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Nirvana

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Sinopsis

Mi vida está encaminada a un sólo propósito; ser la mejor soldado de la MOE. Quiero ser la persona de la que ellos hubieran estado orgullosa. No entiendo cómo puede ser que de la nada he terminado siendo parte de la mejor central de la MOE, ni si tengo que estar preocupada o emocionada, pero sí sé que no voy a desperdiciar la oportunidad por nada del mundo. Ni nadie; porque no voy a arruinar mi carrera por él, porque no sólo es peligroso sino también el enemigo. Y no pienso enamorarme de alguien tan destruído como este chico.

Genero:
Romance/Action
Autor/a:
piper
Estado:
En proceso
Capítulos:
10
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

"Admiradores secretos"


Por fin son vacaciones.


Bueno, sólo son dos semanas, pero servirá para despejar mi cabeza de tanto estudio. Sí, ya sé que mis notas dicen que no he abierto los cuadernos en todo lo que va de año, pero igual me he cansado de sentir culpa por no abrir los cuadernos en todo lo que va de año, ¿si?


Realmente necesito un respiro. Para tomar fuerzas, ¿sabes? Y poder seguir sintiendo culpa por no tocar los cuadernos por lo que queda de año.


No es cierto, sólo bromeo. Me he esforzado mucho por levantar las notas este año, no tanto, pero bastante. Estudiar no es mi hobby favorito realmente. Quizás luego de descansar la mente durante una quincena regrese a clases más inteligente.


—¿Ya tienes todo? —le pregunto a Nick levantando la manija de mi maleta. Es gris aburridísima, pero en serio que la cantidad de cosas que le caben dentro podrían hacerla pasar por el bolsillo de Doraemon.


Toma eso. No critiques mi maleta gris aburridísima nunca más.


Nick mira a su alrededor buscando ni siquiera él sabe qué y luego levanta la mirada hasta mí. Se encoge de hombros.


—Probablemente no, pero da igual.


Me río entre dientes e inclino maleta para arrastrarla tras de mí mientras camino hasta la salida de la habitación.


Llevo unos veinte minutos esperando a que Nick termine de guardar sus cosas para poder irnos, así que mientras no se olvide la cabeza, me da totalmente igual lo que se deje atrás. El tío Mason va a matarme cuando me vea.


—¿Mason ya llegó? —Cierra la puerta con llave y se da la vuelta para caminar junto a mí por el pasillo de habitaciones. Nuestros pasos quedan opacados por el sonido de ve a saber cuántos adolescentes armando sus maletas para irse de aquí.


En un par de segundos llegamos a la curva que nos lleva a la recepción del edificio de habitaciones, donde hay tantas personas yendo y viniendo por todos lados que tenemos que ir con cuidado de no chocar a nadie. Es bastante incómodo, pero me reconforta pensar que no tendré que pasar por esto otra vez hasta dentro de dos semanas.


Quiero relajarme hasta hacerme una con el sofá. No cuadernos, no pizarrones, no gritos, no clases.


Suelto un suspiro de alivio que me libera el pecho y que llena el aire de mi alrededor de mariposas de esperanza y de paz. Son celestes y algunas amarillas pastel y otras rositas.


La belleza de la promesa de unas vacaciones lejos de las profesoras que llevan seis meses haciéndome la vida imposible es incomparable.


—Sí. Y va a estar furioso cuando lleguemos.


Nick hace un ruido extraño, similar a un silbido y comienza a aminorar la velocidad de su caminata. Me giro hacia él, mirándolo con sospecha. Las ruedas de mi maleta se detienen cuando mis pies lo hacen y quedamos parados entre la multitud inquieta.


—Sí... Bueno, estará el doble de furioso porque tengo que volver a buscar mi cargador. —Hace un sonido como un clack con la lengua y sonríe señalando por encima de su hombro con el pulgar.


Resoplo.


—Anda, ve. Yo voy a buscar el coche.


—No me tardo nada. En un pestañeo regreso.


Y sale corriendo por el mismo camino por el que vinimos. Me aferro a mi maleta para seguir caminando.


El viento es muy fuerte aunque es más del mediodía y hace mucho frío cuando salgo afuera, el estacionamiento está repleto de coches y colectivos y gente gente gente por donde mires.


Marea un poco.


Pero la verdad es que no tardo nada en saber dónde está Mason. Entre todos los autos de diferentes marcas y tamaños y colores, hay uno de color gris que resalta como si fuera amarillo flúor. Se ve demasiado caro incluso para los de alta gama que están cerca.


Es el de Mason. Él es un tipo que no puede existir sin estar humillando a alguien más con su presencia, no es Mason sin alardear sobre cualquier cosa que se le ocurra. Es de esas personas, sí.


Me dirijo hasta el coche, que está en perfectas condiciones. No es de él, muy probablemente lo alquiló para llevarme al aeropuerto. O tal vez lo compró.


Está así de enfermo.


Pero tampoco tengo ninguna intención de presentar quejas al respecto, en especial cuando mi espalda se apoya en el respaldo del asiento más cómodo y suave que he conocido jamás. Sin mencionar el olor, el olor es exquisito. Huele a invierno y a nieve y a chocolate caliente entre un par de manos que se escapan de una manta tan calentita...


—¿Se te ha perdido la sombra? —es lo primero que me dice Mason apenas verme después de seis meses.


Cuando lo miro de reojo, entrecierro los ojos.


—Sabes de quién hablo —continúa—. La mascota que llevas a todas partes contigo. En tu cumpleaños voy a regalarte un bolsillo. Para que no lo pierdas.


Y forma una sonrisa de lado. Esa sonrisa de lado. La que es tan igual a él, la que siempre me recuerda a él.


—Nick no es mi mascota. Es mi amigo.


Y aprovecho para enviarle un mensaje, para decirle que sí, la nave plateada estacionada entre la chatarra roja oxidada y la camioneta blanca tiza, es de Mason. Que venga y suba al asiento trasero porque Mason no va a abrir la ventana para hacerle señas y arriesgarse a morir de hipotermia por recibir un poco de aire frío. Y que se apure.


Mason no contesta.


Está raro. Quiero decir, es bastante raro ya de por sí, pero justamente hoy... Algo pasa. Hay algo que mantiene su mirada perdida, por encima de sus manos aferradas al volante con fuerza. Clavada en algún punto más allá del panel de vidrio delantero, más allá del estacionamiento. Su mente no está aquí, está muy lejos.


¿En qué piensa tanto?


Se lo pregunto, pero por supuesto no contesta mi pregunta. Lo peor es que luego de yo abrir la boca él parece enojarse más porque su ceño se frunce profundamente.


Pero sigue sin mirarme.


—Ustedes se piensan que yo soy su niñero —empieza a quejarse—. Hace media hora que estoy esperándolos, como si no tuviera nada mejor que hacer...


—¡Holaaaaa! —grita Nick, interrumpiendo a Mason, mientras entra en el coche en la parte de atrás. La puerta se cierra con un suave click y Nick se ubica en el medio del asiento. Apoya una mano en mi respaldo y la otra en el de Mason.


—La próxima me iré sin tí —masculla Mason arrancando el auto —. Sin ninguno de ustedes.


—¿Te he dicho que eres el mejor, tío Mason?


—Cierra la boca, Robin. No soy tu tío.


—Eres mi tío adoptivo.


—Yo nunca adoptaría a un idiota.


—En realidad, lo hiciste —su sonrisa se ensancha al echarme una mirada de reojo.


Abro la boca ofendida y Mason hace unos extraños movimientos con la boca para disimular la sonrisa.


—Touché.


—Ustedes son los idiotas —mascullo hundiéndome en el asiento.


—Hablando de idiotas, había una carta sobre tu cama, ¿la habías visto?


Me doy la vuelta para mirarlo, confundida.


—¿Una carta de qué?


Se mete la mano en el bolsillo de la campera enorme y desgastada que lleva a todas partes siempre y saca un sobre blanco con un sello negro sin diseño.


—Toma —me dice mientras la extiende hacia mí—, no la he abierto, pero eso no significa que no quiera saber sobre qué es.


Miro el sobre unos segundos.


—Espera, no, mejor no. Si es una carta de amor de Alex mejor no me la leas. Gracias, pero paso.


—¿Cartas de amor? —pregunta Mason mientras yo le quito a Nick la carta de las manos.


Es extraño. Esta no es una carta de amor del rarito de Alex. Es desconocida y... No me da buena espina.


—Hay un tarado que le manda cartas a tu sobrina. Se viste fatal y huele peor, es tan tonto que...


—¿Aún se confiesan amor entre cartas? —Mason arruga la nariz.


—¡Por supuesto que no! —Nick se inclina aún más hacia adelante para enfatizar su pasión por el chisme —¡Por eso es un idiota! Ni siquiera le ha hablado en persona. Es demasiado cobarde para eso.


No puedo apartar la mirada del papel. Definitivamente no es de Alex, la letra en que está escrito mi nombre en el borde bajo del sobre lo confirma. Una cursiva perfecta, probablemente hecha por uno de esos bolígrafos especiales porque no está impresa, no es una imagen. Es el trazo de alguien.


—Lo peor es que todos saben que el tonto le manda cartas —sigue diciendo Nick, porque no puede parar de hablar nunca. Aunque esta vez casi lo agradezco, porque tengo el presentimiento de que no quiero que vean lo que hay dentro del sobre—, pero también coquetea con medio instituto a la vez. No pierde el tiempo. Es tan tonto que no es feo, pero es tan tonto que no puede verse bien jamás.


—Has dicho tonto como treinta veces.


Mason y Nick siguen hablando, o Nick le habla a Mason o no lo sé, pero no les presto atención. Porque he abierto el sobre.


"Tu padre me debía un par de favores, supongo que estarás dispuesta a hacerte cargo ahora.

Te veré pronto, pequeña Russell.

Pd: Cualquier cosa que intentes sólo sumará víctimas a mi lista."


Un escalofrío me recorre desde los pies hasta la punta de los dedos de las manos. La releo un par de veces, pero, para mi desgracia, las palabras siguen siendo las mismas.


—¿Y? ¿es un mensaje de tu enamorado?


La pregunta me hace apartar la mirada del sobre. Nick me mira, ignorante de lo que acabo de leer.


—Eh... Sí.


—¿Vas a guardarla? Yo que tú aprovecho la ventisca de fuera para no ver nunca más esa hoja.


Guardo el sobre en el bolsillo de la mochila que llevo conmigo mientras un millar de teorías intentan tomar lugar en mi mente, pero es imposible saber quién envió la carta.


Porque papá fue un soldado excelente y tenía tantos enemigos como medallas en la chaqueta militar. Y con enemigos me refiero a gente poderosa. Traficantes, mafiosos, gente corrupta.


Gente peligrosa.


—¿Cuánto falta para que lleguemos? —le pregunto a Mason luego de tomar una bocanada de aire y acomodarme en el asiento.


—Al aeropuerto, treinta minutos. ¿A Toulouse? Aún nos queda un largo recorrido, querida. Y espero que no se la pasen todo ese recorrido preguntando cuánto falta porque haré que nunca lleguen.


—¿Jugarán conmigo al Monopoly en el avión? —Nick vuelve a inclinarse hacia adelante mirando de un lado a otro—. Saben que me aburro fácil, no sean malos.


Me río un poco. Mason resopla girando el volante para doblar en la curva de la carretera.


—Juro que lo tiraré de la ventana.


Durante el resto del viaje, sólo puedo temblar mirando un punto fijo y pensar en la carta. Y que espero que sea una broma. Y que dudo que lo sea.


Y que ojalá me dejen disfrutar de unas vacaciones en calma antes de matarme.


Aunque tengo el presentimiento de mis vacaciones acaban de tomar un rumbo muy alejado de la calma.

¡Cuéntale a piper lo que piensas sobre este capítulo!
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