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Nuevo mundo estelar

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Sinopsis

En una Tierra devastada y diezmada por los Nerxus, la joven Cristina vive en una de las últimas colonias de humanos. Por el bien de la colonia, Cristina está prometida a Claus. Pero se encuentra con un extraño que cambiará su vida.

Genero:
Erotica/Scifi
Autor/a:
Circe
Estado:
Completado
Capítulos:
7
Rating
4.7 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

I PLANETA TIERRA - CRISTINA

Salí del refugio casi al mismo tiempo en que empezó a sonar la campana. A pesar de que ésta suena tres horas después de que la intensidad del sol esté en su máximo apogeo, todavía cuesta respirar y andar por el calor. Yo he nacido aquí, en una tierra desbastada y diezmada por los Nerxus. Unos apestosos seres que acabaron con toda la riqueza existente. Y no me refiero cuando digo riqueza a oro, diamantes y demás piedras preciosas que ya no tienen valor ni sentido alguno en los tiempos en los que nos encontramos. Me refiero al agua, las plantas, la riqueza natural. El mundo se volvió loco en cuanto llegaron este tipo de… no sé cómo llamarlos… ¿extraterrestres?... y pisaron la tierra. He oído historias entrañables de cómo era antes todo. Existían animales de cuatro patas, flores, insectos… una inmensa diversidad de seres de la que solo sabemos por los libros que han pasado por nuestras manos de generación en generación. Todo desapareció. Los monstruos se lo han comido todo. Ya no queda nada. Tampoco deben quedar muchos refugios donde nos albergamos los últimos seres vivos del planeta. Pero estoy segura de que cuando desaparezcan nuestros invasores todo volverá a ser como antes.

El sonido de una voz a lo lejos me hace acelerar el paso. Probablemente sea mi madre llamándome enfadada. Una de nuestras normas es salir siempre acompañados de nuestras parejas designadas… y sé que debería hacerlo, pero siempre tengo una opresión en mi pecho como si no pudiese respirar… mi vida como la de cada persona del refugio ha sido decidida desde el mismo día en que nací. Cuando un nuevo miembro nace es automáticamente emparejado por otro del sexo opuesto. A mí me tocó con Claus. Un chico dos años mayor que yo. Debería haber sido con uno de mi año de nacimiento, pero en mi año de nacimiento, yo fui la única que vino al mundo. Fue un año triste para todos y a mí siempre me ha hecho sentir fuera de lugar, como si realmente éste no fuese mi sitio. Ese año el sol era tan fuerte que dicen que fue el causante de que yo sea más bajita que la media. Apenas mido un metro y medio, pero para mí suficiente. Cuando cumpla 21 años y Claus 23 nos iremos a vivir juntos para crear nuestra nueva familia. No todas las parejas lo consiguen, pero estoy segura de que ése no será nuestro caso.

Vuelvo a escuchar algo, esta vez son unas pisadas. Mi madre debe de haber ido a buscar a Claus para que venga conmigo. Miro nerviosa a ambos lados buscando alguna roca grande para esconderme y que me dejen tranquila un par de minutos. Cuando la encuentro acelero mi paso y me escondo detrás de ésta para que no me vea y pase de largo. Unos pasos delante de mí hay un pequeño terraplén, impulsivamente y con cuidado me precipito por él intentando no levantar mucho polvo para no delatar mi posición y sigo caminando en línea recta. Detengo mi paso y cojo la pequeña cantimplora que llevo colgada de mi cintura, la abro y doy un pequeño sorbo. El agua que llevo es mi ración de todo el día y no la puedo desperdiciar. Cuando la vuelvo a cerrar, noto que mi pelo se mueve ligeramente, levanto la vista de donde viene esa pequeña brisa y veo que en el horizonte hay unas tres rocas pegadas las unas a las otras. Están agujereadas y estos agujeros deben de ser los que provocan la suave corriente. Alzo mi vista al cielo que permanece todavía de color amarillo. Dispongo de un par de horas antes de que se vuelva rojo. Así que sin más dilación voy a investigar los enormes pedruscos.

Tardo en llegar menos de lo que esperaba, decido bordearlas y para mi sorpresa me encuentro con una enorme superficie de agua. Me aproximo hasta su orilla y sin poder evitarlo me meto hasta que el agua cubre mis caderas. Dejo caer mi cuerpo en plancha y disfruto de la sensación que el agua produce en mi cuerpo al tocarlo. Me vuelvo a incorporar y disfruto de los escalofríos que se producen en mi espalda… ¿puede ser frío? Veo que muy cerca de mí, un chico esta tumbado en la orilla, observándome curiosamente.

– Hola – le saludé tímidamente - creía que estaba sola - seguí diciendo mientras llevaba ambas manos a mi cabeza y las pasé a lo largo para escurrir el agua que caía por mi cara.

– Es impresionante, algunos ancianos del refugio cuentan que antiguamente la tierra estaba poblada de grandes extensiones de agua... ¿Tú crees que serían como esta o mayor? ¡Madre mía! cuando se lo cuente a todos los del refugio no me van a creer. ¿Cómo puede aguantar tanta agua sin evaporarse? ¿Te imaginas? No sé desde hace cuánto no me doy un chapuzón... espera... Creo que no me he dado un chapuzón nunca.

Una risotada salió de mi boca, sin que la pudiese controlar. Me dejé caer sobre la fina arena provocando que ésta se impregnase a mi cuerpo por la humedad que había en él. Qué sensación más maravillosa, sentir mojado todo mi cuerpo. Debido a la escasez de agua que hay en la tierra, en el refugio nos aseamos solo algunas partes del cuerpo y jamás con agua. Gracias a las investigaciones que durante años han llevado a cabo los científicos, estos han conseguido generar una especie de líquido viscoso que usamos para este menester porque no podemos desperdiciar una sola gota de agua. Incluso aunque tengamos un sustituto para nuestro aseo tampoco podemos realizar este todos los días. Así que una vez a la semana, todos, vamos a la zona de duchas comunitarias, antes de entrar hay como una especie de antesala donde nos desnudamos y arrojamos nuestras ropas a unos calderos enormes donde las cuecen para desinfectarlas. La siguiente estancia es una sala de piedra lisa totalmente vacía. De sus paredes sobresalen una especie de soportes con bayetas impregnadas con estos líquidos viscosos. Solo podemos coger una y pasarla por nuestro cuerpo. Cuando acabamos pasamos a la siguiente sala donde hay ropa limpia apilada y que cogemos indistintamente. Quiero decir no hay diferencia entre hombres ni mujeres. Las ropas que llevamos son siempre iguales y se compone de camisas blancas, aunque son más bien grisáceas debido al uso y pantalones marrones o negros. A veces parece que vamos vestidos con unos apestosos harapos. Pero ahora, en este instante todo me da igual y por primera vez quería simplemente disfrutar unos segundos más de esta maravillosa sensación de frescor sobre toda mi piel. Esto debe ser lo más parecido a lo que los ancianos llaman baño. Malditos Nerxus si no hubiesen destruido nuestro planeta... Habría sido todo tan distinto... para todos. Me incorporé y volví a mirar al chico que me miraba estupefacto con una ceja levantada.

– Creo que no te he visto antes, ¿también eres del refugio Sur? ¿Existen algún otro refugio cerca? ¿Tú también has aprovechado y te has dado un chapuzón?

Entrecerré los ojos y volví a mirar a aquel personaje que cada vez parecía más asombrado. Aunque estuviese sentado se veía que tenía que ser mucho más alto que yo, quizás, a ojo pronto, uno ochenta de altura. El color de su piel era de blanco cetrino. Probablemente ése es el color que habían adquirido debido a estar bajo tierra sin que le diese el sol. Sí que es verdad que mi piel es aún más blanca, es casi un blanco nacarado. Miré a sus ojos y me mordí el labio sorprendida de ver que su color era rojo. ¿Podrían haber adquirido este color también por estar viviendo como nosotros bajo tierra? No lo sabía, pero parecían poseer un tipo de poder hipnótico sobre mí.

– ¡Oye! – le grité algo molesta – ¿no piensas contestarme?

– Pero... ¿qué demonios?

– Chicos, sí que sois antipáticos los de vuestro refugio – intenté no sonar tan impresionada como me había quedado al escuchar la intensidad de su voz.

– Colonia.

– ¿Perdona?

– Vivo en una colonia.

– ¡Oh, vaya! Jamás había escuchado que existiesen colonias cerca. ¿Llevas viviendo allí desde que naciste? ¿Cuánto tiempo lleva funcionando esa colonia?

– ¿¡Eh!? ¿Siempre hablas tanto?

– Sí – volví a soltar otra carcajada con mi respuesta.

– ¿Qué es eso?

– ¿Qué es qué? – contesté con otra pregunta.

– ¿Qué es ese sonido que sale de ti?

– Es mi risa. Vaya, siempre me han dicho que es algo estruendosa pero no creía que fuera a ser tan molesta.

– No, al contrario, me parece un sonido… distinto – puntualizó.

– Bueno qué – me puse en pie mientras seguía hablando, acercándome nuevamente a la orilla del agua.

– ¿Desde cuándo está formada tu colonia?

– ¿Sabes qué es una colonia?

– Me imagino que será igual que el refugio, pero con más gente, ¿no? – respondí intentando no sonar tan ignorante como me había hecho sentir su pregunta.

– Formamos colonias en los planetas que creemos que están en peligro e intentamos salvar todos los recursos que todavía estén vivos.

– ¿Cómo que en los planetas que están en peligro? – pregunté lentamente notando que mi adrenalina se disparaba.

– Nuestros wachamis se dieron cuenta de que una estrella había chocado con el sol partiéndolo en fragmentos. Estos se están acercando cada vez a mayor velocidad a tu planeta lo que significa que en breve terminará difuminándose en la inmensidad del universo. Nuestra colonia lleva estacionada aquí desde hace muchos años. Nos dedicamos a recoger todos los seres primitivos que todavía se encuentran con comida.

– ¡Madre mía! – las palabras salían de mi boca mecánicamente. Estaba a punto de entrar en pánico. Aquel hombre era un Nerxus y yo había ido a parar a la boca del lobo.

– Quieta – me ordenó con una voz que denotaba autoridad.

– No pienso quedarme aquí para que acabes con mi vida igual que habéis acabado con mi planeta.

– Estás confundida.

– Me importa una mierda. De todo lo que me digas no pienso creerte. Porque nunca jamás te había visto antes, eres un apestoso Nerxus. En nuestro refugio tenemos datos documentados de todas las atrocidades que habéis cometido. Empleáis esta densidad de calor para acabar con nosotros. Todavía no sabemos cómo habéis conseguido potenciar el poder del sol, pero no me voy a quedar aquí para averiguarlo.

– ¿Existen más seres como tú? – parecía totalmente sorprendido.

– Ni te acerques… asesino.

– No es así – volvió a fruncir el ceño acercándose a mí, con una expresión de sorpresa. Poco a poco me di cuenta que el color de su pelo tenía un tono azulado casi grisáceo.

– He dicho que no te acerques – le detuve con un dedo en alto mientras me agachaba a coger una piedra – No dudaré en tirártela.

– No creo que con un cuerpo tan pequeño tengas fuerza suficiente para alcanzarme con es piedra.

La apreté en la mano hasta notar cómo se incrustaba en mi piel y con toda la rabia que pude se la lancé, deseando que esta se estampara en su cara, para hacerle sentir la rabia que durante tantos años había sentido por su invasión. Podía ser pequeña, pero estaba segura que tenía tanta fuerza como para alcanzarlo. La piedra voló horizontalmente y aunque no golpeó su cara sí que se estrelló contra su hombro. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su cara. Él me miró a los ojos y levantó la ceja sin mostrar ninguna muestra de asombro, torció la boca en un feo gesto a modo de desaprobación y dejó escapar un gruñido. La verdad es que contaba con haberle sorprendido más y usar un poco la sorpresa de mi ataque para escapar de él. Sin más dilación giré sobre mis talones y me puse a correr tan rápidamente como me lo permitían mis piernas y el apestoso calor sofocante que abrasaba a mis pulmones con cada inspiración. No había llegado muy lejos cuando me había alcanzado el Nerxus.

– No puedo dejar que te hagas daño.

– ¡SUÉLTAME! – chillé mientras él me giraba agarrando mis brazos con sus manos.

Empecé a mover mi cuerpo meneándolo en una especie de locas convulsiones, soltando mis extremidades para de alguna manera golpearle. Aunque fue inútil, ya que en ninguna de mis embestidas le alcancé. El Nerxus me zarandeó bruscamente haciendo que me quedase paralizada por el miedo. Soltó uno de los agarres que ejercía sobre mí y levantó una de sus manos señalándome con su dedo índice... Volvía a tirar de mi cuerpo hacía atrás desesperada por soltarme, pero nuevamente fue inútil...

– Ssssh dulce sem ya todo ha acabado para ti.

Estaba totalmente aterrada, se iba aproximando su dedo hasta tocar mi frente. Volví a mirarle a los ojos y empecé a notar como mis párpados se cerraban. Éste era mi fin. Pensé en mis padres y hermanos. En Claus, ¿qué sería de él sin mí? Le había condenado a no tener familia… pensé en todas las personas de mi refugio. Hoy yo iba a morir, la sola idea me aterró. Abrí los ojos en un último intento de luchar por mi vida, pero todo me pesaba demasiado… mis brazos… mi cabeza… mis parpados… volví a cerrar los ojos y todo se volvió negro para mí.

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Bien escrito

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Trama absorbente

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