Capitulo 1
La liberación tras la lluvia
Omega y Alfa, los herederos de las dos corporaciones más influyentes de Corea. Una alianza que prometía incontables beneficios financieros una vez concretada. La decisión fue unánime: para consolidar el vínculo entre ambas familias, firmaron un contrato matrimonial.
—Director.
Al salir del juzgado, una lluvia densa comenzó a caer.
¿Por qué el peso de las gotas se siente más grande hoy?
Jungkook extendió las manos intentando atraparlas, pero el agua se le escapaba entre los dedos para estrellarse contra el suelo. En ese instante, un hombre con un paraguas negro apareció en escena. Saludó a la figura firme que permanecía como una sombra al lado de Jungkook y le extendió el paraguas. Como si solo hubiera estado esperando ese gesto, el hombre tomó el paraguas, caminó con paso tranquilo pero firme hacia el sedán negro y subió sin mirar atrás.
Jungkook ni siquiera podía reírse; la situación rozaba lo absurdo.
A pesar de haber actuado como un matrimonio ejemplar durante cinco años, hoy era el día de dejar esa vida atrás. Y él ni siquiera se despidió. No lo miró a los ojos ni pronunció un simple «adiós». ¿Debería estar agradecido de que no hubieran asistido los abogados? De haber sido así, habría sido un espectáculo. Aunque ahora no fueran visibles, sabía que al otro lado de la calle se escondían varios reporteros.
Años atrás, la noticia de su boda puso al país patas arriba; sin embargo, el divorcio no pasaba de ser un mero chisme corporativo. Solo le interesaba a algunas revistas de negocios y canales de farándula. Tal vez Taehyung solo se había presentado hoy en persona por consideración a la prensa, necesitado de mantener una fachada impecable para justificar una acción tan poco conservadora.
Así era él: una persona profundamente egoísta que solo pensaba en sí misma y en la empresa. Un hombre incapaz de ver incluso a su propia familia de sangre como algo más que piezas de ajedrez.
—Se acabó —murmuró Jungkook en un susurro imperceptible.
La sombra ya no estaba sobre él; ya no era la marioneta de nadie. Finalmente era libre.
Miró hacia el cielo. Durante años se había preocupado en exceso por el qué dirán; no podía vestir la ropa que quería ni peinarse a su gusto. Pero hoy celebraba su libertad. Jeon Jungkook tomó una decisión: apretó los puños y echó a correr bajo la tormenta. Todo su cuerpo se sentía frío y empapado, pero no le importaba.
Hoy era un buen día para mojarse.
—¿Dónde estás? —escuchó al contestar el teléfono.
Acababa de llegar a la entrada del officetel, empapado como un ratón ahogado. Hacía tiempo que no recibía ayuda financiera de su madre, pero sabía que si no contestaba, ella pasaría el día entero llamando. Con un suspiro, presionó el botón de responder.
—Estoy en el officetel, madre —contestó con voz cansada.
—Sigues sin volver a casa…
—Padre…
Jungkook guardó silencio, y su madre hizo lo mismo al otro lado de la línea. El día que les comunicó su decisión de divorciarse, su padre, mientras balanceaba un club de golf como si fuera el villano de un drama televisivo, le advirtió que si firmaba los papeles, cortarían toda relación.
No le dio miedo. Le resultaba mucho más aterrador pensar en pasar décadas como el compañero de Kim Taehyung. Sentía que si vivía un año o dos más a su lado, terminaría muriendo. Y Jungkook no quería morir. Por eso prefirió romper lazos con su familia y atreverse a dar el paso.
Como consecuencia, le prohibieron la entrada a la residencia familiar. Su madre le rogó que se arrodillara ante su padre para pedir perdón, pero Jungkook no tenía la menor intención de someterse de nuevo.
—Lo siento —se limitó a decir.
—¿Me puedes enviar tu dirección? Iré más tarde.
—No, madre. Todavía no he terminado de organizar mis cosas. Te avisaré cuando todo esté en orden para que puedas venir.
—Si tienes dificultades, llámame, ¿entiendes? Dímelo.
—Sí, no te preocupes.
Tras tranquilizarla, cortó la llamada. Marcó la contraseña en la cerradura electrónica y abrió la puerta de su pequeño estudio. Al contemplar el reducido espacio, dejó escapar una risa llena de satisfacción. Era el primer lugar que pagaba íntegramente con su propio dinero: un modesto estudio de una sola habitación que le costaba 800,000 wones.
Había ahorrado algo de dinero durante sus años de trabajo en la corporación antes de casarse, además de conservar algunas acciones a su nombre. Tras la división de bienes, habría podido adquirir un departamento en Gangnam, pero no quiso. A partir de ahora debía diseñar su propia vida desde cero, lo que implicaba cuidar sus finanzas y medir cada uno de sus pasos.
Desafortunadamente, el ochenta por ciento de lo necesario para sobrevivir era dinero. Aún así, el estudio no estaba mal para vivir solo. Debido al espacio reducido, tuvo que deshacerse de la mitad de su equipaje. Como no tenía el hábito de acumular ropa, no le tomó mucho tiempo desempacar, aunque hubo algo que le dejó una sensación extraña: un traje que una vez fue seleccionado con minucioso cuidado para que otros lo admiraran.
No... más bien, un traje que alguien más eligió por él.
Recordó aquel día en que, tras desplegar docenas de prendas en un salón, no le preguntaron si le gustaba el diseño. La mirada de Taehyung le ordenó implícitamente que lo usara, y Jungkook, actuando como un robot, simplemente asintió y se lo puso. Aunque la prenda estaba confeccionada a la perfección para su tono de piel y complexión, Jungkook siempre sintió que esa ropa no le pertenecía. Fue lo primero que decidió regalar.
Gracias a una semana de trabajo diligente, por fin había construido un hogar lejos de su familia. Con una sonrisa complacida, se despojó de la ropa mojada, se sumergió en agua tibia para recuperar el calor corporal y se puso el pijama.
Al tumbarse en la cama, se quedó mirando el techo. No estaba apesadumbrado, ni molesto, ni triste. Miró el teléfono sobre la mesita de noche: como era de esperarse, no había ningún mensaje. Nadie lo buscaba a menos que fuera el heredero del Grupo Jaewang o el esposo del director ejecutivo de la Compañía NI. Tuvo que llegar a los treinta y tres años para comprender esa dura realidad.
Tras casarse y quedar recluido en la rutina del hogar, los dos únicos amigos que tenía se distanciaron. Sentía como si de repente hubiera caído en un mundo apartado. Pero estaba bien. Si empezaba desde cero, estaba seguro de que podría construir su propia felicidad.
Abrió una aplicación de búsqueda de empleo en su teléfono. Analizó las opciones compatibles con su experiencia laboral e intereses, seleccionando y guardando varias vacantes. Decidió que los llamaría al día siguiente, dejó el móvil a un lado y apagó la luz. A través de la ventana, el cielo lucía tan oscuro e indiferente como de costumbre.
«Debería hacer horas extra otra vez», pensó por inercia, acostumbrado a llenar sus vacíos manteniéndose ocupado.
Enseguida negó con la cabeza. ¿De dónde salía ese pensamiento? Él nunca había planchado una camisa ni cocinado el arroz por sí mismo en ese matrimonio. No podía tener esos hábitos.
A partir de ahora viviría bien. Conovería gente nueva y, tal vez en el futuro, volvería a enamorarse. En esa antigua casa, Taehyung podría encontrar a un Omega adaptado a sus exigencias para formar su hogar de ensueño. Jungkook se cubrió hasta la cabeza con la manta.
Era momento de dejar de pensar en personas que ya no tenían nada que ver con él.
Las cadenas del pasado
Jeon Jungkook y Kim Taehyung se conocieron por primera vez cuando eran niños de escuela primaria. Fue durante el evento en que Nassan Electronics cambió su nombre a Compañía NI y organizó una gala para celebrar su trigésimo aniversario. Aunque ambos sabían de la existencia del otro, jamás se acercaron; no había interés, por lo que ni siquiera recordaban sus rostros.
En una ocasión intercambiaron un saludo cordial a petición de sus padres, pero al darse la vuelta, lo olvidaron por completo. Desde entonces, tomaron caminos opuestos: Jungkook fue enviado a estudiar a Japón, mientras que Kim Taehyung partió a Estados Unidos para prepararse como el sucesor de su grupo. Solo volvieron a cruzarse tres meses antes de la boda.
Jungkook era el hijo mayor del Grupo Jaewang. Había crecido creyendo que era un Beta, pero experimentó un celo tardío a los veinte años. Tan pronto como el médico confirmó su naturaleza como Omega, la mirada de su padre cambió drásticamente. Como Beta, Jungkook era poco útil para los planes de la empresa, pero el presidente albergaba una ambición desmedida por la posición que otorgaba tener un hijo Omega.
Esa misma noche, su madre lloró en silencio durante horas. Ella se había convertido en la esposa del heredero del Grupo Jaewang y le dio un hijo y una hija. La hija era una Beta de salud frágil que se encontraba en tratamiento médico en Canadá, quedando automáticamente fuera de la línea de sucesión. Por su parte, Jungkook era un Beta que sorpresivamente se había manifestado como un Omega recesivo.
Aunque en la sociedad moderna no existía una discriminación legal, en las altas esferas del poder un Omega recesivo apenas tenía valor, salvo como herramienta de alianza matrimonial. Si Jungkook hubiera sido el segundo hijo, o si existiera un hermano Alfa, el presidente Jeon no se habría visto obligado a tomar medidas tan extremas.
Las expectativas de Jungkook se desmoronaron por completo, pero intentó recoger los pedazos de su vida. Estudió duramente en el extranjero y, tan pronto como se graduó, se incorporó al Grupo Jaewang desde el nivel más bajo como un empleado común. A base de esfuerzo y capacidad, logró grandes resultados a una edad temprana. Los directores admiraban su habilidad para gestionar proyectos, en especial tras conseguir el ansiado contrato de construcción en el extranjero que la empresa llevaba años persiguiendo. Fue entonces cuando los ejecutivos sugirieron al presidente que, a pesar de ser un Omega, Jungkook tenía el talento necesario para ser un sucesor digno.
A partir de ese momento, su padre comenzó a buscarlo con frecuencia y a confiarle responsabilidades de peso. Justo cuando Jungkook creía que finalmente estaba siendo reconocido por su propio mérito y sus heridas empezaban a sanar, fue convocado a una cena familiar de improviso.
Esa fue la segunda vez que vio a Kim Taehyung.
En la mesa del reservado, al lado derecho, se sentaban sus padres. A la izquierda, el presidente de la Compañía NI junto a su esposa. Y frente a ellos estaba Kim Taehyung, a quien Jungkook solo conocía por las fotografías de los periódicos financieros.
Jungkook se detuvo en seco al entrar, con la mente en blanco. Ante su vacilación, su padre le lanzó una mirada de reprimenda. Inclinándose rápidamente en gesto de disculpa por el retraso, tomó asiento justo enfrente de Taehyung, quien bebía un vaso de agua sin siquiera concederle una mirada. El único sonido en la habitación era el chocar de las tazas de té sobre los platos.
El ambiente era asfixiante. Jungkook sabía que si se trataba de una reunión de negocios tan delicada entre ambas corporaciones, sus padres jamás lo habrían invitado de no haber un trasfondo oculto. Se sentía profundamente incómodo. La esposa del presidente de NI lo examinó fijamente de arriba a abajo.
—Jungkook parece un buen muchacho —habló finalmente Lee Ji-joo.
Lee Ji-joo, la hija mayor del Grupo TVN —el imperio de medios líder en Corea—, era la esposa del presidente de NI, directora de la Galería de Arte Kim y madre del hombre de aura imponente sentado al frente. Declaró que ya había observado lo suficiente, y su esposo asintió en señal de conformidad.
—Necesitamos un Omega que pueda entrar en celo… Según el informe médico del doctor Kim, no hay ningún impedimento para que pueda concebir. Con un tratamiento constante de inyecciones hormonales, un Omega recesivo puede inducir el celo, así que no habrá ningún problema.
¿De qué demonios están hablando…?
Cuando Jungkook, desconcertado, abrió la boca para cuestionar lo que escuchaba, su madre le sujetó fuertemente el brazo. Sus ojos, temblorosos por la angustia, le suplicaron en silencio que no dijera nada.
—Entonces la boda será en tres meses. ¿Qué opina, director Jeon?
—Tres meses… será diciembre. Me parece una fecha perfecta para cerrar el año —respondió el padre de Jungkook.
—El anuncio oficial y las cláusulas del contrato serán preparados por los equipos legales de ambas familias.
—Entendido.
¿Matrimonio?
El cuerpo de Jungkook comenzó a temblar. ¿Un matrimonio repentino? Pensó que su padre por fin lo valoraba por su trabajo, pero se había equivocado rotundamente. Apretó los puños debajo de la mesa. Quería gritar, quería negarse, pero la mirada suplicante de su madre lo mantuvo paralizado.
—Padre… —susurró intentando encontrar una salida.
Tan pronto como llegaron a la residencia, Jungkook siguió a su padre con la intención de confrontarlo, pero el presidente Jeon lo ignoró por completo y cerró la puerta de su estudio de un portazo. Cuando intentó girar la perilla, su madre se interpuso en su camino.
—Madre… —suplicó.
—Jungkook, por favor…
—¿De verdad voy a casarme?
—Bueno…
—¿Desde cuándo se decidió esto?
—Se ha estado negociando durante meses. La empresa estaba pasando por un momento delicado… y la Compañía NI ofreció un rescate financiero a cambio del lazo familiar.
—¿Un momento delicado? Jamás escuché nada sobre problemas de liquidez…
Su padre nunca había mencionado crisis alguna. Aunque Jungkook no conocía cada detalle de la alta dirección, por su experiencia en el departamento operativo sabía que la empresa se mantenía estable.
—No había necesidad de informártelo —interrumpió el presidente Jeon, saliendo de la habitación tras haberse cambiado de ropa. Se dirigió al sofá de la sala con gesto despectivo—. Eres un Omega. Y los Omegas terminan dejando la casa tarde o temprano. No hay razón para revelar secretos corporativos a alguien que acabará siendo un extraño en la empresa.
—¡Padre!
—A partir de mañana estaré ocupado con los preparativos de la boda.
—De verdad… ¿esperas que me case con Kim Taehyung?
—Tiene solo veinticinco años, ya completó un doctorado en administración en Estados Unidos y fundó una empresa valorada en mil millones de dólares durante su estancia allá. Además, es un Alfa dominante. ¿Tienes idea de cuánto esfuerzo me costó conseguir que aceptaran casarse con un Omega recesivo?
Usarme como una simple moneda de cambio… Eso es lo que soy para él.
A su padre no le importaba en absoluto la felicidad de su hijo, ni la de su esposa.
—Sin importar lo que la familia NI exija, tu única respuesta debe ser «sí». Mientras los negocios vayan bien, no quiero escuchar un solo reclamo de tu parte.
Dicho esto, se retiró a su despacho. Su madre tomó las manos temblorosas de Jungkook.
—Lo sé, hijo… Pero me dijeron que es una buena persona. Es educado y de familia noble…
—No digas eso cuando tú misma estuviste allí —respondió Jungkook con la voz quebrada—. En toda la hora que estuvimos sentados, ni siquiera me miró una sola vez. Él también me ve únicamente como un trámite comercial.
—Mamá está segura de que serás feliz. Vas a ser feliz, Jungkook…
No era cierto. Jungkook podía ver en la actitud de ese hombre el mismo patrón frío de su padre. Sabía exactamente qué clase de vida le esperaba: la misma vida vacía y resignada que llevaba su madre.
Los preparativos avanzaron a un ritmo vertiginoso, omitiendo la opinión de Jungkook en cada etapa. Sin embargo, dado que los contratos legales requerían la firma presencial de las partes, una semana después se organizó un segundo encuentro en el salón privado de un hotel propiedad del Grupo NI.
Tan pronto como lo vio entrar, Jungkook hizo una reverencia silenciosa y tomó asiento. Durante la reunión, solo los abogados mantuvieron la conversación. Ninguno de los dos se dirigió la palabra. Taehyung se limitó a beber té con calma, observando el entorno en silencio.
Al contemplar su postura impecable, sus dedos largos y cuidados, y su vestimenta libre de la más mínima arruga, Jungkook pudo adivinar el carácter metódico del hombre.
Y luego estaba su físico… ¿Resultaría ridículo admitir que recordaba su rostro por lo atractivo que era? Cuando lo vio en la infancia pensó que era un niño apuesto, pero de adulto su presencia era imponente: una mirada afilada y profunda, nariz recta, labios definidos y una línea de mandíbula firme que le confería un aire de elegancia sobria. Era el tipo de rostro que atraía miradas sin esfuerzo.
Su complexión también era notable. Aunque el traje a medida ocultaba los detalles, se notaba que poseía la estructura de alguien que ejercitaba su cuerpo con disciplina. Debía medir cerca de un metro noventa, superando con creces los 178 cm de Jungkook.
Un Alfa dominante en toda regla.
Jungkook no lograba comprender por qué la poderosa Compañía NI aceptaría un matrimonio con un Omega recesivo como él, cuando fácilmente podrían haber buscado alianzas con familias de la alta política o dinastías extranjeras. ¿A qué tipo de acuerdo oculto habrían llegado sus padres?




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