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Los beneficios de la manzana verde

Sinopsis

Draco tiene claros los beneficios que ofrece el comer manzanas verdes, Harry también.

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18+

Los beneficios de la manzana verde

Draco tiene claros los beneficios que ofrece la manzana verde, y no, no tiene nada que ver con que sea su fruta favorita.

—Protege tu corazón, ayuda a que tus huesos estén más sanos, aumenta las capacidades cognitivas, es un antioxidante, ayuda a adelgazar y lo más importante, hace que tu piel se vea más hermosa. Y no sólo eso...

—Si, Draco, ya sé, la manzana verde es perfecta.

—Lo es y si pudiera follaría con todas las manzanas verdes del mundo.

Harry observó a su novio con obvia excitación, a pesar de que lo más lógico era que lo mirara con asombro, preguntarse si acaso el rubio había enloquecido. Sin embargo, dentro de sí sólo sintió deseo; el imaginarse al rubio desnudo, recostado entre jugosas y brillantes manzanas verdes. El néctar dulce corriendo por su suave y pálida piel. No podía pasar desapercibida aquella imagen mental.

Tragó la saliva acumulada en su boca antes de que comenzara a babear.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Draco. Harry parpadeó enfocando sus ojos verdes en el rostro rubio.

—Yo estaba... —balbuceó.

—Como sea, me voy, hoy es la reunión con los accionistas japoneses y tengo que asegurarme que todo esté perfecto antes de su llegada.

Draco tomó su túnica y se la colocó cuidadosamente, caminó hacia Harry y colocó un suave beso en sus labios, luego sonrió y se fue.

Harry permaneció un rato más disfrutando el sabor dejado sobre sus labios, el sabor de su novio, los cuales sobra decir, sabían a manzana verde. Sonrió antes de decidir iniciar con sus propias actividades del día.


Harry estaba en pleno entrenamiento cuando Hermione le informó que Draco había sido llevado al hospital de San Mungo.

Ni por un segundo vaciló en dejar todo para ir a buscarle. No dudaba en las palabras de su amiga, sabía que sí se tratara de algo delicado se lo habría informado, pero no podía evitar sentirse preocupado, tenía que ver a Draco con sus propios ojos y constatar que efectivamente se encontraba bien.

Afortunadamente no tuvo que esperar demasiado para que le permitieran verlo, el sanador que le atendió aseguró que el rubio se encontraba a salvo, incluso cuando entró a la habitación lo vio vistiéndose cuidadosamente, listo para que le dieran el alta. Lo único extraño —y al mismo tiempo no tanto— era que el rubio estaba mascullando maldiciones mientras se abrochaba la camisa.

—¡Draco! ¿Te encuentras bien? —cuestionó mientras llegaba hasta a él y lo envolvía con sus brazos.

El rubio se sorprendió ligeramente antes de corresponder al abrazo con una sonrisa.

—Harry, pensé que tenías entrenamiento.

—Y qué más da, estaba preocupado.

Draco negó con la cabeza.

—No tienes porqué, pronto todo se solucionará.

Harry parpadeó repetidas veces, todavía más preocupado que antes.

—¿Qué se tiene que solucionar? ¿Por qué te trajeron aquí? ¿Qué ocurrió? —Continuó el interrogatorio mientras buscaba rasguños o algún indicio que le indicara qué es lo que había ocurrido con su novio.

Mientras tanto, Draco simplemente volvió a negar con la cabeza antes de comenzar a explicar.

—Estaba en la reunión con los ejecutivos japoneses. —Harry asintió haciendo saber con el gesto que recordaba la existencia de aquella reunión—, entonces llegó el momento de hacer una demostración, pero mi asistente... —se detuvo para respirar profundamente, claro indicio de que el sólo recordar al joven mago que fungía como asistente de Draco desde hace algunos meses lo hacía enfadar—, mi asistente Richard cometió un error. —Volvió a respirar, esta vez con los ojos cerrados—. Todo ocurrió demasiado rápido y después tuve un ataque de estornudos.

—¿Estornudos?

Draco asintió.

—¿Y los estornudos son malos?

El rubio se mordió el labio inferior, claramente buscando las palabras adecuadas para explicar su situación.

—Bueno... Mientras estornudaba...

—¿Mientras estornudabas ...? —Animó Harry a continuar.

Y sin previo aviso estornudó.

Una ráfaga de humo invadió el lugar por completo y Draco había desaparecido.

—¿Draco? —Harry miró en todas direcciones, asustado de haber perdido a su novio ante sus propios ojos y estaba a punto de llamar al personal del hospital cuando sintió un leve jaloneo en los pantalones, a la altura del tobillo.

Al dirigir la mirada hacia el suelo vislumbró un pequeño, esponjoso y adorable hurón blanco.

Permaneció impactado por lo que pareció una eternidad, sólo logró salir de su ensimismamiento hasta que el pequeño hurón le propinó una poderosa mordida.

—¡Auch! ¿Acaso eres...?

No lo hubiera creído si el hurón no hubiera estado rodeado de la ropa que hace un rato usaba el mismo Draco Malfoy, pero sólo podía tratarse de él. Y al comprender la situación no pudo evitar soltar una sonora carcajada, la ironía de convertirse precisamente en un hurón cuando en cuarto año le apodaron el hurón saltarín, por obvias razones, provocó que la situación en vez de preocuparle le divirtiera. Grave error, pues con suma agilidad y maestría el hurón saltó sobre él y le propinó fuertes arañazos en los lugares que pudo alcanzar.


Draco estaba sumamente enfadado.

Ahora nuevamente se encontraba en su cuerpo humano y en el sofá de la sala de estar del departamento en el que vivían desde hace ya dos años.

—Amor, ya te dije que lo siento —repitió Harry por enésima vez en esa tarde.

El rubio bufó.

—Claro, si realmente lo sintieras no traerías esa sonrisa idiota.

Harry trató de ponerse serio, pero no lo logró.

—Bueno, tú me arañaste toda la cara.

—Te lo merecías.

Harry negó con la cabeza y volvió a intentarlo.

—¿Qué te parece si preparo tu postre favorito como muestra de mi arrepentimiento? —preguntó mientras se sentaba junto al rubio y lo atraía cuidadosamente hacia él.

—¿Tarta de manzana? —cuestionó mirando al moreno con interés.

Harry asintió con una sonrisa y envolvió los brazos al rededor del torso de Malfoy.

—Manzana verde —agregó sintiendo que al fin había ganado el perdón de su novio.

—Está bien, pero más te vale que sea muy deliciosa.

—Lo prometo...

Draco iba a besarlo como agradecimiento, pero la ráfaga de viento repentina que entró por la ventana provocó que nuevamente estornudara y entre una explosión de humo blanco apareció nuevamente el hurón.

Harry volvió a reír.


De alguna manera se acostumbraron a la nueva condición del rubio. O medianamente se acostumbraron.

Draco al fin había encontrado una cura para revertir los efectos de la poción que gracias a Richard explotó en su cara, al fin podía dejar de convertirse en hurón o humano cada vez que estornudaba, sin embargo, existía un problema. La poción tardaba un par de semanas en elaborarse e ingerirla no aseguraba que realmente funcionaría, sólo podía tener fe en que así fuera. Harry, por su parte, adoraba hacer que Draco estornudara repentinamente para verlo convertido en un adorable hurón, al cual amaba acariciar. Y aquello no tendría nada de disparatado si el hurón realmente no fuera un mago y no cualquier mago, sino el mismísimo Draco Malfoy, quién cada vez que se transformaba en hurón no dudaba en atacar al moreno a rasguños y propinarle una que otra mordida.

Harry tenía parches por aquí y por allá, principalmente en las manos y en el rostro (lo más sensato habría sido curar las heridas con magia, pero por alguna razón retorcida, disfrutaba mantener las heridas en su rostro y dejar que se curaran por sí mismas). También le encantaba ver al rubio convertido en un bonito hurón, acariciarlo y amasar su cuerpecito era algo que disfrutaba demasiado.

Cómo ahora, Draco estornudó al oler las especias que Harry roció oportunamente a la olla donde se cocinaba una deliciosa sopa de cebolla.

Al verlo convertido en hurón, no dudó en cargarlo y comenzar a besar su carita.

—Potter, no soy una mascota —dijo molesto una vez volvió a recobrar su forma humana.

Harry simplemente se encogió de hombros.

—Eres lindo.

—Número uno, no soy lindo y número dos, tengo la sensación de que amas más al hurón que a mí.

Harry sonrió ligeramente.

—No es así, te amo mucho, pero el hurón es lindo.

—Vasta de decir que soy lindo, no soy lindo.

—No, tú eres sexy, el hurón es lindo.

Draco se sonrojó y bufando, salió de la cocina.


Harry suspiró profundamente mientras cortaba suavemente un trozo de manzana, indiferente a la irritación que sentía en el rostro por el zarpazo que le ha lanzado su novio hace unos pocos minutos. Era consciente de que fue su completa culpa, después de todo conocía a Draco y era de su completo conocimiento que alterarlo siempre traía graves consecuencias. Pero es que no pudo evitarlo, fue bastante natural, una reacción simple y justificada y el resto únicamente un accidente.

Cuando volvió del entrenamiento vio a un pequeño y adorable hurón blanco recostado en un rollito en medio del sillón profundamente dormido. Se encontraba demasiado agotado, ser buscador de un equipo profesional de Quidditch no es fácil, pero el ver esa pequeña bolita de pelos lo atrajo como un imán, y cuando menos se dio cuenta ya lo estaba tomando entre sus manos y lo llevaba a su habitación. Se recostó sobre la cama con el hurón sobre su pecho. Parecía un muñeco de felpa, el único indicio de que estaba vivo era su respiración pausada. Con una ligera sonrisa pasó lentamente los dedos por detrás de las peludas orejitas, acariciando suavemente. Draco ronroneó entre sueños, lo que provocó que Harry riera. Lo molestó un poco más hasta que el rubio ─ estirando su cuerpo tan largo como era y dando un ligero bostezo─ al fin despertó. Sus ojos grises poco a poco se enfocaron en él y tuvo la impresión de que el rubio sonrió al verlo, aunque no podía asegurarlo con certeza, pues la forma del rubio no revelaba mucho de sus gestos, al menos no cuando se encontraba tranquilo. Sin embargo, justo ahora, Harry tentó su suerte y se aventuró a tomar al hurón y colocarlo de pancita. Draco lo permitió expectante, sus ojos fijos en todo momento en el moreno, quién le sonreía con ternura mientras comenzaba a acariciarle la panza.

Draco odiaba que le acariciaran la barriga, no porque se tratara específicamente de su novio quién de alguna manera hacía que unas simples caricias se convirtieran en algo más, no, era porque no se pensaba a sí mismo como una mascota, él era el distinguido y refinado Draco Malfoy, un aristócrata sangre pura, estar en forma de hurón no significaba que pudieran tratarlo como a un crup, mucho menos Harry, quién debería verlo como el hombre que es y no como un tierno e inofensivo animalito. Se retorció molesto entre aquellas grandes y callosas manos.

Harry continuó riendo. No contento con el ataque de cosquillas suministrado, se aventuró a besar el rostro del hurón y sintiéndose temerario propinó sonoros besos en esa pancita que tanto le encantaba acariciar. No fue hasta que Draco curveó el cuerpo hacia atrás que terminó tocando con los labios una durita protuberancia adherida al cuerpo del hurón.

El cuerpo del rubio se detuvo al instante, rígido como si le hubieran lanzado un petrificus totalus. Harry también se detuvo y dirigió los ojos hacia el lugar que había besado, constatando que, en efecto, besó el pequeño pene del hurón. Es así que decidió que era momento de aflojar un poco el agarre. Draco aprovechó para escabullirse y, tomándolo desprevenido, saltó sobre el rostro de Harry; clavando las garras de sus patas delanteras en la piel morena.

Harry gritó e intentó atrapar al hurón, pero este ya había saltado hacia el piso y ahora corría entre los muebles para escabullirse.

—¡Draco! —gritó mientras se pasaba el dorso de la mano por la mejilla. Al notar los rastros de sangre fue directamente al baño y tomó un par de banditas del gabinete. Y una vez se colocó las banditas en sus heridas procedió a buscar su novio.

Lo llamó en varias ocasiones y miró debajo de los muebles y en todos los rincones que se le pudo ocurrir, pero no lo hallaba, pidió perdón en vos alta, esperando que lo escuchara, sin embargo, el rubio no salió. Estaba empezando a darse por vencido cuando vislumbró una mancha blanca correr debajo del sofá de la sala.

—Draco, perdóname —habló con la cara pegada al suelo para poder mirar al hurón que a su vez lo observaba con furia—. Draco, por favor, te juro que no fue mi intención. —Y extendió la mano hacia el pequeño—. Por favor, Amor, ven aquí, te lo suplico. —Recibió una mordida en el dedo medio. Suspiró cansado, pensando en qué hacer para hacerlo salir de aquel lugar, pronto una idea vino a su mente.

Fue así como llegó a la escena inicial, aquella donde cortaba trozos de manzana verde. Luego, procedió a colocar un tajo en el suelo y esperó.

No sucedió nada.

Colocó uno más, el sutil aroma de la fruta comenzaba a extenderse por la estancia. Con un poco de suerte eso haría que el rubio saliera, eso y que tal vez el rubio tenía hambre.

Al fin funcionó.

Draco salió no pudiendo resistirse a su fruta favorita y mientras procedía a morder uno de los trozos, Harry lo atrapó.

De inmediato comenzó a retorcerse, pero el moreno afianzó bien el agarre, fue al comedor y tomó asiento. Colocó al hurón en el regazo con la pancita hacia arriba y en seguida colocó un trozo de manzana. Draco se quedó quieto y en breves segundos ya estaba engullendo el delicioso manjar. Fue así como Harry aprovechó para tomar un alicate y comenzar a cortarle las garritas. Draco ni siquiera se dio cuenta hasta que terminó de comer. Enfadado, volvió a saltar sobre el moreno, pero no pudo hacerle daño, lo cual lo puso más furioso.

—Siento haber cortado tus garras, pero era necesario.

Draco estaba respirando entrecortadamente.

—Por favor, tranquilízate, enfadarte demasiado puedo hacerte daño. Si te da una taquicardia la manzana verde no te salvará.

La manzana verde sí que ayudaba a mantener un ritmo cardiaco constante, pero cedió, por el bien de ambos, ya había estado molesto demasiado con su novio.

—Bien, gracias —dijo el moreno al ver que Draco se tranquilizaba—. Ahora que estás más tranquilo procederé a disculparme. Draco, lamento mucho haber besado tu… —dudó, era tan vergonzoso el sólo pensarlo que decirlo sin duda haría que colapsara.

En ese momento el hurón estornudo y entre una ráfaga de humo blanco apareció un desnudo rubio con el ceño fruncido y una pronunciada mueca.

—¡Mi pene, Potter, besaste mi pene de hurón! —exclamó.

Harry bajó la mirada, sus mejillas se sonrojaron. Draco se preguntó si era porque estaba avergonzado o porque lo estaba viendo desnudo.

—Si, tu pene… —balbuceó después de un momento. Lo que provocó que el rubio se sonrojara; escucharlo de su propia boca no había sonado tan pervertido como oírlo de Potter. Incluso su pene, ahora humano, dio un tirón, indicio claro de que el hecho de pensar en los labios de Potter sobre esa área lo excitaba. Por eso es que como hurón se había enfadado tanto. Sentir los labios de Potterallí,incluso como hurón, había sido demasiado para soportar.

—En fin, espero que esto no se vuelva a repetir —dijo mientras caminaba a la habitación.

Harry no pudo evitar observar el movimiento de aquellas blancas y redondas nalgas que se balanceaban con el avanzar del rubio.

Se cubrió la cara con las manos y se pensó un completo pervertido al sentir su erección queriendo escapar de sus pantalones.


Harry entró a la habitación sigilosamente, Draco ya estaba acostado; únicamente podía verse su cabello, ya que estaba cubierto completamente por la manta, aun así, el moreno sabía que aquella manta lo único que estaba haciendo es cubrir su desnudez, porque no hacía frío, al contrario, toda la habitación estaba caliente o tal vez era él mismo que no había podido hacer que su erección se esfumara.

También se desnudó, no iba a ofender al rubio uniéndose a él con el pijama puesto, definitivamente no.

Se deslizó por debajo de la sábana y abrazó al rubio, quién tenía la piel igual de caliente que la de él, sonrió, Draco ansiaba esto tanto como él.

—¿Sigues enojado? —preguntó sólo para molestarlo. Draco no respondió, así que procedió a besar su hombro, su nuca y morderle el lóbulo de la oreja. Fue así como el rubio reaccionó e inmediatamente se dio la vuelta, una gran sonrisa en su dulce boca.

Harry lo besó de inmediato mientras se acomodaban para quedar en una posición más agradable, es decir, el rubio debajo de su cuerpo, abrazándole el torso con las piernas, mientras sumergía sus largos dedos en las hebras negras. Sólo dejaron de besarse para recuperar el aliento y en cuanto lo hicieron volvieron a la tarea, pero esta vez la diferencia fue que Harry introdujo su falo en el recto del rubio. El grito exclamado fue sofocado por la boca del hombre que le devoró con devoción.

Realizaron la unión sexual con lentitud, disfrutando del momento, no queriendo acabar muy pronto, por eso, cuando Draco sintió que llegaba a su orgasmo, ordenó a su pareja que saliera de él, antes quería tomar otra posición. Ante la expectativa de su amante, se dio la vuelta y ofreció el trasero elevándolo con el arqueo de su espalda.

Harry acarició las pálidas nalgas antes de volver a introducirse y continuar con las embestidas.

«Harry y Draco» era lo único que se escuchaba en la habitación aparte del chocar de sus pieles cada vez que Harry llegaba hasta el fondo.

Iban a llegar, al mismo tiempo, sólo tenían que esperar un poco más.

—Quiero rociarte —manifestó Harry.

Draco asintió, quería sentir el semen caliente del moreno en su cuerpo. Aun así se sintió frustrado cuando Harry salió de él, pero qué importaba, la mano acariciando su erección era suficiente para hacerlo venir, además en unos momentos más sentiría el líquido caliente sobre su espalda, pero entonces... Estornudó.

Una ráfaga de humo blanco se hizo presente una vez más, un pequeño hurón blanco cayó en medio de la cama, laxo, agotado, recién llegado al orgasmo, e inmediatamente después fue bañado por un gran chorro de semen.

—Ay, Dioses, ¡Draco! —exclamó el moreno al ver a hurón blanco salpicado por el semen, lo tocó con los dedos notando todo su pelaje pegajoso—. Te lavaré —dijo antes de tomarlo con delicadeza y correr directamente al baño.

Draco se dejó hacer, no dándose cuenta de que estaba en el cuerpo de hurón, su mente todavía estaba en la neblina post orgásmica, así que fue fácil para Harry meterse con él a la bañera y frotar su cuerpecito con el shampoo favorito del rubio. Unas gotas de agua se pegaron a su naricita, lo que hizo que volviera a estornudar y apareció su cuerpo humano, el cual se acomodó sobre el cuerpo del moreno quién sin sorprenderse continúo frotándolo.

—Eso fue increíble. —Escuchó el susurro del rubio, quién tenía la cabeza apoyada en su hombro—. El mejor orgasmo que he tenido.

Harry sonrió complacido.


Unas semanas más tarde el rubio al fin había tomado la poción que revertiría el problema del hurón. Estaba feliz de ya no tener que transformarse en hurón cada vez que estornudaba, pero le preocupaba el estado de ánimo de Harry.

Era evidente que extrañaba al hurón. Y también era obvio que no lo había mencionado por respeto. De hecho, había evitado hacer y decir muchas cosas desde el incidente del beso en su erección hurona. Así que decidió compensarlo por ello.

Harry volvió del entrenamiento un poco más tarde de lo normal, así que frunció el ceño al ver que el departamento se encontraba muy silencioso y no sólo eso, las luces también estaban apagadas. Era demasiado raro, pues a esa hora del día, Draco ya solía estar en casa.

Al principio pensó que algo malo le había ocurrido, pues siempre que iba a llegar tarde le avisaba mediante una lechuza, pero de pronto vio un trozo de pergamino en la mesita del centro de la sala, procedió a tomarlo para leerlo. Y una vez sus ojos repasaron las pulcras y estilizadas letras del rubio sonrió de lado.

Te espero en la habitación,decía la nota.

Harry no demoró en hacerlo.

—Voy a entrar —avisó.

Y cuando abrió la puerta de la habitación y miró al interior, se quedó sin aliento.

Al borde de la cama se encontraba Draco, Draco usando ropa interior afelpada, acompañado de unos guantes de la misma tela y unas adorables orejitas de hurón.

El rubio unió sus puños, síntoma de que estaba nervioso, desvió la mirada y un furioso sonrojo se extendió por su rostro.

—¿Acaso no vas a decir nada? —cuestionó tratando de sonar exageradamente seguro de sí mismo, pero Harry lo conocía muy bien y si su cerebro no se hubiera fundido hace algunos segundos, sin duda se habría dado cuenta de ello.

Parpadeó repetidas veces y luego preguntó:

—¿De dónde has…? —Tragó la saliva generada y volvió a intentarlo—. ¿De dónde has sacado ese traje?

Draco se encogió de hombros, aún sin mirarlo directamente.

—Una tienda de disfraces.

Harry se preguntó qué clase de tienda de disfraces era esa y si tendrían otros conjuntos para el sexy rubio. Negó para sus adentros, obligando a su cerebro a concentrarse en el ahora.

—Yo… es decir, te ves muy bien.

El rubio sonrió con los labios apretados.

—Yo puedo… ¿acercarme? —Al fin se atrevió a preguntar lo que había intentado hace un momento.

El rubio respondió que si y Harry no perdió el tiempo en cruzar la habitación para hacerlo.

Se besaron mientras se abrazaban. Y a los besos se sumaron las caricias.

Harry llevó ambas manos a esas nalgas que tanto le gustaban, y disfrutó de la suavidad de la tela combinada con la elasticidad de aquella piel. De pronto sintió un rabo, un suavecito rabo que, al voltear al rubio para mirarlo, descubrió que este sobresalía de entre sus nalgas. ¡Era un plug anal! ¡Un plug de cola de hurón!

Casi se vino en los pantalones con aquella imagen.

—No temas —dijo Draco envalentonándose—, no es tan grande como tú.

Y esa fue la gota que derramó el vaso, Harry no pudo controlarse más. Pero cómo hacerlo si la situación superaba cualquiera de sus pervertidas fantasías. Era Draco, su amado Draco, su sensual Draco, usando un traje de hurón, usando un plug anal. Si, algunas veces hicieron uso de juguetes sexuales, pero jamás por iniciativa propia de Draco, al menos no sin que estuviera ya demasiado excitado.

Retomaron la sesión de besos y caricias, en algún momento la ropa de Harry desapareció por completo y ambos cayeron sobre la cama.

Draco se quitó la ropa interior y los guantes, quería sentir la piel de su novio y desgarrar su espalda con las uñas, sabía que a Harry le encantaba que arañara su espalda. Sintiéndose todavía más atrevido, tomó el rostro del moreno y lo condujo hacia el área inferior de su cuerpo.

—Ahora te doy permiso para que lo beses —dijo refiriéndose a su pene. Harry sonrió mientras negaba con la cabeza, Draco podía ser tan pervertido como él cuando lo quería.

No lo hizo esperar demasiado; comenzó con un casto beso en la punta, la cual un momento después lamió y luego la succionó como si se tratara de un popote. El rubio gimió encantado, antes de soltar un grito cuando toda su erección fue cubierta por la cálida boca de su pareja.

Se estremeció al sentir del frío del ambiente rozar su piel mojada con la saliva una vez Harry sacó la erección de su boca, pero no duró demasiado, pues un instante más tarde la ardiente lengua jugó con su glande, luego lamió toda la extensión de su erección y sintió suaves besos y succiones en sus testículos. Aferró ambas manos al cabello oscuro cuando su pareja volvió a envolverlo, tragando toda la erección hasta que la punta llegó hasta el tope. Y de ahí se deshizo en gemidos y jadeos, sintiendo como la cabeza del moreno subía y bajaba. Movió las caderas de arriba hacia abajo, mencionando el nombre de Harry cada vez que tenía un poco de claridad para hacerlo. Y gruñó frustrado en el momento en que la inminente llegada de su orgasmo fue interrumpida, pues Harry dejó su erección.

—Potter… —iba a quejarse, pero entonces fue puesto boca abajo, soltó un gemido cuando el plug salió de su trasero y se retorció complacido al sentir la exquisita lengua del moreno remplazar el objeto.

Harry le comió el culo como si se tratara de un hombre hambriento que devora un trozo de carne. Y él únicamente pudo gemir, jadear, apretar la sábana con tanta fuerza que la arrugó por completo y arquear la espalda, acercando el ano lo más que podía a la boca del moreno.

—¡Harry, Harry …! —repitió una y otra vez, esperando que el aludido entendiera lo que ansiaba, que estaba desesperado por ser follado.

Afortunadamente, el otro también parecía impaciente, pues inmediatamente después de alejarse se acomodó tras de sí, pronunció un hechizo de lubricación y empujó con precisión su dura erección, enterrándose por completo con ese solo movimiento, tal como si el ano de Draco fuera la funda de su pene.

El rubio movió las caderas, incitándolo a moverse, Harry gimió disfrutando se la calidez antes de iniciar las embestidas. En poco tiempo ambos se deshacían en profundos gemidos de placer. Y cuando Harry sintió que estaba llegando a su límite, tomó el pene del rubio y comenzó a frotarlo.

Draco, se vino primero, no mucho después también Harry.

Se dejaron caer agotados sobre el colchón, Harry detrás del rubio, a quien abrazó con ternura, este a su vez entrelazó sus manos y las colocó cerca de su pecho.

—Dioses, deberías disfrazarte más seguido —mencionó Harry antes de besar el hombro del rubio.

Draco bufó, pero una sonrisa se extendió por su boca inmediatamente después.

—Esto no volverá a ocurrir, idiota. Fue la primera y última vez.

—¿Qué? ¿Por qué? —se quejó.

—Esto sólo fue una compensación —explicó indiferente.

—¿Compensación? —preguntó Harry aún más confundido.

—Si, simplemente quería hacerte sentir mejor, ya sabes, por lo del hurón. —Al no recibir respuesta continuó—. Sé que extrañabas al hurón y entonces esto fue lo mejor que se me ocurrió.

Harry lo soltó para darle la vuelta y poder ver su rostro.

—Es la mejor compensación que cualquiera podría recibir, es perfecta. Estas orejitas —dijo mientras apretaba una de las orejas de la diadema que el rubio aún usaba—, te quedan divinas y me ponen muy caliente.

—Si, se nota que si —dijo mientras tocaba la erección del moreno—. ¿Qué te parece si esta vez soy yo quien besa esto? —agregó dándole un apretón.

Harry gimió ronco.

—Sería un placer. Aunque prefiero volver a ser yo quien te haga una mamada. —Draco iba a refutar, pero se adelantó a agregar—, esta vez haré que te vengas en mi cara, después de todo, al igual que la manzana verde, ayuda a mantener la piel suave y sin arrugas.

Draco echó a reír. Sin duda alguna Harry había aprendido bien los beneficios de comer manzanas verdes.

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