𝐏𝐄𝐑𝐉𝗨𝗜𝗖𝗜𝗢◞痛

Sinopsis

❛ 𝐏𝐄𝐑𝐉𝐔𝐈𝐂𝐈𝐎 ₎∖ ❀࿔₊° ╰► Después de un incidente traumático, ella logra liberarse de su esposo, sin darse cuenta de que su vida dará un giro inesperado. Sin embargo, su escape despierta una fuerza oscura y obsesiva que la persigue incansablemente. Ahora, enfrentándose a su pasado y a la inminente amenaza que la acecha, se encuentra en una lucha desesperada por su supervivencia. ¿Qué sucederá cuando esa sombra maligna finalmente la encuentre? En esta emocionante historia de intriga y suspenso, los secretos enterrados salen a la luz mientras ella se enfrenta a un enemigo que conoce cada uno de sus movimientos y no descansará hasta alcanzar su objetivo. ᨏ IMPORTANTE⨾ ‣ No copias. ‣ No adaptaciones. ‣ Los oc's son míos. ‣ Si no te gusta el contenido, cierra el libro.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

─────  ꒰ꜜ༉𝐏𝐄𝐑𝐉𝐔𝐈𝐂𝐈𝐎

La historia de amor que voy a contar comienza de una manera poco convencional, lejos de los cuentos de hadas y más cerca de la realidad cruda y despiadada. Todo empezó cuando entendí que éramos los personajes principales, él y yo, en un momento de nuestras vidas que parecía inocente y prometedor. Éramos jóvenes, llenos de sueños y esperanzas, pero el destino tenía otros planes para nosotros.


Él, un chico encantador y amable, pronto se vio envuelto en las garras de la oscuridad. La mafia Bonten lo reclamó como uno de los suyos, convirtiéndolo en uno de sus líderes más temidos. Yo, por otro lado, me convertí en su prisionera, una esclava de su crueldad y obsesión. Pero, en medio de toda esa oscuridad, aún podía ver destellos de la persona que solía ser, el chico dulce y tierno que alguna vez amé.


Sin embargo, esos destellos se volvieron cada vez más raros a medida que el tiempo pasaba. Él se sumergió más y más en las sombras, perdiendo todo rastro de humanidad. Y yo, atrapada en su mundo retorcido, me aferraba desesperadamente a la esperanza de que algún día volvería a ser el hombre que una vez conocí.


Pero la realidad era mucho más cruel de lo que yo quería admitir. Sus ataques de ira se volvieron más frecuentes y violentos, convirtiéndome en su saco de boxeo personal. Cada golpe, cada insulto, me recordaba que el amor que alguna vez sentimos se había convertido en algo oscuro y retorcido.


La peor noche de todas fue cuando me vi reflejada en el espejo del baño, mi rostro desfigurado por sus golpes y su ira. Las lágrimas corrían por mis mejillas mientras me aferraba a la última brizna de esperanza que me quedaba. Pero incluso esa esperanza se desvaneció cuando me di cuenta de que él nunca volvería a ser el chico que solía ser.


Así que me quedé allí, en el suelo del baño, abrazándome a mí misma mientras el dolor y la frustración me consumían. En ese momento, supe que tenía que encontrar la fuerza para escapar de ese infierno, incluso si eso significaba dejar atrás cualquier rastro de amor que alguna vez sentí por él. Porque en un lugar donde solo reina la obsesión, el amor no tiene cabida.


¿Cómo podría haber sabido que amarte sería mi mayor pecado? Hubo un tiempo en el que creí que merecía todo esto, que cada golpe y cada insulto eran mi penitencia por algún pecado que desconocía. Pero ahora sé que no es así.


Ya estaba cansada de todo, de soportar su ira y su crueldad. Anhelaba escapar, dejar todo atrás y huir lejos de ese tormento. Pero justo cuando estaba sumida en mis lágrimas, la puerta del baño fue sacudida con fuerza, como un trueno en medio de la tormenta. Mi corazón se detuvo y contuve el aliento, temblando de miedo mientras mi mente se nublaba bajo el peso del pánico.


—¡Alaska abre la puerta! —era él.


Sacudí la cabeza con desesperación, repitiendo una y otra vez en mi mente el simple pero poderoso "no". Las lágrimas brotaban una vez más, liberando el torrente de emociones que amenazaban con ahogarme.


—No te lo volveré a repetir ¡Abre la puerta!


—Por favor, vete —mencioné entre susurros apretando los puños.


Pudo escuchar mis sollozos, pero en lugar de sentir compasión, la ira mezclada con el alcohol nubló su mente una vez más. Golpeó la puerta con furia, sintiendo cómo sus puños y pies se estrellaban contra la madera. Temblaba de miedo deseando que acabará. Finalmente, con una patada más fuerte, la puerta cedió ante su furia. Retrocedí con desesperación, empujando mis piernas contra el suelo mientras me agarraba con fuerza a los codos, tratando de mantenerme firme ante su presencia amenazante.


—Por favor no me hagas nada.


Se acercó con una presencia amenazante, ignorando por completo mis súplicas. Agarró mi brazo con una fuerza despiadada y me atrajo hacia él, aplastando nuestros cuerpos juntos mientras me rodeaba con sus brazos, impidiendo cualquier intento de escape. Cada intento desesperado de liberarme solo parecía aumentar su mal humor. Levantó la mano y la estrelló contra mi mejilla con un golpe brutal.


—¡Quédate quieta!


Permanecí inmóvil, con la cabeza gacha, mientras las lágrimas seguían fluyendo sin control.


Él me sacó del baño, guiándome torpemente hacia la habitación. Una vez dentro, mis ojos se posaron en el caos que había dejado atrás el incidente anterior. Manjiro acercó sus labios a mi cuello, besándolo con violencia mientras sus manos exploraban mi cuerpo con avidez, tocando zonas que me llenaban de repulsión. Traté de apartarlo, de alejar su toque repugnante, pero él solo se aferraba con más fuerza, ahogando mis intentos de resistencia con sus jadeos y su aliento embriagado.


Con un movimiento brusco, me arrojó sobre la cama y se posicionó encima de mí, clavando su mirada en la mía. Sus ojos, una vez llenos de vida, ahora reflejaban el cansancio y el tormento, enrojecidos e hinchados por el llanto. Con delicadeza, acarició la mejilla donde antes había dejado su marca de violencia. Luego, acercó su rostro al mío, forzando un beso que sabía a alcohol y desesperación.


Sentí su fuerza aplastante cuando intenté apartarlo, consciente de sus intenciones. Sus manos continuaron su exploración, desgarrando mi ropa con violencia mientras yo luchaba en vano por resistirme a su avance implacable.


—¡No quiero! —Agarré sus manos con todas mis fuerzas, luchando contra el inevitable despojo de mi ropa.


Él me lanzó una mirada cargada de odio y desprecio, desgarrando cada prenda hasta dejarme completamente expuesta ante él. Su mano exploró mi cuerpo sin ningún respeto, mientras la otra se aferraba a mi cabello con brutalidad, como si quisiera arrancarlo de raíz.


—A mí no me dirás si quieres o no, tu opinión no es importante para mí —mencionó entre dientes volviendo acercar su rostro—. Eres solo mía y con esto voy a demostrarlo.


Él se abalanzó sobre mí, besándome con ferocidad mientras sus dedos invaden mi intimidad sin piedad. Intenté resistirme, luchando contra su fuerza despiadada, pero mis gritos quedaron sofocados por sus labios mientras su lengua buscaba invadir mi boca, privándome lentamente de aire. Sentí un ardor punzante mientras sus dedos me penetraban con brutalidad.


Desesperada, comencé a golpearlo, luchando por liberarme de su agarre. Finalmente, un golpe en su rostro logró alejarlo lo suficiente como para darme un respiro momentáneo.


Dolorida por el embate de sus dedos, me desplomé al suelo, arrastrándome con desesperación en busca de una salida mientras él se quejaba de su propio dolor. Con un esfuerzo sobrehumano, logré alcanzar el pasillo, pero antes de poder escapar, Manjiro me sujetó violentamente del cabello, deteniendo mi huida en seco.


—¿A dónde mierda te crees que vas? —pregunto molesto—. Pensaba ser gentil, sabes. Pero ahora me doy cuenta que no lo mereces.


La llevó a la habitación halandola del cabello. Una vez adentro la tiró a la cama nuevamente. Pero está vez, se tomó la molestia de cerrar la puerta con las trabas para que nadie los moleste o para que ella no escape. Alaska no paraba de llorar y de temblar, tenía mucho miedo de lo que él iba hacer en ese mismo momento. Al notar cómo comenzó a deshacerse de su ropa y de acercarse, ella se fue alejando hasta que Manjiro agarró sus piernas temblorosas con fuerza y de un tirón la acercó a su cuerpo desnudo. Le dedicó una última mirada asesina acariciando sus piernas y comenzó su gran acto de esa horrible noche.


Rasguños, chillidos, gritos, golpes, jadeos y sobre todo llantos se escuchaban en la habitación donde la luna era testigo de ver cómo la pureza de mi alma termina por destruirse ante la naturaleza del ser humano, la violencia y la maldad.


—¡Basta detente! —suplicaba entre lágrimas—. ¡Me arde!


Ignoró mis súplicas mientras me agarraba con fuerza por la cintura, empujándome con violencia contra su cuerpo mientras me penetraba sin contemplaciones.


—Te dije que no sería gentil. Todo esto es tu culpa.


El sonido del chapoteo llenaba la habitación, producto de la fricción entre nuestros cuerpos sudorosos. Para mí, no había placer en eso; en cambio, me retorcía de dolor, mis gritos y arañazos siendo mi única forma de liberar la angustia, además de las lágrimas que no podía contener. Mientras tanto, Manjiro jadeaba con placer, disfrutando de cómo mi cuerpo lo apretaba y lo calentaba desde adentro, y cómo mis gritos resonaban en sus oídos como una melodía embriagadora. Para él, era el paraíso; para mí, el infierno.


La noche parecía interminable, pero finalmente llegó a su fin. Con el amanecer, a las 6 de la mañana exactamente, Manjiro se vistió y salió de la habitación, quitando los seguros y dejándome allí, temblando y cubierta por las sábanas. Con los puños apretados contra el colchón, me aparté el cabello del rostro y cubrí mi rostro con las manos, tratando de bloquear el recuerdo de lo que acababa de suceder.


—¿Por qué? —volví a preguntar entre llantos


Esa noche marcó un punto de inflexión para mí, un momento en el que finalmente reuní el coraje necesario para tomar el control de mi destino. Decidí que era hora de escapar. Con los puños apretados con determinación, me levanté con dificultad de la cama, luchando por mantenerme en pie. Busqué ropa limpia y me dirigí al baño, donde me di una ducha rápida en un intento desesperado por borrar las marcas de sus caricias y besos, y cubrir los hematomas que había dejado a su paso.


Al salir del baño, preparé una maleta con ropa adicional y algunos elementos esenciales, incluyendo dinero, con el objetivo de salir de la ciudad y encontrar un lugar seguro donde refugiarme temporalmente. No quería estar ni un minuto más cerca de él. Era hora de comenzar de nuevo, lejos de ese infierno que había sido mi vida hasta ese momento.


—No deseo pasar ni un solo día más en esta casa con esa bestia —declaré con firmeza, mi voz temblando de indignación.


Dejé una nota sobre la mesa, junto con la angustia y el miedo que habían consumido mi alma durante demasiado tiempo. Agarré mi maleta y salí de la casa en silencio, aprovechando el momento en que Mikey se había ido a trabajar. Caminé hacia la parada de autobuses, decidida a seguir mi destino, y viajé de lugar en lugar, pasando desapercibida para evitar levantar sospechas.


Después de varias horas de viaje, finalmente logré dejar atrás Tokyo y dirigirme a otro lugar del país, al menos temporalmente. Mi plan era abandonar Japón por completo y comenzar de nuevo en algún otro lugar. Sabía que tendría que esperar un año para completar todos los trámites burocráticos necesarios, pero estaba dispuesta a correr ese riesgo con tal de dejar atrás al hombre que alguna vez creí amar, pero que ahora me había convertido en prisionera de su violencia y su crueldad.


Por otro lado, la residencia era un completo caos, como si un huracán hubiera arrasado con todo a su paso. Los cuadros y sillas yacían en el suelo, las vajillas rotas decoraban el suelo como confeti desordenado. Sin embargo, al subir a la habitación principal, estaba Manjiro sentado al borde de la cama, con la cabeza entre las manos y la respiración agitada. Sus subordinados se agrupaban frente a él, intentando comprender la magnitud de la situación, pero era evidente que estaban abrumados, especialmente al ver la carta que sujetaba su líder con manostemblorosas.


Querido Manjiro,


Estos días han sido increíblemente difíciles para mí, siendo la primera en sufrir tus abusos. Al principio, traté de ignorarlos, convenciéndome a mí misma de que eran solo imaginaciones mías. Después de todo, siempre te disculpabas. Pero ahora, finalmente pude quitarme la venda de los ojos y enfrentar la verdad, y me duele profundamente.


Tu violencia y maltrato constante me han agotado por completo. Mi cuerpo se siente débil y mi corazón está lleno de dolor. Nunca entendí por qué me tratas de esta manera, siempre he tratado de hacerte sentir amado, pero parece que eso solo ha provocado que me lastimes más.


Lamento si alguna vez te molesté o causé problemas. Espero que puedas seguir adelante con tu vida y te pido perdón por preocuparme de poder ver el mañana.


Con cariño,

Alaska


La mujer del criminal más buscado de todo Tokyo había desaparecido sin dejar rastro.


—Quiero que la encuentren... quiero que esté viva —dijo con voz firme, su mirada reflejando una mezcla de determinación y ferocidad.