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¡My Lovely 10 Soulmates!

Sinopsis

Este es un fanfic inspirado del anime y manga "The 100 girlfriends who love you very very very very much!" Samara es una estudiante de secundaria quién en su vida paraba enamorándose. Se confesó 10 exactamente a 10 chicos, que la rechazaron. Desanimada, decide volver a su casa, caminando. Sin darse cuenta que había llegado a una capilla situada en un parque que nunca había visto. La guardiana y diosa del amor se le aparece, para revelarle que está destinada a tener 10 almas gemelas. La autora es la protagonista. Esta historia, es el primer universo alterno del Astraverso. Pero, aquí serán 10 porque ni de chiste voy a escribir 100 personajes y juntarlos a todos en un libro. ¡Sería como un suicidio! ¡Pobre de mi mano! Tomen en este fanfic como un chiste, ya que, no es algo que sacarían en libro físico o lo hiciesen famoso.

Genero:
Romance/Other
Autor/a:
Astra Moon
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

I. El Príncipe de Hielo y La Bestia Rubia.

Nada mejor que el último día de clases, ideal para despedirte de tus amigos, compartir las últimas experiencias con ellos, tomarse fotos para cerrar bien el año escolar. El cielo era hermoso aquel día. Todo estaba perfecto. ¿Y cómo lo estaba pasando Samara Loza? Creerán que debe estar haciendo lo mismo que todos sus compañeros, como una colegiala común.

Pero...

¡NO!

Por que ella en esos instantes está...

¡Declarando su amor a Dereck de 5to I!

Así es porque en vez de estar gozando de sus últimos minutos con sus compañeros de 4to de secundaria, prefiere confesarse a un chico en el patio trasero lleno de tierra de su colegio público.

—Sé que nunca hemos hablado...—decía con el rostro completamente sonrojado—pero, Dereck ¡Me gustas mucho! Y creo que tú también estás enamorado de mí... por lo que en esta carta está todo lo que pienso y siento por ti.

Extendió su brazo para darle una carta con una pegatina de corazón en el centro.

Él la miraba, analizaba y se mantenía en silencio.

—Quisiera saber si... ¿Te gustaría ser mi novio?

—¿Qué?

—¿Eh?

La pelinegra lo miró de forma desconcertada al notar aquella reacción por parte de su “senpai”, como lo había apodado.

—¿Por qué piensas eso?

—¿Cómo qué por qué? Cuando yo pasaba por tu costado siempre notaba que me mirabas o la vez en que solo quedamos tu grupo de amigos, mi amiga y yo en el patio, porque todos estaban en el show del colegio y me quisiste agarrar de la mano cuando pasé por dónde estabas.

Él estalló en carcajadas.

—Haber, haber... en primera, yo no intenté agarrar tu mano, me acerqué porque pensé que me había encontrado una moneda en el piso y justo tú pasaste por ahí. En segunda, ni siquiera me gustas, tú eres la loca que se me quedaba viendo en los recreos y yo te miraba, pero con pura incomodidad. Me repugnas. Así que, aclarado eso...

Sin más, Dereck tomó aquella carta de amor y la rompió en mil pedazos delante de Samara, dejándola boquiabierta y en shock. Tiró los pedazos al suelo y se fue de lo más tranquilo.

La chica estaba congelada y sin poder soltar palabra alguna.


⋆ ˚。 ⋆୨♡୧⋆ ˚。 ⋆


—¡Otra vez, Lea! ¡Sucedió de nuevo! ¿¡Qué es lo que tengo yo que espanta a los hombres?!

—Vaya... ¿Enserio te rechazó? Pero, yo creí que le gustabas.

—¡Y yo!

—Creo que todo lo que te dije que hagas no funciona en la vida real como en los K-dramas.

—¡No debí seguir tus consejos! ¡Claro que la vida no es así o como los animes de romance! Es ridículo...—dijo sacudiendo a su amiga por los hombros para luego soltarla lentamente.

Lea Ramírez, compañera del salón 4to D. La conoció cuando entró en su nueva escuela. Las une su gusto por la cultura asiática.

—¿Cuántas veces te han rechazado?

—Con esta, ya son 10.

—¡A la mierda! ¿Por qué tanto?

—No lo sé...—respondió apoyándose en un poste con la cabeza agachada.

—¡Pero por otro lado...! ¡Ehh...! Ya no lo verás, este fue su último año en la escuela y no volverá. Nunca. Por nada del mundo. Jamás—aseguró con firmeza.

—¿Por qué siempre me dicen que no? ¡Por qué!

—Mmmm...—analizó a su amiga de arriba a abajo—¿Será porque siempre paras despeinada, ojerosa, con los labios resecos, con cara de querer destripar a cualquiera que se te acerque y porque nunca te arreglas?

En ese momento, Samara retrocedió unos pasos y se llevó una mano al pecho, totalmente ofendida.

—Qué cruel... pero... no creo que sea verdad.

Sí es verdad.

Lea la miró, parpadeando lentamente y con una expresión de “En serio” en su rostro.

—¡Bueno es que en las mañanas no me alcanza el tiempo porque tengo cosas qué hacer y me da flojera!

—Pero...—le dijo apoyando suavemente su brazo sobre su hombro—también tienes otros puntos buenos como, tu originalidad, tu facilidad de vocabulario, tienes una bonita voz, eres ocurrente, atlética, tienes bonitas caderas que le dan una curvatura a tu cuerpo de forma increíble, aunque no tengas pechos. Pero, tienes un talento natural para escribir historias que me tienen en suspenso y ganas de más cada que me muestras.

—¿Lo crees? ¿Pero por qué eso no les atrae a los chicos?—preguntó apenada.

—Es raro...—dijo pensativa—¿Y si tienes una maldición?

—¿¡Qué?! ¡No, no, no, no! ¡Eso no existe! Yo no creo en esas cosas.

—Oye, pero, ¿Cuándo fue la primera vez que te declaraste?

Ella suspiró nostálgica mientras miraba al cielo.

—Mi primera confesión de amor... jamás la olvidaré...—dijo para luego dejarla unos minutos en silencio.

—¿Me vas a contar o no? Que he dejado que pasé la combi para escucharte.

—Fue a los 6 años... se llamaba Joel...—suspiró—pero me rechazó porque dijo que lo único que le gustaba era Street Fighter.

—¿Qué? ¿Desde los 6? ¿¡Tú desde chiquitita ya andabas buscando pareja!? ¡Pero si a esa edad ni sabías limpiarte bien el culo!

—Imaginaré que dijiste algo positivo—respondió con seriedad—Por otro lado, mi mamá ya me dijo que me cambiará de colegio y ya no volveré a verte...

Su amiga, de oscura piel y corto cabello negro volteó su cuerpo hacia la pista por dónde pasaban los carros, camiones, buses, combis y mototaxis. Dió unos silenciosos pasos hacia adelante y puso los brazos hacia atrás, cruzándose entre sí.

—Bueno, ya no hay nada que podamos hacer...

¿¡Ella acaba de imitar el meme de Napoleón!?

—Creo que eso ya está algo quemado, Lea.

—¡No cagues el momento, pues!

Samara se echó a reír y le permitió seguir a la chica. Hundiéndose en una tristeza absoluta porque ya no vería nunca más a su amiga que la acompañó durante todo el año. La chica que había hecho que todo se torne entretenido y...

—Uy, ¡Ahí viene mi carro! ¡Chau, chau!—gritó a su amiga mientras se subía al vehículo.

Ni siquiera me dejó terminar de narrar esta hija de su... ¡Digo! la fiel amiga de nuestra protagonista.

—Oficialmente se acabó.

Samara se acomodó la mochila para ir rumbo a su casa. No tenía ganas de ir en carro y encontrarse con rostros humanos por lo que, prefirió tomarse el tramo largo a pie. Donde justo a esa hora todo estaba vacío. Solo esperaba no encontrarse con Dereck. Estaba cabizbaja, bajoneada, desanimada, víctima de un “No” cruel y doloroso. Sentía todo lo que encapsule la palabra depresión, desilusión y rechazo. Básicamente la habían mandado directito a la friendzone, ¿Acaso algo más se podía poner peor?

Sí.

No se había dado cuenta de tanto caminar, que se había desviado de su camino a casa. Había llegado a un lugar que ni siquiera sabía que existía.

—¿Qué es este lugar?

Era un parque con una especie de capilla. Parecía una más del montón, pero... ella lo sentía. Podía sentir esa extraña vibra que emanaba el lugar, especialmente esa vitrina dónde la estatua de una especie de virgen o santo que nunca antes había visto reposaba.

—Ay... ta’ mare... me perdí por pendeja—alzó la vista hacia la virgen—¿Por qué? ¿Por qué virgen de... quién sabe quién seas?

De pronto, todo el recuerdo de aquel rechazo atacó su mente fulminantemente. Apretó los puños de furia. Apretó la mandíbula.

—¿¡POR QUÉ CHUCHA?! ¿¡POR QUÉ NO PUEDO TENER NI UN SOLO NOVIO?! ¡ESO ES LO ÚNICO QUE PIDO! ¡Un novio! ¡Solo te pido uno solo y te juro que empiezo a ir a la iglesia, virgencita!

—¿Solo uno? ¡Qué aburrida!

—¡¡AAAAHHH!! ¿¡Quién carajo eres tú!? ¿¡Una fumona!?

La pelinegra estaba totalmente asustada por la mujer que acababa de ver salir de debajo de una baldosa de cemento. ¿Estaba soñando? Se intentó pellizcar. No. Todo era real.

O, seguro, vio mal y la señora salió de otro sitio. Sí, seguro que sí.

“Espera... si ella y yo solamente estamos aquí, solas y luce con esa ropa tan rara... entonces, solo significa una cosa...”

“¡Esta conchesumadre me va a sacar el celular!”

“Sí es así, ni mierda me pienso dejar. ¡Seré una rechazada pero no una maricona!”

—¡Ah no! Este celular me lo compró mi mamá con mucho esfuerzo y no permitiré que te lo robes—sentenció mientras se quitaba la mochila y la casaca para luego amarrarlo a la cintura—¡Qué esperas conchatumare, ven y ataca!

Alzó los puños con firmeza y puso un pie detrás, en posición de pelea.

—¡Wow! ¡Wow! ¡Espera, chata! ¡No he venido a robarte! Tranquila...

—¿Eh? ¡Entonces me quieres violar!

—¡No! Ay, carajo... estos adolescentes de hoy en día. Todo era mejor antes—respondió llevándose una mano a la frente.

—¿Entonces qué?—preguntó manteniendo su distancia.

—Escuché tu plegaria. Soy la diosa de esta capilla. La guardiana de este sitio.

Una gran luz la rodeó y dos alas se alzaron, mostrando su divinidad. Su vestido blanco y dorado era tan pulcro y hermoso que no podía dejar de admirarla. Su cabello rosado era tan brillante como un diamante.

—Pero, si tú eres la que cuida esto... ¿Quién es ella?—señaló a la estatua de la virgen.

—No sé. Yo estoy aquí desde hace años. Pero, un día unas personas vinieron y construyeron esto. ¡Ja! ¡Ni a mí que yo cuido este lugar me hacen un altar! ¡Malagradecidos!

—A veces lo somos con los que nos dan la mano...

—Same.

—Eso también está gastado.

—¡No sigas cagando el momento!

—Ya, ya...

—Vine a ti en cuanto me llamaste—extendió sus brazos—Quieres un novio y yo te lo voy a dar.

—¡¿En serio?! ¡Gracias diosita!—exclamó aproximándose a ella para luego detenerse-Espera, aquí hay un truco, ¿No?

—¿Qué? ¡No!

—¿No me vas a pedir que te entregué mi alma? En este tipo de cosas siempre hay algo escondido...

—¡Deja de sacar cosas de contexto! No hay truco. Creéme.

—Mmmm...

Samara dudaba. ¿Por qué una diosa le daría un novio así como así sin esperar nada a cambio? Eso era demasiado extraño. Solo una completa desesperada aceptaría algo así.

—¡Ok!

—Todos tienen su alma gemela y obviamente, tú también, ya que se te asignó uno al nacer. Pero, mi querida amiga tú no tienes solo uno...—cerró los ojos y luego los abrió mientras extendía sus manos al cielo-¡Tú tienes 10!

—¡¿De verdad?!—chilló de emoción.

—¡Tú vas a tener para escoger y de sobra encima! ¡Deberías estar más que agradecida!

Ella ya se estaba haciendo ilusiones y su mente comenzaba a crear muchas situaciones. Ahora, ¡Por fin iba a hacer realidad todo lo que siempre quiso hacer cuando tenga novio!

—¡Qué buen servicio! y... ¿Cuándo y cómo sabré quién es?

—Cuando dos almas gemelas se encuentran y sus ojos se conectan, sienten una descarga eléctrica por todo el cuerpo. Ahí es cuando las chicas lo saben, mientras que el chico tarda en procesarlo un poco.

—¿Será guapo?

—Será tu pareja ideal.

—Oh... ya veo... entonces, solo es cuestión de esperar...

—Si. Pero...—la señaló de arriba a abajo—Ni pienses encontrarte con tu alma gemela en esos harapos. Tú necesitas un glow up urgente y escucharte un álbum completo de amor propio.

—Ya entendí y si lo haré—la miró fijo—Pero, ¿No va a tardar mucho, no?

—No.

—¿No tienes alguna cosa mágica, un sombrero, un bastón, un anillo o una bola de cristal...?

—¡Oh sí! Le preguntaré al de la lámpara a ver que me dice.

—Genial, pero que no se tarde que tengo que ir a casa.

—Es sarcasmo—dijo seriamente.

—Ya, ya... tendré que esperar nomás. No creo que tarde tanto...


⋆ ˚。 ⋆୨♡୧⋆ ˚。 ⋆

3 meses después.


“¡Esa diosa del demonio me engañó!”

“Esto me pasa por desesperada”

Samara caminaba por los pasillos, con su nueva apariencia. Se veía totalmente distinta. ¡Mejoró su skin por completo! Piel suave como la porcelana, ni un rastro de ojeras o esos granos que la hacía parecer como pizza pepperoni mal horneada. Se cortó el cabello, lo solía tener muy largo y sin forma. ¡Ese corte mullet con wolfcut la hacía ver muy bien que iba a juego con su rostro pequeño! ¡Y sus labios! Como si las cerezas se hubieran posado en ellas, suaves, rosadas y hasta la forma le cambió. Su rostro también tomó otra forma. ¡Benditos masajes faciales!

También aprovechó para comprarse ropa nueva, accesorios y cuidar de su cuerpo. ¡No creció ni un centímetro en vacaciones pero adelgazó más y sus piernas agarraron músculo! ¡Samara está chapada señoras y señores!

Ahora, se dirigía al patio de su colegio privado. A paso moderado y con un semblante más callado y serio.

Hasta la actitud cambió.

La apertura de clases estuvo igual que cualquier otra y las palabras fueron breves y concisas por parte de la directora. Aunque le molestó que hayan tenido que estar parados como pendejos todo el tiempo.

Estamos hablando de un colegio latinoamericano, ni de chiste habrán sillas para cada alumno en la formación. ¡No hay presupuesto y no es Japón! Solo somos un fanfic latinizado y representado en un libro de un anime.

Bueno, volviendo con Samara, que caminaba hacia su respectivo salón que se le había asignado.

“No sabía que un colegio privado como este tenga 4 secciones para un mismo año. A lo mejor será porque muchos se matricularon. Bueno, después de todo, es nuevo en el distrito.”

Observó el papel.

“5to B... ¿Dónde será? Este colegio es tan grande como uno público que me pierdo con facilidad”

Estaba tan sumida en sus pensamientos y en sus planes de apenas entrar al salón, leer un buen libro de misterio, que no se dió cuenta que dos chicos más salían de un pasillo, frente de ella. Estaban conversando tranquilamente cuando, de repente...

Nuestra pelinegra chocó con ellos y cayó al suelo.

—¡Oye, mocosa! ¡Fíjate por dónde vas!

—¿Estás bien?

—¿Mmmm?—gesticuló al oír aquellas voces mientras trataba de incorporarse.

“¿¡Q-qué?! ¿¡Mocosa!? ¡Quién se cree que es ese idiota! ¡Ahora me va a escuchar y...!”

Fue en ese momento en el que alzó la cabeza para encontrarse con dos chicos. Uno era rubio de alborotado cabello, ojos marrones intensos y el otro de cabello negro y ojos azules. En ese instante, los tres sintieron una descarga eléctrica, estremeciéndose y sonrojándose.

“¡La descarga eléctrica! ¿¡Acabo de sentirla!? Pero, ¿Qué? ¿Acaso ellos dos son mis almas gemelas?”

—¿T-te golpeaste fuerte?—dijo el pelinegro aclarando la garganta y tratando de no verse nervioso por la presencia de nuestra protagonista.

—¡S-se... se golpeó por... tarada! ¡Ay! ¡Ahora tengo que encargarme de ti! ¡Q-qué fastidio!-gritó el chico rubio para tomarla del brazo y ayudarla a levantarse.

Samara, que aún no podía creerlo, se mantenía tan sorprendida que se quedó sin posibilidad de poder hablar. Los observaba a ambos y lo guapos que eran.

“¡Es imposible que sean peruanos! ¿Qué está pasando acá?”

“¡No te emociones, Samara! Ya cambiaste, ¡Ya no eres esa chica que se enamoraba por un poco de atención que le prestaban!”

—E-eh... yo estoy bien pero, ¿Por qué me gritaste? Sí, fue mi culpa, pero no es para que hagas eso.

Ella se apoyó tímidamente en su brazo, sonrojándose levemente al sentir su musculoso brazo y a la par que él le seguía reclamando con su ronca voz. En cambio, el chico de los ojos azules solo observaba expectante a la escena, en silencio y aún con las mejillas rojas. Hasta que se dió cuenta que también debía actuar.

—Si tú la vas a estar tratando mal, mejor no la ayudes, ya que eres una bestia para tratar a las personas-intervino mirándolo con seriedad para tomar del brazo a Samara.

—¿¡Qué?! ¿¡Qué mierda dijiste?! ¡Repítelo para que te golpeé, idiota!—gruñó y gritó entre dientes el salvaje chico.

—Yo te llevaré al tópico—aseguró mientras ponía el brazo de la chica alrededor del suyo, acercando sus cuerpos.

El otro extremo del cuerpo de Samara fue jalado por el chico rubio. En ese instante, se formó una especie de batalla entre ambos chicos, ella iba de un lado a otro sin poder hablar porque ambos chicos estaban discutiendo.

—Oigan ya—alzó la voz del estrés a la que la habían sometido—Me están lastimando más que ayudarme. Si realmente quieren hacerlo, dejen de pelear.

Se soltó de ambos para luego poner sus brazos alrededor de los del pelinegro y del rubio haciendo que ambos se vuelvan a sonrojar.

—Problema solucionado, así ambos me pueden llevar.

—O-ok...—tartamudearon.

Mientras la llevaban, varios estudiantes se quedaban mirando a tal escena. Unos se reían y otros murmuraban entre ellos.

—Y... ¿Cómo se llaman?

—Soren Holm.

—Blake Kingsley.

“¡Hablaron al mismo tiempo! Pero menos mal los escuché.”

—¿De qué año son?

—5to B.

—5to B.

“¡Otra vez!”

—¿Eh? ¿Son de 5to B?

—Sí, ¿Por?—respondió el rubio.

—Yo también—asintió la pelinegra.

—¿¡Estás en nuestro salón!?—gritó Blake con las mejillas ardiendo.

—Qué coincidencia...—dijo el chico de los ojos azules.

“¿Será el destino?” pensó Soren.

“¡Estará conmigo todo el año!” pensó Blake.

“Esos nombres tan lindos y qué altos son... ¡Deben de ser extranjeros!” pensó Samara.

—¿Ustedes son de otro país, no?

—Sí, yo soy de Dinamarca y mi amigo de Estados Unidos.

—¡Yo no soy tu amigo! ¡Solo somos vecinos desde los 10 años! ¡Ni siquiera tenemos nada en común para que pienses eso!

—Ya veo—los miró a ambos con sus grandes ojos marrones—Pero hablan muy bien el español.

Las mejillas de ambos chicos se encendieron tornándose de rojo.

—G-gracias...—susurró Soren con su característica voz seria y tranquila.

—¡Pues, y-yo soy el mejor aprendiendo idiomas por eso lo hablo muy bien!—arremetió Blake.

—Yo soy nueva aquí y estaba buscando el salón.

—Yo te puedo ayudar a encontrarlo—dijeron al mismo tiempo los chicos.

Samara se quedó callada al ver su conflictiva sincronización en las palabras. Ella ya no quería volver a la pelea que tuvieron hace unos minutos en ese pasillo.

—Ambos pueden guiarme después que me limpien la herida. No hay necesidad de pelear-se precipitó a intervenir antes que comiencen a discutir por segunda vez.

Para su suerte, Blake y Soren calmaron las aguas y pudieron continuar caminando hacia el tópico para curar su raspón.


⋆ ˚。 ⋆୨♡୧⋆ ˚。 ⋆


Habían pasado dos semanas desde que Samara tuvo aquel encuentro con sus dos almas gemelas: Soren y Blake. Ambos chicos se le quedaban viendo cada que ella pasaba por los pasillos o cuando la encontraban leyendo en el patio.

“Es tan pequeña... parece una muñeca...” aquel pensamiento se le cruzaba por la mente a Soren cuando iba al patio a comprar al quiosco de la escuela y la veía.

“¡Maldita sea! ¿Por qué tiene que ser jodidamente atractiva y tierna?” era uno de los pensamientos que tenía a diario nuestro amigo Blake respecto a Samara.

Ambos chicos se encontraban tomando unas gaseosas, sentados en uno de los bancos de madera, cerca al patio.

—Oye... mira lo que encontré en internet—señaló Soren al mostrarle su celular.

—Qué tontería—respondió volcando los ojos—¿Quién mierda se cree que si le das a la persona que te gusta un diente de león, te va a corresponder y estarán juntos para siempre? Solo un idiota haría algo así, ¿Verdad, Soren?

El rubio miró a todos lados. Su amigo se había ido a buscar el diente de león.

“¡Mierda! ¡Ese idiota me va ganar!”

Se levantó rápidamente y se dirigió corriendo a encontrar cualquier lugar de la escuela dónde hubiera flores. Avanzó hacia la cancha de fútbol y logró divisar un pequeño jardín dónde descansaban muchas plantas. Se agachó hacia este y comenzó a buscar. Había mucho pasto lo que le impedía la visión.

“Espera... ¿Por qué mierda estoy haciendo esto? ¿Por qué... me esfuerzo tanto en querer encontrar uno?” se detuvo en seco.

“¿Por qué mi corazón se acelera cuando estoy cerca de ella? ¿Por qué cada que camino por la escuela espero encontrarla? ¿Por qué? ¿Por qué quiero estar... cerca de ella?”

“Mierda... si... me enamoré de ti, Samara”

—Estoy enamorado...—asumió parpadeando lenta y apaciblemente—Ni modo... a seguir buscando esa flor.

Ya consciente de sus sentimientos, dió un último suspiro y continuó su búsqueda.

3:30 p.m.

“Debería ser más rápida para copiar... casi me cierran la puerta del salón...”

Bajando las escaleras hacia el patio, Samara se encontró con Soren el cual estaba rebuscando algo entre las flores del lugar. Estaba con las manos algo sucias y su pantalón se había manchado por la tierra.

—¿Soren? ¿Qué estás haciendo?—preguntó extrañada.

—¡Ah! E-estaba... buscando algo que se me perdió... si... un... borrador... es mi borrador favorito—dijo sonrojado al momento que se levantó rápidamente.

—¿Quieres que te ayude? Si somos dos, seguro que lo encontraremos.

—¡No!—se aclaró la garganta—Digo... no, porque ya estaba por irme.

—¿Oh? ¿Enserio? ¿Desde qué hora has estado buscándolo?

—Desde el recreo. Me detuve cuando regresamos a las clases y luego regresé aquí—respondió con pena.

—¡Qué! ¿¡Desde el recreo?! Oye, debes estar agotado...

—Demasiado...—dijo—Pero lo vale si es por ti...

Samara le preguntó qué era lo último que había dicho, a lo que, solo él se sonrojo y le dijo que no había dicho nada. Ella se propuso a sacarle charla ya que, secretamente... estaba enamorada de él, aunque trate de negarlo... y no era el único, sino que ese mismo sentimiento también iba hacia Blake. Sí, se había enamorado de dos chicos al mismo tiempo.

¡Qué pendeja! ¡Para la huevada si no es nada tonta!

Le preguntaba cosas triviales para tratar de conocerlo mejor. Caminaron un rato hacia el quiosco y compraron unas galletas mientras se sentaron en el mismo lugar en el que Soren estaba buscando el diente de león. Ella abrió su paquete de galletas para tomar una y darle un mordisco justo a la mitad. Soren se quedó observando tal escena y algo se cruzó en su mente.

“Lo mordió a la mitad... eso significa que... ¿Podría darle un beso indirecto...?”

“Aunque... ¿Vale si... es una galleta y no una bebida? Bueno, igual deja rastro de su boca así que, supongo que es válido”

—Oye... no he probado ese sabor, ¿Podrías invitarme esa parte que te quedó?

—¿Enserio? Bueno, aquí tengo otra de sobra y está entera—señaló.

—N-no es que, solo quiero probar un poco, por eso te pedí ese pedazo ya que si no me llega a gustar, solo habré probado una pequeña parte.

—Ya veo... tienes razón...—pensó por unos instantes—Pero, simplemente puedes probar un mordisco de la entera y si no te gusta la dejas en el empaque o lo botas a la basura.

—Eh... ¿Y si tú quisieras comer esa galleta? Mejor no y pruebo solo esta mitad.

“Qué raro... ¿Por qué tanto quiere comer esta mitad?”

—Mmmm... bueno. Toma—accedió al momento en que le extendió la mitad de la galleta mordida por sus labios.

Él la tomó suavemente, temblando un poco y acercándose a su boca. Tan cerca de darle ese beso indirecto.

“Los labios de Samara...”

Y justo cuando iba a comérselo... el megáfono del colegio se prendió y una fuerte voz salió de ella, exigiendo a los pocos alumnos que quedan a retirarse, haciendo que Soren se asusté y se le caiga la galleta por accidente al duro suelo de cemento.

“¡Noooooo! ¡Mi beso! ¡Estaba tan cerca!”

El chico se quedó hecho piedra al ver la tragedia que había sucedido. Había perdido su gran oportunidad. Observaba deprimido y con la cabeza agachada.

—Lo lamento... seguro que realmente querías comer esa parte y...

“¿¡Acaso iba a ser un beso indirecto!?” pensó Samara de repente, con el rostro enrojecido.

Mientras Soren seguía lamentándose, pudo divisar a lo lejos un... ¡Diente de león! ¡Lo encontró!

“¿Cómo no me di cuenta que estaba ahí todo el tiempo?”

Se levantó, a lo que Samara se preguntaba ¿Por qué? Solamente se dispuso a quedarse ahí con la interrogante, viendo como el pelinegro pasaba una pequeña barrera de cemento que separaba la parte verde de la plataforma de concreto, agacharse y agarrar algo pequeño con sus manos.

“¿Habrá encontrado su borrador?” se preguntó Samara.

Él se quedó viendo aquella flor con una suave sonrisa. Por primera vez, Samara lo veía sonreír ya que, cada vez que lo hacía, siempre estaba serio. Se le quedó viendo por un largo rato.

“¿De verdad es mi alma gemela? Pero, ¿Qué le puede gustar de mí?”

En eso, el chico se le acercó a paso seguro y la miraba completamente enrojecido. Inhalaba y exhalaba de vez en vez a medida que se iba acercando más y más a Samara. Ella no estaba entendiendo nada, solo lo miraba de igual forma.

—Samara...—le dijo en el momento en el que llegó a ella.

—¿Sí?—respondió para que en ese mismo instante, se ponga de pie en donde yacía sentada.

—Yo... eh... quiero decirlo pero... es la primera vez que hago estas cosas... no tengo experiencia, disculpa...—dijo bajando su voz en un tono tímido.

—Descuida, puedes decirme lo que quieras, si necesitas algo, trataré de ayudar en lo que pueda.

—No es eso... es que... yo...—agachó su rostro ya que, tenía el corazón latiendo a mil por hora—¡Estoy enamorado de ti! Desde el primer instante en el que nuestros ojos se encontraron, sentí una chispa por todo mi cuerpo... no sabía qué era, lo estuve analizando por días y justo ayer me di cuenta que era amor. Amor por ti.

El chico extendió su brazo y le mostró lo que tenía. Era un diente de león.

“Entonces.... eso era lo que había buscado por tantas horas...”

“Es la flor que escuché hablar a una de mis compañeras...”

—Soren...

—¡¿QUE MIERDA ACABAS DE DECIR?!—estalló Blake, completamente hecho una furia. Él estaba con un brazo sucio.

Ambos se sobresaltaron, ninguno de los dos se había dado cuenta de la inesperada llegada del rubio. Se acercó a su amigo para agarrarlo del hombro y arrastrarlo a un lado de forma muy brusca.

—¡Cómo te atreves! ¡Tú nunca me dijiste que te gustaba, maldito imbécil! ¿¡Acaso crees que me puedes ganar y ahora intentas quitármela?!

—¡¿Eh?! ¿Quitar? ¿Acaso yo te... gusto...? ¿Blake?

El rubio se quedó atónito, no se había dado cuenta que había confesado sus sentimientos indirectamente. Volteó con el rostro rojo como un tomate.

¿Quién no lo escucharía si para gritando como un demente?

—¿Yo? Ah... ¡Escuchaste mal! ¡Yo dije otra cosa! No es como si me gustarás o pensará en ti a cada rato.

—Solo lo estás empeorando, Blake.

Samara se mantenía mirándolo con esos grandes ojos que hacían que quiera bajar la guardia. Él apretó el puño izquierdo, se acercó a Samara y con brusquedad le mostró algo que llevaba en su mano, algo escondido.

—Me gustas—soltó apartando la vista de la chica para evitar que lo vea rojo.

Era un diente de león. Lo había encontrado dentro del hueco de un solitario árbol. A lo que, él tuvo que meter todo su brazo para alcanzarlo y se embarró de tierra en el proceso.

—Samara, concédeme el honor de ser novios-confesó Soren mostrándole el diente de león.

—¿Q-quieres estar conmigo?—preguntó Blake con evidente sonrojo en sus mejillas con la flor en la mano.

Ambos habían encontrado dos dientes de león. Una coincidencia verdaderamente inesperada. La observaban, expectantes a que dé su respuesta. Ella tomó ambas flores y las sostuvo entre la palma de sus pequeñas manos. Luego, alzó la vista hacia los chicos. Ellos se habían esforzado tanto en encontrarlo solo para ella. Se habían ensuciado y estaban agotados. Realmente estaban muy enamorados de esa chica. Fueron tan capaces de llegar tan lejos por su corazón. Ahora, ella tenía la última palabra.

—Yo... yo...


⋆ ˚。 ⋆୨♡୧⋆ ˚。 ⋆


—No sabía qué decir, así que solo les dije que mañana les daría una respuesta.

La pelinegra yacía cabizbaja en aquella pequeña capilla. Estaba en ese parque extraño al cual llegó por casualidad. Había acudido ahí para pedirle ayuda a la diosa.

—Mmmm... a veces sucede que dos almas gemelas de una misma persona se encuentran en el mismo lugar. Es algo que casi nunca puede pasar, hasta diría que es una oportunidad casi nula-decía mientras acariciaba su mentón-Pero, a ti te ha pasado... qué afortunada.

—¿¡Afortunada?! ¿¡Te lo parezco por decidirme entre uno de los dos teniendo en cuenta que al aceptar a uno, le rompo el corazón al otro!?

—Bueno, si, sobre eso...—titubeó para luego soltar una nerviosa risa entre dientes—Yo... cometí... un... error... esto no debía pasar...

—¿Qué? No te escuché, ¿Puedes repetirlo?—preguntó y se acercó a la diosa.

—Que... esto... no... debió—dijo pausadamente mientras tragaba saliva y veía los ojos encendidos de Samara-pasar...

—¿Qué no debió pasar?—preguntó entre dientes. Ella estaba furiosa y botaba humo por las narices de la cólera.

La diosa de las almas gemelas retrocedió varios pasos del pánico.

—¡No me golpees pero...!—pidió—¡Yo te di 10 almas gemelas por accidente al nacer cuando sólo debías tener una y eso significa que tienes que aceptar a esos dos chicos, ya que si uno no recibe tu amor por ser su alma gemela... él....!

Antes de que pueda terminar, un zapatazo le cayó en la cara. Samara estaba mirándola más enojada que nunca.

—¡Yo te mato!

La diosa estaba sobándose la cara del dolor y la hinchazón que se le había formado en la frente cuando vio a la chica querer abalanzarse sobre ella. En un instante, alzó sus alas y se elevó para evitar que le hiciera algo más.

—¡Soy una diosa Samara, no me puedes matar!

—Tienes suerte de tener alas desgraciada, porque si no fuera así, ya te habría partido la cara—amenazaba desde abajo con el puño alzado.

La diosa le pedía que se tranquilicé porque aún le faltaban cosas por explicar. Tuvo que pasar unos minutos para que la pelinegra al fin pudiera calmar su enojo y fue cuando la diosa notó que era el momento ideal para descender y seguir explicándole.

—Bueno, ese día... yo estaba viendo Shrek 2 mientras asignaba las almas gemelas a las personas de este país y justo apareció la escena de esa joyita de la industria musical, “Yo quiero un héroe”—dijo con emoción—¡Uff, temazo!

—¿Los dioses ven televisión? ¿Cómo es posible eso?

—¡Déjame terminar!

—Bien, bien...

—Entonces, yo, sin darme cuenta por supuesto... estaba comentando la joyita que era esta icónica película y obviamente del 1 al 10, ¡Tiene un 10! ¡Un enorme 10! Y... no me di cuenta que había escrito ese número en tu ficha... y una vez escrito, ya no se puede borrar.

Samara resopló. Ya nada se podía poner peor. Se le cumplió su deseo pero, ahora está en un enorme aprieto.

—Y si... rechazas a una de tus almas gemelas, algo dentro suyo se romperá, tendrá mala suerte en todo, los problemas le perseguirán, se enfermará y...—se detuvo un momento para que luego, una expresión muy seria se torne en su rostro-Él morirá.

—¡¿Qué?! Oh no...

—Sí, morirá de un corazón roto.

Era de noche, ella iba de camino a casa. Pensativa e indecisa. No sabía qué hacer. Aunque, le gustaba ambos.

—Si acepto a uno, el otro muere...—dijo mirando un diente de león para luego mirar el otro—Y si... ¿Rechazó a ambos pero luego, le digo a cada uno que lo hice para no lastimar al otro y llevo ambas relaciones en secreto?

“Eso sería una buena jugada...”

Sin pensarlo, se tiró una cachetada a sí misma.

“¿Qué carajos me pasa?”

“No puedo hacerle eso a ambos. Ellos no merecen que los lastimen de esa manera”


⋆ ˚。 ⋆୨♡୧⋆ ˚。 ⋆


—Ustedes merecen una respuesta por lo que, ya tomé mi decisión.

—Y... ¿Qué decidiste?—respondió Soren mirándola con unos ojos llenos de esperanza y nerviosismo.

—Estoy seguro que no eres tan tonta cómo para elegir equivocadamente—aseguró Blake con los brazos cruzados.

Samara resopló, extendió las palmas de sus manos y les mostró aquellas flores blancas, los chicos se quedaron atónitos, no entendían qué es lo que quería decir con esa expresión.

—Yo... ¡Quiero que ustedes sean mis novios! Porque estoy enamorada de los dos y sí, que suena descabellado, pero es la verdad...

—¡Qué mierda estás diciendo!—gritó Blake.

Soren se quedó en shock. No podía ni hablar.

—Es la verdad, yo siento cosas por los dos. Se esforzaron tanto por conseguir una flor para mí que, simplemente no puedo rechazarlos. Yo sé lo que es ser rechazada, sé lo que se siente que te rompan el corazón y llevar el dolor contigo—dijo con la cabeza agachada para luego levantarla y mirarlos nuevamente—Es por eso que, quiero que sean mis novios, Soren y Blake.... ¡Mi corazón les pertenece!

El pelinegro y el rubio estallaban de lo rojos que se habían puesto. En su mirada pudieron ver la honestidad de sus palabras. Una verdad pura proveniente de esa pequeña chica. Su corazón comenzó a latir a una velocidad inimaginable por la misma chica.

—¡Pero yo no puedo aceptar tal cosa! ¡No quiero compartirte con este imbécil!

Soren lo miró fulminantemente, sentenciando con la mirada.

—Ni yo.

Samara suspiró lentamente.

—Los trataré como unos reyes. Lo juro por mi vida, siempre serán mi prioridad—prometió llevándose una mano al pecho.

—Está bien. Acepto compartirte, prefiero eso a no tenerte a mi lado—accedió Soren.

Se acercó a ella y la tomó de la cintura suavemente. La miraba a los ojos con un brillo único, como un príncipe miraría a su princesa, acompañado de esa suave sonrisa que rara vez entornaba.

—¡Esto es ridículo!—gritó al ver tal escena y apartó la mirada.

Pero no podía permitirlo. No aguantaría verla con ese idiota, ella también le había confesado lo mucho que le gustaba. Entonces... él...

Se acercó rápidamente a la chica y la tomó de la cintura con más fuerza, atrayéndola a su lado. Su cintura estaba atrapada de lado a lado por los fuertes brazos de ambos chicos y sus brazos se cruzaban entre sí.

—¡Agh! ¡Bien! Pero también voy a querer mis momentos a solas contigo, ¿Ok?

—Yo también quiero privacidad, Samara.

Se puso muy roja al tenerlos tan cerca. Al fin, ¡Había sido aceptada!

Colocó sus manos en los hombros de Soren y Blake, apoyándose y acercándose un poco más. Esbozó una enorme sonrisa mientras los veía.

—¡Los quiero mucho, chicos!

Sin más, se paró de puntillas, los abrazó y tanto Soren como Blake se sonrojaron por un momento, para luego corresponder a su abrazo. Se sostenían fuertemente a ella.

“¡Es tan linda!” pensaron.

¡Al fin Samara encontró a sus dos primeras almas gemelas! Pero, recuerden, ¡Son 10 chicos! ¡Faltan 8 más! ¿¡Podrá amar a todos a la vez?! ¿¡Samara podrá dedicarse a todos sin descuidar a uno?! ¿¡Qué harás, Samara?!

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