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𝐌𝐎𝐎𝐍𝐋𝐈𝐆𝐇𝐓 |𝐘𝐎𝐒𝐇𝐈𝐃𝐄𝐍🔞|

Sinopsis

❝𝚂𝚒 𝚍𝚎 𝚜𝚎𝚛 𝚍𝚎𝚟𝚘𝚛𝚊𝚍𝚘 𝚝𝚎 𝚚𝚞𝚒𝚎𝚛𝚎𝚜 𝚜𝚊𝚕𝚟𝚊𝚛, 𝚎𝚗 𝚎𝚕 𝚕𝚘𝚋𝚘 𝚗𝚘 𝚍𝚎𝚋𝚎𝚜 𝚌𝚘𝚗𝚏𝚒𝚊𝚛.❞ Cuando Denji decidió ayudar a un indefenso y herido lobo, lo que menos imaginó fue que este pudiera convertirse en humano capaz de actuar como una bestia. Después de todo, el instinto y el deseo es algo que no todas las criaturas pueden controlar.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
Lyl🌸
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Meet me in the pale Moonlight

—Hace demasiado frío, ¡maldita sea!


Denji frotó sus manos tratando de que la fricción fuera lo suficientemente fuerte para quitarle el frío, o para causarle tanto dolor que todo lo demás pasará a segundo plano. Lo que sucediera primero.


Recordaba con amargura el sermón de esa tarde de su amigo Aki sobre lo probable que era que algún idiota no fuera tan listo como para abrigarse y morir de hipotermia. Claro que esto a Denji no le importó y por si fuera poco lo tomó como un reto, por eso decidió usar una simple chaqueta. Le gustaba llevarle a contraria a Aki y quería cerrarle la boca al menos una vez.


Lástima que esa no sería la ocasión, porque para su desgracia Aki una vez más ganó. ¡Mierda! Odiaba que siempre tuviera la razón.


Los labios de Denji estaban agrietados, sus mejillas y nariz rojas dolían, su cuerpo tiritaba y por si fuera poco tenía que soportar los malditos pretenciosos que se pavoneaban frente a él, luciendo completamente abrigados y con una maldita sonrisa arrogante dibujada es sus feos rostros mientras clamaban lo feliz y afortunados que eran con el clima.


Tal vez si no tuviera los dedos engarrotados o una pereza más grande que su furia, Denji se habría lanzado sobre ellos, sin embargo, lo único que despegaba sus pies del gélido suelo era el pensamiento de llegar a su hogar y meterse bajo 20 frazadas. ¡Al carajo todos! Podían besarle su helado trasero.


Y no es que le gustará el clima cálido más que otra cosa, de hecho lo que a Denji le gustaba era quejarse fuera cual fuera el momento. Después de todo, era más fácil quejarse en lugar de ceder al pensamiento que no todo sería tan malo si tuviera alguien con quien pasar el tiempo, divertirse y acurrucarse, pero su suerte en el amor era una reverenda mierda.


Pronto los pensamientos de Denji se vieron interrumpidos cuando un quejido agudo y doloroso resonó en algún lugar de la calle.


El rubio detuvo sus pasos y giró su rostro de un lado a otro, buscando al responsable del molesto lloriqueo. Fue cuestión de segundos para darse cuenta de que el sonido provenía de entre un montón de arbustos secos a un par de metros de distancia. Era como un perro bien entrenado.


Denji avanzó a pasos firmes y suaves hacia dónde provenían los quejidos. Rebuscó entre los arbustos y la imagen frente a él lo dejo perplejo.


Se trataba de un cachorro malherido, con el pelaje enmarañado y sucio, y con sangre escurriendo de su hocico, además múltiples heridas en toda su piel.


Era una escena grotesca e inhumana que oprimió algo en su pecho. Porque Denji podría ser un mal educado con vocabulario vulgar, nulo respeto por sus superiores y con acciones quizá cuestionables, pero también un caballero defensor de criaturas indefensas.


Sin tomarse el tiempo para meditarlo, Denji tomó al pequeño animal con cuidado, bajó el zíper de su chaqueta y lo recostó contra su pecho, tratando de transmitirle el calor suficiente para mantenerlo a salvo.


El movimiento puso en alerta al cachorro, quien al principio luchó y se removió con desconfianza y miedo, lo que era natural. Estaba indefenso y lo único que podía atinar hacer era lanzar arañazos y mordidas al rubio.


Ni siquiera cuando las garras del cachorro alcanzaron el pecho de Denji en numerosas ocasiones o cuando un bramido gutural y lastimero de la criatura retumbó sus tímpanos le hizo retroceder.


—No voy a lastimarte —explicó, Denji, con voz suave, y acarició el lomo del animal—. Nadie va a lastimarte porque yo cuidaré de ti.


Los ónix del perro escudriñaron el rostro del chico, como si con esto pudiera encontrar algún rastro de mentira en sus palabras o un indicio de que ese chico quería lastimarlo.


La expresión de Denji, al igual que sus palabras, no titubearon, muy por el contrario mostró una seguridad y determinación admirable.


¿Acaso ese simple chico sería su salvador?


—Ya nunca más estarás solo.


Por un instante el cachorro miró fijamente a Denji, en algo que el rubio podía jurar —si la sola idea no sonara tan descabellada— con ilusión y una chispa de brillo en sus ojos.


Para sorpresa de Denji, el cachorro dejó de removerse inquieto en sus brazos, se acurrucó y dejó envolver por el calor que sus brazos tenían para ofrecer, lo que inevitablemente le hizo esbozar una pequeña sonrisa.


—Buen chico.


Tan rápido como sus pies —y el resbaloso suelo— se lo permitieron, Denji corrió a prisa a su hogar, una pequeña, pero cómoda casa.


El camino fue inesperadamente corto y fue apenas que pusieron un pie dentro de la casa del rubio, el ambiente cálido acogió a Denji y al cachorro que llevaba en brazos.


El lugar era una habitación pequeña con apenas lo necesario, un refrigerador, una cocina, una mesa con dos sillas, un baño y una cama individual con un par de frazadas mal tendidas.


Denji no perdió el tiempo, colocó al cachorro sobre su cama y comenzó a limpiarlo con una toalla húmeda.


Con un cuidado sobrehumano, Denji limpió sangre seca de las heridas del cachorro, las desinfectó y colocó apósitos limpios. Luego de eso se dedicó a limpiar el resto del pelaje del animal sin dejar de darle mimos.


Fue inevitable que una sensación de opresión no calara en el pecho del rubio. Eran heridas simétricas, bien delineadas y demasiado grandes para siquiera considerar que había sido un animal de mayor tamaño el que la había provocado.


—Malditos bastardos —farfulló furioso.


El pelaje del cachorro era de un oscuro brillante tan suave y sedoso que parecía inusual que un ejemplar como él estuviera deambulando por las solitarias calles en tan malas condiciones y con un clima tan despiadado. Empero, decidió no pensar demasiado en detalle como esos, pues fuera como fuera, él se encargaría de mantener a salvo al cachorro y cuidarlo bien.


Después de eso, Denji se encargó de alimentar al cachorro con la única comida decente que quedaba en su alacena, importándole poco quedarse con una ración pequeña de cereal y leche amarga. Todo valía la pena si con eso ayudaba a su pequeño.


Los ojos del cachorro no se apartaron en ningún momento del rubio, ni siquiera cuando se desvistió y quedó sólo en ropa interior, lo cual divirtió al chico. Se había convertido en dueño de un perro fisgón.


—¿Qué nunca has visto a un chico en ropa un interior? —Interrogó entre risas antes de meterse a la cama ante la mirada atenta del animal.


El pequeño entró en confianza rápidamente y siguió a Denji hasta la cama para después recostarse en sus brazos y verlo quedar profundamente dormido.




La sensación de opresión sobre su pecho y la falta de aire le hizo a Denji abrir los ojos lentamente. ¿Qué mierda estaba pasando?


—Hola, Denji-kun.


El rubio quedó hecho piedra cuando se dió cuenta de la presencia de un hombre de cabello negro, ojos de profundos y oscuros, y completamente desnudo que estaba encima de él, observándolo mientras le dedicaba una sonrisa que le hizo erizar la piel.


—¿Y tú quién carajos eres? —Escupió iracundo, Denji, luchando por zafarse de la fuerza del extraño—. ¿Cómo entraste a mi casa?


El desconocido sonrió, ignorando las preguntas del rubio, y acarició la barbilla de Denji.


—Tú me trajiste contigo.


Las palabras del desconocido pervertido enfurecieron a Denji. ¿Qué él lo había llevado? ¡Ni que estuviera loco!


Debía ser un psicópata y lunático, además de exhibicionista, y él jamás se relacionarían con alguien así.


—Soy tu pequeño cachorro, Denji-kun.


El ojo derecho de Denji se cerró en un tic. Ese bastardo pervertido no podía ser aquel adorable e indefenso cachorro herido. ¡Eso era imposible! ¿Verdad?


—¿Qué fue lo que le hiciste, bastardo? —El tono preocupado teñido de furia divirtió al azabache—. ¿Dónde está?


El hombre rió divertido.


—¿Aún no lo entiendes? Mira mi cuerpo. —Tomó las manos de Denji y lo obligó a recorrer su rostro, sus brazos y su pecho—. ¿Sientes esto? Son las heridas que curaste. Tú me salvaste y me trajiste contigo.


La piel del azabache ardió ante el toque de las manos del rubio sobre su piel. De alguna manera era divertido y excitante la manera inexperta y desesperada con la que Denji trataba de evitarlo. Eso sólo le hacía desearlo más.


Y lo tendría.


Las manos de Denji temblaron, tal vez de miedo o quizá por otra cosa, pero fuera cual fuera la respuesta, no quería saberla. El único pensamiento en su mente era el de escapar desde maldito loco y buscar a su indefenso cachorro.


—Supongamos que te creo. —La idea de seguirle el juego al desconocido pareció ser la mejor opción para Denji, eso le haría bajar la guardia y así podría escapar—. ¿Cuál es tu nombre?


—Hirofumi Yoshida, pero tú puedes llamarme como quieras, Denji-kun —musitó con voz suave y acercó su rostro peligrosamente al contrario—. Ahora eres mi amo.


Denji miró a Yoshida con confusión y desagrado. Definitivamente estaba demente.


—Ajá… Y debo entender que ahora vas a quedarte y yo tendré que acostumbrarme, ¿verdad? —Interrogó fastidiado.


Yoshida asintió sonriente. Esto terminó con la paciencia del rubio, quien aprovechó el momento para intentar arrastrarse fuera de la cama y escapar. Sin embargo, sus movimientos fueron detenidos por el intruso cuando lo tomó de las manos y las atrapó por encima de su cabeza.


Era un bastardo habilidoso.


—No pensarás que soy tan tonto, ¿verdad? Te he estado observando y conozco cuando planeas, algo, Denji-kun —confesó con voz suave—. He pasado por tanto y ahora que por fin estamos juntos no voy a dejarte ir.


—¡Suéltame hijo de…!


El azabache le cubrió la boca e inclinó su rostro al cuello de Denji. La piel del chico se erizó al sentir el aire cálido rozando su piel.


—Hueles delicioso, Denji-kun —ronroneó y pasó su lengua por la suave piel del rubio—. Y creo que no podré contenerme.


El cuerpo de Denji quedó petrificado.


—¿Qué mierda quieres decir?


Yoshida se detuvo y lo miró antes de mostrarle una sonrisa.


—Que tendré que devorarte.


—¿Qué caraj…?


La boca de Denji quedó atrapada cuando Yoshida atrapó sus labios con los suyos. Los movimientos suaves de Yoshida hicieron que bajara la guardia. El azabache aprovechó esto, para subir poco a poco la intensidad y hacer más demandante y apasionado su beso.


El sabor de Denji era adictivo y afrodisíaco, queriendo probar más, haciendo su piel arder y nublando el poco juicio que le quedaba.


No sabía quién era más peligroso; él para Denji o al revés. Lo único seguro es que ese chico despistado, mal hablado y noble despertaba sus más bajos instintos.


La traviesa lengua de Yoshida se coló en la cavidad de Denji, probando y jugando a su antojo. Todo era tan nuevo y diferente que cuando el azabache se separó de él, Denji quedó aturdido.


—Prometiste cuidar de mí, Denji-kun, y yo cuidaré de ti.


Denji no pudo reprochar cuando sintió la lengua de Yoshida lamer su pecho, mientras que con otra de sus manos jugaba con uno de sus pezones.


—Deten… Detente —farfulló con dificultad—. ¿Por qué…?


—¿Qué no es obvio? Seré tu compañero de ahora en adelante. —Continuó besando su pecho. —Tu único compañero.


El azabache se inclinó sobre uno de los rosados botones del rubio, lo lamió, succionó y besó, antes de hacer lo mismo del otro lado bajo la mirada perpleja del rubio. Denji no pudo contenerse más y terminó dejando escapar sus sollozos. Era una sensación extraña que erizaba su piel y que provocaba un cosquilleo en su vientre.


De ninguna manera ese tipo podía ser aquel tierno cachorro malherido. Ese hombre sobre él, era un maldito pervertido con fetiches raros por meterse en casas de desconocidos y hacerse pasar por un animal herido.


Y lo peor es que el mal nacido se movía sobre él con tanta habilidad que para un virgen como él, eso no hacía más que excitarle, algo que el azabache esperaba que pasara.


La imagen de su salvador retorciéndose de placer debajo de él, le excitó tanto que su miembro pronto se puso duro.


Los ojos de Denji se abrieron tanto como pudieron cuando vio el pene erecto de Yoshida rozando su abdomen. Era grande, palpitante y brillante de la punta por el líquido pre seminal. La respiración del rubio se aceleró y no supo si fue de sorpresa, intriga o emoción.


Yoshida no sería capaz de intentar metérselo, ¿verdad? ¡Iba a matarlo si lo hacía!


—No tengas miedo, Denji-kun —aseguró con voz suave y volvió a besarlo—. Esto también es nuevo para mí, pero te cuidaré bien.


—Hazlo o será la última vez que lo uses. —Señaló el miembro de Yoshida, arrancándole una sonrisa al chico.


—Como ordene, Denji-kun.


El azabache arrancó de un tirón los calzoncillos de Denji y rápidamente se coló entre sus piernas. Atrapó sus glúteos y comenzó a amasarlos y apretarlos, haciendo al chico arquear la espalda.


Denji no era tonto, sabía que tenía alejarlo, darle una patada en las pelotas, tomar su ropa, salir corriendo lo más lejos que pudiera y quizá refugiarse en casa de uno de sus amigos, sin embargo, ahí estaba, devorándole la boca a un depravado, acariciando su cuerpo y abriéndole las piernas. ¿Qué para empezar no era heterosexual? Vaya lío en el que se estaba metiendo y todo por ser débil a la carne e inexperto en el sexo.


La chispa de duda en los ojos de Denji no pasó desapercibido para Yoshida. Él tampoco daría un paso atrás después de haber arriesgado su identidad por acercarse al rubio. Tomó el miembro de Denji con una mano y comenzó a masturbarlo.


Cuando el pene de Denji estuvo completamente erecto, Yoshida tomó las piernas del rubio y comenzó a besarlas mientras con sus manos acariciaba su entrada. Ya era hora de prepararlo para recibirlo.


Besó y mordió el interior de los muslos de Denji, dejando algunas marcas rojizas. Introdujo uno a uno sus dedos dentro del interior del rubio, estirando y simulando embestidas


—Se siente bien, ¿cierto, Denji-kun?


—Cierra la boca…—farfulló con dificultad y apretó las mantas debajo de él.


Los dedos de Yoshida eran fríos y largos, y se deslizaban en su interior con facilidad, logrando alcanzar un punto que agitaba su respiración. Era como si estuvieran hechos para darle placer.


El interior cálido del rubio y sus sollozos hicieron a Yoshida apretar la mandíbula con fuerza. Su miembro estaba empapado en líquido pre seminal y palpitaba dolorosamente pidiendo atención. Quería hundirse en Denji de una estocada y derretirse en su interior.


¡Maldita sea quería follarlo!


—De-deja los dedos y mételo y-ya —demandó el rubio entre jadeos, como si pudiera adivinar sus pensamientos.


El azabache sonrió encantado. ¿Cómo no podían estar hechos el uno para el otro? Separó las piernas del rubio, tomó su propio miembro con una mano y la dirigió a la entrada del rubio.


Yoshida sintió su boca salivar al ver al rubio desnudo, excitado y listo para recibirlo.


Denji tenía las mejillas rosadas, los labios hinchados y los ojos llorosos y expectantes. La lascivia era palpable en su mirada, y ¡joder! Él también deseaba volverse uno y sentir su polla dentro de él.


—Cuidaré bien de ti, Denji-kun —ronroneó con voz dulce antes de introducir su glande en el agujero del rubio.


Una punzada de dolor hizo a los ojos de Denji lagrimear. Era un dolor desgarrante abriéndose pasó en su interior e invadiéndolo. No habían bastado los dedos de ese bastardo para prepararlo.


El muy maldito de Yoshida le arrebataba su virginidad jodiendo su trasero con su maldita polla grande.


Hirofumi se lanzó a los labios de Denji en un intento por aliviar su dolor. Sin embargo, el rubio apretaba su miembro con tanta fuerza que estaba a punto de perder la cordura y embestirlo


Durante unos segundos, Yoshida se mantuvo quieto, dando tiempo al rubio para acostumbrarlo a su tamaño, antes de comenzar a moverse suavemente.


Denji mordió sus labios y clavó sus uñas en la espalda de Yoshida cuando esté comenzó a embestirlo. Era una sensación extraña que se volvía placentera y que no lo dejaba pensar.


Yoshida había esperado tanto por ese momento que se sentía en el mismísimo cielo. Penetraba a Denji tan fuerte y tan profundo como deseaba y su recompensa era escuchar los gemidos del rubio, llenar la habitación.


Le hizo dar la vuelta hasta quedar de rodillas sobre la cama y con el trasero a disposición del azabache. Yoshida no se detuvo y continuó embistiendo al chico, tomándole por las caderas y penetrándolo más profundo. Quería grabar ese momento en su memoria y estaba decidido a qué Denji lo disfrutará igual que él.


Después de largos, tortuosos y deliciosos minutos, las rodillas de Denji dolían y su garganta ardía de tanto gemir. Sentía las bolas de Yoshida estrellarse en su trasero con cada estocada. Estaba agotado, pero su cuerpo clamaba por más.


Yoshida golpeaba con fuerza y precisión en su próstata, haciéndole perder la cabeza y sin que una palabra coherente pudiera formarse. El único pensamiento en su mente era que quería más de eso. Quería que continuaran follándolo hasta hacerlo perder la razón.


Las manos de Yoshida se pasearon por la espalda del rubio hasta quedar fijas en sus glúteos. Con una de sus manos atrapó uno de ellos, lo estrujó con firmeza y finalmente le dió una fuerte nalgada que resonó en la habitación y que le arrancó un gemido obsceno a Denji.


La imagen del trasero de Denji tragándose toda su polla mientras era sometido gimiendo y pidiéndole más era jodidamente erótica. Quería que gritara su nombre hasta que fuera lo único que pudiera pronunciar mientras lo llenaba con su semilla y que cuando terminaran sus piernas no fueran capaz de sostenerlo.


Yoshida apretó la cintura de Denji y embistió al rubio más fuerte y más profundo, sintiendo su orgasmo acercarse.


Una sensación eléctrica atravesó el vientre de Denji, su visión se volvió borrosa y sus paredes internas se contrajeron alrededor del pene erecto de Yoshida, succionando con una fuerza exquisita. Inconscientemente, movió su trasero hacia atrás y golpeó más fuerte, buscando estocadas más profundas. Pronto en la habitación se resonaron los gemidos indecentes de Denji y el sonido de pieles chocar cuando llegó a su clímax acompañado de la sensación de su interior ser llenado por el cálido semen del azabache


Yoshida se inclinó y clavó sus dientes en la suave piel del cuello del chico, sintiendo como el sabor metálico invadía su paladar.


Denji estaba tan agotado que apenas su cabeza tocó la superficie de la cama, quedó dormido, sin darse cuenta de la marca en su cuello o que el azabache seguía en su interior.


En un movimiento suave, Yoshida salió del interior del chico, y sonrió con descaro al ver cómo su esencia escurrió entre los muslos de Denji. Estaba orgulloso de sí mismo por tomar y marcar al chico rubio como suyo.


Su elaborado plan había funcionado.


Denji era su amo y él sería su fiel perro y único compañero por el resto de sus vidas.

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