Capítulo 15 parte 1
Capítulo 15: Una guerra distinta
Escucha los quejidos y llantos a su alrededor. Mueve las pupilas, fijándose en los rostros de sus amigos.
También lloraría si no fuese que siente miedo de que se le salgan los órganos o algo si hace una mala fuerza. No sabe qué es lo que tiene roto, en único que duele más que todo lo que haya sentido. Tampoco quiere saber, sólo curarse.
Su mirada, careciente de brillo y vacía, se estanca un rato en el cielo. Algo como lo ocurrido se lo esperaba en un día nublado, o de lluvia.
Pero está soleado, se escuchan los pájaros que vuelan por allí al igual que otros roedores, acompañando las voces de sus amigos. Por momentos no entiende porqué lloran por ella.
Se encuentra confundida. No puede organizar sus pensamientos, ni sentimientos.
«¿Es tan triste para los demás que me hayan lastimado? ¿Me estoy muriendo acaso? Todos hemos sido lastimados en la pelea… Lo mío es sólo un poco más grave…».
«Ah. Sé que no es verdad. Sé que es grave… Pero… No quiero que esto haya pasado… No puede ser…».
Hikari continúa sanando a Umi, esforzándose al máximo en ello. Pese a que no quiere ver el cuerpo, podría decirse que es la que expresa más su tristeza, su voz suena más fuerte en el llanto a comparación de los demás. Ellos lloran sólo con quejidos.
Yuu sigue sin alzar la mirada. Sus lágrimas caen al suelo, perdiéndose pronto en la humedad junto a la sangre de su amiga. Io y Chitose se ven molestos, bastante.
Yuto asustado, quizás hasta traumatizado por la escena que presenció. Kazuma… Parece igual de confundido que Umi, y es el único en silencio, pese a que también baja un arroyo de sus ojos. Ve fijamente a la chica recostada.
—Siempre pensé que Sakura no era buena persona, pero… No imaginé que llegaría a este punto —Io se seca el rostro con la manga, manchándose de rojo y violeta.
—Creo que nadie imaginó eso —le responde Chitose, con una voz temblorosa.
—Sakura… No parecía ese tipo de persona… Ella luchó junto a mí y… Buscaba protegerme —Yuto se cubre la mitad cara con una mano.
—A todos… A todos nos cuidaba al pelear… ¡Mierda! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué cuando parecía estar dejando de lado esas actitudes molestas?! —Io se muestra frustrado. Tal vez había comenzado a pensar que podría caerle bien algún día.
—La señorita Umi está tan herida… Y no puedo avanzar más rápido con esto… —Hikari se ve desesperada. Igual, continúa con esos brillos verdes sobre la otra.
—Hay que llevarla a algún lugar cuanto antes, cuando termines con lo que puedas…
»Si la muevo como está, siento que se va a desarmar —Io cambia la forma en la que se halla sentado, escondiendo sus ojos enrojecidos en sus piernas y los brazos con las que las rodea—. Maldición… Sakura… ¿Por qué…?
—Tristemente… La ciudad más cercana a la que podemos llevarla y esperar que alguien la atienda, es Kanslowr. Seguro encontraremos algún refugio —suspira Kazuma, hablando en voz baja, lo suficiente audible para el grupo.
Ese tristemente le suena a Umi como que no debe tratarse de un buen lugar, si él se refiere de esa manera a este.
Otra cosa que no le cierra es, ¿por qué no ir hacia Emerald o Veryd Illonium? Sería mucho más fácil y simple. Sólo deben subir.
—No… No es así —el nuer se refriega los párpados, tratando de secarse. Le responde en un tono más suave que cuando le hablaba a todos. Ahora toma asiento a su lado, a la vez a la izquierda de Io—. Los ginvel no tienen el mismo interior que los humanos, su sangre es azul…
»Y los shainor y tesodana, aunque su sangre sea roja…
»Tampoco son como los humanos por dentro —hace una pausa, escondiendo el labio inferior—. Lo ideal sería que estemos en una capital para que te atiendan como corresponde. A menos que hubiese alguien más con magia sagrada cerca.
Con eso, Umi entiende que debería dejar de cuestionar las decisiones de Kazuma. Ella no conoce nada de Namaenai. Se acaba de enterar que el interior de los najin no es igual.
Siempre había creído, en la Tierra, que los veterinarios debían tenerlo muy complicado por las diferentes especies, y resulta ser que en el plano cero es similar.
Se pregunta si tendrán nombres distintos los médicos que saben de una u otra.
—Especialista en tal especie… O médico experto —vuelve a saciar sus dudas.
Le sorprende a la chica que pueda seguir haciéndose tantos cuestionamientos pese a lo sucedido.
«El tiempo no se detiene». Sigue sintiéndose horriblemente mal por lo de Sakura, sin embargo, puede pensar en otras cosas. Y aun así, su mirada sigue vacía.
A su alrededor se ve como si estuviesen reponiéndose del shock. Dejando de llorar, con respiraciones más controladas a excepción de Hikari e Io, este último inhala y exhala tan pesado, como si se contuviera de golpear algo.
«Sou… ¿Por qué Sakura se llenó de fucsia?» No puede negar que le llamaban la atención esas alas de cristal, pero algo así formando parte del cuerpo… Cuando todo se le veía tan suave antes, no podría significar nada bueno, por supuesto.
—El color de la corrupción comienza en un violeta obscuro, como el que tenía Yuu. El más grave es el fucsia —le explica más calmado, pero decaído todavía.
«Entonces Sakura estaba muy triste…». Suspiraría de no ser que no sabe qué podría sucederle. Tiene cuidado hasta de respirar en la actualidad.
—Con la tristeza sola no basta para tornarse fucsia. Son demasiados sentimientos negativos —aclara Kazuma, bajando un poco la cabeza.
Umi recuerda que cuando se encontraban en Tomoedo, Sakura solía enojarse seguido e ignorarla, pero a la vez estaba triste, y después regresaba llorando a disculparse. Eso ocurría en muchas ocasiones, sólo que nunca había sido violenta.
—Oye —Chitose voltea a mirar al nuer, con una cara de notorio enojo—. ¿De qué mierda hablas tanto con Umi si ella no te dice nada, ah?
—Sólo respondo sus preguntas… —lleva la vista a la chica de cabellos negros.
—Ni siquiera yo podría responder cosas tan específicas, y eso que conozco a Umi como la palma de mi mano —Yuu se muestra extrañado ante la respuesta del otro.
Io, por su parte, levanta un poco la cabeza de donde la escondía para dirigir una mirada de incordio a Yuu. Luego suspira, como si pensase de inmediato “no puedo enojarme con él” a pesar de que están en Namaenai porque Yuu se perdió.
—Puedo leer la mente de la gente. Si necesitan preguntarle algo a Umi, puedo responderles en qué piensa —habla un poco más fuerte que como venía haciéndolo.
Se da por hecho que no es una broma, pues nadie haría eso en este contexto. Yuto, Chitose y Yuu abren mucho los ojos, impactados ante tal declaración.
—Eso explica mucho… —Chitose esconde los iris en los párpados, suspirando.
Yuto y Yuu asienten con la cabeza despacio, es otra cosa más que procesar.
—Siento que es una invasión a mi privacidad… Me molestaría de no ser porque estuve haciendo cosas peores cuando estaba corrompido —Yuu tuerce la boca.
—Menos mal, porque se te caería la cara si te quejas —Io sigue furioso, nervioso, irritable. Pareciese que cualquier palabra que le digan lo molesta de nuevo.
—Lo siento… Por haberme perdido a mí mismo, por haberme perdido aquí, por haber actuado de esa forma… Recuerdo lo que pasó, pero no me reconozco… No sé por qué actué así —Yuu niega lento, con sus lágrimas a brote otra vez.
—La corrupción saca lo peor de nosotros. Todos esos impulsos que alguna vez tenemos mentalmente, son exteriorizados; por más ilógicos que sean.
»Por eso también es que la magia antigua es tan peligrosa —le explica Kazuma, acercándose a él. Trata de secar bajo los párpados del contrario con las mangas del abrigo violeta.
—Yuu. Si no te perdono, te voy a golpear hasta que te desmayes. No tengo otra opción, ahora Umi es mi prioridad —Io habla casi entre dientes al comienzo. Luego va sonando más natural aunque serio más al final de la frase.
—Puedes golpearme, si eso te hace sentir mejor —arquea las cejas, viéndole con unos ojos entrecerrados. Luego los refriega con la parte baja de la palma.
—¡No digas estupideces! ¡Estoy tratando de ser amable! ¡No es fácil procesar lo que pasa, y sé que no te puedo culpar porque yo fui el maldito estúpido que sugirió que vengamos a Namaenai a buscarte! —expresa sus pensamientos en gritos.
Yuu baja un poco la cabeza, parece más triste que antes. Yuto y Chitose lo miran, entre confundidos y hasta preocupados tal vez.
Hikari, por otra parte, no deja de lado el curar a su amiga a pesar de todo el ruido y desorden de los demás. Io, un poco más estable, trata de calmar a la elfo porque tampoco para de llorar, le da palmadas en la espalda.
«Qué ironía que los zion fuesen los “peligrosos” y sea Sa quien más me dañó. ¿Qué irá a suceder si están bajo su mando…?» piensa. Y sin embargo, no consigue aún aceptar lo que ocurre. No quiere que haya pasado.
Desearía volver atrás y haberse escondido para que su mejor amiga no la lastimara.
«Sa no podría haberme hecho algo así… Agh… Creo que si acepto esto como una realidad, no sé cómo voy a reaccionar». Ni siquiera puede llorar todavía.
Al menos, siente que Kazuma la distrae al hablarle. Es el único que lo hace, incluso cuando no le está preguntando nada ahora, él busca qué decirle.
—Conseguí detener el sangrado, y… Arreglé lo que pude… —Hikari suena muy agitada, a la vez agotada—. No tengo más energía… No puedo hacer…
Antes de que termine la frase, sus ojos se cierran y cae desmayada a un lado de Umi.
Yuto y Yuu se ven asustados por eso, incluso Umi realiza el amague de levantarse para verla. Obvio que le preocupa, ella la salvó, aún si no terminó con la sanación.
—No hagas fuerza —Io la empuja despacio abajo desde la frente.
—¿Qué podemos hacer, maestro? —Yuto arquea ambas cejas, llevándose la mano izquierda a cubrirse la mitad de la cara—. ¿Podemos hacer algo?
—Organizarnos para volar. Io —dirige la mirada hacia él.
Sólo con eso, el más alto ya sabe qué hacer. Levanta a Kazuma, enrollándolo con su cola de mazube a la espalda.
Vuela llevándolo hasta donde habían dejado el auto, a donde el nuer ingresa. Él desciende con el vehículo, mientras Io lo hace por fuera, regresando con los demás que están en una especie de círculo alrededor de Umi.
—Yuto, sé que sabes manejar esto. Creo que te sentirás mejor si vas aquí, ¿o preferirías que te lleve alguien? —pregunta mientras baja del Issu1.
—Puedo ir por aquí, y puedo guiarlos. Tengo buena orientación y mapas en el celular —se sube en su lugar. No lo eleva aún, uno supone que lo hará cuando le avisen.
—Perfecto. Bueno, Chitose —dirige la vista hacia ella, a la vez que camina en su dirección—. Lleva a Hikari con mucho cuidado.
—Sí, obvio que voy a cuidar a mi belleza —saca del bolsillo el casco y oprime el botón para transformarlo a su tamaño normal, colocándoselo en la cabeza.
Acomoda a Hikari entre sus alas, aunque más firme de lo usual porque ella no se agarra.
—Yuu, tú también tienes alas —asegura Kazuma—. ¿Podrías sacarlas?
—Sí… —dice en un tono desganado.
Hace aparecer tras su espalda, atravesando la capa, unas grandes alas negras de murciélago. El tamaño de estas es un intermedio entre las de Sakura y las de Chitose, teniendo cada una como “cinco divisiones”.
—¿Y qué se supone que haga con ellas? Sí lo mismo puedo volar.
—Para los i-ner y cualquier especie con alas, pueden ir más rápido si las dejan fuera, además de resultarles más cómodo. La cuestión ahora sería…
»Que creo que tú deberías llevarme en tu espalda —lo mira, y luego por un momento a su vehículo.
Claro, como se lo dejó a Yuto para que no se sienta incómodo por demasiado contacto físico, se quedó sin su propio medio de transporte.
—Okey. Pero, ¿No te vas a caer? —ladea la cabeza, viéndole confundido.
—Se lo pediría a Io si no fuese porque él tiene a Umi bastante herida.
—No dije que no lo haría, sólo… Aeish. Sí, te llevo, agárrate bien.
Kazuma trata de acomodarse sobre Yuu, sosteniéndose de la parte interna de sus alas.
—Oye Kazuma —se sonroja y tiene un pequeño sobresalto—, se siente incómodo. ¿Qué me estás haciendo? —si ya se mostraba algo perdido, ahora más.
—Después te explico —realmente no es el momento para hablar de ello.
—Preferiría llevarte en brazos, me da ansiedad tenerte en la espalda porque siento que te vas a caer y además se siente raro… —suspira, se ve nervioso.
—Bueno. Espérame un momento —baja de encima de él y se dirige al Issu1, recogiendo la mochila propia. Luego se va hasta detrás de un árbol.
Como tiene gran parte de sus prendas destrozadas tras haber hecho tanto de escudo, pasaría mucho frío si no viste las ropas térmicas.
Cambia cómo está vestido por estas debajo, y encima su abrigo verde con negro, además del pantalón que lleva usualmente. Seguido de eso, saca el casco del anterior bolsillo en el que lo guardaba, y se lo coloca.
Regresa tras poco tiempo, y parece recordarle con su apariencia nada más a Io que debe hacer lo mismo.
Él también busca su equipaje y se esconde tras el tronco en donde estuvo el nuer, para ponerse uno de los repuestos de la polera negra, y su sudadera de ese color pero con detalles en amarillo.
Ahora sí iría a juego con Umi, de no ser porque la de ella está muy rota.
Vuelve pronto, encontrándose con que Kazuma ya está en los brazos de Yuu.
Sólo falta que Io se encargue de su pareja. La acomoda con extrema delicadeza al rodearla con la cola, tratando de no apretarla mucho, pero lo suficiente para que no se caiga.
—Umi te dice que perdón por mancharte con sangre —le transmite el mensaje.
—No pasa nada mi amor, yo también estoy lleno de sangre —mira a su espalda, enarcando apenas las cejas—. Perdón por no haberte podido defender mejor.
—Esto te lo digo yo también —aclara Kazuma—, no es tu culpa.
Chitose, por otro lado, le da a Yuu el casco que se encontraba en el bolsillo de Hikari.
—Oye, demonio, aprieta los botones que tiene —no le explica, sólo ordena.
Yuu accede sin cuestionar, tal vez no se siente en lugar para hacerlo. Se lo coloca sobre la cabeza cuando ya está agrandado, y se aprecia en sus ojos la sorpresa que se lleva también porque las voces se oyen dentro de este.
—Lo siento Yuto, no hay más cascos, conseguiremos más luego —Kazuma se disculpa, torciendo la boca y suspirando bajo.
—Espera, hay uno más —Yuu no se agacha, sino que vuela algo inclinado hacia el suelo. Recoge en pequeño el que le pertenecía a Sakura—. Quizás se le cayó.
Se lo entrega a Yuto, lanzándoselo por la puerta aún abierta del vehículo, y él se lo pone.
—Oye, humano —el minotauro con la extremidad metálica camina hasta el grupo, parándose frente a Yuu—. ¿Qué haremos nosotros ahora?

—Lo siento, MK. Yo tampoco sé qué quiero hacer ahora, sólo que deseo que mi amiga se recupere. Puedes tomar el camino que gustes, pero no mates —alza apenas los hombros y suelta el aire lentamente.
—De acuerdo. Seguro nos encontraremos de nuevo. Tampoco mueras —hace una reverencia y después regresa a sentarse con el resto del grupo de zion.
Con todo preparado, los amigos comienzan a subir por el aire para comenzar el viaje.
A diferencia de otras ocasiones, por temor a que se abra la herida de Umi, van por una altura mucho más baja. Además, no tan rápido como siempre, para poder reaccionar a los diferentes árboles que hallen en el camino.
Incluso de esa forma, Umi siente que le hace frío. No hay manera de que pudiera cambiarse de prendas con cómo está. Todavía quiere llorar. Le duele.
Más que la herida, lo que pasó. No entiende por qué sucedió aquello, ni siquiera puede disfrutar que Yuu ya está de vuelta con ellos por lo de Sakura.




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