Prólogo
— Amelia ¿estás segura de lo que vas a hacer? —le preguntó Vanessa antes de abrir la puerta del auto— solo ha pasado un mes desde que ocurrió, puedes esperar más.
— No, no puedo dejar que el tiempo pase y nadie esté pagando por todo lo que sucedió— ella de inmediato le ordenó al chófer que le abriera y comenzó a caminar evitando todos los periodistas que la perseguían mientras se dirigía al edificio donde toda su vida se convertiría en un antes y un después.
Había sido un mes desde que había logrado irse de ese Penthouse; todas las noches tenía pesadillas y aunque se escondiera en los lugares menos esperados del país, siempre al dormir se encontraba con el rostro que antes adoraba, pero ahora no le generaba más que repugnancia, acompañado de una suave voz que le decía lo mismo una y otra vez.
Siempre serás mía.








