1. Las hermanas
- Debes aferrarte a un buen recuerdo, es la única manera.
Narcissa asintió, recostándose sobre el piso a un lado de su compañero de cabello oscuro. Tenían que sobrevivir, no porque tuvieran una causa en específico, sino por mero instinto. El instinto era lo único que les quedaba en ese lugar.
- Haz un intento ahora, como un ensayo.
- Ya casi no me acuerdo de nada - la rubia confesó en voz baja.
- Eso es lo que ellos quieren, no puedes dejarlos ganar, Narcissa.
- Es que estoy muy cansada.
- Hazlo, Narcissa. No tienes opción.
Y ella lo hizo, suspiró dejando que el frío del suelo la invadiera por completo, haciéndola viajar hacia sus recuerdos de invierno, cerca de Navidad. No estaba segura del tiempo que había pasado desde entonces pero ya no importaba tampoco, el tiempo era completamente secundario.
Se transportó automáticamente al cuarto de Bellatrix, lleno de cortinas verdes y encajes oscuros enredados entre los pilares de la cama. Podía oler la canela y el incienso encendido por su hermana mayor y su mente la creó tal y como era en aquel entonces.
Cuánto había amado a sus hermanas. Claro que amarlas no quería decir que no quisiera maldecirlas al menos una vez al día por cosas que su madre clasificaba cómo "cosas de niños".
- ¡Ay, Bella!- chilló nuevamente, al sentir el maleficio punzante lanzado por su hermana.
- Si no fueras tan llorona, esto sería mucho menos divertido.
Bellatrix sonrió, ocultando su varita. Estaba en su primer año en Hogwarts y para llevar solo unos cuantos meses ahí, había aprendido más de lo necesario y eso lo sabía la piel punzante de Narcissa.
La rubia no dijo mucho más luego de eso, prefiriendo desaparecer de la habitación de su hermana y trasladándose a pasos arrastrados hacia la suya propia.
Andrómeda acomodaba sus muñecas en el cuarto de al lado. Estaba organizando todo por tamaños mientras esperaba a que estuviera una pequeña tetera de té hecha de porcelana. Había escuchado el lío de sus hermanas, pero preferido no intervenir. Bellatrix podía ser vengativa si se lo proponía.
Para Narcissa, los días antes de Navidad solían transcurrir increíblemente lento. Atrapada en el pasillo de las habitaciones de sus hermanas, mirando a la nada y encontrando figuras imaginarias en el techo. Fue por esos días que había comenzado a pintar al óleo, pobres intentos al inicio pero sentía como con la práctica iba mejorando notablemente.
- Es un pasatiempo estúpido - había escuchado a su madre decir.
- Al menos así no corretea por toda la casa, Druella.
Su padre era el que siempre le llevaba un montón de materiales para seguir pintando, incluso había alcanzado a escuchar que esa Navidad su regalo serían unos pinceles nuevos con pelo de zorro.
Cerró la puerta de su habitación, decidida a armarse un nuevo escenario dentro de su cabeza. Cerrando los ojos, se enfocó en lo que desearía que pasará próximamente: quería una Navidad divertida.
Quería poder salir a patinar como hacían los chicos, hacer muñecos de nieve, ángeles acostada sobre la nieve helada, quería correr y sentir el aire congelado golpeando su rostro.
Quería chocolate caliente y galletas, quería hornear rollos de canela y aprender a rellenar el tradicional pavo, anhelaba bailar al ritmo de algo tocado en el piano, con mostrarle al mundo lo bien que se le daba el violín. Quería todo lo que no se le permitía hacer en esa casa.
- ¿Soñando despierta? - Andrómeda entró, casi sin hacer ruido.
- ¡Andy!- Narcissa gritó, sobresaltada - Debes tocar la puerta.
- ¿Por qué mamá lo dice? Por favor, Cissy, sabemos que eres más lista que esto.
- ¿No quieres hacer algo divertido? Los días aquí sin muy lentos.
- ¿Alguien dijo algo sobre hacer algo divertido? - Bellatrix asomó la nariz sobre el hombro de Andrómeda - Me apunto.
Narcissa sonrió. Tenía un montón de interminables listas de cosas divertidas que quería hacer, incluso había revisado algunos libros donde se mencionaban sitios muggles que se podían visitar.
- ¿Alguna vez han ido a un parque?
- Si no lo has hecho tú, nosotras tampoco, listilla- Bellatrix le sacó la lengua - ¿Qué es exactamente un parque?
- Como un jardín, pero con...cosas, se le llama juegos. Hay columpios, que son como mecedoras gigantes, resbaladillas que son rampas enormes para deslizarse y cosas que giran.
- ¡Cómo Holland Park! - Bellatrix bajó la voz- Tengo un conocido sagresucia, me habló sobre ese lugar. Podemos robar polvos flú e ir, si vamos rápido no se darán cuenta.
- ¡Sí!- Narcissa vitoreó dando saltitos.
- No sé si sea una buena idea...- Andrómeda suspiró- Madre nos asesinaría.
- Dolorosamente, ¿Y qué? - Bellatrix sonrió.- Podemos decir que celebrabamos el cumpleaños número 7 de Cissy.
- Pero mi cumpleaños es el 28 de mayo.
- ¿Y eso qué?
Narcissa se encogió de hombros y sujetó la mano de su hermana mayor.
-Yo voy.
Ambas miraron inquisitivamente a Andrómeda, que terminó asintiendo y bajando junto con ellas las escaleras a paso silencioso hasta la chimenea de la biblioteca.
Horas después, cuando fueron encontradas llenas de lodo, nieve en el cabello y un creciente posible resfriado pero eso sí, con unas sonrisas que no apagaba nisiquiera Druella Black enojada, lo único en lo que Narcissa podía pensar mientras escuchaba de fondo los alaridos de su madre era en lo mucho que le gustaría tener un columpio en casa. Y unos cuantos pavorreales.
Tiempo después, Narcissa recordaría ese día como el último en el que fue feliz y se preguntaría si ese instante fue el que lo cambió todo. Con la mejilla sobre el helado piso de concreto del hospital, viajaría de vuelta a aquel día rodeada de las risas de sus hermanas, sintiendo el Sol pegando sobre su rostro, el aire recorriendo su cabello. Cómo extrañaba salir.