Capítulo 1
NARRA T/N
El viaje de vuelta a Japón fue probablemente el más triste y agotador de toda mi vida, y eso que estaba acostumbrada a volar. Pero mi cabeza no podía dejar de darle vueltas a todo lo que estaba dejando atrás aún siendo consciente de las consecuencias que eso acarrearía. Y me daba miedo, estaba aterrorizada. ¿Y si después ya no había vuelta atrás? Al pensarlo, las ganas de llorar se apoderaban de mí y tenía que hacer un gran esfuerzo para no venirme abajo en el avión.
Lo bueno es que conseguí llorar en silencio hasta que me quedé dormida y así no tuve que lidiar con las interminables horas dentro del avión. Cuando aterricé en tierras niponas tuve que recomponerme para enfrentarme a todo lo que estaba por venir, empezando por afrontar a mis abuelos y el regreso al tempo familiar. Ambos me recogieron en un coche viejo junto a uno de los trabajadores bajo su mandato, y aunque ellos parecían querer entablar conversación yo sentía que era incapaz de hablar.
Estaba presencialmente con ellos, pero mi mente y mi corazón se habían quedado en Nunca Jamás. No podía deshacerme de la presión que sentía en el pecho y la ansiedad me hacía suspirar a cada rato impidiéndome concentrarme en todo lo que me estaban explicando. Aunque siendo sincera, me daba igual todo lo que me dijeran. El problema era que habían organizado una bienvenida exagerada para celebrar mi llegada, totalmente lo contrario a lo que yo quería. ¿Celebrar que había abandonado lo que más me importaba? No tenía sentido.
-Abuela: Alegra esa cara querida, toda esta gente ha venido a verte expresamente a ti - sonrió - Vas a ser su nueva líder, debes darte a ellos y encargarte de protegerles.
-Abuelo: Además, estás a punto de recibir uno de los mayores honores como kitsune - se acarició la barba - Pocas veces se da que sea un zorro joven venerado, normalmente tendrías que esperar varias centenas para poder disfrutar de este privilegio.
-T/N: No necesito nada de esto - dije apenas audible - No quiero ser venerada, quiero regresar a casa - suspiré y me abrí paso a través de la gente sin mirar a nadie en concreto.
Le pedí a uno de los trabajadores del templo que me guiasen hasta la que sería mi nueva habitación y huí de toda esa aglomeración de gente. Necesitaba estar sola y descansar, no me sentía con ánimo para lidiar con formalidades. ¿De quién había sido la idea de organizar todo ese teatrillo de todos modos? Fuera quien fuera, lo odiaba a partir de ese momento.
-Abuela: ¡T/N! - escuché que se acercaba a mi habitación - Eso ha sido muy maleducado, baja al jardín y saluda como es debido - me regañó - Todos están esperando, venga.
-T/N: No quiero ir - enterré mi cabeza bajo la almohada de la cama - Diles que me siento indispuesta - realmente no me encontraba bien.
-Abuela: No se lo creerán, eres una kitsune y son conscientes de que no puedes enfermarte - me recordó - Será rápido, tan sólo quieren presentarte sus respetos.
-T/N: Estoy terriblemente enferma, abuela - me senté en la cama y la miré mal - Estoy hecha pedazos y ni siquiera estáis accediendo a darme tiempo para recomponerme. ¿No podéis ser un poco más empáticos? Ahora mismo poco me importa lo que pase con esa gente de ahí abajo - señalé a través de la ventana - Quiero dormir y escapar de esta maldita realidad.
-Abuela: Eso es acobardarse - dijo mirándome seriamente - Has tenido tiempo para prepararte, cumple con tu deber - suspiró y apretó los puños - Mañana por la noche se llevará a cabo la ceremonia oficial, tú abuelo cruzará la puerta hacia el mundo espiritual después de implantar su consciencia en el heredero elegido - se acercó a mí y posó su mano en mi hombro - Y te convertirás en la líder del templo, deberás estar presente cuando eso ocurra.
-T/N: Que sea una ceremonia corta - dije sin más volviendo a tumbarme.
Se puede decir que el primer día en Japón lo pasé durmiendo, no hablé con nadie, no toqué el móvil, no comí nada, simplemente me quedé en mi habitación encerrada sin más. Al día siguiente, todo apuntaba a que iba a repetir la misma rutina pero por desgracia tenía que atender a esa estúpida ceremonia. Caminé desganada a través del jardín japonés que rodeaba la casa principal y después atravesé la multitud de personas devotas que esperaban el inicio del ritual. Me senté en una de las sillas preparadas en frente de toda esa multitud y me mareé al notar todas las miradas puestas en mí... Ninguna era de color azul, los nervios y la ansiedad me iban a matar.
Poco después aparecieron mis abuelos y recorrieron el camino que minutos antes recorrí yo hasta sentarse en las dos sillas más grandes. Pensándolo en frío, la ceremonia era bastante turbia porque íbamos a ver cómo mi abuelo nos dejaba y “reencarnaba” a través de un pobre muchacho escogido para reemplazarle.
Me llevé una mano a la cabeza y froté mi sien tratando de aliviar el dolor de cabeza que me estaba torturando mientras escuchaba el discurso de despedida de mi abuelo. Cuando acabó de hablar, una familia acompañada de un niño de alrededor siete años se acercó a nosotros con pasos lentos y cautelosos. Mis ojos se posaron fijamente en el niño y noté que temblaba, pues no sabía lo que estaba por venir. Sentí pena por él y a la vez lo odié, él era la razón por la que yo había tenido que regresar y abandonar lo más preciado para mí.
-Abuela: T/N, este jovencito de aquí es Tenzing - sonrió y lo acercó hacia a mí - Desde hoy, será tu ahijado y deberás guiarle como su mentora.
-T/N: - todo el mundo miraba expectante mi reacción y lo único que pude hacer fue asentir - Vale.
-Abuelo: - me miró mal y después al resto de invitados - Perdonen a T/N, no está acostumbrada a este tipo de eventos - tosió - Necesitarán ser pacientes hasta que se acostumbre, pero les aseguro que cumplirá a la perfección con su papel.
El comentario del abuelo pareció aliviar a la audiencia y estos empezaron a relajarse y liberar la tensión que se había acumulado en el ambiente por mi culpa y mis “malos modales”. Después mi abuelo se colocó junto al niño y sacó sus garras haciendo que el pequeño lo mirase con terror, apreté mis labios al ver cómo le clavaba las garras en la nuca sin compasión ninguna. Ese momento me hizo darme cuenta de que aunque los abuelos tenían mucha experiencia y eran muy poderosos, habían pasado demasiado tiempo como zorros y habían perdido su humanidad.
Cuando ambos se separaron, el cuerpo del abuelo cayó inconsciente al suelo y fue llevado con rapidez hacia el interior por los trabajadores. Los ojos del niño empezaron a brillar de un color verde brillante dando a entender que la ceremonia había sido todo un éxito, se había convertido en un kitsune. La abuela ordenó al pequeño a sentarse junto a mí y nos nombraron como el futuro del templo, en mi caso también el presente pues a partir de ese momento era mi responsabilidad.
-Abuela: ¿Cuál será tu primera orden, querida?
-T/N: - me levanté de la silla y enfrenté a la multitud - Celebrad un entierro como es debido para el abuelo, y en un futuro para la abuela - empecé a caminar hacia el interior de la casa - Y a mí... Dejadme a solas.