𝐶𝑎𝑝𝑖𝑡𝑢𝑙𝑜 𝑈𝑛𝑖𝑐𝑜
El sonido de las sirenas policiales, el caucho de las ruedas y el aroma a gasolina regada en el suelo por algún patrulla con alguna pequeña pérdida debido a algún accidente o disparo inundaba el gran parking de la comisaría de Los Santos en aquel día cálido. Dentro del mismo, se encontraba el alumno Freddy Trucazo hablando por su radio, consultando el estado físico de su compañero de patrullaje que había recibido un disparo en una persecución.
El sonido de la sirena del patrulla se detuvo, dejándolo en silencio mientras esperaba una respuesta de algún médico. Cerró sus ojos y se cruzó de brazos unos instantes, pensando en sí esperar a que Jack saliera del hospital o seguir patrullando solo. El sonido de unos pasos acercandose a él hizo que abriera sus ojos de nuevo, viendo al superintendente Garcia.
—Buenas.—Saludo animado el menor, era muchos años más joven que él, pero su posición jerarquicamente alta nadie se atrevía a cuestionarla, pues se mostraba capacitado para ser el jefe de Los Santos.- ¿Qué sucede?¿Jack de nuevo comió suelo?-Dijo con un tono burlesco al recordar como su anterior compañero de binomio siempre solía ser abatido antes que él.—
—Chim. —contestó mientras asentía con un poco de gracia contagiada por el contrario, viendo como del tablero de llaves policiales tomaba las llaves de un Zeta 4 y se dirigía a los vehículos estacionados—
Garcia se detuvo a los pocos pasos de distancia, volteandose por encima de su hombro para ver al azabache.
—¿Patrullamos juntos, alumno Trucazo?
Antes de llegar a contestar, el mayor recibió finalmente la respuesta del médico diciéndole que Jack estaba fuera de peligro, pero que debía quedarse en observación por unas horas a causa del disparo y sobre todo por el latigazo que había recibido al frenar. Por suerte no iban en el mismo patrulla.
—De acuerdo superintendente.—El azabache caminó algunos pasos apresurados hasta su superior, yendo juntos hasta el patrulla.—
Al subir ambos se colocaron los cinturones de seguridad y se pusieron en H-50. El superintendente iba conduciendo mientras el azabache iba marcando alertas y avisando por la radio.
Pasaron varias horas juntos de esa forma, divirtiéndose al ser un poco traviesos con los ladrones; dejando escapar a los asaltantes menores sólo porque les caían bien, atropellando a los que les caían mal, o incluso molestando simplemente a los civiles que se encontraban agrupados en alguna zona como Plaza de Cubos.
Sin darse cuenta, la noche comenzó a caer, lo que significaba que ambos tenían que rotar hacia el Norte donde todavía no estaba activa la comisaría de los Sheriff's, y que para no liberar la zona, los policías iban rotando entre el Grupo A y el Grupo B, sobre todo para no hacer repetitiva la rutina de ambos grupos y que pudieran divertirse, ya que por el Norte había muy poca delincuencia. Poca pero no inexistente.
Durante el viaje al Norte habían aprovechado a pasar por la ruta cercana al mar, dejando las ventanas abiertas para que la brisa salada les refrescara los sentidos mientras disfrutaban de la compañía mutua.
Freddy observaba el mar que parecía no tener fin, aunque para verlo tenía que mirar a su izquierda donde estaba el Superintendente, y sin darse cuenta, terminó siendo hipnotizado por su superior. Aquellas pestañas rubias que se agitaban con suavidad por la brisa que inevitablemente se colaba por los costados de sus lentes negros graduados, los ojos apagados de un bonito tono turquesa durante la noche y de día un celeste cristalino, las pequeñas y leves aureolas oscuras en el párpado inferior sólo hacía más notorio el tono de los iris cuando se quitaba las gafas.
Su mirada se dirigió a su nariz, parecía operada de lo recta y bonita que le parecía. Las mejillas parecían tersas y tiernas. La oreja visible donde tenía varias perforaciones con joyeria combinada de color plateado y negro. Los labios rosados y algo carnosos que se encontraban humectados gracias al bálsamo que cada tanto Garcia recordaba ponerse debido a la resequedad que le causaba los cigarrillos. Su mirada se posó en el cuello contrario, la piel pálida donde resultaban algunas venas lilas con tal levedad que debía enfocarse en verlas, o como su manzana de Adán se movía al tragar saliva o aclarar su voz con levedad.
Su mirada bajó un poco más, estaban en el comienzo del verano, así que las temperaturas ya no eran tan frescas y cada vez se tornaban más calurosas, por lo que ver un poco más de aquella piel tintada con diversos dibujos permanentes gracias a una camisa de color negro arremangada hasta los codos le parecía lo único bueno del calor. La ropa del superintendente tampoco era mala, pero parecía disfrutar vestirse como cualquier otro agente, sin nada que resaltara su puesto, ya que ese tipo de camisas se las había visto incluso a James. Quizás debido a esa humildad y su trato amable era el porqué la malla era tan organizada y respetaba al superior.
Los brazos del blondo estaban estirados hacia el frente con levedad para tomar el volante con sus manos cubiertas por guantes de cuerina negra. Podía observar con facilidad los músculos algo tensos del superior, quizás por el cansancio diario que ya a esa hora lograba sentirse en sus cuerpos.
Su mirada bajó un poco más, viendo como de costado con facilidad se veía mejor la figura contraria, donde la complexión delgada pero ejercitada del contrario se apreciaba con facilidad por la zona que el chaleco delgado no ocultaba. Los pantalones de vestir negros tipo skinny que casi parecían un cono debido a ensancharse con levedad por los muslos ejercitados que tensaban levemente la tela al sentarse.
Su mirada no llegó a bajar lo suficiente para ver las zapatillas negras de marca Converse que siempre tenía su superior, de las cuales parecía tener en toda la gama disponible de colores para combinar con toda ropa que se pusiera, ya que volvió a subir sus iris negros al sentirse observado, viendo al mayor con la mirada fija en él mientras esperaba un semáforo en rojo.
El contraste de la luz roja iluminando el rostro ajeno le permitía notar la penetrante mirada ajena sobre él, seguidamente, vio como sonrió de forma traviesa para volver a comenzar a conducir una vez la luz se puso verde. Freddy desvío su mirada a el bosque a un lado de la carretera, contrario al precioso mar donde las aguas se mesian hipnoticamente.
No muchas veces lograba coincidir en sus turnos con su superior, ya que sus horarios eran diferentes y las pocas veces que coincidian el menor se la pasaba en su despacho por el papeleo o patrullando con el comisario Navarro.
Eso le recordó dos cosas; la primera, era como el primer día que vio al rubio inevitablemente cayó en sus preciosas manos. Parecía tener un don para hacer que todos sus agentes estuvieran con y para él. Quizás era su carisma, su personalidad ambivertida que le hacía coincidir bien con extrovertidos e introvertidos, el humor ácido que se controlaba dependiendo de la persona o simplemente la amabilidad con la que trataba a la gente, incluso controlando su risa cuando algo gracioso sucedía para no hacer sentir mal a la otra parte. Y quizás, tanto él como muchos otros, inevitablemente terminaron teniendo un amor platónico por el superior.
Y lo segundo; fue una pregunta que tenia hace días. No lograba entender como alguien tan poco capacitado como Navarro fuera comisario. Se la pasaba suspendiendo de empleo y sueldo a cualquiera que no hiciera lo que quisiera, casi como un dictador. Le recordó la vez que, frente a él y sin ser chusmerio de la comisaría, suspendió a Gordon y le dijo que hablaría para degradarlo o incluso expulsarlo del cuerpo por elevarle muy levemente el tono, cuando había sido el propio Isidoro el qué lo había provocado a hablarle así al exasperarlo.
Su mente fue despejada por un pequeño bache en la calle de tierra y arena del Norte. Al notar que, al ser muy altas horas de la madrugada y nada sucedía en esa zona, se atrevió a hablar sobre el segundo pensamiento en su cabeza.
—Super, una pregunta.
—Adelante Freddy, dime.—Dijo García tranquilamente mientras su mirada se fijaba al frente, intentando ver en la intensa oscuridad nocturna sin luz lunar a causa de las nubes, intentando no atropellar ni por casualidad algún inocente animal. Sobre todo gatos salvajes.—
—¿Quién fue el que ascendió a Navarro?—Consultó, ya que sólo hace apenas unos meses recordaba a Isidoro siendo oficial primero y de golpe pasar a ser comisario luego de patrullar por muchas semanas con el superior, todos habían creído que había aprendido mucho al patrullar con el menor, pero no parecía en lo absoluto haber aprendido.—
El rubio se mantuvo en silencio un buen rato, pensando que Navarro le habia dicho como eran los ascensos y ahora estaba pidiendole uno. Llevo su mano al espejo retrovisor interior central, acomodandolo para verse en el reflejo mientras se arreglaba las gafas, aunque en realidad, con su dedo índice, apagó las cámaras del patrulla y el localizador con el pequeño botón. Seguidamente, manejó en silencio hasta una zona descampada, Freddy lo observaba en silencio también, creyendo que simplemente no iba a contestar su pregunta y quedaría en el aire.
Se sorprendió un poco al ver que el auto se detenía y Garcia colocaba el freno de mano. Una de sus respectivas cejas se arqueo al ver que su superior apagaba la bodycams se ambos. Aclarandose un segundo la garganta antes de hablar.
—¿De verdad quieres saberlo, alumno?—La voz un poco más grave de lo normal erizó los vellos de la nuca del azabache.—
—10-4.—Respondió el pelinegro con respeto, viendo fijamente a su superior.—
Su mirada se mantuvo fija en Gustabo y en sus acciones, viendo como se desprendía el cinturón de seguridad y se acercaba un poco a él. Por la contraluz de una única farola lejana, lograba ver como los ojos entrecerrados coquetamente de su superior lo observaba con atención. Su cuerpo inconscientemente retrocedió, hasta chocar contra la puerta del patrulla, quedando acorralado entre la superficie de vidrio y plástico, y el cuerpo del superior. El rostro ajeno se instaló cercano a él, invadiendo su espacio personal haciendo que las puntas de sus narices se rozaran con levedad.
—Aveces, para ascender, hay que hacer algunas cosas Freddy. ¿Estás curioso porqué quieres un ascenso?—La voz suave pero áspera del menor ingresó en sus sentidos, haciendo que su estómago cosquillara al sentir el aliento tibio sobre sus labios, casi dejando que saboreara el sabor que tenía la cavidad ajena; si pudiera adivinar, el sabor que podía saborear en sus labios era a tabaco y monster mango loco, dos cosas a las cuales su superior parecía ser adicto.—
—Bueno, sólo es curiosidad de porqué alguien incompetente como Navarro es un alto cargo.—su voz salió baja, chocando directamente con los belfos contrarios. El blondo dio una risita baja mientras su rostro se inclinaba hacía un lado, como si fuera a besarlo.—
—¿Esa es la forma correcta de dirigirse a su superior, Trucazo?—no pudo evitar dar otra pequeña risa al ver que los labios contrarios se tensaban en una línea recta, cayendo en cuenta que había faltado el respeto al comisario Navarro.—
—Lo lamento, superintendente.
—Puedo dejartela pasar. Y admitirte la forma en la que podrías ascender fácilmente.—al ver que el contrario no parecía negarse, sonrió levemente mientras seguidamente daba un suave suspiro sobre los labios ajenos. Su voz salió más profunda en palabras delicadas y bajas.—Depende del movimiento que decidas hacer, alumno Trucazo. Porque no importa que tan alto te eleves, sino que tan profundo te hundas.
Hubo un silencio durante unos minutos, ambos se miraban fijamente, manteniendo la cercanía que permitía que sus respiraciones se mezclaran.
—¿Comprendes a lo que me refiero, Trucazo?
—10-4, superintendente.
—¿y qué deseas hacer?¿quieres ascender?—su mano apoyada sobre el vidrio para acorralar al mayor se deslizó lentamente por la superficie hasta acabar en el muslo contrario, sólo apoyandose. Tampoco quería recibir un golpe por sobrepasarse tocándole descaradamente.—
El azabache se mantuvo inmóvil en su lugar, observandolo fijamente por detrás de sus respectivas gafas negras. El rubio creyó entender la respuesta y estaba por alejarse, cuando la mano ajena enguantada tomó su cuello con firmeza pero sin hacer suficiente presión para quitarle el aire, pero si la suficiente para hacer que el calor subiera desde el estómago del superintendente a su rostro, sin sonrojarlo demasiado, sólo haciendo subir hasta su cerebro una excitante ráfaga de extasis.
Su par de labios se abrieron con levedad, dejando salir un suave jadeo sobre los belfos ajenos. Su mano sobre el muslo contrario presionó la tela con sus dedos al sentir la húmeda y caliente lengua sobre su labio inferior, haciendo que su bajo abdomen cosquillara en lujuria.
—No deberías jugar con juego Gustabiño. Podría dejarte una cicatriz que nunca podrías olvidar.—Al ver la mirada deseosa ajena mirándolo con fascinación, hizo más presión con su cuello, sintiendo los latidos ajenos acelerados en las yemas. Con la mano libre retiró los lentes de ambos, viendo con más claridad los zafiros con brillos de deseo. Mordió con suavidad el labio inferior del superior, sintiendo como soltaba un suspiro entrecortado.—Voy a follarte tan bien que vas a tener que darme tu puto puesto.
Y al apenas terminar de pronunciar sus palabras devoró con hambre y deseo los labios ajenos, siendo correspondido por el mismo deseo mientras la mano del rubio se deslizaba hasta el miembro del contrario, dando suaves apretones por sobre el pantalón del uniforme policial en su miembro, haciendo al mayor jadear mientras sus labios se chocaban con fuerza y sus lenguas se encontraban en una húmeda danza placentera donde luchaban por el poder.
Trucazo deslizó su mano libre hasta el chaleco antibalas del contrario, quitandolo por los abrojos de los lados de las costillas que complementaban a la armadura y arrojandolo a un costado de los asientos, sin importar donde terminaba. Su mano se deslizó por la espalda del rubio, delineando la espina dorsal hasta llegar a la espalda baja. Uno de sus dedos se deslizó entre la camisa y el pantalón, quitando la camisa de por adentro de la ropa y deslizando su mano finalmente por debajo de la delgada tela negra superior, sintiendo como la espalda contraria se curvaba hacía abajo ante su tacto.
Su mano hizo más presión en el cuello ajeno al sentir la traviesa mano desabrochando su respectivo pantalón y escabullendose por dentro de su bóxer directamente. Un gemido gutural quiso escaparse entre el salvaje beso al sentir como el dedo índice ajeno hacia pequeños círculos sobre su glande húmedo, esa sensación de un placer suave le desesperaba y causaba pequeños espasmos placenteros en su pelvis.
Su mano volvió a bajar por la espalda contraria, está vez metiéndose dentro del pantalón y del brief gris ajeno, con uno de sus dedos contorneo la entrada, sintiendo como está se contraia al sentirlo y de los labios ajenos salían respiraciones cada vez más aceleradas y pesadas. Se tomó un momento y soltó un poco su mano del cuello ajeno para permitirle respirar con comodidad, pero no la retiró de ese lugar. Garcia debía entender que él tenía el control, era su movimiento, no el movimiento estratégico del superintendente. Sus labios se separaron y se permitió ver el rostro acalorado del superior, con los labios rojizos y mordidos, y esos malditos ojos apagados pero deseosos por él. Era una obra de arte.
La mano que se encontraba estimulando la entrada contraria salió de entre las ropas, la acercó hasta su respectiva boca y abrió la misma, dejando caer una pequeña cantidad de saliva sobre sus dedos. El rubio se acercó un poco y lo igualo, sacando su lengua para dejar caer una pequeña cantidad de su saliva. El azabache deseo joder aquella pequeña boca hasta romper sus labios y dejarle la mandíbula tan adaptada que sólo su pene lograra satisfacer al blondo, pero su deseo por joderlo detras era mayor, ya en otro momento dejaría al menor con su boca jodida. Si quería que se hunda muy profundo, él iba a hundirse muy profundo en él.
Con el pulgar y ayuda gran ayuda del menor bajó el pantalón negro de vestir y los briefs. Con los dedos ensalivados se dedicó a lubricar levemente el exterior de su entrada, sintiendo como ahora se contraia más debido a la sensación húmeda y resbaladiza gracias a sus guantes. Garcia dejó caer su rostro suavemente sobre el hombro contrario, aspirando el aroma a la colonia con notas de musk mientras sentía una de las largas falanges contrarias entrar en su interior, robandole un jadeo. Su mano dentro de la ropa interior contraria se deslizó hacia abajo, descubriendo la polla ajena para comenzar a masturbarla mientras sentía como el dedo ajeno en su cuerpo se movía lentamente intentando hacer que su entrada se dilatara.
Besó y lamió con lentitud el cuello del azabache para ahogar sus jadeos, intentando de esa forma distraerse de la incomoda sensación, ahogando sus sentidos con el embriagador aroma de la piel ajena con la colonia. Se sentía demasiado extasiado, lo cual sentía impropio de él mismo, ya que se había acostado con muchos de los bajos cargos, desde Isidoro y Filimeno hasta a Jack, pero sólo había sentido una suave lujuria, el que mejor lo había tomado era Isidoro, y por ello únicamente le había dado un puesto alto, pero quizás con Freddy podría ser diferente.
Su cuerpo estaba jodidamente caliente por solo sentir el frío tacto de la tela sobre su calurosa piel, su estómago daba un brinco y cosquillaba con sólo escuchar los graves gemidos guturales ajenos o los pequeños gruñidos ahogados cuando su dedo pulgar presionaba la uretra de su pene, quizás era el aroma de su piel que lo estaba volviendo loco y le daba deseos de volverse posesivo con el mayor. Quizás las feromonas si existían y por eso se sentía como una maldita perra en celo.
Tal como entró un dedo entraron dos para finalmente entrar tres sin complicaciones. Para ese punto, el blondo ya estaba desesperado por obtener más contacto físico con el contrario, su boca se había dedicado a morder el cuello de la camisa ajena y de esa forma desquitar su frustración sexual. Finalmente las falanges salieron de su interior y su cuello volvió a ser sujetado con firmeza, quitandolo del escondite por el bien de ambos, ya que Freddy se estaba volviendo loco por el aroma a limon dulce de la colonia ajena que lograba olfatear debido a la cercanía.
Antes de poder continuar Garcia deslizó su mano hacía un costado, bajando el asiento y haciendo que de repente el azabache lo soltara por el susto de estar acostado con el asiento completamente reclinado en posición horizontal. El rubio dio una risita divertida al ver el rostro ajeno con una expresión molesta por no haberle avisado, pero su risa no duró demasiado ya que la mano ajena se deslizó disimuladamente haciendo caer el asiento del rubio también hacia atrás. Ahora los dos se miraban de forma burlesca y molesta, realmente se complementaban muy bien.
Sin perder el tiempo volvieron a acercarse, besándose de forma necesitada y hambrienta mientras se dedicaban a sacar las prendas de ropa que les quedaba, desparramandolas por casi todo el patrulla. El blondo se acomodó sobre el azabache, colocando sus piernas a los costados de la cadera ajena mientras la boca contraría se dedicaba a abandonar sus labios, comenzando a lamer y morder su cuello. Quizás estaba enloqueciendo, pero había jurado por un momento notar la mirada algo perdida de su inferior, aunque no iba a prestarle atención, no al menos cuando la mano ajena ya había sujetado el miembro que estaba entre sus piernas y lo alineaba con su entrada para penetrarlo.
Una mordida más fuerte lo hizo dar un gemido sonoro de dolor y placer al sentir como el pene ajeno se adentraba en el, expandiendo su interior a su paso. Mordió con firmeza su labio inferior al sentir como el lado izquierdo de su cuello volvía a ser sujetado por la mano ajena, mientras del lado derecho Freddy se dedicaba a morderlo y dejar chupones notorios en su blanquecina piel. Las manos desguantadas del mayor acariciaron su abdomen con las uñas, subiendo hasta su pecho donde uno de sus pezones fue jalado con firmeza. Su espalda se arqueo hacia el frente mientras su cabeza se debilitaba, siendo el único soporte la mano en su cuello. Su cadera temblaba de inquietud, ansiando que el pene contrario se moviera dentro de él.
Se sentía demasiado bien, nada similar a cuando lo habia hecho con otros que sólo se centraban en complacerlo y lamerle las bolas -aveces literalmente- para ascender. En ese momento sentía que realmente era deseado por el azabache, sentía que lo estaba tomando como un animal hambriento por su presa, sentía que iba a joderlo hasta que él terminará satisfecho de su deseo, sin sentir que estaba forzandolo de alguna forma a hacerlo. El simple toque recorriendo su piel como si quisiera memorizarla le hacía sentir el deseo ajeno por su cuerpo, creando rafagas de deseo.
La mano en su pecho se detuvo a los pocos jalones para finalmente volver a bajar, esta vez, hundiendo un poco más sus uñas para dejar marcas rojizas en las partes sin tatuajes en el abdomen, finalmente deteniendo su recorrido en las caderas ajenas. Las manos del rubio se posicionaron sobre los hombros del pelinegro, preparado para empezar a saltar como siempre tenia que hacer con el resto de su malla, sólo utilizándolos como un juguete sexual. Pero su postura se desmoronó sobre el cuerpo ajeno al sentir como el contrario comenzaba a embestirlo con fuerza, clavándose hasta lo más profundo de él, estimulando de pleno su punto más placentero.
Se sujetó con firmeza del asiento para mantenerse estable, aunque se estaba deshaciendo de placer sobre el alumno. Su mejilla se pegó a la ajena, soltando gemidos de placer mientras sus pechos subían y bajaban pegados y desordenadamente, ambos estaban excitados, deseosos por fundirse en la piel ajena. O quizás eran los cuatro.
La mano de su cadera lo soltó y se detuvieron las embestidas, haciendo que Gustabo se confundiera un poco, comenzando a pensar de más. Quizás el alumno se había dado cuenta de lo malo que era hacer eso con su superior, que era acoso sexual y corrupción. Pero no terminó de sobrepensar cuando una nalgada fuerte en su nalga le hizo reaccionar, junto a la voz más fría y algo grave del inferior retumbando en sus oídos hasta colarse a sus huesos.
—Muévete. Muéstrame que tanto deseas mi verga.—Su cuello fue sujetado más por la mano ajena, despegando sus rostros para verse finalmente a los ojos. Un escalofrío recorrió su espalda al ver esa mirada. No iba a preguntar, pero reconocía a la gente como él fácilmente, después de todo, hablar de alters era difícil, no era un tema que se tomara en una conversación como el clima.—Eres toda una putiña ¿no es así, Tabito?
El rubio mordió su labio inferior, sintiendo su abdomen cosquillear nuevamente de deseo, deseaba ver que tanto podía quemarse al jugar, él y Pogo necesitaban un poco de diversión extra.
Se acomodó mejor con las rodillas sobre el breve espacio que le quedaba, finalmente comenzando a saltar de forma rápida y brusca, sintiendo como se le dificultaba gemir por la mano que apretaba su tráquea. Se sentía demasiado bien, demasiado excitado, tanto que ni drogado había conseguido tal extasis con otros. Su cabeza quiso dejarse caer de nuevo, pero la mano ajena le impedía hacerlo, lo sujetaba firme en su lugar, impidiendo que sus ojos no estuvieran fijos en los contrarios, sintiéndose de esa forma los tres unidos por el deseo y fundiéndose en el calor y placer que el contrario les daba.
Los movimientos del superintendente y del alumno se congelaron al sentir el sonido de la radio pidiendo subir a H-50 por una consulta. Gustabo se inclinó hacia un costado, tomando la radio de su respectivo chaleco. El pelinegro pensó que iba a apagarla para continuar, pero el sonido de la radio activa para hablar lo hizo voltear a ver al superior con confusión. El blondo al ver que no hablaba, dejó de presionar el botón y sonrió, entonces pudo ver aquel brillo travieso, ese que había visto en pocas ocasiones y siempre era para hacer crear un caos en la ciudad, mucha gente rumoreaba acerca de que el superintendente tenía TID, pero nadie podía confirmarlo.
—Contesta, es una orden.—El rubio sonrió dejando ver sus dientes, una sonrisa traviesa y casi siniestra se dibujó mientras la mano del blondo afirmaba más el agarre de su cuello y la otra activaba la radio para que el azabache hablara.—
—Dime, Amancio.—El azabache tuvo que controlar su voz y respiración, ya que apenas abrió la boca, el superior había vuelto a moverse, haciendo que sus pieles chocaran y sonarán debido al impacto de sus nalgas con la pelvis del mayor.—
Freddy dio un bajo gruñido gutural mientras la mano en el cuello ajeno hacia más presión, evitando de esa forma que el rubio pudiera emitir sonidos que se escucharan en la radio, sólo permitiendole fundirse en silenciosos gemidos mientras sus saltos eran rápidos y bruscos. Pero él lo tendría difícil, ya que el interior del menor cada vez se hacía más estrechó, quizás estaba más excitado por la falta de oxígeno y el extasis de saber que podrían ser descubiertos por la radio, pero la motivación del rubio definitivamente era hacerlo gemir.
—Quería saber si se puede seguir un vehículo con una meri.—Freddy dejó desahogarse su cuerpo con un gruñido, el cual parecía molesto por la ridícula pregunta que le estaban haciendo. Hasta él siendo alumno sabía la respuesta.— O-oh lo entiendo s-señor, n-no s-s-se preo-cupe, me b-bajo a mi f-frecuencia.
El azabache le arrebató la radio al contrario, apagandola y arrojandola a cualquier lugar, soltó el cuello del contrario para permitirle respirar, viendo como el rubio había tenido un orgasmo en seco sin que se diera cuenta debido al silencio al que lo estaba forzando. El mayor sujetó los muslos ajenos y con impulso de sus respectivos talones se deslizó por el asiento hasta llegar a los asientos traseros, donde se colocó encima del rubio mientras con dureza tomaba sus caderas para no permitirle escapar. Una de sus manos se dirigió ahora al rostro ajeno, abofeteandolo midiendo su fuerza.
—¿Así que te divierte poder ser descubierto, Tabito?—volvió a dar otra bofetada al rostro ajeno, sin necesidad de una respuesta, pues el rostro acalorado y excitado del rubio le era una respuesta positiva, observandolo con brillos en los ojos mientras respiraba de forma irregular.—
Su mano dio una última bofetada antes de pasar sus manos por detrás de sus rodillas y sujetar ambos muslos, enterrando sus uñas en la tierna piel mientras volvía a clavarse profundamente en el rubio ya que había sacado el largo de su pene pero no el glande, robandole un gemido agudo. Sus caderas comenzaron a moverse, arremetiendo rudamente contra el menor y haciendo que el patrulla -que parecía un barco, según el superintendente- se mesiera. Las caderas del rubio comenzaron a moverse al compás para hacer que se enterrara más profundo en él, los gemidos agudos y ruidosos le hizo saber que el blondo había hecho switch completamente con quien quiera que fuera ahora. Pero no le importaba, si era como él con Toro, podrían disfrutar los cuatro de ese encuentro.
El menor se aferró a los antebrazos que sujetaban sus muslos, clavando sus uñas también con fuerza al sentir cada vez su orgasmo más inminente. Los músculos tensos debajo de sus uñas le hizo saber a Pogo que el sexy azabache también estaba al límite. No les importaba quien fuera el otro en ese exacto momento, sólo les importaba como no les importaba el maltrato ajeno en sus pieles y sólo hacía que sus instintos más primitivos florecieran al ser compatibles; normalmente la gente se asustaba, temían el dolor y el ardor durante los encuentros, pero ellos solo deseaban enterrar sus uñas y dientes en el cuerpo ajeno hasta sentir el líquido carmín tocar sus pieles, empapando sus sentidos.
Un gemido escandaloso y un gruñido placentero escaparon de sus labios al correrse al mismo tiempo, hundiendo sus uñas en la piel ajena provocando daños que sólo les había hecho sentir una descarga de adrenalina en sus cuerpos. Pareciendo que también podrían llevarse bien entre ellos.
Se detuvieron un instante para recomponerse, el azabache soltó los muslos ajenos y se acomodó encima del cuerpo del rubio, pegando sus abdomenes sin interesarle mancharse de la esencia contraria que yacía allí, sujetando las caderas con sus manos. El menor sonrió y tomó el rostro contrario, lamiendo su labio inferior mientras lo abrazaba con sus piernas y lo apegaba a su cuerpo. El pelinegro lo observó en silencio mientras regulaba su propia respiración, dando un quejido al sentir los dientes ajenos morder su labio inferior hasta hacerlo sangrar. Un jadeo pesado quedó ahogado cuando la lengua del menor volvió a pasar ahora por la herida, disfrutando del sabor metálico de la sangre ajena mientras su pecho subía y bajaba, sintiéndose excitado al sentir que el mayor volvía a estar duro en su interior aún lleno de semen.
—Me agradas.—El rubio delineo con su dedo índice la mandíbula del contrario, sonriendo con las comisuras de sus labios manchados de sangre mientras lo observaba fijamente con sus ojos brillantes y bien abiertos.—¿Quién eres?
—Debería preguntar lo mismo.—El azabache lamió el labio inferior del contrario al mismo tiempo que daba una brusca embestida, haciendo que el menor abrazara su cuello y hundiera las uñas en su espalda al soltar un gemido agudo.—
El superior se estremeció y gimió al sentir ahora como su belfo era mordido y lastimado hasta hacer brotar la sangre, el sabor y aroma inundó sus sentidos, sólo pudiendo balbucear de forma baja.
—Muévete, muévete por favor, lo necesito.
Sólo eso bastó para que el pelinegro volviera a moverse, esta vez, siendo completamente violento en sus embestidas, sin contenerse ni lo más mínimo para calmar la necesidad de violencia de sus sentidos. Ambos se aferraban con fuerza a la piel ajena, sin interesarles lastimarla, fundiéndose en la pasión y extasis que les provocaba poder ser ellos mismos hasta que sus alters tomaran de nuevo el control.
Mordieron y besaron sus labios mientras hundían sus uñas en la piel ajena, sin interesarles chocar sus dientes en varias ocasiones. El sonido de los choques de sus pieles y el sonido viscoso en cada embestida era lo único que sonaba junto al ruido del patrulla moviéndose debido al ajetreo interno. Los cristales comenzaban a empañarse debido al calor de sus cuerpos, pero poco les interesaba la temperatura, el infierno sería más caluroso para ambos, y ahora que se conocian, podrían irse juntos y continuar así para la eternidad, porque podrían casi jurar con sus manos en el fuego que nadie podría complementarlos tan bien en sus jodidas vidas.
El orgasmo volvió a invadirlos al mismo tiempo, tensando deliciosamente sus cuerpos con una gran oleada de extasis. Y mientras Toro volvía a correrse en el interior del menor dando un gruñido gutural mientras sus uñas se clavaban con fuerza en la piel ajena rompiendo la piel levemente, Pogo se corría sobre sus abdomenes pegados, su espalda de curvaba debido a la intensa descarga y sólo soltaba un gemido agudo y escandaloso.
Juntaron sus frentes con suavidad, los jadeos pesados y acalorados se mezclaban, chocando con los belfos maltratados ajenos. Se observaron mientras intentaban regular sus sentidos, viendo como era fácil distinguir al alter del contrario, sobre todo por sus tonos de voz y miradas. Pogo volvió a dar una lamida lenta sobre el labio inferior ajeno, el cual ya casi había parado de sangrar pero del cual podría disfrutar unas gotitas más del liquido carmesí.
—¿Cómo te llamas?—El rubio acarició con una mano la espalda ajena, sintiendo la piel húmeda y maltratada por las uñas. Ya no podría distinguir para ese punto si era sangre que el había hecho brotar con sus uñas o sudor, tambien provocado por él.—
—Toro. ¿Y tu?—La mano del pelinegro se deslizó por el muslo ajeno, acariciando lentamente las zonas que había maltratado con su agarre y uñas. Adorando la sensación que provocaba en su mano la carne caliente y sudorosa.—
—Pogo.—Una risa traviesa salió de sus labios mientras se acomodaba, haciendo que el azabache se acomodara sentado en el asiento trasero pero con las piernas estiradas sobre los asientos delanteros reclinados por la falta de espacio.—Podríamos llevarnos bien haciendo esto, Toro. Podría repetirse.
Una nalgada le hizo morderse el labio inferior mientras su abdomen se apegaba al contrario, observandolo con atención y deseo.
—Va a repetirse. Ahora eres mio.—Las manos del azabache se acomodaron sobre las caderas contrarias, haciéndolo volver a comenzar a saltar sobre su miembro nuevamente erecto.—
El rubio sujetó los hombros ajenos con firmeza, intentando no desestabilizarse mientras sus sentidos volvían a invadirse de placer. Su cabeza se dejó caer hacía atrás, dejando salir gemidos y jadeos placenteros mientras sentía su pecho ser mordido y lamido por el contrario. El sabor de la nivea piel del rubio con el sudor y el suave dulce aroma a limón le estaba enloqueciendo, hacía que se sintieran ansiosos por más. Sus dientes se clavaron e hicieron suficiente presión para dejar una perfecta marca notoria de sus dientes, la cual contorneo con su lengua mientras veía al rubio saltar con agilidad y rapidez, en busca de un orgasmo más, sin interesarle el cansancio físico que ya tenía por las rondas anteriores, de algo tenía que servir tomar tanto Monster hace pocas horas.
Su cuello fue nuevamente atrapado, haciendo que volviera a enderezar su cabeza y lo observará con atención mientras no podía parar de saltar, aunque la mano libre ajena le detuvo, haciendo que sólo hiciera círculos con la cadera encima de su miembro.
—¿De quien eres?—Gruñó con deseo el azabache, dejando con la duda al rubio de quien se trataba, ya que no había sido sencillo saber si era Freddy o era Toro.—
—Tuyo.—Gimió sumisamente el rubio, aprovechando a esta vez él provocar la duda al azabache sobre quien había hecho esa declaración.—De ambos, somos de ustedes.—Está vez el azabache tuvo más sencillo adivinar el tono más tranquilo de Gustabo.—
El mayor suavizo su agarre y tomó la mejilla del rubio, acercandolo a su rostro y besandolo de forma apasionada y lujuriosa mientras le permitía volver a saltar. Ambos se apegaron al otro, ahogando sus gemidos y jadeos en los belfos ajenos, sintiéndose satisfechos y completos en ese momento, como si sus cuerpos hubieran nacido para estar juntos.
Las piernas del superior se debilitaron por completo, haciendo que ahora el mayor tuviera que encargarse de él mientras lo abrazaba con los brazos por el cuello. El pelinegro comenzó a mover las caderas mientras clavaba sus talones en el asiento mullido para embestir al rubio, el cual sólo podía gemir placenteramente mientras el orgasmo cada vez avanzaba más y se hacía notoria su llegada, debido a la tensión en los músculos de todo su cuerpo, su abdomen contrayendose, su interior cada vez más estrecho, la espalda curvadose como la de un gato y los gemidos más pesados y extensos.
Esta vez, el primero en correrse fue el menor, aferrándose suavemente al cuerpo maltratado ajeno, sujetandolo con las yemas de los dedos mientras un gran gemido placentero salía de sus labios y chocaba directamente con los belfos ajenos. El mayor se dedicó a besar la mandíbula inferior marcada del superior cuando el rostro del menor se dejó caer delicadamente a un costado, sintiendo como daba pequeños quejidos placenteros debido a la estimulación tan satisfactoria que hacía su cuerpo temblar con cada arremetida. El pelinegro sintió como su respectivo orgasmo estaba cerca, aquella sensación cosquilleantemente placentera, sus músculos cada vez más tensos para moverse y su respiración pesada también fueron indicadores para el rubio. El cual como último esfuerzo, volvió a comenzar a moverse para ayudarlo a conseguirlo, dando saltos duros y bruscos que hacian un sonido similar a palmadas. El orgasmo del mayor sucedió poco tiempo después.
El pelinegro se liberó dentro del rubio, dando un gemido ronco y apoyando su cabeza sobre la cabecera del asiento, deteniéndose completamente mientras con los pulgares acariciaba suavemente su cadera ajena al sentir como el cansancio del orgasmo comenzaba a invadir su cuerpo.
El blondo se acomodó sobre el contrario, esperando unos largos segundos mientras sus respiraciones se normalizaban juntas. Cuando por fin estaban estables, volvieron a besarse, un beso suave y dulce, donde proporcionaban delicadas caricias al cuerpo contrario. Sus respiraciones eran suaves y calmadas, haciendo que sus pechos pegados se movieran al compás y sus corazones latieran de forma aún algo agitada. De forma suave el mayor salió de su interior, el blondo tuvo que intentar contener todo aquel espeso líquido caliente en su interior mientras se separaba e iba hasta la guantera por unos pañuelos. Dejando ver al pelinegro la obra de arte que parecía haber pintado; con las marcas de sus manos y uñas en su cuerpo, las mordidas en su cuello y parte de su pecho, y los labios mordidos y lastimados por sus propios dientes. Definitivamente estaba a los pies de Gustabo. Lo había marcado, reclamándole de su propiedad, tenía su nombre tatuado en todo su cuerpo de una forma mucho más salvaje y apasionada que cualquier trazo de tinta.
El menor se aseguró de limpiarse lo mejor posible para no ensuciar completamente su ropa y con algunos pañuelos más limpió su respectivo abdomen y el abdomen del pelinegro, siendo delicado. Cuando terminó, arrojó los papeles a una pequeña papelera que tenía en la puerta del auto y de su respectivo pantalón tomó la cajetilla de cigarrillos con el encendedor, prendiendo un cigarro mientras se acomodaba sentado justo entre las piernas del mayor, abrazando las caderas contrarias con sus piernas, solamente para aún mantener la cercanía, sintiéndose a gusto cuando las piernas ajenas se acomodaron como si fuera una especie de nidito para él, cruzándose justo detrás se su trasero y dejandole un huequito.
El blondo dio una calada y le pasó el cilindro encendido, el cual el azabache aceptó dando también una aspirada profunda. Gustabo se alejó unos instantes y fue de nuevo hasta la guantera, tomando su tableta y colocándose en la misma posicion anterior. Entró al apartado "gestión de agentes" y buscó a Trucazo entre toda la malla, entrando en el perfil. Justo antes de lograr dar click para dar el ascenso, su mano fue tomada delicadamente.
—¿Qué crees que haces, Gustabiño?—Preguntó confundido el mayor mientras sus ojos negros se fijaban en el superior.—
—Te doy tu ascenso.—Dijo el rubio con obviedad en sus palabras, observandolo.—
—No quiero un ascenso por tener sexo.—El mayor se sintió algo ofendido, sintiendo que el menor sólo lo ponía al nivel de Isidoro y el resto de gente con la que había estado.—
El rubio lo observó en silencio unos instantes, seguidamente sonrió y juntó sus frentes, observando fijamente los grandes agujeros negros que lo observaban con atención y molestia.
—El alcalde sólo permite que los altos rangos patrullen con otros altos rangos.—Nuevamente esa sonrisa siniestra se dibujó en sus labios mientras acariciaba con suavidad la mejilla del contrario.— Aparte, puedes mantenerte estable mientras te cabalgo, tienes la capacidad de hablar a la perfección y no puedo no halagar eso.
Ambos rieron con levedad y seguidamente se besaron con suavidad, disfrutando ahora del sabor a tabaco de la cavidad contraria. El rubio se separó y dio una calada al cigarro entre los dedos ajenos, soltando el humo al hablar.
—Pero para las próximas veces consigue tú los condones, me duele el estómago por tu culpa.
—¡Gustabo!—Gritó Isidoro alargando la última letra mientras corría por el parking de comisaría, acercandose al nombrado.—
Antes de que pudiera abrazarlo, una mano en su pecho se lo impidió, de la cual el dueño era Freddy. Isidoro lo observó incrédulo durante unos instantes, alzando una ceja.
—¿Qué cojones crees que haces?¿quieres que te suspenda de empleo y sueldo, eh?—Dijo utilizando "su voz de malandro" mientras sacaba la porra, amenazando con golpearlo con el palo de goma.—
Garcia observó a Navarro unos segundos, seguidamente hablando de forma autoritaria, cruzándose de brazos.
—¿Crees que esa es la forma de tratar a un superior, Navarro?
El nombrado se volteo con confusión, observando al rubio, Freddy tuvo que contener su risa.
—¿Qué dices, coñito de fresa?
—Lo que oíste. Alumno Navarro, un respeto hacia el Comisario Trucazo.
Freddy quiso carcajearse al ver el rostro de Isidoro, sintió como tuvo que dejar de respirar para contenerla dentro de él. Isidoro parecía no entender al superintendente, como si le hubiera hablado en chino mandarín.
—¿Y no podemos hacer algún trato para que vuelva a ascenderme?¿un trabajo extra? Hace mucho que no le consiento, Superintendente.—El tono de Isidoro fue coqueto, después de todo, todo el mundo pensaba que era broma cuando hablaba así. Pero Freddy sabía que no lo era, y le molestaba. Les molestaba, a él y a Toro.—
—No. Los inspectores se harán cargo de ascenderlo o degradarlo, Navarro.
El rubio se dio media vuelta y fue hasta el patrulla, sin interesarle escuchar lo que Isidoro quería decirle. Al subir de copiloto se abrocho el cinturón de seguridad y volteó a ver al comisario, sonriendo con los labios. Había degradado a todos los alumnos a los que les habia hecho un favor, dejándolos tal y cual estaban antes de ascenderlos. De esa forma también intentando evitar ser corrupto, y, sobre todo, para que los únicos cargos altos en sus horarios fueran él y su comisario. Después de todo, las noches en el norte eran muy divertidas junto a sus dos novios, y sabía que el contrario también se divertía con ellos dos, ya que, después de todo, eran tan compatibles que hasta sus alters tenían una química impresionante.
—Fin.








