Capítulo 1
Un chico rubio salía de la tienda justo cuando el frío de la noche envolvía el aire, produciendo pequeñas nubes de humo que se disipaban en el viento. Suspiró, sabiendo que tendría que cambiar su hábito de salir a comprar a altas horas de la madrugada. Era una necesidad impuesta por la falta de personas en las calles, lo que le permitía caminar tranquilo sin preocupaciones.
Se dirigía hacia su hogar, pero algo inusual capturó su atención cerca del muelle abandonado. Escuchó voces provenientes de esa zona, una zona restringida generalmente para la policía. Sabía que por entrar allí podía llevarse una multa, pero su curiosidad e intriga superaron cualquier temor. Decidió acercarse, movido por la necesidad de descubrir qué estaba sucediendo en ese lugar solitario.
Mientras se adentraba a la oscuridad, se topó con una puerta de rejas abierta. Sabía que podría ser peligroso, pero también sabía que debía averiguar lo que estaba sucediendo.
Al cabo de unos metros, encontró a un grupo de hombres con apariencia elegante reunidos. Sin embargo, antes de poder llegar más cerca, escuchó algo que lo detuvo en seco.
Parecían estar discutiendo algo importante, algo que podía tener consecuencias graves. Se detuvo detrás de un contenedor, ocultándose para escuchar más de cerca.
Las voces se volvieron más intensas, y pudo captar fragmentos de la conversación.
— Primero quiero la droga y luego te doy el dinero — un señor de unos cuarenta y tantos hablo primero. Se sintió inquieto, pero también intrigado.
—Escucha, sé que es la primera vez que negociamos juntos, pero soy un hombre de palabra. No tienes por qué desconfiar. La mercancía está en el camión; mi gente contará el dinero y podrás irte— dijo con tono firme.
—De acuerdo, pero que sea rápido, no tengo toda la noche— respondió el otro, haciendo un gesto con la cabeza para que uno de sus hombres, situado detrás de él, entregara un maletín al hombre de cabello negro.
Este lo pasó a un castaño un poco más bajo que él, quien de inmediato lo abrió para comenzar a contar el dinero, que, en verdad, era una cantidad considerable, todo en dólares.
En ese momento, decidió que lo mejor sería marcharse, pero no podía apartar la vista de lo que estaba sucediendo. Su cuerpo se quedó paralizado cuando su celular comenzó a sonar: una llamada de su madre.
Todos en el lugar se giraron al unísono para ver de dónde provenía el ruido, y varios de ellos alzaron sus armas, apuntando hacia él. El silencio fue roto por el eco de unos pasos apresurados, mientras el hombre de cabello negro hacía una señal para que dos de sus hombres lo siguieran.
El joven sentía su respiración acelerada y el corazón a punto de explotar. En su mente, no podía dejar de pensar que debería haberse ido a casa en lugar de meterse en un sitio lleno de locos armados.
Cuando estaba a punto de salir por la puerta de rejas, dos chicos aparecieron frente a él, apuntándolo con sus armas.
—¡No te muevas! —ordenó uno de ellos—. ¿Qué hacías aquí? ¿Para quién trabajas?
—Y-yo... yo solo... me equivoqué de camino —respondió con la voz temblorosa.
Los dos chicos intercambiaron miradas, y él aprovechó ese breve instante para correr en otra dirección, buscando desesperadamente una salida. Sin embargo, solo logró encontrarse acorralado frente al mar, atrapado en un callejón lleno de contenedores. No tenía idea de qué había en ellos, pero no importaba, estaba atrapado.
El hombre de cabello negro que había visto antes apareció nuevamente, también apuntándolo con su arma. En ese momento, el chico rubio ya se consideraba un hombre muerto.
—Al suelo, ahora —ordenó el hombre con frialdad.
El joven obedeció de inmediato, cayendo de rodillas con la mirada fija en el suelo.
—¿Quién eres y por qué estás aquí? —preguntó con seriedad.
—S-soy Park Jimin, y yo solo venía de la tienda... escuché voces y tuve curiosidad, de verdad, lo siento, no quería ver nada... —trataba de hablar con claridad, pero los nervios lo hacían temblar incontrolablemente, y algunas lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos.
Cinco personas más aparecieron detrás del hombre de cabello negro, lo que le dejó claro a Jimin que él era el líder de esa banda.
—¿Cuántos años tienes? —preguntó uno de cabello azul, que era un poco más bajo que el líder.
—D-diecisiete... por favor, déjenme volver a casa, no diré nada, lo prometo —sollozó, las lágrimas cayendo sin control. No quería morir, era demasiado joven y sentía que no había vivido lo suficiente.
El chico de cabello azul lo miró con compasión y luego volteó hacia el líder.
—Jungkook, déjalo ir. Es menor.
—¿Estás bromeando, Taehyung? Si lo dejamos ir, irá directo a la policía. Y te recuerdo que, por tu culpa, ya no estamos en buenos términos con ellos.
—Por favor... sabes que papá se enojará contigo si lo haces. Aún es un adolescente, no puedes matarlo —insistió Taehyung, con un tono que intentaba suavizar la tensión en el ambiente.
El pelinegro, cuyo nombre ahora sabía que era Jungkook, se quedó un momento en silencio, observándolo llorar en el suelo. Después de unos segundos, se dio la vuelta y, mientras caminaba hacia la salida, dijo fríamente:
—Llévenlo a la camioneta.
Taehyung, el chico de cabello azul, corrió hacia él, lo levantó con suavidad y trató de tranquilizarlo.
—Tranquilo, no llores, todo estará bien —le susurró.
—No quiero ir con ustedes, déjenme ir —protestó, resistiéndose cuando lo llevaron hacia una camioneta negra.
Jungkook se giró bruscamente hacia él, con una expresión endurecida.
—Escucha, todavía no decido qué hacer contigo, así que si no quieres que te pegue un tiro, será mejor que cierres la maldita boca y te subas a la maldita camioneta —dijo con una voz cortante.
Jimin, aterrorizado, dejó de resistirse y entró en silencio al vehículo. El miedo que sentía hacia Jungkook lo dejó sin palabras.
El trayecto en la camioneta fue tenso, el aire se sentía pesado, y todo era por la presencia del chico. Nadie hablaba, pero el ambiente estaba cargado de incertidumbre.
—Jungkook, ¿estás seguro de que quieres llevarlo a casa? —preguntó el conductor sin apartar la vista del camino.
—Sí, Namjoon, solo conduce —respondió con tono firme.
—Yoongi, ¿tú agarraste el maletín, verdad? —preguntó un pelinegro de hombros anchos desde el asiento trasero.
—No, lo tengo yo —intervino el castaño que había estado contando el dinero antes.
—¿Está todo el dinero?
—Sí, ya les dije que sí —respondió el castaño, algo irritado.
El silencio volvió a apoderarse de la camioneta mientras recorrían calles oscuras, intercaladas con algunas iluminadas por farolas.
—Entonces... ¿Jimin, verdad? —preguntó Taehyung, el chico de cabello azul, a su lado. Jimin solo asintió tímidamente con la cabeza.
—Tae —llamó Jungkook desde el asiento del copiloto, mirandolo con seriedad desde el espejo retrovisor, antes de negar con la cabeza, claramente molesto.
—Soy Taehyung, mucho gusto. Tengo que decirte que me encanta tu color de cabello. ¿Es teñido? —preguntó Taehyung, tocando suavemente el cabello rubio de Jimin.
—No, es natural —respondió todavía con miedo en su voz.
—¡Wow! De verdad es hermoso. ¿Tus padres también tienen este color? —preguntó, tratando de aliviar la tensión y hacer que se sintiera menos amenazado.
—En realidad, salí a mi madre. Ella y mis abuelos tienen el cabello rubio —respondió aún nervioso.
—¡Taehyung! Te estoy diciendo que no. Estoy harto de que me lleves la contraria todo el maldito tiempo. Cuando lleguemos a casa, vamos a hablar —gritó Jungkook, haciendo que el ambiente en la camioneta volviera a quedar en silencio.
—Y yo estoy harto de tus gritos de mierda—susurró Taehyung, mirando por la ventana con el ceño fruncido.
—¿Qué dijiste? —preguntó Jungkook, mirándolo desde el espejo.
—Nada —respondió Taehyung, cruzándose de brazos de mala manera.
—Eso pensé —dijo Jungkook, volviendo su mirada al frente.
Unas enormes puertas negras se abrieron, permitiendo que la camioneta entrara a un amplio estacionamiento, donde varios autos de lujo estaban alineados frente a una majestuosa casa. Todos bajaron del vehículo, y Jimin fue el último en hacerlo. No tenía idea de dónde estaba; rara vez salía de casa, y cuando lo hacía, era solo para ir a la escuela o pasar tiempo con sus amigos.
—Tú vienes conmigo, y no quiero escuchar ni una palabra —dijo el pelinegro tomándolo del brazo con firmeza. Sin darle opción a resistirse, lo condujo hacia el interior de la casa. Subieron las escaleras hasta llegar a una habitación que parecía haber estado desocupada por mucho tiempo, aunque estaba impecablemente limpia, toda en tonos blancos.
—Vas a quedarte aquí hasta mañana. Para entonces, ya habré decidido qué hacer contigo. Te advierto que si intentas escapar, estarás muerto. Hay guardias por toda la casa, así que no seas tan idiota de intentarlo —advirtió sacando el celular del bolsillo de Jimin.
—¿Por qué, si me vas a matar, no lo haces ahora? ¿Qué diferencia hay en hacerlo mañana? —preguntó con una mezcla de temor y desafío.
—Si fuera por mí, ya estarías muerto —respondió sin mirarlo— pero tengo ciertos principios que debo seguir.
Cuando estaba a punto de salir de la habitación, Jimin, aún nervioso pero lleno de rabia, no pudo contenerse.
—¿Principios? ¿Alguien como tú tiene principios? —se rió amargamente— Todos ustedes están locos.
Jungkook se detuvo por un segundo, pero sin decir nada más, cerró la puerta tras de sí y se fue por los pasillos, dejando a Jimin solo en la fría habitación.
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Taehyung caminaba hacia su habitación, pero Jungkook lo detuvo antes de que entrara.
—Tenemos que hablar —dijo con seriedad.
—Jungkook, tengo sueño, son las cuatro de la madrugada. Mañana hablamos —respondió agotado.
—No, ahora —insistió caminando hacia las escaleras que llevaban a su oficina. Después de unos segundos, Taehyung lo siguió, entrando por la puerta con los ojos casi cerrándose de cansancio.
—Kook, tenemos esta conversación casi todos los días. Ya lo entiendo —dijo con voz adormilada.
—Si lo entiendes, ¿por qué no me haces caso? Sabes que no me gusta discutir contigo, pero últimamente lo hemos estado haciendo a diario. Si papá me puso a cargo de esto, es por algo, y tienes que seguir mis órdenes cuando estamos trabajando. Siempre ha sido así.
Taehyung lo miró, frotándose los ojos.
—No creo que papá se haya equivocado al ponerte a cargo solo porque eres su hijo biológico, pero no me gusta que me mandonees de la forma en que lo hiciste hoy. Yo sigo órdenes en el trabajo, pero no voy a dejar que ni tu, ni nadie, me diga con quién puedo hablar o qué puedo hacer, aunque sea tu hermano menor.
Jungkook lo observó en silencio, dándose cuenta de que el peliazul tenía razón.
—Lo siento... Tienes razón —suspiró profundamente, pasando las manos por su rostro.
—No te preocupes. Sé todo el estrés por el que estás pasando con la enfermedad de papá y que estás intentando encargarte de todo. Pero ya sabes que cuentas conmigo para lo que necesites —respondió acariciando el brazo de su hermano mayor. Jungkook asintió lentamente— ¿Vas a soltar al chico, verdad?
—No, aún no. Tengo que hablar con papá sobre qué hacer con él y luego haré lo que él diga.
—Está bien. Estoy seguro de que lo dejará ir —bostezó— Me voy a dormir. Seguro Hoseok me está esperando. Tú también deberías descansar.
—Ve tú, en un rato iré. Tengo que terminar de firmar unos papeles.
—De acuerdo, pero no te desveles demasiado. Buenas noches, hermanito.
—Te dije que odio que me digas así —dijo frunciendo el ceño.
Taehyung rió suavemente.
—Sé que no es cierto, Kook —respondió, cerrando la puerta de la oficina tras él.
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Un lujoso auto negro llegó a la entrada de la casa mientras Jimin observaba desde la ventana. No había logrado dormir en toda la noche. No sabía qué hora era, pero lo único que tenía claro era que, en menos de dos horas, probablemente estaría muerto, su cuerpo metido en una bolsa o reducido a cenizas en algún descampado.
Del auto bajó un hombre mayor, impecablemente vestido con un traje. Su porte elegante y la manera en que todos los presentes lo trataban con el mayor respeto dejaban claro que era alguien importante.
El pelinegro salió de la casa para recibirlo, pero, a diferencia de los demás, no mostró ninguna señal de respeto. Su saludo fue apenas un gesto superficial, como si no le importara en lo más mínimo.
Ambos intercambiaron algunas palabras, y entonces Jungkook señaló hacia la ventana donde Jimin los espiaba. El rubio se sobresaltó y rápidamente cerró la cortina, esperando que no se dieran cuenta, pero en el fondo sabía que ya lo habían visto.
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—Lo encontramos anoche mientras hacíamos la entrega. Según él, venía de la tienda, pero yo creo que está trabajando para alguien del norte —dijo Jungkook, dejando su taza de café matutino sobre el escritorio.
—Quiero verlo —respondió el hombre mayor sin rodeos.
—Yo lo traigo —dijo Taehyung, levantándose del sofá de la oficina.
Salió de la habitación y caminó hacia escaleras arriba, hasta llegar a la primera puerta. Al abrirla, encontró a Jimin sentado en la cama, con la mirada perdida.
—Tienes que venir conmigo. Seguro que ya te podrás ir —le dijo con una sonrisa, intentando tranquilizarlo.
El rubio asintió, siguiéndolo en silencio hasta una oficina donde estaban sentados el hombre mayor y Jungkook, tomando café. El chico se quedó detrás de Taehyung, demasiado nervioso y tenso para moverse.
—¿Cuántos años tienes? —preguntó el hombre, mientras Taehyung se hacía a un lado para que pudieran verlo.
—Diecisiete —respondió con voz cortante, mirando al suelo.
—¿Qué hacías en el muelle anoche? —preguntó el hombre mayor, con tono serio.
—Estaba volviendo de la tienda y escuché a personas allí. Iba a decirles que no podían pasar, pero cuando me di cuenta de que era algo completamente distinto, intenté irme de inmediato, pero ellos me detuvieron —explicó más calmado que la noche anterior.
El hombre lo observó de arriba a abajo y luego se giró hacia Jungkook.
—No creo que sea del norte. Se ve débil y pequeño. Noha no aceptaría a alguien así en su equipo. Sin embargo, no me gusta dejar cabos sueltos, y menos cuando no tenemos a la policía de nuestro lado en este momento. Ya sabes lo que tienes que hacer, Jeon —dijo, levantándose de su asiento para irse.
Pero antes de que pudiera salir, Taehyung lo detuvo, alterado.
—Papá, ¿qué acabas de decir? Es menor, tienes que dejarlo ir. ¿Qué pasó con no matar a niños? —dijo, con la voz llena de indignación.
—Hijo, él no es un niño, así que esa regla no aplica para él. Lo siento —respondió el hombre, apartando a Taehyung para poder pasar y salir de la oficina.
Jungkook se levantó de su asiento y tomó la muñeca del rubio, dispuesto a terminar con todo de una vez, pero Taehyung volvió a interponerse.
—¡Jungkook, no! No te atrevas a hacerle nada —dijo, alzando la voz.
—¿¡Por qué mierda te importa alguien que ni siquiera conoces!? —gritó enfurecido.
—¡Porque odio que todo sea tan injusto! Él solo intentó hacer lo correcto, y tiene toda una vida por delante. ¡No puedes arrebatarle la vida a alguien inocente! ¿Sabes lo angustiados que deben estar en su familia? —le replicó también gritando.
—¿¡Y a ti qué te importa si están tristes o no!? Has matado a personas sin pensar en quién podría estar esperándolos en casa. ¡Ahora muévete de una vez! —rugió empujándolo hacia un lado.
—¡He matado a personas que fueron unos hijos de puta! No soy un monstruo, ¡y tú tampoco lo eres! — lo miró con intensidad, resistiéndose a ceder.
Pero Jungkook, sin decir más, apartó a su hermano del marco de la puerta y comenzó a caminar hacia las escaleras del sótano, arrastrando a Jimin tras él, aún sujetándolo por la muñeca.
—¡Si lo haces, juro que no volverás a verme nunca más en tu vida! —gritó con los ojos llenos de lágrimas.
Jungkook se detuvo por un momento. No entendía por qué su hermano defendía tanto a un desconocido. A veces, Taehyung complicaba todo de manera innecesaria. Pero, aunque quisiera, no podía odiarlo; después de todo, era su hermano. Aun así, la orden de su padre pesaba más, y quería terminar con todo esto.
—Lo siento —fue lo único que dijo antes de continuar bajando las escaleras.
Pero lo que escuchó después lo golpeó con más fuerza de lo que esperaba.
—¡¿Lo siento?! ¡Eso es todo lo que tú y papá saben decir! ¿Pero sabes cuál es el verdadero problema con ustedes? ¡SON UNOS INSENSIBLES DE MIERDA! ¡NO SIENTEN NADA! —gritó y un portazo resonó desde el piso de arriba.
Pasaron por un largo pasillo hasta llegar a una puerta. Jungkook la abrió y entraron en una habitación modesta, con muebles antiguos pero bien cuidados. Jimin temblaba, aterrorizado por lo que sabía que iba a suceder. Su mente se llenaba de preguntas: "¿He sido lo bastante bueno como para ir al cielo?" o "¿De verdad habrá algo después de esta vida?"
—Hazlo rápido, por favor —dijo, acurrucado en una esquina, incapaz de contener el miedo.
El mayor se acercó a un mueble donde reposaba una pistola. La tomó con calma y la apuntó hacia el rubio.
—Claro. Si te disparo en la cabeza, no sentirás nada. Morirás al instante, sin dolor, si es eso lo que te preocupa —dijo mientras colocaba su dedo en el gatillo.
Jimin se encogió, lágrimas rodando por su rostro, sin poder moverse. Jungkook, en cambio, tenía la mente en otro lugar. Pensaba en su hermano. Se habían peleado muchas veces antes, y su hermano se había marchado de casa por enfados triviales, pero esto era diferente. Sabía que si lo hacía, nunca lo perdonaría. Siempre había visto en él a su verdadera familia, el único lazo que realmente le importaba. Perder a Taehyung por esta decisión sería más doloroso que cualquier arrepentimiento futuro.
Y entonces, apretó el gatillo.
El sonido del disparo resonó, pero la bala quedó incrustada en la pared, justo al lado de la cabeza de Jimin. El chico quedó inmóvil, las lágrimas cayendo mientras se acurrucaba aún más contra la pared, en un estado de shock total.
Un joven de hombros anchos y cabello negro entró de repente, claramente alarmado. Se detuvo al ver la escena, respirando con más calma al entender lo que había sucedido.
—Lo siento. Estaba en el laboratorio y escuché el disparo. Pensé que había problemas —dijo, aún con algo de tensión en su voz.
Jungkook bajó el arma, suspirando profundamente.
—Encárgate de él, por favor —respondió, cansado.
—¿Me estás pidiendo que lo mate? —preguntó el recién llegado, incrédulo.
—No, no lo mates. Solo quédate con él — salió por la puerta sin mirar atrás.
El joven se acercó al rubio, que seguía acurrucado y temblando, las lágrimas todavía frescas en su rostro. Se agachó a su lado, su expresión mucho más suave.
—Ven, vamos a prepararte un té para que te calmes —dijo con voz tranquila
Subieron hasta la cocina, donde Jin preparó un té verde para Jimin y se lo dio. Luego, se sentó frente a él, observando cómo el chico tomaba pequeños sorbos para calmarse.
—Soy Seokjin, pero puedes decirme solo Jin —dijo con una sonrisa suave— ¿Puedo hacerte una pregunta?
Jimin asintió tímidamente.
—¿Qué le dijiste a Jungkook para que no te matara?
El rubio bajó la mirada, aún tembloroso.
—No lo sé... Yo solo le dije que me matara rápido, y después de eso se quedó pensando... —respondió, la confusión aún clara en su rostro.
En ese momento, Jungkook entró en la cocina con expresión seria.
—Jin, ¿puedes llamar a Taehyung, por favor? No atiende mis llamadas.
Jin lo miró, cruzando los brazos.
—Sabes que si discutieron, es obvio que no va a volver hasta la noche, ¿verdad?
—Lo sé, pero esta vez es diferente. Me dijo que no volvería nunca más —admitió, su voz revelando preocupación.
—Tiene todas sus cosas aquí. Volverá —dijo con tranquilidad.
—También tiene una cuenta de banco con millones. Sus cosas no importan —respondió sin dejar de mirar su teléfono. Luego, levantó la vista y observó a Jimin, para después volver a enfocarse en Jin— Dile a todos que hay una reunión en cinco minutos.
—¿Y qué hago con él? —preguntó señalando al rubio.
—Él también está incluido —dijo saliendo de la cocina sin esperar una respuesta.
Minutos más tarde, todos se dirigieron hacia otra parte de la casa, una sala con una mesa larga y siete sillas. Los hombres ya estaban allí, esperando, cada uno sentado en su lugar.
—¿Jin, llamaste a Tae? No me contesta —preguntó un castaño, conocido como Hoseok, con cierta impaciencia en la voz.
—Sí, le expliqué que Jungkook no mató al chico, y me dijo que ya estaba viniendo —respondió justo cuando la puerta se abrió y entró el peliazul
El alivio en la sala fue palpable. Taehyung caminó directamente hacia Jimin, observándolo con una mezcla de sorpresa y alivio.
—De verdad estás vivo —dijo mientras lo abrazaba, un gesto inesperado que hizo que Jimin se sintiera aún más fuera de lugar. No entendía por qué lo estaban abrazando ni por qué estaba involucrado en una reunión con toda esa gente peligrosa.
Después de soltarlo, Taehyung miró a Jungkook con una expresión neutral y luego tomó asiento en su lugar, dando la señal de que la reunión podía comenzar.
—Bien, ayúdenme a tomar una decisión sobre qué hacer con el chico —dijo Jungkook, con cansancio en la voz.
—¿Quemarlo? —sugirió alguien.
—¿Tirarlo al río? —dijo otro
—¿Cortarlo en pedazos? —añadió alguien más, mientras las risas cortas y tensas llenaban la habitación.
Taehyung, sin embargo, habló firme:
—Que no sea matándolo. Ya dije que no quiero que lo maten.
El silencio se hizo en la sala mientras todos consideraban lo que había dicho.
—¿No podemos solo soltarlo y ya? —insistió el peliazul.
—¿Qué parte no entiendes de que va a ir directo a la policía, Tae? —respondió uno de los presentes, más bajo que los demás y con el cabello igual de oscuro que la noche.
Jungkook intervino con una decisión
—Está bien, esto es lo que vamos a hacer: el chico se va a quedar aquí, pero solo por un tiempo, hasta que decidamos bien qué hacer con él, ¿de acuerdo?
—¿Entonces lo vas a tener secuestrado en casa? —preguntó incrédulo
—¿Tienes otra opción que proponer? — lo miró con seriedad, y al no recibir respuesta, continuó— De acuerdo, hacemos lo que dije. Obviamente va a tener tareas como todos aquí, y no va a poder salir ni a el jardín ni al estacionamiento. Algo en él me genera desconfianza. Pero ya sabe lo que le pasará si intenta escapar, ¿no es así? —miró a Jimin esperando una respuesta.
El rubio, tembloroso, solo asintió con la cabeza.
—De acuerdo. Taehyung, ya que ahora eres el defensor de los pobres, tú te encargarás de él —dijo con tono burlón, provocando algunas risas en la sala.
—No soy ningún defensor de pobres, y ¿sabes qué? Estoy encantado de encargarme de él —respondió desafiándolo con una sonrisa.
—Bien, entonces todo está resuelto. Ahora vuelvan a trabajar, que no estamos aquí para perder el tiempo —concluyó poniendo fin a la reunión.
Uno por uno, los hombres comenzaron a levantarse y abandonar la sala, pero Taehyung se quedó en su lugar, mientras Jungkook organizaba unos papeles en el escritorio de atrás.
—¿Lo hiciste por mí? —preguntó el chico, sentado en su lugar
—Sí, lo hice por ti... —respondió, con la mirada fija en su hermano menor— ¿Sabes que cuando papá se entere de esto, va a castigarme, verdad? No puedo simplemente desobedecer una de sus órdenes.
—Puedo hablar con él e intentar convencerlo de que no lo haga — levantándose lentamente.
—No, Taehyung, así no funcionan las cosas. Me sorprende que, después de tantos años, no sepas cómo nos manejamos. Una orden es una orden, y hay que cumplirla, especialmente si viene de papá. Lo sabes muy bien.
Ambos quedaron en silencio durante unos segundos. Taehyung rompió el silencio caminando hacia él.
—Lo siento —dijo con sinceridad— Jungkook, solo quiero que todo esté bien. Ese chico no hizo nada malo y es injusto que muera por algo tan tonto.
—Lo sé, pero no hay otras opciones. ¿Qué crees que haría si lo soltáramos? No iría a su casa y seguiría como si nada hubiera pasado, ¿lo entiendes? —respondió con un suspiro pesado.
—Lo entiendo, pero... ¿hasta cuándo va a estar con nosotros? No puede quedarse aquí toda la vida. Además, yo tengo que trabajar, y sabes que soy de los más ocupados —dijo con preocupación en la voz.
—Se quedará hasta que pensemos en algo mejor. Y no te preocupes por el trabajo; los guardias estarán al pendiente de él cuando tú no estés. Solo explícale cómo funciona todo aquí y dale tareas para mantenerlo ocupado.
—De acuerdo... —respondio dándose la vuelta para irse. Pero, antes de salir, volvió y abrazó a su hermano— Lo siento por gritarte.
—No pasa nada. Ahora ve —dijo devolviéndole el abrazo antes de verlo marchar.
Taehyung salió de la sala y se encontró con Jimin, quien al parecer lo estaba esperando.
—¿Me estabas esperando? —preguntó Taehyung, extrañado.
—Los demás me dijeron que te esperara aquí —respondió Jimin, encogiéndose de hombros.
A Taehyung le sorprendía ver a Jimin tan abatido. Aunque estaba vivo, lo cual debería hacerlo sentir mejor, el rubio parecía triste o frustrado.
—¿Por qué estás así? ¿No estás feliz de estar vivo? —preguntó Taehyung, tratando de animarlo.
—Claro que sí, y de verdad te lo agradezco. Sin ti, estaría muerto. Solo que quedarme aquí no parece una gran opción —admitió Jimin, mirando al suelo.
—Lo sé, pero es lo mejor que podemos hacer por ahora. Tal vez, en unas semanas, puedas volver a tu casa.
—Eso espero —respondió Jimin, dejando un silencio incómodo entre ambos.
—Bueno, vamos a empezar. Tienes que saber varias cosas, así que prepárate —dijo Taehyung mientras caminaban hacia la sala de estar—. Lo primero que debes saber es que somos un grupo de seis personas que trabajan para Jeon EunJi. Él es el jefe de la mafia coreana e italiana, y es el padre de Jungkook.
—¿Tú y Jungkook no eran hermanos? —preguntó Jimin, mientras se sentaban en uno de los sofás.
—Sí, lo somos, pero yo soy adoptado, por eso mi apellido es Kim. No es importante —Taehyung hizo una pausa—. Cada uno de nosotros tiene diferentes roles. Namjoon es nuestros ojos; él controla las cámaras por toda la ciudad y nos guía en las operaciones. Jin se encarga del laboratorio, creando nuevas drogas y enviándolas a las fábricas. Hoseok y yo somos los encargados de distribuir esas drogas a los clientes. A veces pasamos la noche entera haciendo entregas. Luego está Yoongi, la mano derecha de Jungkook. Él hace trabajos de campo y, bueno, tiene la sangre fría para las misiones más difíciles. Por último, está Jungkook. Es como un segundo jefe después de papá. Controla varias ciudades, tanto en Corea como en Italia, y se encarga de las entregas importantes o de supervisar las fábricas. También participa en operaciones arriesgadas, como Yoongi.
—Si antes les tenía miedo, ahora aún más —murmuró Jimin, asombrado por todo lo que acababa de escuchar.
—No tienes que tener miedo —sonrió Taehyung—. Sé que es mucha información de golpe, pero lo entenderás con el tiempo. Aquí somos inofensivos, al menos contigo. Eso sí, tengo que advertirte que Jungkook se enoja fácilmente, especialmente estos días que ha estado muy estresado por temas familiares. No hagas nada que pueda molestarlo. Ahora, te voy a asignar algunas tareas que tenemos en la casa. Se supone que cocinamos por turnos, pero casi siempre lo hace Jin. ¿Sabes cocinar?
—Sí, cocino todos los días antes de ir a la escuela.
—Perfecto. No tenemos días específicos para limpiar, pero asegúrate de recoger lo que ensucies. Nos gusta mantener el orden. Cuando yo no esté, los guardias se encargarán de ti. No te preocupes, no entran a la casa, solo cuidan los alrededores. Creo que eso es todo por ahora.
—Está bien, creo que lo entiendo todo.
—¿Seguro? Sé que es mucha información y muchos cambios, pero te acostumbrarás. Solo mantén la calma —dijo Taehyung con una sonrisa.
—Estoy bien, no te preocupes. Gracias por ser tan amable conmigo. Desde el principio me trataste como a un amigo, y de verdad lo agradezco.
—No hay de qué. Me caes bien, y vamos a pasar tiempo juntos, así que me gustaría que fuéramos amigos. ¿Qué dices?
—Está bien —respondió Jimin, devolviéndole la sonrisa.
—Tienes una linda sonrisa —dijo cautivado.
—Me lo dicen seguido, pero creo que es por mis ojos. Cuando me río, no puedo ver nada, y a la gente le parece lindo. Aunque, sinceramente, odio no poder ver lo que pasa a mi alrededor.
Ambos rieron y continuaron charlando durante horas, hablando de cosas triviales, como su comida favorita y recuerdos de la infancia. A medida que la conversación fluía, se sintieron más cómodos el uno con el otro. Jimin, al menos por un rato, se olvidó de su familia y de la angustia que probablemente sentían por él.