Convirtiéndose en la Sra Moran

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Sinopsis

Cuando Lola Lancaster responde a un anuncio para trabajar como ama de llaves del mujeriego, pero increíblemente guapo y carismático millonario, Magnus Moran, ambos terminan involucrados en mucho más de lo que esperaban. Magnus decide utilizar a Lola como asistente personal mientras intenta encontrar una esposa para sí mismo, pero ¿acaso el arrogante jefe se está enamorando de la audaz ratón de biblioteca con problemas de apego y un pasado oscuro, o será ella la que se le escape?

Estado:
Completado
Capítulos:
60
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4.9 48 reseñas
Clasificación por edades:
18+

The Help

—Señor, las candidatas llegarán en cualquier momento. ¿Está seguro de que no quiere la corbata roja?

El dueño de la casa soltó una carcajada y se acomodó el cuello de la camisa.

—Timothy, el rojo hace que la gente tenga hambre de comida, no de algo rico y jugoso... —se quedó pensativo mientras observaba las dos corbatas—. Quiero parecer apetecible, pero no desesperado. Me pondré la azul —Magnus lanzó la corbata roja sobre la cama y agarró la otra, pero se lo pensó mejor y volvió a coger la roja—. Apetecible...

Timothy asintió y salió de la habitación de su jefe. Podía oír el ajetreo de los criados de la casa, entre los que destacaba la voz de Timothy dando órdenes.

Hoy era un día especial, ya que Magnus Moran recibiría a diez jóvenes encantadoras llegadas de todo el país con la esperanza de convertirse en su esposa, la señora Magnus Moran.

¿Había sacado la idea de un programa de telerrealidad? Para nada. Llevaba años intentando encontrar a una mujer, pero sin éxito.

Solo necesitaba seis meses y terminaría encontrándola. Magnus hacía esto cada pocos años, pero se acostaba con muchas, muchísimas mujeres entre medias.

Simplemente las devoraba. Para él, eran increíblemente deliciosas.

—Señor, le pido disculpas por interrumpirle de nuevo, pero las nuevas contrataciones también llegarán hoy.

—¿Hoy? ¿Tenía que ser precisamente hoy?

Timothy suspiró: —¿Entonces los mantendremos en la zona de servicio?

Magnus asintió.

—Sí, no quiero que estén dando vueltas por ahí antes de empezar la formación.

Magnus se peinó el pelo negro hacia atrás. Sus ojos verdes brillaron, recordándole mucho a los de su padre.

—¿Qué tal me veo?

Timothy sonrió: —Impecable, señor.

Lola subió caminando por el largo y sinuoso camino porque el taxista se negó a llevarla más allá.

No le quedaba dinero para pagarle y él simplemente no quería lidiar con ella, así que allí estaba, arrastrando su maleta por la carretera con la esperanza de que alguien pasara antes de que empezara a llover.

El teléfono de Lola se había apagado una hora antes y solo estaba a unos pocos kilómetros de la finca de los Moran.

Unos cuantos coches pasaron de largo, pero iban en dirección contraria. Su oscuro cabello rizado estaba encrespado y sabía que su primera impresión iba a ser un desastre.

Lola fue contratada a través de una agencia hacía unas semanas, cuando la finca de los Moran publicó un anuncio buscando varias amas de llaves y personal de mantenimiento, y ella no dejó pasar la oportunidad.

Estaría lo suficientemente cerca para empezar su máster en psicología infantil si el horario se lo permitía. En cualquier caso, Lola solo necesitaba un año para ahorrar algo de dinero y estaría lista.

La lluvia empezó a caer; primero fueron gotas pequeñas y luego gotas bastante grandes que la golpeaban mientras caminaba a paso ligero el resto del camino.

La finca era enorme, pero la puerta estaba cerrada, así que Lola pulsó el botón para pedir acceso.

—¿Sí?

—Hola, soy Lola Lancaster y vengo a empezar...

Antes de que pudiera decir nada más, la puerta se abrió. Lola se quedó impresionada casi de inmediato por el tamaño y la belleza de la enorme finca y sus edificios. La arquitectura era magnífica.

Un coche se acercó y Lola metió sus cosas en el asiento trasero con la ayuda de un joven.

—Soy Sam —dijo él tendiéndole la mano, y Lola la estrechó en señal de cortesía.

—Lola.

Condujeron hasta la puerta principal, donde un hombre muy atractivo estaba junto a un caballero mayor que parecía aburrido.

Sam le ayudó a bajar del coche y Lola se dirigió hacia el dúo que estaba en la gran escalinata de la entrada.

Una sola mirada del hombre más joven le bastó para saber que ella no era lo que él esperaba.

—¿Quién eres?

—Soy Lola Lancaster. Su nueva ama de llaves.

Él puso los ojos en blanco y suspiró.

—Sam, todas las nuevas contrataciones deben ir a las casas de invitados hasta nuevo aviso.

Lola frunció el ceño.

—Un placer conocerle también, ¿señor...?

Él sonrió con suficiencia.

—Su jefe.

—Señor Su Jefe.

Lola se estaba arriesgando demasiado, pero estaba empapada hasta los huesos por la humedad del día y él ni siquiera se había mostrado amable con ella.

—Lo s-siento... —Lola bajó la mirada—. ¿Es usted Magnus Moran?

—Señor Moran para usted, señorita Lancaster. Ya nos ocuparemos de usted y del resto de sus colegas más tarde. Lástima que no sea una de mis... damas —la miró de arriba abajo como si la estuviera desnudando con los ojos y Lola se sonrojó—. Tal y como están las cosas, no acostumbro a acostarme con el servicio.

Sam acompañó a Lola de vuelta al coche y se marcharon.

—Es un buen tipo cuando lo conoces —comentó Sam.

Lola hizo un puchero.

Ella estaba allí para hacer su trabajo y seguir adelante con su vida.

No quería conocer al irresistible, aunque egocéntrico, Magnus Moran.