Prólogo.
—A decir verdad, aún no sabemos qué pasó...
—Impresionante lo que se desató en este pueblo del sur —se llevó la mano a la frente—. ¿Cómo se llama, Marisa? —la señaló con la otra mano.
La cámara pasó a mostrarla a ella.
—Sí, mi querido Ángelo, la ola de asesinatos de Pensiwell...
(«Hablemos», noticias y chismes, canal 104).
—...nos cayó como un balde de agua fría.
—«Debemos mantenernos unidos». Eso ha sido lo único que se ha dicho en público por parte del alcalde y de todas las demás autoridades...
(Noticias Canal 8).
—No importó nuestro esfuerzo, nuestros intentos...
—¿Se tiene a los verdaderos culpables? Es una de las preguntas que están haciendo eco por todo el país...
(Noticiero «Al día», canal 2).
—...lamentamos todo. No queríamos todo eso... que todo eso...
—Se ha convertido en tendencia. Miles de personas se reúnen para ayudar a los familiares de los difuntos de lo que han llamado «la era de la locura»...
(«Con Dany», canal de YouTube).
—A decir verdad, aún no sabemos qué pasó...
—Impresionante lo que se desató en este pueblo del sur —se llevó la mano a la frente—. ¿Cómo se llama, Marisa? —la señaló con la otra mano.
La cámara pasó a mostrarla a ella.
—Sí, mi querido Ángelo, la ola de asesinatos de Pensiwell...
(«Hablemos», noticias y chismes, canal 104).
—...nos cayó como un balde de agua fría.
—«Debemos mantenernos unidos». Eso ha sido lo único que se ha dicho en público por parte del alcalde y de todas las demás autoridades...
(Noticias Canal 8).
—No importó nuestro esfuerzo, nuestros intentos...
—¿Se tiene a los verdaderos culpables? Es una de las preguntas que están haciendo eco por todo el país...
(Noticiero «Al día», canal 2).
—...lamentamos todo. No queríamos todo eso... que todo eso...
—Se ha convertido en tendencia. Miles de personas se reúnen para ayudar a los familiares de los difuntos de lo que han llamado «la era de la locura»...
(«Con Dany», canal de YouTube).
—Cálmese, señorita —intervino el oficial antes de que cayera en llanto de nuevo.
—Sabemos que esconder todo no estuvo bien —continuó ella controlando su respiración—. Pero si no hacen nada... si lo dejan pasar y nos dejan aquí... él acabará con nosotros y no sabemos con quién más. Le gustó, se divierte; deben detenerlo.
Ambos oficiales terminaron mirándose a la cara. Volviendo la mirada hacia ella, el oficial Williams colocó ambos codos sobre la mesa.
—¿Quién? —preguntó.
Pensiwell, 8 de agosto; 08:35 p. m.
El pueblo dormía, o al menos gran parte de él. Los pocos despiertos veían programas de televisión familiares; algunas jóvenes parejas paseaban tomadas de la mano; otros jugaban la última partida de baloncesto desde hacía media hora. Esto sucedía en la mitad dorada del pequeño pueblo. La parte baja o pobre (como la llamaban los niños malcriados a modo de burla) sí descansaba en su totalidad, pero el silencio era interrumpido por un sonido peculiar.
Una guitarra eléctrica aprovechaba las calles vacías para hacer eco entre las casas. Con un buen acompañamiento de batería,You Shook Me All Night Long, de AC/DC, rompía el silencio y servía para ocultar el suave sonido de las bicicletas al andar.
Lejos de su zona habitual, Lucas Thompson y sus amigos pedaleaban en sus bicicletas como de costumbre. Jugueteaban haciendo zigzag mientras les resultaba inevitable tararear la canción.
—Por aquí será más rápido —aconsejó Aslan Heller señalando una esquina próxima.
—No tenemos frenos para la bajada, Deli —comentó Max Hirsh, alcanzándolos con unos pocos pedaleos.
—Deli —se burló entre susurros Marco Griffin, no muy lejos detrás de los primeros tres.
La bajada mencionada era posiblemente la más pronunciada de todo el pueblo y se conectaba de forma peligrosa con una curva al final. Por eso, y por lo transitada que era esa avenida, tirarse por ahí sin tener idea de cómo frenar resultaba un pésimo plan.
Sin pensarlo demasiado y con un golpe de valentía, Kevin Lamber cruzó justo en el momento indicado antes de ser arrollado por los demás. Lucas y Aslan se miraron un segundo, sorprendidos por la rapidez de su amigo para decidir, antes de seguirlo.
Max tragó saliva mientras se dejaba llevar por la adrenalina del momento. Apretó fuerte el manubrio, cerró los ojos y, por un fugaz instante, se concentró en la guitarra que retumbaba con fuerza en la radio que llevaba en la parte trasera de su bici. Al abrir los ojos, observó enormes sonrisas en los rostros de sus compañeros y, a pesar del miedo, se le escapó una a él también.
La definición de libertad nunca ha sido exacta, pero esa sensación tan entusiasta y desenfrenada que impregnaba el momento les daba la impresión de ser invencibles. Esto no cambió al ver luces de autos aproximándose. Uno detrás de otro pasaron al lado de la familia Taylor (o parte de ella), que llegaba al que sería su nuevo hogar.
—Mira —le señaló Demian Taylor con el índice hacia la ventana—, ciclistas entusiastas. ¿Te gusta andar en bici aún?
—No tanto —contestó su hermana menor mirando por el retrovisor—. Y no creo volver a eso.
—¿Quién sabe? Hay cosas que nunca cambian —volvió la vista al frente.
Entre sonrisas y miradas fugaces, veían llegar el final de su pequeña hazaña.
Si eras nuevo en aquel pueblo, solo verías una enorme carretera que te daba la bienvenida, la despedida y un retorno. Pero para chicos que no habían visto más que esas calles, resultaba fácil encontrar veredas que nadie más conocía. Cruzaron a toda velocidad hacia una de esas calles llenas de vegetación, olvidada por muchos.
Manejar por el bosque no era tarea fácil, por lo que a pocos metros de su llegada dejaron caer sus bicis junto a un árbol.
—No te desmayes, Max —se burló Aslan lanzándole una pequeña rama.
Max se limitó a responder con una sonrisa de claro sarcasmo.
—Max quiere saber si ya vamos a llegar —comentó Kevin acercándose rápido a Lucas, que iba guiando al frente.
—¿Yo? —se quejó Max, mientras Aslan se reía delante de él.
—Ya falta poco. Usen su espíritu de aventura —respondió Lucas volteando para alumbrar la cara de todos.
—El único espíritu que hay es el que nos persigue desde hace rato —siguió Aslan, sacándole una carcajada a Marco.
—Dejen tranquilo a Max —siguió el juego Lucas volteando de nuevo hacia al frente.
—No es normal caminar por un callejón olvidado, desolado, a mitad del bosque y de noche —se defendió Max—. No es mi culpa ser el único con sentido común...
Una pequeña piedra le dio un ligero golpe en la mejilla.
«Mierda», se dijo tocando levemente donde la piedra lo impactó. Se detuvo de golpe sin bajar la mano.
—Chicos —casi susurró—, alguien me lanzó una piedra a la cara —dijo en el mismo tono de voz.
—Amigo, no hay nadie alrededor —explicó Marco tomándolo por los hombros, siendo el único en escucharlo—. ¿Cierto? —preguntó en voz alta a los demás.
—¡Alguien me lanzó una piedra! —levantó la voz Max, alterado.
Lucas miró fijo a Aslan, quien se libró de toda culpa encogiéndose de hombros.
—Max, disculpa las bromas —agregó Lucas dándose vuelta hacia él.
—Lucas, sé que... —El ruido que hicieron las hojas al ser pisadas lo interrumpió.
Por reflejo, cuatro de ellos alumbraron rápidamente en la dirección del sonido. Todo permaneció callado hasta que Norah Warlen no pudo contener más la carcajada.
—¿Los asusté? —preguntó con una sonrisa en el rostro saliendo de tras de un árbol—. Disculpa, Max —volvió a reír acercándose a él con los brazos abiertos—. Pero llegaban tarde y estaba aquí sola.
Lograron respirar y dejar la tensión a un lado.
—Muy graciosa —reprochó Kevin, y ella, sin dejar de sonreír, le guiñó un ojo como respuesta.
—¿Y Abrill? —preguntó Lucas.
—Su hermana la delató, no pudo venir —contestó Norah abrazando a Max.
Lucas, decepcionado, bajó la mirada por un breve momento; pero como estaba acostumbrado a la misma respuesta, prefirió dejarlo pasar.
—Bien —los alumbró—. Aquella puerta de allá —quitó la luz de sus caras y enfocó una puerta cubierta de musgo y tierra no muy lejos de ellos— es nuestro destino final.
—Pésima elección de palabras —bromeó Aslan.
—Lo que hay dentro los dejará boquiabiertos —guardó silencio un momento para hacer drama—. ¿Qué dices, Max? ¿Entramos?
Todas las miradas cayeron sobre el mencionado.
—Ja, ja —rodó los ojos—. Ya, quiero irme de aquí —respondió.
«Deberíamos temerle un poco más a la idea de que los sueños se hagan realidad. La barrera entre ellos y la realidad ha de estar ahí por algo». Dijo alguna vez alguien sin voz.









Atrapante,,causa intriga por lo que dan ganas de seguir leyendo
Primera vez
Me gusta que desde el primer párrafo atrapa. 😍