Capítulo 1
Charlie —
Saco mi mochila de mano del asiento trasero del coche. Mientras tanto, papá agarra mis maletas del maletero. Me cuelgo la correa al hombro y suelto un suspiro al mirar el aparcamiento del aeropuerto. El estruendo de un avión al despegar llena el aire a mi alrededor y miro a mi padre haciendo un puchero. Él me dedica otra sonrisa y sacude la cabeza cuando ve que me tiembla la barbilla.
Suelta las maletas, se acerca a mí y me da un abrazo protector. Yo lucho contra las lágrimas que están a punto de brotar.
—Siento mucho lo de tu abuela —susurra. Yo asiento contra su pecho mientras mojo su camisa con unas pocas lágrimas. Me separo y me limpio los ojos. Tomo aire temblorosamente y trato de recomponerme lo mejor que puedo. Él me alisa el pelo y me aprieta los hombros con sus manos callosas. Asiento para tranquilizarlo. Él me devuelve el gesto y va al maletero a por mi última maleta.
Agarro la que tiene ruedas y cruzamos el aparcamiento hacia las puertas del aeropuerto. Miro por última vez el paisaje de Colorado. Tomo aire profundamente y me obligo a seguir caminando.
Me abrocho el cinturón de seguridad y tiro de la correa para ajustarlo. Me quedo mirando la pista de aterrizaje. Veo cómo remolcan otros aviones para descargarlos y envidio a la gente que se está bajando de ellos.
Mi padre estira el brazo y me aprieta la mano con cariño. Intento sonreírle antes de que se retire y termine de acomodarse en su asiento.
Empiezan los avisos de seguridad. Yo me desconecto de todo y sigo mirando los últimos detalles del único hogar que he conocido.
Unos años después de que mi madre muriera, a mi papá le ofrecieron un trabajo en California. En casa era productor musical y uno muy bueno, por cierto. Yo todavía era joven y estaba en la escuela, así que en aquel momento me negué a mudarme con él. Por suerte, aceptó a regañadientes que me quedara y me fui a vivir con mi abuela. Ella tenía problemas de salud, así que tenía sentido que yo me quedara a cuidarla lo mejor posible. Papá nos mandaba dinero para salir adelante y todo iba de maravilla... hasta que se volvió a casar.
No me malinterpreten, Tracy era bastante amable. Era un poco más joven que él para mi gusto, pero bueno, no era mi vida ni mi decisión. La había visto un par de veces cuando venían de visita en vacaciones. Siempre fue buena conmigo y nunca intentó reemplazar a mi madre, algo que agradecí mucho. Yo tenía una mamá y era la mejor, la única que necesitaba... hasta que falleció, claro.
El único inconveniente real, aparte de la mudanza, era que ella tenía tres hijos. ¡Tres!
A ellos no los conocía. Solían pasar las vacaciones con su padre o estaban trabajando y, por lo visto, no tenían tiempo para viajar.
Nunca me había importado no conocerlos, pero ahora me arrepentía. Estaba a punto de mudarme con esa gente y no sabía nada de ellos.
Ni siquiera sabía qué cara tenían. Nunca me molesté en mirar fotos suyas porque dudaba que ellos hicieran lo mismo por mí. No sabía nada de ellos: ¿qué les gustaba?, ¿qué detestaban?, ¿en qué trabajaban?, ¿les gustaba vivir con su madre o preferirían estar con su padre?
Tenía muchísimas preguntas pero ninguna respuesta.
Sé que podría preguntarle a mi padre, pero me resultaría raro. Me diría que debería haberme esforzado más en conocerlos, ya que después de todo eran mis «hermanos».
Suspiro y me llevo la mano al estómago por el vacío que siento al despegar. Ponemos rumbo a mi nuevo hogar.
Que Dios me pille confesada...
Al bajar del avión, el calor seco de California me golpea como un muro de ladrillos. Siento que me seca la garganta al instante e intenta asfixiarme. Me llevo la mano al cuello distraídamente y mi padre me rodea los hombros con el brazo.
—Ya te acostumbrarás, cielo —me asegura. Yo asiento en silencio mientras me guía hacia el frescor del aeropuerto para esperar nuestro equipaje.
—¡Cariño! —Oigo el grito típico de mi madrastra. Viene trotando hacia mi padre con sus sandalias de tacón. Le rodea el cuello con los brazos y él la levanta en vilo para darle una vuelta. Obligo a mis labios a sonreír. Todavía me resulta extraño verlo con alguien que no es mi madre. Él la baja y le planta un beso rápido en la mejilla para no estropearle el maquillaje impecable. Ella se gira hacia mí con una sonrisa y yo trato de devolvérsela con la mayor dulzura posible—. Charlie, qué alegría volver a verte.
—Igualmente.
Ella sonríe y vuelve a mirar a mi papá.
—Solo falta una maleta —le dice él. Ella asiente y le pasa el brazo por la cintura, apoyando la cabeza en su pecho mientras esperamos.
—Mira, Charlie, tu padre y yo te hemos preparado una habitación. Por favor, siéntete como en tu casa. No soy nada estricta, así que decórala como quieras y muévete por donde gustes. Aunque quizás prefieras evitar los cuartos de los chicos en la tercera planta —suelta una risita desde el asiento del copiloto. Yo le sonrío desde atrás y asiento. Es la primera vez que menciona a sus hijos y ya estoy temblando, pensando en cualquier forma de escapar de esto.
Tal vez, si me quedo un tiempo y mi padre ve lo infeliz que soy, me ayude a alquilar un apartamento para mí sola. Al menos seguiría en California. Seguro que eso es mejor que nada, ¿verdad?
—¿Tienes algún plan o algo que quieras ver? —pregunta ilusionada. Me encojo de hombros sin decir nada. Su sonrisa flaquea un poco y me da lástima. Sé que se está esforzando.
—No estoy segura... ¿qué me recomiendas? —murmuro. Su rostro se ilumina mientras le sonríe a mi padre. Él le aprieta la mano y me guiña un ojo por el espejo retrovisor. Me dice un «gracias» sin voz mientras Tracy empieza a enumerar los mejores sitios que hay que ver en Malibú.









🪝
so this story warns of incest....but if it referring to the step brother and step sister then that is not incest. not really they were not raised together and they are adults. some may disagree with me.
what is her age? guessing she is young if she is forced to move