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- Bien, bien - Circe apoyó la cabeza en sus antebrazos, mirando fijamente su taza de café - Me largo.
Aún estaban en casa de Andrómeda, Draco y los Potter habían ido de visita por todo el fin de semana y ahora mismo, lunes por la mañana, Circe necesitaba unos segundos de paz antes de salir hacia el Ministerio.
- ¿Tan temprano? - Draco miró su reloj - Son las ocho de la mañana.
- Justamente, vamos tarde - interrumpió Percy, que salía del baño aún pasándose por los rizos un cepillo.
- No sabía que seguías aquí - Circe entrecerró los ojos.
- Andy me ha...
- ¡Cielos!- exclamó Andrómeda poniéndose de pie - Tengo sus almuerzos, supongo que estarán lejos todo el día, así que me decidí a prepararles algo.
Andy sonrió y con un movimiento de varita levitó un par de bolsas de papel frente a ellos.
- Y nada de regresar a casa con la comida completa - señaló apuntando a Circe con el índice - le preguntaré a Regulus.
- Gracias, Andy- respondieron al unísono.
- ¿Ustedes no irán al Ministerio, o sí?- preguntó la mujer a Draco y Harry, que lidiaban con seguir comiendo sin soltarse de las manos.
- ¡Oh no!
- Pongo un pie ahí y me meten a Azkaban, seguro - Draco rodó los ojos - ¿Que hacemos hoy, Potter?
- Deberíamos dormir - Harry bostezó, recogiendo un cheerio que se había caído del plato de Teddy.
- Nosotros nos vamos - Percy insistió, tomando su paraguas en la entrada.
- ¿Nosotros?- preguntó Circe con incredulidad y se giró hacia Andrómeda.
- Le pedí a Percy que te acompañara, cielo, si hay alguien que conoce ese Ministerio es él. Igual y te sirve de algo relacionarte con más gente.
Circe resopló pero no se quejó, desde que había vuelto de Oxford, Andrómeda no se cansaba de intentar que interactuara con la sociedad mágica como si no supiera que mínimo la mitad de ella no la soportaba.








