Capítulo 1
<<La era de la supervivencia. Época en la que el más fuerte era el último en pie y la única regla existente en ese entonces era matar o morir. Fueron los peores tiempos de la historia, el mismísimo infierno desatado en la tierra, específicamente en este imperio antes llamado Blut. Todas las bestias conocidas se mataban unas a otras y mataban a seres humanos porque sí, dejando la raza al borde de la extinción.
De todas las criaturas, los vampiros fueron los que acabaron encabezando la cadena alimenticia, tomando el control total de las demás criaturas y usando a la humanidad para su placer y beneficio. Construyeron su propio reino en Blut, liberaron a las demás criaturas con un sencillo acuerdo de paz, y obligaron a los humanos a adorarles y servirles.
La diosa de la luz miró esto con tristeza. El mundo estaba siendo consumido por la oscuridad y la maldad. La bondad que había visto en estas criaturas se extinguió por completo, por lo que tomó la sabia decisión de crear a otra criatura. Una de luz, nacida de un pequeño gen poderoso implantado en seis humanos, con el único propósito de acabar con la oscuridad>>
—Y así es como nació la raza de cazadores. –finalizó la maestra cerrando el libro de historia.
—Qué chorrada. –se quejó una pequeña niña de rizos rubios.
—¡Señorita, Claire!
—Claire, ya cállate. –le reprende Edith, una pequeña morena de pelo corto.
—Creí que oiríamos una historia de amor. –se enfurruñó Claire, cruzando sus brazos en protesta.
—Claire, estamos en clases. –le riñe una jovencita pelirroja en un tono tranquilo.
—La historia de nuestro origen no es una historia de amor, señorita Claire.
—¿Cómo puede ser historia de amor si nacimos de guerra y caos? –replica una chiquilla de mejillas robustas y personalidad explosiva.
—No nacimos de ella, Daph –corrige Mary, la más pequeña del grupo–. Sino para acabar con ella.
—Correcto. Muy bien, señorita Mary Lu. –le elogia la maestra.
—Y ¿cómo se acaba la guerra? –Dice obvia la rubia–. ¿Con más guerra? Qué absurdo. Está claro que con amor.
—Suena descabellado pero lastimosamente es así –opina una pelinegra de ojos rasgados llamada Gis–. La guerra se ha estado combatiendo con guerra. Así es como hemos subsistido con los vampiros hasta ahora.
—¿Sí? Pues al diablo con eso. No es lo que mi mami dice –contesta Claire con ojos soñadores–. Ella dice que detrás de esa historia tan sangrienta hay una de amor.
—Eso es muy extraño, ya que fue tu abuelo quien escribió ese libro de historia. –acotó Edith, provocando un estallido de risas en el aula de clases.
Las mejillas de la pequeña Claire se coloraron inmediatamente, avergonzada porque todos se estuviesen riendo de su perspectiva ante el origen de los cazadores. La madre de Claire pertenece a la tercera generación del linaje real de cazadores escogidos. La única mujer de su generación.
Los escogidos son los cazadores que la diosa luz escoge cada cincuenta años. A ellos se les otorgaban habilidades y armas especiales para cumplir con el propósito que fue encomendado por la diosa luz.
—Basta. ¡Silencio! –La maestra suelta un suspiro cansado y mira a través de la ventana–. La clase acaba temprano hoy. Recuerden que esta noche será la ceremonia de los escogidos. Pueden irse.
Todos se levantaron con sus respectivas cosas y cada quien fue por su lado, a excepción del grupo de pequeñas revoltosas, que se dirigían al jardín del castillo entre conversaciones triviales y risas. Se sentaron en un círculo sobre el césped bajo la sombra de un árbol.
Gigi era la mayor, la chica de pelo rojizo y ojos oscuros, casi nunca hablaba y cuando lo hacía soltaba lo necesario. Después de esta sigue Edith por unos meses, sus cabellos cortos y rizado le formaban un bonito afro; poseía una sabiduría muy impresionante a pesar de su edad. Luego seguía Daphne, ella tenía el cabello más largo y abundante del grupo, si quería decir algo lo hacía sin pelos en la lengua.
Gis era la siguiente, experta en análisis y argumentos de todo lo existente. Más atrás Claire de rizos rubios era toda risa y positivismo, luchará por tener la razón siempre. Por último Mary Lu, la protegida de todas y el sol del grupo; tranquila pero suele ser enérgica cuando se lo propone.
Solo Gigi, Edith, Claire y Gis tienen padres pertenecientes al linaje escogido de la tercera generación. Claire es la única con ascendencia de la primera generación.
—¿Creen que Jihyun sea uno de los escogidos? –pregunta de la nada Claire.
—Aun no logro entender por qué seleccionan doce chicos para sacar a los seis escogidos. La diosa luz es quien otorga las habilidades a quien le plazca. –argumenta Gis como todos los días, a lo que las chicas están acostumbradas.
—Se ha hecho así en las dos últimas generaciones –se encoge de hombros Edith–. Del linaje real de la primera generación todos tuvieron muchos hijos.
—La segunda generación fue entrenada rudamente por la primera, ya que no sabían quienes iban a ser los escogidos en ese tiempo. –acotó Gigi.
—Entonces de los mejores cazadores de la segunda generación seleccionaron doce, y de esos doce la diosa luz escogió a los seis de la segunda generación. –acabó Daphne, dejando a Gis sin argumentos.
—Supongo que después de eso la selección de los doce se volvió una tradición. –dijo Edith.
—¡Qué importa eso! –Se quejó Claire al ver que se desviaron de su tema–. Yo quiero saber qué piensa Gigi-unnie de Jihyun como uno de los escogidos. Y no solo uno de ellos, ¡el líder!
—¿Por qué yo? –refunfuñó la nombrada.
—Porque fue quien escogió tu padre para ser tu esposo, duh. –contestó un tanto obvia.
—¿Tu papá te comprometió con el hermano de Claire? ¿Han Jihyun? –cuestiona Gis impresionada, a lo que Gigi responde con un simple encogimiento de hombros.
—¿Cuál es el alboroto? –pregunta Mary Lu a Gis.
—Que el tipo le lleva casi diez años a Gigi.
—Y tú apenas cumplirás quince, ¿no? –inquiere Daphne, y Gigi asiente.
—Equis, eso es normal entre el linaje real –la rubia quitó importancia al asunto con un ademán–. ¿Imaginas que sea escogido como el líder?
—En verdad ni me importa a quien escogerán para la cuarta generación –Gigi frunció los labios en un puchero–. Según lo que hemos estudiado de historia, hay libros que hablan acerca del fin de los cazadores. Dicen que exterminar a la raza es difícil, ya que el gen vuelve a buscar un recipiente humano en caso de ser asesinada toda la raza. Dicen que este gen es el que continuará con vida hasta que cumplamos con el propósito de la diosa luz.
—Y ¿qué tiene que ver la selección con el fin de los cazadores? –inquirió Gis nuevamente.
—Que no importa por cuantas generaciones la diosa luz haya sacado a sus escogidos ninguna ha cumplido con el propósito por el cual nos creó. Por tal razón no me importa quién sea el escogido, me importa que se cumpla el propósito.
Hubo un silencio vergonzoso en el que ninguna supo qué responder a Gigi, debido a lo aturdidas y atacadas que se sintieron con ese nuevo dato. Edith abrió demás su boca ahogando una exclamación.
—¿Qué libros son esos? Yo quiero leerlos.
—Están en mi habitación –indica la pelirroja–. Papá me hizo estudiarlos todos para estar adelantada en la clase de la señorita Minah.
—¡De nuevo se desviaron! –Chilló Claire, harta de pelear por atención–. Entiendan que quiero hablar de chicos.
—¿De chicos? ¿En serio? –se queja Edith.
—Sí, ya cállate.
La morena rodó los ojos derrotada. Era un día cualquiera en un grupo cualquiera de chicas cualquieras dentro del gran castillo de cazadores. El castillo se ubica dentro del pueblo ahora llamado Rut. Los humanos le dicen Cielo, ya que veneran a los cazadores como ángeles por protegerlos de los vampiros durante siglos, además de porque se ubica al lado norte del pueblo, y al sur otro castillo denominado Infierno por la raza humana, bautizado como Palacio Rojo por los temibles monstruos chupasangre.
Una gran y amplia estructura sólida de piedras rojo oscuro en su totalidad, como el color de la sangre. Habitada por unas decenas de vampiros, sobrevivientes de los ataques de cazadores, entre ellos los siete príncipes herederos.
—¿Ya oyó la noticia padre?
El rey Hwang alza la mirada al remitente de esa voz. Era Jungwoon, de todos sus hijos el más cercano a él, estaba arrodillado en señal de respeto ante el trono del rey vampiro. El rey Hwang alzó una de sus cejas curioso.
—¿Qué noticia, hijo mío?
—Esta noche. La diosa luz escogerá a la siguiente línea de cazadores.
El rey bufó fastidiado.
—Ciertamente. La última guerra sobrevivimos por los pelos –apretó su mano en un puño, enojado–. Si nos enfrentamos a la línea siguiente quedará nada de nosotros.
—Por eso, padre, tengo un plan –levantó el joven su rostro, mostrando una sonrisa afilada–. Invadiré el castillo junto con mis hermanos y acabaré con la línea actual y siguiente, antes de que la diosa luz tome a sus escogidos.
El rey largó una carcajada estruendosa que rebotó en las paredes del salón. Le sonrió al príncipe Jungwoon con superioridad.
—Te ves confiado, hijo. ¿Hay acaso mucha probabilidad de éxito en tu locura? ¿Tú y tus hermanos acabarán con seis cazadores que exterminaron media raza vampírica, y además a la siguiente línea?
—Créame, padre. No se lo esperarán. Te demostraré que soy el indicado para heredero al trono. Volveremos al poder pronto. –continuó firme, sin amedrentarse por las palabras del rey, quien le gustó la determinación de su impulsivo hijo.
—Bien, querido hijo mío –asintió satisfecho–. Tráeme la cabeza del líder como trofeo de tu triunfo y te daré el trono sin parpadear.
—Así será, padre. –se volvió a inclinar ante el rey y se retiró con una sonrisa de satisfacción absoluta.