Capítulo 1
—Gracias, nosotros te llamamos.
Recibe el portafolio en sus manos y abandona la oficina de mala gana. Es la quinta entrevista a la que asiste en la semana y en todas le han dicho lo mismo: “Nosotros te llamamos”. No van a llamarlo, Aemond no es estúpido. Nadie quiere a un recién egresado como empleado. No tiene experiencia, pero no quieren darle trabajo para adquirirla.
Quizás no sea mala idea aceptar el trabajo en el bar de su tío Gwayne, al menos en lo que consigue un trabajo relacionado con su carrera. Alicent no lo presiona con llevar dinero a la casa, pero se siente inútil. Helaena tiene su propio negocio de... lo que sea que venda, prefiere no meterse en los asuntos de su hermana. Daeron sigue en la universidad, le faltan dos años para titularse. Y Aegon... Dioses, no quiere hablar de Aegon y su manera de conseguir dinero.
Cada quien es libre de ganarse la vida como quiere, pero Aemond no está tan desesperado... ¿A quién quiere engañar? Está muy desesperado.
Sus pies lo llevan al departamento de Aegon. El poco dinero que tenía se le fue en el autobús y no quiere llamar a su madre.
—¿A qué se debe tu preciada visita, hermanito?
Aemond toma asiento en el acolchado sofá, su flaco cuerpo se hunde hasta casi desaparecer.
—No encuentro trabajo.
—¿Y vienes a mí después de haberme llamado flojo, bueno para nada y que no tengo dignidad?
—Exacto.
—¡Por fin! —grita—. Sabía que tarde o temprano vendrías a buscar mi ayuda.
—Oye, no he dicho nada...
—Es obvio que a eso vienes, Aemond —ríe—. ¿Ya te cansaste de jugar al profesionista?
—Será mejor que me vaya.
—No... —Aegon jala la manga de su camisa y lo acerca a él—. Entiendo lo frustrado que te sientes, yo pasé con lo mismo hace un par de años. Te voy a ayudar, tranquilo.
—¿Y cómo lo harás? No soy tan guapo como tú.
—Venga, Aem, claro que sí.
—Aegon...
—Ya, deja de quejarte, te haré un perfil en la app. Los omegas caerán como abejas a la miel. Solo hay que elegir buenas fotos, trabajar en una descripción llamativa y el trabajo está hecho.
Aegon lo invita a sentarse a su lado y le muestra el teléfono. La app es color rosa pálido y tiene montón de dibujitos bobos de corazones y brillitos. Aemond quiere vomitar, pero no hay vuelta atrás. Es esto o trabajar con el tío Gwayne.
—Aemond Targaryen, veinticuatro años, Escorpio...
—No soy Escorpio.
—Shhh, no tienen que saberlo. Prosigo... Egresado en Negocios Internacionales, te gustan los perritos...
—Odio a los perros.
—¡Que no te escuche Sunfyre!
Sunfyre es el golden retriever gordo y mimado de Aegon. Come, duerme y destroza todo, pero su hermano lo ama con locura.
—Amante de las caminatas en la playa y los picnics.
—Aborrezco el sol y jamás he hecho un picnic.
—¿Quieres dinero o no?
—Siento que me estoy prostituyendo.
—Pues...
—¡Aegon!
—Ya, ya, ahora toca elegir las fotografías para tu perfil.
Aemond no es la persona más fotogénica y su perfil de Instagram es testigo de ello. Las pocas fotos que tienen con de su iguana Vaghar, de Helaena y su madre, una que otra de Aegon comiéndose un bicho y el cielo al atardecer. Realmente no hay de dónde elegir y da pena. Tampoco tiene muchas fotos en su galería privada.
—Okay, que no cunda el pánico, este solo es un bache.
—Mejor le hablaré a tío Gwayne.
—¡Ni se te ocurra! Cualquier cosa es mejor que trabajar para el tío Gwayne.
El primer empleo de Aegon fue con el tío Gwayne y necesitó terapia después de eso. Alicent no pagó una mierda, pero de verdad le hizo falta. Su tío no es una mala persona, Daeron lo adora, pero se toma muy en serio su trabajo. Le costó años poder levantar un sucio bar que compró porque metieron al ex dueño a la cárcel. Ahora es uno de los bares más lujosos de la ciudad.
—¿Entonces qué puedo hacer?
—Te tomaré fotos bonitas para tu perfil...
—Odio las fotos.
—Una buena foto es sinónimo de muchos omegas detrás de tu pitote.
—¿Y si se decepcionan cuando me vean en persona?
—Patético.
Por suerte encontra una foto decente de su hermano en su galería. Ninguno sabe de dónde salió, pero es reciente, y Aemond no se ve tan mal. Aun conserva esa cara de niño, pero hay omegas morbosos que disfrutan de follarse alfas jóvenes.
—¿Y ahora qué?
—Buscamos omegas con dinero.
Pasean por los perfiles, pero ninguno le llena el ojo. Demasiado viejos. Demasiado pervertidos. Básicamente se está vendiendo a omegas mayores por dinero. ¿No es eso alguna clase de prostitución? La oferta de su tío Gwayne sigue vigente...
—Por los Siete, ese omega está que arde —Bajita la mano, es el omega más guapo que ha visto. Cuerpo trabajado, barba poblada, ojos azules y sonrisa amable—. Lucerys, cuarenta y uno, Universidad de Driftmark, Empresario... ¿Te gusta?
—Me encanta.
—Bueno, esperemos que tú también le gustes.
Desliza el dedo hacia el corazón y de inmediato aparece un “It’s a Match!” en la pantalla.
—¡Qué suerte tienes! —aúlla—. Yo tardé un mes en conseguir un buen prospecto, todos eran feos. No preguntes cómo es que me los cogí, mi mente reprimió los recuerdos por el trauma.
—¿Y si es un perfil falso?
—Sugar Omega no permite perfiles falsos. Los omegas pasan por un proceso de identificación riguroso.
—¿Los alfas no?
—Injusto, ¿no es así?
—Algo.
—Anda, mándale un mensaje bonito.
—¿Qué le digo?
—Que tiene bonitos ojos.
Pero “Lucerys” se adelanta.
“Hola, Aemond. Soy nuevo en la app y no sé cómo hacer esto. ¿Quieres salir? Si no quieres, lo entiendo... Em, espero tu respuesta. Adiós. ”
—Maldito suertudo.








