El reino bajo las nubes

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Bienvenidos a Himmel, un reino sobre las nubes en donde ángeles de agua pintan la pureza del cielo con pinceladas de celeste, blanco y amarillo; donde utilizar tonalidades de verde está penado y donde la falta de libertad sistematizada está arraigada en la mente de los habitantes. Bienvenidos a Himmel, un sitio en el que las tormentas son el resultado de la falta de moral, donde se rechaza lo desconocido y se castiga la curiosidad. Un territorio que es puro por ley, que reprime y que condena; donde nadie cuestiona la imposibilidad de sentir. Bienvenidos a Himmel, el hogar de Adiel y de Deodato. De un artista soñador y de un cobarde enamorado, de quien lucha por alcanzar sus sueños y de a quien le aterra la mera idea de soñar.

Estado:
En proceso
Capítulos:
10
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

INTRODUCCIÓN

Aquel fue tan solo un día más en la historia de Himmel. Ningún suceso extraordinario sacudió a los habitantes de las nubes y ni siquiera el clima arremetió con más que alguna suave brisa. En la monotonía de un reino ahogado en la rutina, no pudo sentirse que una oscura tormenta se aproximaba. Nadie podía prever que, por primera vez en mucho tiempo, un joven se atrevería no solo a soñar, sino a compartir su sueño con otros.

Ahí radicaba el problema porque los sueños, cuando no se controlan, son contagiosos. Se expanden y se difunden hasta volverse epidemia.

Lo mismo ocurre con el amor y con la curiosidad. Con la libertad y con todo aquello que está prohibido en el reino sobre las nubes. Cuando esta clase de emociones e ideas se aferran a un corazón y comienzan a florecer, se expanden en una pandemia que, tarde o temprano, lo absorbe todo. Es imposible quedar exento a sus efectos.

Sí, aunque a simple vista se trató de una jornada monótona, aquel fue el día en el que los oxidados engranajes de la imaginación y de los deseos comenzaron a moverse a través del cíclico tiempo, del vacío incuestionable en la existencia de los habitantes de las nubes. Su ritmo fue lento, a cuentagotas incluso, pero no se detuvo hasta que el reloj marcó su último tic-tac y el grano de arena final se posó sobre sus hermanos. Era imposible detener lo que ocurría, retroceder no era una opción, una posibilidad siquiera. Después de todo, los sueños no pueden ser domados.

Los vientos de cambio comenzaban a soplar, escapaban de su prisión y no se detendrían hasta dejar una huella intangible en todo ser al que tocaran.

Un soñador soñó.

Un artista pintó un girasol.

Y, con apenas sus anhelos, un ángel se atrevió a amar.

El sueño de lo incorrecto se susurró por primera vez en un rincón olvidado del reino de Himmel, entre los rayos y los truenos de los corrompidos, de aquellos que habían caído en la desgracia.