Capítulo 1
Era un día cualquiera en la U.A. Hacía calor dado que era verano y el sol había alcanzado su máximo esplendor. Los alumnos de la clase A se encontraban fuera de la residencia y lejos del perímetro escolar, ya que estaban patrullando las calles de un vecindario cercano.
Su tutor les había encomendado una simple tarea; debían agruparse en grupos de cuatro para posteriormente vigilar hasta el último rincón del lugar. El objetivo de este ejercicio era el de capturar a los villanos que se ocultaban por la zona y el de supervisar a los habitantes.
Es así como nuestro protagonista, Izuku Midoriya y sus tres amigos y compañeros de clase; Shoto Todoroki, Ochako Uraraka y Tenya Iida, se pusieron en marcha para cumplir su asignación con éxito.
Al cabo de un rato, el grupo decidió dividirse para cubrir más terreno y ser más productivo. Mientras sus amigos se alejaban, Deku avanzó con rapidez desplazándose gracias a su quirk.
Hubo un período de tiempo en el que no ocurrió ningún suceso fuera de lo común, por lo que patrulló con tranquilidad. No obstante, la racha de buena suerte se vio interrumpida.
Se alarmó al percibir los gritos de una joven que provenían de un oscuro y deteriorado callejón.
La velocidad a la que iba incrementó con notoriedad. Tenía la intención de socorrer a la mujer.
La situación era la siguiente; la dueña de aquellos desesperados quejidos estaba siendo atracada por un hombre que la amenazaba con un afilado cuchillo.
La muchacha llevaba unas curiosas y caras gafas y una enorme pamela que cubría tanto su cabeza como su pálido y enfermizo rostro.
Forcejearon hasta que el ladrón se hizo con su bolso. También intentó arrebatarle las gafas. Pero la chica se resistió. Era como si aquel objeto tuviera una especie de valor sentimental para ella.
A pesar de sus esfuerzos, el atracador logró quitárselas y la empujó, ocasionando que esta cayera de bruces.
El hombre creó un extraño portal y se esfumó sin dejar rastro alguno. Frustrado por haber presenciado la escena desde la distancia, el peliverde finalmente aterrizó en el callejón y fue corriendo a comprobar el estado de la mujer.
Tocó su hombro para que reaccionara, pues parecía haber quedado atrapada en un estado de shock.
—¿Estás bien? —quiso saber.
El repentino contacto la espantó. Lo miró con miedo y desconfianza.
Sus miradas chocaron por una milésima de segundo. Izuku se sorprendió al toparse con unos ojos rojos como la mismísima sangre.
La imagen de Bakugo apareció en su mente, sus ojos eran parecidos, pero no superaban a los bellos rubíes del joven. Borró aquel vergonzoso pensamiento y se centró en su trabajo.
Pero al volver a mirar a la chica, la piel del pecoso se erizó y su vista comenzó a nublarse.
Las lágrimas de la chica empezaron a fluir por sus mejillas.
—¡Lo siento! ¡Lo siento! —repitió y repitió de forma desconsolada.
Deku no comprendía nada. Intentó hablar con ella, pero era demasiado tarde. Había desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Era como si las mismas tinieblas del infierno se la hubieran tragado.
Izuku la buscó por todas partes, pero no la volvió a ver. Y cuando quiso darse cuenta, la hora de regresar con sus compañeros había llegado.
Una vez reunidos, el dolor de cabeza del peliverde aumentó con creces. El mundo daba vueltas a sus pies y su corazón recibía dolorosas punzadas.
—¿Deku? ¿Qué ocurre? —preguntó Uraraka mientras pasaba la mano por su rostro para asegurarse de que seguía consciente.
—Me siento un poco mareado, eso es todo.
Bakugo, que por algún motivo estaba escuchando (espiando) la conversación, analizó a Deku con la mirada.
—Midoriya, ¿seguro que estás bien? Tu cara luce blanca como la nieve —añadió Iida.
—Ya ves. Parece que hayas visto a un fantasma —recalcó Kaminari.
Deku abrió la boca, pero no pudo responder. Sus piernas se debilitaron y fallaron, ocasionando que el peliverde se desplomara.
Por suerte y gracias a que Bakugo estaba al tanto de que algo raro estaba sucediendo, es que pudo atraparlo antes de que su cabeza y cuerpo se estamparan contra el duro asfalto.
—Hay que llevarlo a la enfermería —declaró el rubio, a lo que todos se mostraron de acuerdo.
• • •
Los ojos del peliverde se abrieron con lentitud. Todavía se sentía aturdido y estaba desorientado. Se incorporó y visualizó la habitación en la que se encontraba. Era la enfermería de la U.A.
—Por fin despiertas —se escuchó una voz que le resultaba demasiado familiar, pues aquella sala era como su segunda casa debido a la frecuencia con la que se lesionaba.
Recovery Girl lo observaba con pesar.
—¿Qué me ha pasado? —cuestionó confundido.
—No tenemos los detalles exactos de lo ocurrido, sin embargo, hemos averiguado que mientras hacías tu ronda de patrullaje fuiste expuesto al quirk de la persona a la que tratabas de auxiliar.
—¿Expuesto? ¿A qué se refiere?
—Después de varios análisis y pruebas, he llegado a la conclusión de que has sido afectado por un poder que está relacionado con el vampirismo. Este se manifestará en las próximas horas, por lo que debes estar preparado, porque tu cuerpo y tu metabolismo sufrirán ciertos cambios.
Deku no daba crédito. ¿De ahora en adelante sería un vampiro? ¿Debería alimentarse de sangre humana y ocultarse de los rayos del sol por el resto de su vida? Aquello tenía que ser una broma pesada.
—¿Cómo puedo revertirlo? ¿Cómo vuelvo a la normalidad? —inquirió angustiado.
Recovery Girl hizo una mueca y lo observó con lástima.
—Jamás me había topado con una situación similar, así que no puedo precipitarme y darte una respuesta inmediata. Lo mejor será esperar y ver la evolución del quirk para estar seguros de cómo proceder. También hay que dar con la responsable de esto para reunir más información.
Izuku asintió cabizbajo.
—Y por supuesto, como Aizawa es tu tutor, deberás informarle cuanto antes.
El peliverde se estremeció. No podía permitir que aquello se supiera por qué su profesor lo dejaría en observación, y como resultado, el muchacho perdería horas de clase y experiencia como héroe.
Quedarse atrás le aterraba, y es que si ansiaba ser el número uno, tendría que ponerse las pilas.
Por no hablar de que no quería preocupar a nadie, y menos a su madre, la cual enloquecería si se enterara de que su hijo ahora es medio vampiro.
—Por favor, le pido que no se lo diga a Aizawa ni a All Might. Tampoco a mis compañeros. No quiero retrasarlos a ellos también. Encontraré a la chica que causó esto y lo arreglaré. Por favor —repitió casi rogándole.
La mujer suspiró y lo señaló con el dedo.
—Te daré el beneficio de la duda. Pero a la mínima que ocurra algún incidente, volverás y no saldrás de esta enfermería, ¿de acuerdo?
Izuku asintió y agradeció su comprensión.
Bajó de la camilla y caminó hacia la puerta. Alzó el brazo y antes de girar el pomo, escuchó un comentario que provocó que su corazón diera un vuelco.
—Deberías darle las gracias al joven Bakugo. Te sostuvo cuando te desmayaste, evitando posibles lesiones craneales. Además, fue el que se encargó de traerte hasta aquí.
Las mejillas del pecoso se recalentaron y una inconsciente sonrisa se formó en su cara.
—Lo haré —respondió.
Se fue de la enfermería con alegría, algo inusual considerando que siempre salía de allí regañado y con algún brazo roto.
Deku caminó hasta llegar a la sala común. Se sentó en el sofá y cerró los ojos. Estaba algo asustado, ya que no sabía cómo su cuerpo y su mente reaccionarían ante aquel nuevo quirk.
A los pocos minutos, la habitación se llenó de gente. Múltiples de sus compañeros se acercaron a comprobar su estado. Izuku los tranquilizó, alegando que estaba bien y que solo había sido un leve golpe de calor.
Levantó su mirada y buscó por toda la sala tratando de encontrar a alguien. Sin embargo, se entristeció al notar que la persona a la que sus ojos buscaban no se hallaba entre la multitud.
Después de la cena, Deku se fue directamente a su cuarto. Estaba exhausto y su cabeza seguía molestándolo. De momento no sentía nada raro, aunque la ansiedad lo carcomía por dentro.
Se estiró en su cómoda cama y trató de conciliar el sueño, pero su móvil emitió un particular sonido.
Había recibido un mensaje.
El pecoso resopló y volvió a inclinarse para hacerse con el teléfono. Encendió la pantalla para ver quién le había escrito y se quedó quieto como una estatua.
Al cabo de unos segundos, se atragantó con su propia saliva. El dispositivo electrónico comenzó a temblar por culpa de sus agitadas manos.
El órgano encargado de bombear sangre le iba a mil y sus pulsaciones se habían vuelto locas.
—¡¿Kacchan?! —soltó un grito ahogado.
¿Por qué le estaba escribiendo?
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Este capítulo es un poco introductorio. Pero a partir de aquí se pone más interesante.
¡Gracias por leer! Nos vemos en el próximo capítulo.









De ahí nací yo bro