I
Miro por la ventana con desinterés, el matiz de la luna alumbrando el bosque, brillando este tras una lluvia, tan crisalido y brillante.
Pero no sé compara con cualquier sonrisa tuya incluso en medio de la noche.
Aquel pensamiento me saco una sonrisa, una que solo tú puedes sacarme con tus hermosos cabellos rubios, tus ojos cuál zafiros y tú dulce olor a canela que desprendes. Tu sola existencia, tu mera sonrisa. No eres perfecto pero vaya como me has puesto, me haces sufrir noches incontables y a la vez me torturas de la manera más hermosa posible.
Me enamore de alguien a quien jamás podré tener.
Dejo mi tormento apartándome de la ventana y caminar por mi oscura habitación. Mañana sería un día más agotador de lo que quería creer ¿Por qué? La razón: Mañana sería el día en donde contraria matrimonio con Sakura.
No la amaba, sabía que ella de alguna forma lo hacía pero...Incluso después de tanto tiempo no podía olvidar al Dobe.
No hacia esto por venganza por el o para ponerlo celoso, ni siquiera eran nada si el le había estado motivando a esto. Se casaría con Sakura Haruno solo para restaurar su clan, no por placer ni por su felicidad.
Le dolía, más de lo que quería admitir, pero siempre que dejaba caer su cuerpo inerte a la cama era lo mismo, una triste y solitaria lágrima caía de sus azabaches ojos, extendiendo su mano a la otra mitad de la cama, como un lamento o un sueño. Repetía todas las noches lo que una vez pudo haber hecho, y como siempre, habría sido un cobarde para negarse a ello, apartar la mirada de su golpeado cuerpo, el mismo que el había lastimado, para negarse a cualquier tacto. Pero siempre habría deseado acariciar su dañada mejilla y pedirle lo que ahora solo podía murmurar al viento.
—Lo siento...Naruto.
Su lamento solo lo escucho el viento, antes de desacer aquel morboso recuerdo y dejar caer su mano en aquel vacío colchón, en donde pronto lo acompañaría una persona que no amaba, pensando como cada noche en la persona que amaba.
La mañana había transcurrido, se había cambiado despertado, ignorando cualquier cosa de la ostentosa boda, llena de rosa y flores.
Imaginaba que su boda con el rubio sería aun mas ostentosa y grande, girasoles y manteles blancos, soles enmarcados y lunas acompañándolo sobre el altar, abrazado uno al otro por la eternidad.
Mas sin embargo, faltaban minutos para la boda y el veía apático por la ventana aquella boda empalagosa, vestido al menos con una yukata totalmente negra, ni siquiera le gustaba, hubiera puesto un sol a su espalda y detalles dorados, y en la bella yukata de Naruto una luna enmarcada en su espalda con detalles azules.
Sabia que hubiera sido la boda perfecta.
Interrumpiendo su pensamiento, escucho alguien tocar la puerta, se imaginaba que seria Kakashi para darle algún sermón sobre las mujeres, así que lo dejo pasar.
Pero grande fue su sorpresa cuando vio unos largos mechones abrir la puerta.
—¡Teme! ¿Cómo estas? ¿Emocionado por la boda? Yo si, ¡Note que metieron ramen de puerco en el menú así que estoy ansioso en ya ir por el con mi mejor amigo recién casado deberás!
Lo escucho gritar con tanta alegría acercándose a el, con una sonrisa enorme y aquella felicidad que desprendía con solamente estar con el. Obviamente yo pedí el ramen sabiendo que al instante te alegrarías, como si se tratara del sueño de nuestra boda.
Naruto Uzumaki ¿Puedes solo hoy hacer menos triste mi condena?
—Hable con Sakura-Chan hace un rato, esta realmente nerviosa pero muy muy feliz, no paraba de gritar de lo afortunada que era deberás.—Y con aquella misma felicidad te acercaste hasta estar a un lado mío, obligándome sin descares a oler tu embriagante olor.
Tu eras tan hermoso, no habías cambiado desde que teníamos 17 años, estabas un poco mas alto pero yo siempre te rebasaba, aparte de eso, tus ojos, tus labios, tu pelo y tus mejillas. Estabas tan hermoso vistiendo de igual forma una yukata negra mas ajustada que la mía en tu delgado y delicado cuerpo.
Listo para acompañarme como mi padrino.
—¿Y tu, Dobe? ¿No planeas casarte? Ya tienes 21.
—Na~ eso no es para mi Teme, además, estoy muy ocupado con mis estudios para ser Hokage. Kakashi-sensei dice que si sigo así seré el segundo Kage mas joven de la historia ¿No es genial?
No pude contestarte. Es verdad, me habia enterado hace poco que la Hyuga habia declarado sus sentimientos hacia ti y tu la rechazaste, aquello me lleno de esperanzas hasta este momento.
—¿Te gustan los hombres, Naruto?—Te pregunte lo mas serio posible, sin siquiera apartar la mirada del vestíbulo. Pareció que te sobresaltaste, algo a lo que siquiera pude apartar mi alegría.
—¿Cómo crees, Teme? ¡Claro que me gustan las mujeres, que no quiera estar con ninguna no tiene nada que ver!
Trate de no demostrar nada en mi rostro, como si eso no fuera el arma mas dolorosa que me han clavado, antes de que la campana sonase iniciando la ceremonia.
Los gemidos se escuchaban por toda la habitación, pasado el tiempo de nuestra boda hasta la luna de miel, penetraba a Sakura sobre la cama mientras ella arcaba su espalda al igual que un gato.
Sakura era hermosa, su cuerpo y su rostro, no podia evitar excitarse, dar estocadas casa vez mas fuertes para escuchar sus gemidos, dejando caer su cuerpo sobre su espalda para rasguñar su senos, sentir sus jugos mezclarse con cada movimiento hasta que los sonidos por parte de ella no callasen.
Era hermosa, lo admitía, pero no lo disfrutaba, escuchaba su lado animal para esto, manteniendo sus ojos cerrados mientras el sonido obsceno en la habitación crecía, porque sabia que si en ese mismo instante sus ojos habría, encontraría su piel canela y sus rubios cabello.
Uzumaki Naruto. Odio amarte tanto.
Al sentir como las paredes internas de la chica se comprimían, supo que se había venido pensando en el rubio, algo que no hizo más que sacarle una leve sonrisa, antes de dejarse caer a un lado de la cama.
Cómo sea, solo tenía que asegurarse de que Sakura quedase embarazada para irse de nuevo de la aldea.
Naruto ya no lo perseguirá, era lo que más dolía, lo que como noches anteriores lo atormentaba.
Solo desearía, haber aprovechado todos esos años para tener al rubio en sus manos, solo para el...
¿Cuánto tiempo había pasado desde eso? 12 años, 12 años en donde no había dejado de pensar en el rubio.
Sabía que era enfermo, después de tantos años pensar con detalle todas las cosas que hubieran hecho juntos, la casa, el trabajo, cada cita, incluso había pensado como de alguna manera restablecer el clan Uchiha-Uzumaki con el, tenían dos Sannin de su lado y 9 bestias con cola de su lado, no sería imposible darle un útero a Naruto y procrear felizmente los clanes.
Pero no era así, era un cobarde, razón por la que me había ido tanto tiempo, razón por la que deseo haberse disipado. Tomo la opción más fácil, y desedio tomar las consecuencias.
Mismas que veía a la distancia, en aquellas lejanas puertas que daban paso a la aldea.
Pero lo que más me importaba, lo que hizo que apretara mis dientes con fuerza, que mis ojos atónitos se abrieran, cristalinos y brillantes. Fue verte a ti, si, parado en las puertas de la aldea con tu enorme sonrisa y tú gorro de Hokage.
Solo tu puedes hacer que me sienta tan feliz y tan desesperado al tan solo verte.
Corrió, corrí directo a ti, algo que pareció alegrarte y me seguiste, ambos éramos fuertes y rápidos, llegamos al instante el uno al otro y te abrase al instante en el que te tube entre mis brazos, con desespero inhalando el embriagante olor que tú no habías dejado.
Al apartarnos vi tu sonrisa, pero también tus largas ojeras y pastoso pelo, no tan brillante como hace unos años pero al menos lo seguías manteniendo igual de largo, cansado y esquelético.
Si fueras mío jamás te verías de esta forma, te apreciaría cuál angel y aunque tuvieras un millón de años seguirías hermoso como aquellos días.
—Hola Dobe. Me alegro que hayas cumplido tu sueño.
Y tu sonrisa me cautiva, aún tras tantos años.
—¡Gracias Teme! Pero no perdamos el tiempo, ven a conocer a tu familia.
Tomaste mi hombro y mi acompañaste a mi segundo tormento, como un podrido sueño.
Y tu mi menguante luna.
Ahí estaba, aquel momento de mi vida del cuál me arrepiento, y allí, mis consecuencias: una niña, pelo negro y ojos negros, vestida de rojo e iguales lentes en sus ojos.
Que horrenda era.
—¡Hey Sakura-Chan, Sarada! Miren a Sasuke, al fin lo traje ¿No?
Hiciste esa broma, ambas no se lo tomaron con risa más yo levemente carcage.
—S, di lo que quieras Hokage ¿Te invito un ramen y me muestras la aldea?
Pregunté casi de inmediato, sin apartar su brazo de mi hombro o tu esplendor de alegría.
Realmente no quería estar con ellas dos, no eran su familia, ya había cumplido su propósito, tenían dinero y comida, ahora quería volver después de tanto tiempo disfrutar el tiempo con el bello rubio a lado suyo.
—Bueno ya que insistes ¡Voy a pasar un rato con mi mejor amigo! Espero y no les moleste chicas.
Pero ni siquiera las dejaste responder, me arrastrarste mientras corriamos lejos de ellas.
Siempre te ame por estás simples cosas. Que para ti son tonterías, para mí son mi todo y mi más.
Caminamos un rato, platicando entre risas y bromas, hasta que tú me habías dicho eso.
Que todos seguimos con la vida.
—¡Oye Teme! No te conté, me case hace unos años, prácticamente después de que tú te fueras, y ahora tengo 2 hijos, Boruto y Himawari, son muy adorables, deberías pasar a verlos algún día.
Espero y no te hayas dado cuenta cuando me sacaste el aire por completo del cuerpo, deteniendo mi corazón por completo.
—Sorprendente ¿No? Decidi tomar tu consejo y cansarme. No descuide mi puesto de Hokage a los 22 años, pero ¡Eh! me case con Hinata, es muy linda, aunque sigue siendo muy tímida.
Hyuga. Debiste haber muerto junto a tu primo.
—¡Ah! Y Boruto, parece que me odia, mi hijo mayor y ya quiere deshacerse de mi, ya no sé cómo terminará mi pequeña Hima.
Escucho tus lamentos, cansado, realmente no disfrutas esto de familia, yo tampoco, pero no puedo decírtelo.
Me queda odiar a nuestros hijos a la distancia.
Nasuke no sería como ellos dos, ni Menma, ni Saruto, ellos serían los hijos perfectos que te amarían y cuidarían por la eternidad...
Si tan solo existieran.
Caminando por la aldea, escuchando tus pensamientos, tus ideas y sueños: descansar en un lugar remoto junto a tu familia, mientras las personas te admiran y te sonríen, y tú cómo siempre devolviéndoles la sonrisa aún más hermosa.
Comimos en tu lugar favorito “Ramen’s Ichiraku’s” La comida no es tan buena pero parece que tienes un gran sentimiento hacia el local y a sus personas y no solo a la comida.
Yo también fui tan especial que te aferrarse a mi por el sentimiento que me tenías.
Mejor amigo.
Parece que dentro de tu cabeza resuena la melodía más divertida y alegre del mundo.
Por otro lado, yo siempre escucho la melodía de un triste piano en medio de la incertidumbre, en un mundo grisaseo dentro de una casa abandonada o este mismo lugar, gris y muerto mientras que las personas de negros colores pasan sin siquiera ser reconocidos.
Pero por alguna razón tu siempre brillas de un intenso color dorado, adornado con tus brillantes piedras azules de ojos.
Yo adorado te veo sin preocupaciones, como si no desbrochara en mis ojos el intenso amor que te tengo.
Y aunque no parezcas notarlo, yo te he de admirar hasta perder mis ojos, y ni así, oleria tu delicioso olor y tú cálido calor.
Naruto Uzumaki, eres perfecto.
Caminamos un rato mas a la torre de Hokage después de haberme ofrecido acompañarte, con una sonrisa aceptaste y ahora caminamos en silencio. No uno incomodo, nuestros silencios siempre fueron especiales, entre miradas y sonrisas culposas.
Es lo que amo de ti, en silencio, en lluvia o en sol, tu siempre me haces sentir querido.
Al llegar a tu oficina me ofrecí a ayudarte. Espero no haber sonado tan desesperado a como me sentía para no abandonarte.
Pero te negaste y me diste el día libre, la verdad no quise hacerte enojar y nos despedimos con ese tonto apodo de Teme-Dobe. Lo que daría por despedirnos con amor y cariño
“No llegues tarde a la cena, los niños te estaran esperando”
“Claro amor, descansa, no te estreses de tu viaje. Yo te estaré esperando a ti también en la noche”
Pero nada era cierto. Cerré la puerta con desgana y me apresure a irme por una ventana.
Corrí lo suficiente para llegar a mi antiguo hogar, al que ahora poco quería entrar. Adornado con flores, limpio y brillante en tan solo el porche, con aquel abanico Uchiha con un circulo uniendolo.
Se vería mucho mejor con un remolino en medio. Avivando el fuerte fuego de nuestro Clan.
Mi antiguo hogar me traía muchos recuerdos de mi infancia, tanto buenos y malos. Pero dejé ir el aire que inconscientemente se acumulaba en mis pulmones antes darme la vuelta.
Pasaría la noche en el bosque como tantos años, no era ningún problema al negarme.
Las horas pasaron, yo vagamente, sentado en la rama de un árbol veía la foto que nos hicimos, una foto en donde no estaba nadie más que nosotros, y he de presumir, es la foto más si riente en la que te visto. Todo parecía perfecto en ella, a minutos de marcharme de la aldea, nuestras sonrisas en el único día brillante y despejado del invierno, como si algún dios se haya puesto a nuestro lado para sonreírnos.
Pero ahora el sol terminaba de ocultarse, de los colores más dorados a violetas, apartaba la mirada para ver ese único instante en donde ambos colores se unían en las montañas, y era hermoso, como unos lo seguía al otro para terminar del brillante día, dando paso a las estrellas y a aquella brillante luna.
Miro al cielo para contemplarla, apenas siendo un fantasma, tan solitaria y casi sin estrellas. La compadecía, no quería ser ella, no quería encontrarse e unirse al sol solo una vez, porque presentía una vez que aquel momento ya habría pasado y no lo había disfrutado como debía.
Entonces volvió al mundo, el sol ya se había ocultado y pronto Naruto llegaría a casa. Tal vez podía darle una visita inesperada a la tan descarada “familia” que tenían. Que ni siquera merecían el título de llamarse familia del ser más cercano a los dioses, no si no lo amaban y lo apreciaban.
Camino un poco, a paso lento pues realmente no tenía mucho de su vida que perder ese día.
Así que al llegar a la casa, la más grande suponiendo que se trataba de ella. Tocó el timbre, y lo primero que vio fue al hijo de Naruto. Al niño que mataría pronto.
Tenía toda su cara, ojos azules, pelo rubio y dos marcas en sus mejillas. Pero no era el, no era especial, no tenía ese brillo.
—Hey niño ¿No ha llegado Naruto?
Le pregunté, pero este no contesto al instante.
—El viejo nunca llega tan temprano.
Vuélvele a llamar así y tendré que arrancarte la lengua.
—¿Eres su hijo?
—Lamentablemente.
Lamentable es tu existencia basura humana.
—Sal, tenemos que hablar.
No quise rodear el tema mucho tiempo. El parecía desinteresado pero termino siguiendome hasta el patio de la casa.
Era por irá, todo lo que hacía e hice en mi vida fue guía de la venganza y el odio, y por más que lo enterraba, ver a este niño que no me pertenecían.
Me Aborrecía.
Solo lo tome de sus cabellos y los golpe con mi rodilla, era muy débil no podía defenderse, así que termine por patearlo hasta que chocará contra un árbol cerca.
Escuché como tu esposa salía junto a tu hija, Himawari.
Tu no merecías esto.
Merecías algo mejor.
Me merecías a mi.
Desvaine mi katana, la Hyuga pareció asustarse apartando a tu hija, atemorizada por ambos ojos míos del infierno viéndolas directamente junto al filo de mi arma, pude haberlas matado y acabar con todo esto, tu no las amabas, no como merecías, no merecías esto.
Me merecías a mi.
Pero decidí no hacer nada y apartar mi katana.
—Hyuga. Tu hijo es bastante débil, solo venía a hacer mis pruebas. Espero no volvernos a ver nunca.
Y con ello, me teletrasporte gracias al Rinnegan cerca de la casa y el camino a la torre del Hokage.
Y no me equivoqué, venías caminando con unas bolsas en mano, cabeceando y casi dormido.
Yo me acerque a ti, corriendo como hace unas horas, parecisiste verme y sonreír, pero esto no sería como hace un tiempo, haría lo que tuve que haber hecho la primera vez que te abrace.
Recorrí mis manos en tu cabeza y la hacer que a la mía, tan rápido, sentí tu respiración pesada sobre mis labios, antes de besarte sin frenesí, dejando ir todo lo que estos años he acumulado.
No me importaba tu reacción, cualquier cosa podría irme, pero ver cómo desperdiciamos nuestras vidas con personas que no amamos, me demostró lo mucho que quería hacer esto contigo.
No me detuve, pero lo que me sorprendió de ti, es cuando correspondiste mi beso, sintiendo como tus labios se movían con la misma ansiedad y desespero.
Rápidamente, los besos se convirtieron en mordidas y las leves carísimas en algo más fuerte reñido.
Lentamente, baje mis manos hasta tocar tu jugoso trasero al que siempre desee gozar con mis manos mientras tú desesperado recorrias tu manos por encima de mi camisa, soltando gemidos en medio de nuestro beso.
Juro, todo parecía un sueño, tus ojos cristalinos y tu gran color rojo en tu mejillas, tan adorable e inocente como si tuviéras 17 años.
No dijimos nada al parar el beso.
Nos miramos a los ojos, como si fuera una eternidad.
Y cuando me di cuenta...
Abrí mis ojos ante el sol de la mañana, que atravesaba las hojas de los árboles.
Me quedé estático unos segundos, sobre mi apresurada cama de hojas el día anterior, sintiendo como un bulto en mis piernas apretaba mi pantalón.
Maldita cabeza.
Maldito Naruto.
Naruto.
Por primera vez después de tanto años volveré a verte.
Y haré lo que sea para recuperarte.