre más con Ana. En cualquier momento uno se entera, sino hoy, será mañana. Además ni pude hablar con ella porque el engreído me interceptó. Así que me limito a hablar con Salvador.
«Jodida suerte la mía, a ver qué se cuenta».
En cinco minutos regresé al puesto, y con una mala leche en mi cuerpo.
«¿Por qué carajos Ana aceptó que la lleve a su casa?».
No estuve el suficiente tiempo con mi amigo porque de por sí estaba en otro mundo y no le presté atención, Tobías no sabía que me ocurría pero determinó que quedáramos otro día. No tuve ningún inconveniente, además ya hablamos en otra ocasión donde se pueda organizar algún plan de los nuestros.
Todavía recuerdo cómo lo pasamos en verano, cuando no teníamos que ocuparnos de tareas desagradables cómo limpiar los baños de algún chiringuito. El me consiguió trabajo de camarero pero fue el primer mes, durante el siguiente quedamos en karaokes y bares. Allí surgía la posibilidad de ligar, eso sucedía en esas noches de verano, por consiguiente traían las consecuencias al amanecer. A pesar de la resaca no desperdicie el verano encerrado en una habitación porque alguna tarde me iba con otros chicos a jugar al voleibol en la playa. Aún me cuesta creer que aquello pasará tan rápido.
Mientras voy de camino al apartamento ni me fijo en los escaparates, aún sigo inquieto por la charla que tuve con Salvador. Saber que Ana pudiera tener alguna relación con él me asquea; si no pegan, creo. A ambos les gusta competir pero al tipo más, quizás él sabe que me interesa y por eso me la quiere bajar ¡¡mierda!!
«Mirad vos por dónde vas» escuché del vecino. No me imaginé encontrarme a Leonardo en la entrada, casi me roza al pasar por delante mío. El bajo es el lugar donde te topas a diario con alguna vecina pesada, el cartero o algún tipo heterosexual.
«¿Cuántos gays puedes encontrarte en un mismo edificio y que elija un quinto piso? ¿Ustedes qué creen?». La primera vez que lo vi llevaba prisa y aún así no dejo de observarme; quizás tenga que acostumbrarme.
En nada me eché al sofá, es lo primero que hago al llegar a casa. Al parecer Sergio no está sino ya me hubiera regañado. Aún así puedo ver sus coches en miniatura desde aquí; se que le gusta presumir de su colección cuando tiene visitas. Menos mal que no estoy o simplemente no me hallo cuando aparece algún amigo o familiar.
Además se que su socio viene seguido,el mismo Eusebio se toma la libertad de pasar horas aquí. Dejando latas de refresco por ahí o notas escritas por ellos pegadas en la parte frontal de la nevera.
Al rato leí una de ellas.
«Lucas, estaré fuera durante horas, ya sabes con Eusebio»
Nunca me explica nada más, siempre la misma frase. Así que decidí merendar y pasar las siguientes horas viendo una serie de Netflix.
~Ana~
«¡Dios que mujer tan contradictoria!».
Me quejé porque no había forma de convencerla. Aún seguía por la parte del sondeo, rebatiendo con ella.
Al final se vino con nosotros porque en su anterior operador no le ofrecían descuentos en su tarifa y un móvil nuevo. Y esos beneficios siempre los aporta nuestra compañía a no ser que llegue alguna oferta nueva o a saber.
El cierre lo efectúe con éxito y se que cuando se entere Leire se alegrará por mi. Por cierto, aún no la vi, ni siquiera cuando entré bien temprano al edificio. Nunca fue impuntual.
Sobre las doce ya me sentía agotada, y agobiada, tenía ganas de tomar un café. Sabía que casi todos se habían ido afuera pero decidí ir a otro lugar. A veces veo al repartidor por allí porque tiene que ocuparse de Reponer cada máquina; luego se queda un instante solo para charlar con el chico de la recepción, otro joven que no está nada mal. Aunque prefiero tener más ocupada mi mente en cosas importantes. Esta tarde debo llegar pronto a la cita con mi amiga Lucrecia, me pasará unos apuntes necesarios para poder aprobar el siguiente examen. Espero tener tiempo para todo, entre el trabajo y los estudios apenas tengo tiempo ni para salir de fiesta.
Pasó un momento por la recepción y el joven al que tengo enfrente es a Salvador. No se porque sin venir a cuento quiere ofrecerme una barra de chocolate. Se lo acepté porque no soy malagradecida, y como siempre me enseñaron a no despreciar nada. Me empezó a hablar y sin darme cuenta ya me había sonsacado que hoy debía irme pronto porque tenía una cita con una amiga. Y no esperé saber que al igual que yo tenía planes, así que sugirió que podríamos salir juntos del edificio.
Sobre las una insistió en acercarme a donde quisiera.
«En fin quién le niega algo a este muchacho».
No pensé jamás ni en sueños que Salvador se atreviera a hablar conmigo, él siempre tontea con otras chicas, sobre todo con la que acaba de pasar el filtro y ya está aprendiendo a manejarse en su puesto. Ahora mismo la observo desde aquí, ella es morena y de ojos azules, aún no se su nombre pero no tardaré en averiguarlo. Ella viste muy bien por lo que vi cada vez que aparecía por la sala, ella avanzaba por todo el espacio libre que se disponía entre mesas etc y presumía un look nuevo, había días que venía vestida con vaqueros y top, otras con faldas de cuero y camisas a cuadros; seguro que sabe de moda.
No es que no me guste vestirme bien o interesarme sobre lo que es tendencia pero mi fuerte es lo relacionado con el campo de las letras; a lo largo de mis dos años en la universidad de ciencias de la educación aprendí bastante sobre todo sobre la asignatura de la psicología del desarrollo. Aún me quedan dos semestres por delante mientras sigo aquí batallando para captar clientes. Quiera o no tengo que estar aquí. No es el empleo de mis sueños pero me ayuda a pagar mis gastos. Mientras charlo con otro cliente percibo la mirada de Lucas, siempre me causa ternura. Es para mí alguien importante porque ambos entramos casi a la vez en el CCFF.
~Lucas~
Desde ayer no puedo pegar ojo, no puede ser que me afecte tanto lo que haga Salvador. Luego está mi primo que se tira todo el desayuno molestando. Que si le debo una disculpas, que últimamente estoy flojo, así que me toca limpiar la cocina y recoger.
Acabé harto por eso me levanté con mi desgana habitual y me fui directo a la salida después de coger mi chaqueta y mi mochila.
Al rato no tuve que esperar demasiado el bus, al parecer Pepe se levantó temprano y con ganas de circular por la ciudad. Al verme me saluda y le sale fácil su sonrisa en cambio a mi me cuesta horrores mostrarme tan simpático y más cuando uno está de mal humor. Miro en ambas direcciones, los asientos ocupados y los que no, decidí mejor por mi seguridad dirigirme a los de la última fila. No necesito que ningún pasajero me joda el dia y lo digo porque una vez te sientas cerca de algún hombre cincuentón, los mismos creen que pueden contarte sus penas según convenga. Enseguida ignoro a una mujer que está delante mía mirándome perpleja. Se lo que muchas piensan de mi, y más si voy con mi camisa arrugada y con el pantalón igual. No tuve tiempo ni ganas de planchar porque ayer me la pasé viendo series, una tras otra que cuando me quise dar cuenta había anochecido. A veces uno pierde la noción del tiempo.
Una vez bajé del bus casi me arrolla un joven que iba en patín. Si ocurriera, estaría bien jodido, además soy propenso a sufrir lesiones por cualquier tropiezo o esfuerzo. Lo más seguro es que me den de baja durante algunos días en el trabajo y no es lo que más quiero; menos ahora cuando se que llegan los nuevos y Salvador está más seguro que va a salirse con la suya.
Sobre las nueve y poco más alcanzo a ver al que nombre, ahí plantado con ese aire de suficiencia, no lo soporto.
Pasamos todos y todas dentro, antes de sentarme en mi puesto miró hacia donde está ella. Ana llegó minutos después y me pareció extraño, luego vi que mi enemigo quiso acercarse pero ella se apartó con la excusa de ir al baño. Respire aliviado y no me distraje más en la hora siguiente. Anduve entretenido rebatiendo con una señora encantadora, no me lo puso difícil por eso le obsequie con algún regalo extra. Por fin llegó el descanso de veinte minutos, lo primero que hice fue quitarme los auriculares de mi cabeza. Luego al enderezar mi cuerpo aún en mi asiento sentí un golpe en mi hombro; al girarme vi a esa chiquilla tan traviesa y adorable. Me resultó raro tenerla ahí cuando debería estar en el colegio.
Inma es la hermana menor de Ceres al igual que la hija del dueño. Pocas veces apareció por aquí además me acuerdo que llegaba con su padre porque no le gustaba pasar tiempo con su hermana, ambas discuten mucho.
Es fácil mostrarse alegre, así de bien con ella. Pero me gustaría saber que la trae por aquí y espero que el papá no nos vea. Fernando rara vez permite que su pequeña establezca contacto con nosotros, solo ocurrió aquella vez porque tenía reunión. Y les pidió ayuda a Leire y Ana.
Observé curioso como se acerca al escritorio y coge los auriculares, a pesar de no ser alta consigue sentarse en mi puesto. En fin soy un caballero. De pie y a su lado me hace gracia verla ahí creyéndose uno más..la miro una vez y luego echó otra ojeada hacia administración, no me gustaría que nadie nos pillara. Lo comprende al notar mi nerviosismo por eso de un salto baja del asiento, me da un beso y se despide de mí.
Me dirijo por fin a la calle y no divisé a nadie conocido ni siquiera a Salvador pero me inquieta no saber dónde están ellas. Lo cierto es que no vi a Leire hoy en su puesto.
Entonces por fin llega Ana, bastante sería y cabizbaja. Oigo por parte de ella lo que me parece lo más injusto que le puede pasar a alguien. Nos comunica que despidieron a Leire.
Minutos después el engreído también aparece y lo que más me sorprende es que se dirige a Ana para consolarla.
Ambos se abrazan, ¿y que podía hacer yo? Ahí como estúpido lo presencié.
Tuve que irme de regreso a mi puesto. A veces es mejor aceptar de una vez que no estaré al nivel de mi contrincante. El es más decidido, sabe cómo ganarse la confianza de las chicas. Lo mejor será saber cómo está Leire, aún me cuesta aceptar lo ocurrido.
~Ana~
Estoy disgustada por esta injusticia tan grande, ¿Por qué a Leire? Cuando ella es muy capaz en su trabajo, además nunca se queja a pesar de la incomodidad de tener que competir con jóvenes. Recuerdo aquella vez que lo pasó mal con un cliente por qué se le prolongó el tiempo de la llamada, no conseguía convencerle de que cambie de operador. Sara estuvo al tanto de lo que ocurrió y lo tuvo demasiado en cuenta, más que las otras veces que acertó. A partir de ahí vigilo de cerca todo lo que hacía, me pareció cruel. Hasta creo que le sirvió de excusa porque lo cierto es que prescinden de los empleados cuando no rinden igual o por la edad. Así que poco importa su valía y lo que hizo durante años por la compañía.
Todavía me cuesta concentrarme con la preparación de un postre. Me gusta la repostería y alguna vez prepare algún bizcocho junto a Leire, ella vino muchas veces a mi piso. Hoy esta deprimida, y entiendo que no le apetezca venir.
Quizás necesite tiempo para asumir el despido, no sé qué haría en su lugar.
Espero que encuentre un empleo donde la valoren como ella lo merece.
Repaso una y otra vez la tarta, compruebo que no tiene la forma que debería porque las capas de chocolate están desiguales, hasta creo que se hundiría en el horno.
Desisto y dejó la encimera limpia. No sé cómo no me di cuenta que el cartón del azúcar estaba roto. En fin habrá que reponer ciertos ingredientes.
Una vez me siento en el sofá del salón, me pongo cómoda inclinando mi cuerpo hacia el respaldo, dejando mis piernas cruzadas entre sí y voy poco a poco soltando mi rigidez. Todo lo aprendí en mis clases de yoga; además me ayuda a soportar la presión de cada día. Consigo poner mi mente en blanco, me repito todo va bien y así estoy durante minutos.
Pero no conseguí relajarme del todo porque sonó la melodía del móvil.
«Otra vez la pesada de mi madre» ella está retirada de toda labor hogareña porque tiene una muchacha que le hace sus quehaceres. Se la pasa aburrida la mayor parte del tiempo a no ser cuando sale a tomar café con Eulalia, una vecina. También aprovecha como hoy para contarme sus cosas y apenas me deja hablar a mi. Según ella tiene línea para rato por eso me tuvo como una hora…
Supe hace un mes que contrató un operador de la competencia.
Al rato me quité toda prenda incómoda, el delantal sobre todo por estar lleno de manchas. Me fui sin demora al baño; es mi lugar favorito y cerca de la bañera tengo alguna vela ya gastada y más allá tengo una radio en miniatura, suelo relajarme escuchando música.
No tardé en sumergirme dentro y cierro mis ojos al percibir el calor, a veces ocurre que me entra agua en mi oído y es bastante incómodo. Así que podré estar por lo menos lo que el agua dure tibia y hasta que mis dedos se arrugan.
Al salir lo primero que hago es soltarme la melena que recogí en un moño. No se porque a mi amiga Lu le gusta mi cabello. Siempre se queja de que el suyo se enreda y no dura liso como el mio. Por lo general no dedico horas a cuidarlo y uso la plancha sólo en ocasiones especiales.
En nada estoy fuera del baño y vestida con mi pijama. Aún no tengo sueño, por eso la pasé leyendo algunas páginas del libro que aún no termino o quizás una revista donde traiga cosméticos o ropa de mi estilo.
~Lucas~
No madrugué ayer para ir al trabajo pero sé que la pasaré ocupado en alguna tarea que menos me apetece realizar. Y al no haber aún moros en la casa me dedico a barrer y lo hago rápido, si dejo alguna miga pues que se la coma su conejo. Frodo es la mascota de mi primo y deja pelos por todas partes; ¿seguro que entendéis porque leches le dejo ese nombre? y no entiendo porque es fanático del Señor de los anillos. Prefiero ver pelis de acción o de misterio, aunque al final me quede dormido.
Al mediodía me rindo, si queda algo por limpiar se que lo hará Sergio. Es tan ordenado y observador que me aburre.
Entonces llega, trae como siempre una revista de coches bajo el brazo. Viene de tan buen humor que hasta me suelta una colleja. Me desconcierta; ni en los veinte segundos que pasan lo noto enojado ni quejándose del mueble al que acabo de dar un repaso con una bayeta y desde aquí te das cuenta que no quedó bien. El se distrae con esa revista, jamás le pregunto qué le habrá ocurrido pero se que casi siempre tiene éxito en lo que hace además es un hacha en la negociación comercial.
Antes de dedicarse al intercambio de piezas cuando se gastan o a venderlas al mejor postor; su comienzo fue en una compañía de seguros, luego pasó a llevar el negocio de un tío suyo donde vendía pintura, artículos de bricolaje etc. Siempre fue simpático y sociable que se ganaba el respeto de sus clientes.
Jamás se le ocurrió probar en el sector inmobiliario porque hay cada sinvergüenza, y es mejor no toparse con indeseables, además ni a él ni a mí nos gusta que nos tomen el pelo. Casi tiene terminada la revista, cierra la misma, la suelta en la mesa y luego bosteza. Al concluir me doy cuenta que me observa y ni me di cuenta del rato que llevo de pie reflexionando.
Sabe sacarme la mala leche con solo mirarme un rato y luego reírse de mí. Estará pensando qué carajos hago aún con el recogedor en la mano. A lo mejor decido tirar sobre él su contenido en vez de dejarlo en la papelera. Pero sería tener problemas y mejor que reine la paz en la república independiente de nuestro hogar.
Otra cosa es que no hay catálogos de Ikea porque no nos gusta almacenar nada, pero tenemos un reloj por ahí, algunos vasos etc.
~Sergio~
Mi primo es serio, enojón, se distrae fácil y un poco ingenuo; a veces me saca mi mal genio por ser tan desordenado pero tenemos estos ratos agradables. Ambos pasamos de todo en nuestra adolescencia, a mi me resultó más llevadera que a él.
Sonreí al verlo vestido tan ridículo y de pie pensando a saber qué. Hasta me olvidé de lo que me ocurrió hace unas horas con un hombre lo suficiente dubitativo para poder establecer un intercambio. Él se largó al fin, entiendo que no reaccione como suele hacer.
Asi me limité a ponerme el delantal, parezco tan ridículo, no sirvo ni de chef. Sólo se preparar lo más simple, bocadillos quizás una ensalada.
Luego me senté con mi acompañante, Frodo se aburre en su jaula y de vez en cuando lo saco, lo acaricio apenas porque no le gusta. Se escapó y lo dejé en el suelo para que no se caiga. Aprovecho para poner la tele, aunque dudo que haya algo interesante, últimamente me volví, como se dice que lo tengo en la punta de mi lengua, da igual. Mi amigo me recomienda que salga alguna noche, siendo viernes debería hacerle caso, quizás mañana por la mañana tenga otra perspectiva diferente.