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Nene Yashiro; 15 años de edad, cabello claro con puntas color turquesa, ojos carmesí y piel pálida. Una chica promedio en una escuela bastante normal, ¿no? Al menos esa era la primera impresión que todos se llevaban al conocerla, hasta que dirigían la mirada a sus piernas que, si bien no eran extrañas, llamaban bastante la atención pues eran algo... ¿Cómo decirlo? ¿Rechonchas?
La estudiante de primer año de preparatoria en Kamome estaba destinada a nunca encontrar a su príncipe encantador y a morir sola sin conocer lo que era el amor verdadero... O eso pensaba mientras lloraba en el baño de mujeres del tercer piso del antiguo edificio de su escuela.
¿Cómo pudo haber fallado?
¿Qué era lo que había hecho mal?
Todos esos años puliendo sus habilidades femeninas; los pinchazos sufridos tratando de dominar el arte de la costura, y esos días que parecían eternos en el club de jardinería donde se esmeraba en mejorar sus habilidades para plantar y hacer crecer las más bellas flores y los más ricos vegetales, las leves marcas de quemaduras en sus manos y brazos así como el recuerdo de los cortes con el cuchillo cada que intentaba dominar una receta nueva... Todo eso fue reducido a nada en el momento en que su príncipe encantador la rechazó.
Era ya la hora de salida y ahí estaba ella en medio del patio principal esperando a verlo para por fin declararle sus sentimientos más profundos. Durante años había estado esperando este momento, el día en que por fin Fuji-senpai conociera sobre su sentir y la aceptara. Ya podía imaginar su vida juntos; ambos yendo a la misma universidad, el momento en que sus padres lo conocieran, las citas, las llamadas telefónicas hasta la madrugada mientras se profesaban amor eterno, el gran momento de la proposición de matrimonio, el día de su boda, la llegada de su primer hijo, si era niña se llamaría Ai, si era niño Toshio, cómo ambos envejecerían juntos y morirían abrazados. Nene no podía hacer más que suspirar y seguir imaginando su existencia al lado de su único y verdadero amor; esto claro, basándose en las novelas, mangas y programas románticos que siempre la cautivaban, mientras esperaba.
De repente, el mundo detuvo su movimiento por unos segundos y lo vio. Tan guapo y con una sonrisa en su rostro que derretiría a cualquier adolescente atolondrada como ella.
—¿Fuji-senpai?
—¿Si? —contestó mientras se detenía y sus amigos avanzaban para darles un poco de privacidad.
—Mi nombre es Nene Yashiro, soy de primer año de preparatoria de la clase 1A y... ¡M-me gustas desde primer año de secundaria y estaría encantada de que correspondieras a mis sentimientos! —exclamó, apretando fuertemente la bolsa de regalo que planeaba darle en caso de ser aceptada.
—¿Huh? Disculpa pero ni siquiera te conozco. Eres linda de cara y todo... A lo mejor si tus piernas fueran más delgadas no te rechazaría, pero la verdad es que me dan asco. Por no mencionar que me da escalofríos pensar que durante tanto tiempo has estado obsesionada conmigo sin que yo supiera de tu existencia... En fin, es mejor que te pierdas y te olvides de mí. No quiero nada que ver con una acosadora con piernas de rábano como tú —respondió el chico, dándole la espalda para reencontrarse con sus amigos.
Fue ahí cuando se dio cuenta de todo.
De lo estúpido que había sido el ilusionarse con alguien a quien efectivamente no conocía de nada. Una persona a quien había idolatrado durante tanto tiempo sin siquiera saber su nombre completo.
Caminó con paso lento y mirada ensombrecida hacia el bote de basura más cercano para tirar todos los regalos que había preparado para su confesión de amor; una bufanda tejida a mano que hacía juego con el suéter que normalmente le veía puesto, un pequeño pastel de chocolate que había horneado la noche anterior y un ramo hecho con algunas de las flores que él mismo había elogiado mientras pasaba por el club de jardinería. Todo eso ahora no podía sino simbolizar y servir como prueba de su ingenuidad.
Una vez se deshizo de todo eso, se quebró. Rompió en llanto y corrió a donde las miradas de los demás estudiantes no pudieran alcanzarla.
Se detuvo al percatarse de que sin darse cuenta había llegado al antiguo edificio de su escuela. Afortunadamente debido a su antigüedad sólo se usaba la planta baja para evitar un colapso de la estructura superior. Decidió subir dos pisos más en busca de privacidad absoluta para poder desahogarse sin miedo a ser juzgada por sus lloriqueos. Una vez llegó al baño de mujeres del tercer piso, cerró la puerta tras ella y cayó recargada contra esta para llorar sin cohibimiento alguno.
Enterró su cabeza en medio de sus piernas y luego se abrazó a sí misma. Su mente estaba confundida, una parte de ella quería pensar que todo esto no era más que un mal sueño producto del estrés vivido esas últimas semanas, de la emoción y preocupación que sentía cada que recordaba que la fecha elegida para proceder con su plan de conseguir un novio guapo se acercaba, si esto era una pesadilla en verdad que la podría catalogar como una de las peores que había tenido en su corta vida. Sin embargo, una voz la hizo regresar al mundo real.
—Toma.
Levantó la mirada y con el reverso de su mano trató de limpiar algunas de las lágrimas que hacían que su visión estuviera borrosa. Enfocó el objeto frente a ella y lo agarró, se trataba de un trozo de papel higiénico.
—Gracias —respondió con una voz apenas audible y lo menos entre cortada que pudiera articular.
—No agradezcas, igual no es como que quiera limpiar más este asqueroso baño.
La chica volteó a ver al dueño de la voz a quien hasta ese momento pudo reconocer como varón. Se trataba de un chico ligeramente más alto que ella, de cabello oscuro y corte de tazón, sus ojos eran del color del ámbar y su mirada era bastante peculiar, sentía como si pudiera ver a través de ella, tenía algunos vendajes en sus brazos y un parche en su mejilla izquierda.
Y entonces recordó que estaban en el baño de mujeres.
—¿¡Qué haces acá, eres acaso un pervertido que trata de espiar a las chicas que se meten a los cubículos!? —gritó, olvidándose del dolor en el pecho y levantándose para emprender la huida en caso de ser necesario.
—Normalmente eso sería lo que haría pero la verdad es que estoy castigado. Tuve que limpiar todos los baños del viejo edificio y afortunadamente este es el último. Así que si no le molesta señorita llorona, quisiera que procediera a retirarse antes de que ensucie con sus lágrimas el piso que me he esforzado en trapear —contestó con un tono calmado y burlesco, adornando su cara con una sonrisa y colocando dentro de una cubeta algunas de las cosas que había usado para tallar el sarro de los lavabos.
Nene se sintió ofendida. No era una llorona, era algo sensible sí, pero jamás se hubiera catalogado como el tipo de chica que lloraba con facilidad. Limpió su cara con el trozo de papel que aquel chico le había dado y procedió a mirarlo fijamente con la cara más atemorizante que su rostro le permitiera hacer en ese momento.
Piel enrojecida a causa del bochorno y enojo por haber sido llamada llorona, cachetes inflados y ceño fruncido complementaban el look “amenazante”.
El chico quería aguantar las ganas de reír sin más. A sus ojos la chica parecía un hámster con una semilla de girasol atorada, trató de mantenerse serio pero su personalidad alegre no se lo permitió y soltó una carcajada que bien pudo haber retumbado por todo el 3er piso.
La joven no sabía cómo responder ante esto, normalmente en los programas que veía cuando una chica se molestaba con un chico este procedía a disculparse, pero él no había seguido el guion que había escrito en su cabeza para esta situación.
—¡No es gracioso! —le gritó mientras trataba de guardar la compostura.
—¡Lo dices porque no viste tu cara! —contestó el contrario limpiando una lágrima que había salido de su ojo derecho con su dedo índice.
La joven soltó un gruñido mientras trataba de contener las lágrimas que amenazaban con volver a salir de sus ojos, estaba ya dispuesta a irse cuando aquél indeseable la tomó de la mano.
—Disculpa, creo que me excedí un poco contigo. —Se excusó en lo que recobraba la compostura y aclaraba su garganta.
—No te preocupes, creo que en definitiva hoy no es mi día. —Soltó un suspiró.
—¿Por qué llorabas?, claro si se puede saber.
Nene dudó un poco sobre si contarle o no sobre Fuji pero al final la mirada llena de remordimiento del chico la hizo hablar.
Le contó todo; desde la primera vez que lo vio, sus largas horas tratando de aprender como cocinar, coser y plantar, hasta el día presente donde su confesión de amor no había salido como lo planeaba.
La miraba con atención, preguntaba cuando se mareaba con todas las explicaciones que ella le daba o cuando perdía el hilo de la conversación, Nene se sentía bien por haber encontrado a alguien, que aunque fuera por unos minutos, le ponía atención. Una vez terminada la dramática historia, el misterioso joven abrió la boca.
—Me contaste todo sobre este chico pero nunca me dijiste su nombre.
Nerviosa, pues sólo sabía su apellido, no sabía que contestar.
—Se trata de Fuji-senpai de la clase 2A —respondió, esperando que fuera suficiente para calmar la curiosidad del chico que se encontraba a su lado recargado en los lavabos
—Ya veo... —Se cruzó de brazos.
—Sí... ¿Qué crees que deba hacer? —preguntó, esperando algún tipo de consejo o plan para hacer caer a su príncipe encantador en sus brazos
—Honestamente creo que deberías olvidarte de él. Si bien es cierto que una acosadora es algo que temer, a mí en lo personal no me molestaría que fuera alguien como tú. Lástima que el tipo haya dejado ir a la oportunidad de su vida, yo estaría feliz de saber que alguien se preocupa así por mí —contestó, sin darse cuenta del sonrojo de la contraria—. ¡Y pensar que aprendiste todo lo que le gusta y disgusta, te esforzaste tanto tratando de ser lo que él quería en una chica! —Continuó dirigiendo su mirada al cuerpo femenino—. Sabes, creo que la solución es bastante más simple.
—¿A qué te refieres?
—Enamórate de mí, yo te trataría mucho mejor que él.
Negó rotundamente con la cabeza.
—Lo siento pero no eres mi tipo. Me gustan los chicos inteligentes, altos, guapos, caballerosos y fuertes. —Enlistó las cualidades de su ideal de novio en lo que se sonrojaba pensando en todos los chicos encantadores que había visto en revistas y programas de TV.
—¿Insinúas que soy todo lo contrario? ¡Eso duele! —exclamó, haciéndose el ofendido.
—No me refiero a eso... Es solo que, soy tan patética. Estoy en el baño de mujeres del tercer piso del antiguo edificio hablando sobre mi frustrante vida amorosa con un chico del cual no sé ni su nombre.
—¿Ese es el problema? Se arregla fácilmente. Mi nombre es Amane Yugi, de la clase 1C de la división de preparatoria, encantado de conocerte señorita piernas de rábano llorón. —Sonrió y estiró su mano esperando que le devolviera el gesto.
—Mi nombre es Nene Yashiro, de la clase 1A. ¡Y no soy un rábano y mucho menos una llorona! —Hizo un puchero y entrelazó su mano con la masculina.
—Bueno señorita Yashiro, ahora que nos conocemos y que su llanto ha cesado, ¿podría considerar retirarse del baño? Todavía tengo un último escusado que limpiar —dijo, colocándose unos guantes de látex amarillos.
—¿Qué te parece si te ayudo? Después de todo me escuchaste e incluso me aconsejaste aun siendo una total extraña para ti. ¡Así que para celebrar nuestra amistad te ayudaré a recoger lo que usaste y lo llevaré al cuarto de mantenimiento! —Propuso mientras recogía la escoba y el trapeador.
—No es necesario que lo hagas. Si lo hice fue porqué aprendí que debo ser gentil con las chicas, no esperaba nada a cambio así qu... —Se detuvo en cuanto un dedo se posó sobre sus labios.
—Voy a ayudarte porqué eso es lo que los amigos hacen, así que si vuelves a negarte les diré a todos que estabas en los baños de mujeres tratando de espiarme. —Amenazó.
Resignado terminó accediendo y cuando menos se lo esperó el baño ya estaba complemente limpio. Descansaron por un momento sentándose en el antepecho de la ventana que daba hacía el patio principal y contemplaron la vista desde ahí.
—Yugi-kun... ¿Puedo saber qué hiciste para que te castigaran?
—Es algo un poco tonto ahora que lo pienso —contestó viendo al piso.
—No importa, creo que lo mío es mucho más patético que cualquier cosa que puedas contarme.
—Si eso crees supongo que no hará daño contarte. A final de cuentas para mañana todos sabrán. —Tomó una bocanada de aire y centró la mirada a los edificios en el horizonte—. Supongo que conoces a Lemon, es de tu clase.
—Sí lo conozco pero no somos precisamente amigos, sólo compañeros.
Y así fue como el chico de cabello oscuro le contó sobre cómo sobrevivió al ataque de cierto gafotas que buscaba asesinar al joven adicto al celular y a su vez la manera en que tanto él como su hermano lograron inmovilizar al agresor para evitar terminar cuál carne molida.
Esto claro, hasta que cierto rubio de un grado superior llegó y los mandó a todos a detención.
—No tienes porqué sentirte mal Yugi-kun, hiciste lo correcto. Me pregunto si Aoi ya sabe de esto... Como sea lo que importa es que Yamabuki-kun está bien. —Trató de animarlo.
—Pero... ¡Agh! Ya da igual, mi historial académico no podría estar más sucio. ¡Estoy seguro de que mis padres me van a matar en cuanto llegue a casa! —exclamó visiblemente alterado.
—Tranquilo, Yugi-kun, estoy segura de que ellos entenderán.
Amane guardó silencio, no quería entrar en detalles sobre lo estricta que era su familia y sobre el posible castigo que le aguardaba. De solo pensarlo no pudo evitar recordar el dolor, la frustración y la impotencia que sentía cada que lo obligaban a hacerlo, no era algo que disfrutara, no importaba cuantas veces rogara para que no lo hicieran hacer nuevamente “eso”. Nunca era suficiente, nunca nadie lo escuchaba y no le quedaba más que aguantar. Salió del trance en cuanto sintió la mano de Nene sobre la suya.
—¿Qué pasa Yugi-kun?, de repente te pusiste pálido.
—N-no es nada, sólo estoy algo cansado, fue un día largo.
—Creo que es mejor que nos vayamos. ¿Te gustaría que te acompañe a la oficina del director para ver si tus padres ya salieron?
—No, estoy bien así. Pero es mejor que te vayas, pronto oscurecerá y no es buena idea que chicas tan lindas como tú anden solas a estas horas.
—Si no quieres que te acompañe basta con que lo digas, no es necesario que digas cosas que no son ciertas, ¿sabes?
—¿Me llamas mentiroso?
—Sabes a lo que me refiero —respondió tomando sus cosas del piso—. Espero verte mañana, podríamos comer juntos a la hora del almuerzo y platicar un poco más. ¡Claro, sólo si quieres, no tienes por qué sentirte presionado!
—¿En verdad estás segura de que es buena idea?
—¿De qué hablas?
—Nada, es sólo que... Mejor olvídalo.
—Está bien... Supongo.
—Nos vemos, Yashiro-san.
—Nos vemos, Yugi-kun —se despidió.
A sabiendas de que una figura los había estado observando desde hacía ya un rato, decidió hacerse el desentendido y seguir observando por la ventana mientras pensaba.
Con que amigo... Nene Yashiro era en verdad un caso especial.
No era como si nunca hubiera tenido amigos. Los había tenido, pero ninguno había durado. Ni uno solo había estado ahí cuando las cosas para él se ponían duras y sombrías, y en este punto de su vida creía que era lo mejor.
¿Quién podría estar interesado en ser amigo de alguien como él? Alguien que solo acarreaba problemas, tan poca cosa, tan inseguro y herido por dentro, tan roto y que no podía ofrecer más allá de una amistad superficial. Era el renegado del grupo. Aquel que los demás volteaban a ver cuándo deseaban no sentirse tan miserables pues de esa manera recordaban que la vida de Amane Yugi era por mucho, la porquería más grande que Dios había creado.
Estaba bien con ese papel aun cuando su sonrisa cada día era más y más falsa. No sabía hasta cuándo podría seguir con ese papel y eso le quitaba el sueño a diario, encontrando refugio en las horas de madrugada que pasaba observando y admirando la luna y las estrellas.
Muy en el fondo soñaba con un día simplemente volar al enigmático satélite y quedarse ahí. Solo él y la inmensidad del cosmos; sin reglas, sin códigos, sin presiones, sin castigos y sin dolor. Aunque ahora sólo soñaba con alcanzar las estrellas que adornaban el firmamento, en algún momento de su infancia verdaderamente había aspirado a llegar al satélite natural de la Tierra; pero esa meta había sido borrada de su lista de aspiraciones hace ya mucho tiempo.
—Amane. —Una voz interrumpió sus pensamientos.
—Tsukasa —respondió, observando a la joven de tobillos anchos correr a la salida.
—El abuelo nos espera... Ni padre ni madre vinieron.
Recogió sus cosas y salió del baño acompañado por una figura idéntica a él.
—¿Dónde estaban y por qué demoraron tanto? —preguntó el anciano mientras el chófer le ayudaba a meterse al auto.
—Amane estaba hablando con una chica. —Se le adelantó el menor de los gemelos.
—¡N-no es cierto!
—Con que una chica... —dijo el viejo mirando a través del espejo retrovisor a su nieto mayor.
—Me ayudó un poco con el castigo, es todo.
—¿Se besaron? —cuestionó su hermano.
—¡Tsukasa!
—Para recién haber salido de un problema enorme están bastante animados.
—Lo sentimos mucho. —Se apenó el mayor.
—Pero yo no lo siento, Amane.
—Espero que vayan pensando en cómo hacer que me lleve este incidente a la tumba.
—Sí, abuelo, gracias —murmuró el nieto mayor con una leve sonrisa mientras observaba el atardecer a través de la ventana.
La noche anterior Aoi se había negado rotundamente a que Nene le contara por teléfono como fueron las cosas con Fuji, prefería enterarse con lujo de detalle de manera personal. Por lo que no era sorpresa que hubiera madrugado para esperar a su amiga en la entrada de la escuela, esperaba de todo corazón que las cosas hubieran salido tal y como la peliblanca había soñado.
El sentimiento de amistad era mutuo, desde que el par de colegialas se habían conocido en el club de jardinería durante el segundo año de secundaria, se habían vuelto inseparables y ahora que ambas estaban en el mismo salón su relación se había fortalecido.
Largas eran las horas en que ambas chateaban por internet o se llamaban mientras veían sus programas favoritos para fangirlear sobre este actor y aquel. Su relación era pura e inocente, nunca se habían disgustado ni se habían guardado secretos la una de la otra, así que era natural que la primera en saber sobre su aventura amorosa fuera ella.
—¡Nene-chan! —gritó para atraer su atención en cuanto la vio. Rápidamente se reunieron y después de saludarse, Aoi empezó el interrogatorio—. ¿Y bien?, ¿cómo te fue?, ¿ya tienen la fecha para la boda? —Se veía entusiasmada en verdad y eso le hacía un poco más difícil el decirle la verdad, pero tampoco era como si la interrogada pudiera mentirle a su mejor amiga.
—Eh... cómo decirlo... —Nene empezó a tartamudear y a no poder hilar frases coherentes.
—Ya veo... estás tan emocionada por tener a tu primer novio que no sabes cómo expresarlo~ ¡Eres muy linda Nene-chan!
—En realidad... Fuji-senpai me rechazó —contestó mientras caminaban hacia su salón, tratando de sonreír para disimular el dolor en su pecho.
—Oh... Bueno, hay muchos peces en el mar. —Trató de consolarla su mejor amiga.
—Fue tan humillante e hiriente... —Suspiró el rábano parlante antes de contarle todo a su amiga. Bueno en realidad no todo, había omitido la parte del chico del inodoro.
Aoi estaba molesta pero lo disfrazaba bastante bien con una sonrisa. Por dentro su instinto asesino demandaba sangre, anhelaba deshacer con sus propias manos al desgraciado que se había atrevido a lastimar a su mejor amiga.
Nene por su parte dudaba de si había sido buena idea decirle todo lo que había pasado, pues aun cuando la chica de cabello morado parecía tranquila, sabía que bastaba una mirada de odio como para que el ambiente a su alrededor se volviera inquietante hasta para los más valientes.
Sí, esta era la mejor amiga de Nene y también la reina de Kamome; era inteligente, hermosa, dulce y carismática, sin mencionar que sus piernas eran delgadas y perfectas, casi todos los chicos estaban detrás de ella; sin embargo esto no hacía que Nene la viera con envidia o molestia. Por el contrario, desde el primer momento en que ambas se hablaron se dieron cuenta de que eran unas románticas empedernidas, unas soñadoras que amaban la idea del amor así como las cursilerías. Aun cuando algunos aspectos de Aoi hacían temblar a la albina, como su gusto por los insectos rastreros y las historias de terror, era su amiga más preciada.
La pelimorada por su parte no podía más que maldecir en su mente el momento en que Akane quedó suspendido, sabía que bastaba una pequeña insinuación para que el de lentes dejara en el hospital a Fuji, pero gracias a lo ocurrido el día anterior tendría que esperar una semana para que ese tipo pagara por lo que había hecho con su amiga.
Por lo mientras debía buscar la manera en que su confidente ya no pensara en su primera decepción amorosa. Lamentablemente ya no había tantos rumores sobrenaturales así que decidió hablar sobre la noticia del día.
—Nene-chan, ¿supiste lo que pasó con Akane-kun ayer?
—Algo así, alguien me contó un poco sobre eso. Y ahora que lo mencionas me parece raro que no esté en el salón, ¿tendrá deberes en el consejo?
—No, está suspendido por una semana. Supongo que sabrás que Lemon y los gemelos Yugi también están suspendidos, aunque Lemon solo tenga tres días de suspensión
—Bueno, al menos no los expulsaron, ¿no crees?
—Sí, aunque me pareció bastante inusual...
—¿El qué?
—Que hayan logrado salir ilesos, a final de cuentas Akane siempre logra salirse con la suya...
—Ya veo —dijo Nene, preguntándose el motivo de que Aoi pareciera tan calmada a sabiendas que su amigo de la infancia merodeaba por la escuela golpeando con un bate a las personas que se le acercaban—. ¿Y por qué quería golpear a Yamabuki-kun? Esos dos apenas y se hablan.
—Supongo que es porqué le dije a Akane-kun que me gusta Lemon.
—¿¡Te gusta Yamabuki-kun!?
—Sí, Nene, ¿no era obvio?
—¡Nunca me di cuenta! ¿Por qué te gusta?
—No lo sé. Me gusta su faceta de chico malo y despreocupado —respondió sonrojada.
—No sabía que ese tipo de chicos te atrajeran.
—No tengo un solo tipo de interés Nene-chan.
—¿Cómo?
—A veces me llaman la atención los chicos fuertes, luego los sensibles, otras más los deportivos y puede ser que después de un rato me gusten los chicos buenos.
—Vaya que eres versátil, Aoi.
—Un poco. —Culminó y se fue a sentar a su lugar pues el maestro ya había entrado.
La hora del almuerzo llegó el par fue a comer al jardín bajo un roble blanco.
—Akane-kun me acaba de mandar un mensaje.
—¿Y qué quiere?
—Quiere que le preste mis apuntes para que no se quede atrasado en clases.
—Es normal, si quiere quedarse en el consejo no debe bajar su promedio.
—Lo sé, es un chico muy responsable, aunque...
—¿Qué pasa?
—Al parecer el acuerdo al que llegaron los padres de familia en su reunión de ayer con el director es que van a cambiar a uno de los suspendidos de salón. Akane teme que sea él.
—No lo creo, es parte del consejo estudiantil.
—Sinceramente yo espero que no cambien a Lemon.
—Tranquila Aoi, ya verás que no será así.
—¿Qué te parece si saliendo de clases vamos a mi casa y hacemos una pijamada?
—¡Me encantaría! ¡Preparemos muchos pasteles y compremos muchas golosinas para ver el nuevo capítulo del dorama que me recomendaste!
—¡Entonces está decidido; pijamada en mi casa! Le mandaré mensaje a mis padres para avisarles.
—Yo también, pasaré primero por un pijama y algunas cosas, y luego nos vemos en tu casa.
—¡Muy bien!
Rieron un poco, ya había pasado un tiempo desde que habían hecho una pijamada.
El día siguió su curso y ambas se dirigieron a sus respectivos hogares para prepararse.
Luego de que Nene tomara sus cosas se dirigió al supermercado para comprar golosinas y algunos ingredientes que Aoi le mencionó que faltaban para hacer el pie de frambuesa que tanto le gustaba a ella y los mocchi de fresa que tanto adoraba la peliblanca.
Una vez llegó a casa de su amiga fue recibida por la señora Akane, quien le ayudó a cargar con todo lo que había llevado y, una vez todo estuvo en orden, el par de adolescentes se pusieron manos a la obra para empezar a preparar sus postres favoritos.
La cocina estaba llena de harina, al igual que sus caras, sus risas se escuchaban por toda la casa y al menos en ese tiempo ninguna de las dos volvió a pensar en lo que las aquejaba.
Ya era casi hora de que su programa empezara. Se habían duchado y estaban terminando de arreglar la sala para relajarse mientras disfrutaban de lo que la televisión tenía para ofrecerles. Los pastelillos estaban listos para ser consumidos al igual que las frituras.
En lo que esperaban a que los últimos comerciales fueran transmitidos, Aoi cepillaba el cabello de su amiga.
—Sabes Nene-chan, nunca me dijiste quien te dijo lo que había pasado con Akane. No fue sino hasta hoy que se supo de manera más abierta.
—¿Recuerdas que te mencioné que me fui a desahogar al baño del tercer piso del viejo edificio?
—Sí, el mismo en el que se dice que puedes contactar con Hanako-san.
—Pues me encontré ahí a uno de los gemelos Yugi.
Aoi se paralizó un momento y un poco angustiada decidió continuar.
—¿Y qué pasó?
—Primero me llamó llorona, luego se burló de mí cuando traté de intimidarlo con mi cara más amenazante, pero después...
—¿Después qué pasó Nene-chan?.
—Se disculpó y le conté lo que había pasado con Fuji-senpai. Me escuchó y aunque me molestó un poco, también me aconsejó diciéndome que debía olvidarlo. —Tomó un poco de aire y trató de que su rostro dejara de encenderse con sólo recordar las palabras del zaino—. Como sea, ambos somos amigos ahora.
—Ya veo... Me alegro mucho por ti, pero, ¿estás segura que sólo te agrada como amigo?
—¡Claro que sí! Ni siquiera es mi tipo; o sea, es bajito, no resalta mucho y le gusta molestarme, en definitiva no es como si pudiera verlo como a un príncipe encantador y caballeroso —contestó, haciendo un leve puchero.
—Vale, vale, ya entendí —dijo Aoi haciendo como que no notaba el color rojizo en las puntas de las orejas de su amiga.
—Amane.
—¿Qué quieres ahora Tsukasa? —respondió evidentemente molesto.
—Estoy aburrido.
—Deberías hacer la tarea.
—Ya la hice.
—Hacer tarea no significa vaciar la cocina. Sabes que las donas glaseadas y de chocolate son guardadas en otro lugar desde que nos encontraron tratando de comer algunas durante la madrugada.
—No son donas lo que quiero. Buscaba algo un poco más dulce...
—¿Más dulce?
—Sabes, Amane, tu nueva amiga huele muy bien. Su olor me recuerda a esos pastelitos que venden en la panadería de la calle frente al parque. Como mocchi de fresa... Me pregunto si su sabor es igual de agradable, tal vez lo es más... ¿No tienes curiosidad?
—No sé a qué te refieres. —Continuó haciendo su tarea mientras fingía que las palabras de su hermano menor no lo habían asustado.
—Lo que estás escuchando Aoi, así que de una vez hazte a la idea.
—P-pero... ¡No puede ser!, ¿¡por qué él!?
—Órdenes del director.
—¡Debieron expulsarlos, nadie los aguanta! ¡Le harían un favor a la escuela si no regresaran!
—¡Ni se te ocurra hacer algo! Ya tenemos suficiente con que se haya sabido de tu gusto por el baseball.
—Esto no se hubiera sabido si ese par de enanos pervertidos se hubieran ido y dejado a Lemon solo.
—Bueno, las cosas no siempre salen como uno las planea, por lo que te recomiendo que te resignes.
—No puedo. De solo pensar que ahora él estará en el mismo salón junto con mi amada Ao-chan y que la vea con esos ojos lujuriosos manchando su angelical imagen...
—Aoi cálmate, empiezas a preocuparme en verdad.
—¿¡Qué no supo de la revista que le encontraron!?
—A decir verdad no.
—¡Era la ero-manga semanal! Una de las más lascivas e impuras del mercado.
—No preguntaré cómo es que sabes eso —dijo el rubio, apunto de colgar pues su hermana demandaba su atención —. Por lo mientras disfruta de tu nuevo compañero y no busques peleas con él, ¿entendido?
—Sí, presidente Minamoto.
Una nueva semana inició.
Nene y Aoi llegaron juntas al salón mientras hablaban sobre las misteriosas semillas que la de tobillos anchos había comprado por internet.
—¿Entonces no sabes qué tipo de semillas son Nene-chan?
—No. Es como una caja misteriosa, pero en lugar de cosas al azar son semillas al azar, me pregunto de qué tipo serán...
De repente, el maestro de matemáticas, que apenas había entrado al salón, habló.
—Clase, silencio. Antes de comenzar con la materia tengo un pequeño anuncio que hacer. —Los alumnos se sentaron rápidamente en sus lugares esperando a que el profesor continuara—. A partir de ahora su compañero Yugi Amane se unirá a su grupo. Algunos de ustedes ya lo conocen y los demás traten de llevarse bien con él y de hacerlo sentir bienvenido al grupo. Entra, Yugi-kun.
Amane entró a su nuevo salón tratando de evitar la mirada de los que ahora serían sus nuevos compañeros, cuchicheos empezaron a escucharse y el maestro los silenció.
—Yugi-kun, ¿podrías presentarte?
—Mi nombre es Yugi Amane, espero llevarme bien con todos —dijo mirando al piso. Nunca había deseado tanto volverse invisible.
—Bueno, ahora... —Examinó el salón en busca de un lugar disponible—. Te sentarás detrás de Yashiro-san. Yashiro-san, ¿podrías levantar la mano para que Yugi-kun pueda ubicarte?
Nene levantó la mano, se miraron y sonrieron. Sin mayor retraso, Amane procedió a sentarse en la butaca que le había sido asignada y las clases empezaron.
Tomaba nota de lo que el profesor escribía en la pizarra. Aunque se trataba de una de las materias en las que casi nunca tenía dificultades quería centrarse en lo que fuera, que no fuera el cuchicheo a su alrededor y las miradas curiosas de sus nuevos compañeros. Lo entendía, no era bienvenido. De repente, vio un papelito doblado caer sobre su libreta, lo abrió y leyó el mensaje dentro. Un mensaje de bienvenida seguido de algunos dibujos de lo que parecían ser estrellas y caritas felices.
Con una leve sonrisa en el rostro, no dudo en responder.
Tocó el hombro de la chica y en respuesta ella tomó la nota de vuelta haciendo que por un breve instante sus manos rozaran. No es sorpresa decir que el par de jóvenes se sonrojaron. Después de que Nene leyera su mensaje volteó y le sonrió para luego continuar con su apunte.
El azabache estaba feliz de saber que al menos alguien lo consideraba un amigo, aparte de Yamabuki, en ese salón.
Las clases continuaron y la hora del almuerzo llegó. Casi todos los alumnos salieron en busca de aire fresco y otros más se levantaron de sus asientos para estirar las piernas.
Nene por su parte volteó su butaca para terminar frente a Amane quien estaba buscando en su mochila su almuerzo.
—¿Qué comerás hoy, Yugi-kun?
—Unas bolas de onigiri, wok de pollo, té blanco y una dona, ¿qué hay de ti?
—Omelette con atún, ensalada de tomate, agua simple y un mocchi de fresa. ¿Te está gustando el salón, por qué no intentas hablar con los demás? ¡Estoy segura de que harás muchos amigos!
—La única persona a la que me interesa hablarle está frente a mí.
Nene se quedó muda por un momento y rápidamente simuló tomar agua, esperando a que el rubor de sus mejillas desapareciera. Entonces. Aoi llegó.
—Nene-chan, Yugi-kun, ¿puedo unirme a ustedes?
—¡Claro que sí! Supongo que no te incomoda, ¿verdad, Yugi-kun?
—Claro que no —respondió con una leve sonrisa. Aunque siendo honestos, hubiera preferido almorzar a solas con su amiga.
Amane ayudó a Aoi a mover una butaca para que comieran juntos. Las escuchaba hablar sobre su pijamada y de vez en cuando bromeaba con Nene o preguntaba sobre el dorama que veían. Mientras tanto, cierto cuatro ojos no le quitaba el ojo de encima, y eso era algo que el gemelo mayor podía sentir pero que prefería dejar de lado. Faltaban cinco minutos para terminar la hora de almuerzo. Nene había ido al baño y Amane ayudaba a Aoi a dejar la butaca que había usado en su lugar.
—Yugi-kun.
—¿Si?
—Gracias, por haber consolado y escuchado a Nene-chan el otro día.
—Ah, no es nada. Creo que se ve mejor sonriendo —respondió tímidamente. El agradecimiento había sido sorpresivo. ¿Acaso alguien le había agradecido algo antes?.
—Ya veo... Nene-chan es una chica muy especial y de sentimientos muy honestos. —Hizo una pausa recordando un pequeño fragmento de sus memorias mientras sonreía—. Ella entrega todo de sí misma por sus amigos y por quienes ella siente afecto, así que espero que nada ni NADIE la haga sufrir de nuevo.
Amane entendió bastante bien el mensaje que la chica de ojos morados le había comunicado de manera implícita y para cuando quiso responderle notó que ya había regresado a su asiento, Nene también ya había vuelto del baño, el profesor entró al salón y las clases se reanudaron
Los días pasaron tranquilamente. Nada remarcable que mencionar, con el paso del tiempo ya era común ver a Nene y Amane comiendo juntos cuando Aoi y Yamabuki no podían acompañarlos durante el almuerzo.
Sin embargo, algo no iba del todo bien. No era que Nene se sintiera incómoda o buscara cómo deshacerse de Amane, sólo quería saber porque todos los demás lo evitaban incluso dentro de las actividades grupales, pues cada que un profesor pedía que se formaran equipos él era el único en siempre quedar restante, por lo que Aoi y Nene decidían integrarlo en su grupo.
El día había terminado y el par de amigas se dirigían a sus respectivos hogares; sin embargo, Aoi notó algo de preocupación en la mirada de Nene.
—¿Pasa algo?
—Es sólo que me di cuenta de que nadie trata de hacerse amigo de Yugi-kun.
—Bueno, él es bastante tímido.
—Lo sé, pero hoy mientras estaba en el baño escuché a algunas de las chicas del salón hablar sobre él, dijeron cosas muy feas que no puedo creer del todo —dijo, recordando las voces de sus compañeras mientras veía al piso—. Sé que es algo irritante, y a mí también me parece raro que a veces llegue con vendajes y golpes. Nunca le he preguntado el motivo porqué siento que hay algunas cosas que prefiere no contar y tal vez aún no sea de toda su confianza como para que me diga que pasa.
—¿Qué tipo de cosas dijeron?
—Cosas tontas, pero que no dejan de rondar mi cabeza desde el almuerzo, creo que es mejor que lo olvide, ¿no crees? A final de cuentas son sólo rumores. —Trataba de sonreír como si lo que hubiera dicho no tuviera importancia.
—Creo que puedo imaginar lo que habrás escuchado.
—¿A qué te refieres, Aoi?
—Verás... Casi nadie sabe quiénes son ellos, sus padres, o su familia. Se les ha visto en un par de ocasiones pero nadie logra identificarlos del todo. Tampoco se sabe el motivo por el cual Amane-kun casi siempre llega con vendajes, algunos dicen que tal vez sus padres golpean al mayor por defender a Tsukasa cuando hace travesuras o los castigan en la escuela. —Se detuvieron en un parque para tomar asiento en unos columpios en lo que Aoi recordaba algunas otras de las interrogantes que acechaban al gemelo mayor—. Otros dicen que a pesar de la imagen tranquila de Amane-kun, está metido en problemas entre bandas de delincuentes. Incluso llegaron a afirmar durante una temporada que estaba involucrado con “Las Arañas”, ya sabes ese grupo de yakuza que nadie sabe si siguen operando o no. —Rieron ante la mera suposición, pues de entre todos los lugares en que podrían colocar al Yugi mayor, un grupo delictivo era el último sitio que se les ocurriría—. A lo que quiero llegar, Nene-chan, es que si en verdad quieres ser su amiga debes pensarlo bien. Es un chico amigable y que se preocupa mucho por ti o al menos es lo que he notado estos últimos días, en lo personal no me importa lo que se diga de él siempre y cuando sea bueno contigo.
Nene se quedó callada. Mil y una preguntas asaltaban su mente. ¿Por qué de entre todos los chicos con los que pudo haber hecho amistad tenía que ser uno que tuviera tan mala reputación?
Tal vez eso no le molestaría tanto si Amane fuera un poco más alto, menos pervertido e irritante y sobre todo, si fuera tan caballeroso como el protagonista de este nuevo manga que estaba leyendo. Tampoco era que fuese desagradable a la vista, a lo mejor a ojos de otras chicas incluso podía resultar... ¿interesante? ¿atractivo?
Pero para Nene Yashiro no era así, Yugi Amane nunca sería su tipo.
Nunca.
—Aoi, ¿podrías contarme más sobre lo que se dice de él y su hermano?
—Claro que sí. —Esbozó una sonrisa.
Desde rumores tan absurdos como el de que en realidad Amane era Hanako-san y por eso siempre estaba metido en el baño de mujeres, hasta cosas más factibles como su historial; discusiones y peleas con sus compañeros, bromas y apodos a profesores, las veces que le encontraron revistas xxx en su mochila, o la vez en que le encontraron una navaja en el bolsillo de su pantalón. Nene a veces reía y otras se preocupaba. ¿En verdad todo eso podía hacerlo una sola persona?, ¿es acaso que nunca se le había reconocido por nada bueno?, ¿había alguna verdad entre todos esos rumores? Debería investigar.
Una vez terminó de relatar lo que sabía en cuanto a rumores, la pelimorada creyó que su amiga estaría un poco más satisfecha; sin embargo, el semblante confundido de la contraria le decía que tal vez debería continuar con las pocas verdades que se sabían sobre él. Estaba algo celosa de que el chico de cabello oscuro se hubiera vuelto tan importante para Nene en tiempo récord.
Aclarando su garganta prosiguió con las únicas certezas que se tenían sobre él, su hermano y su familia. Las cuales eran pocas a comparación de la cantidad de rumores que giraban en torno a la misteriosa figura del mayor de los gemelos Yugi.
Era evidente que Amane, aun cuando su complexión menuda lo hiciera ver como alguien frágil, era bastante ágil, fuerte y veloz.
Nene recordó, ante la mención de ello, cuando durante la primera clase que tuvo junto con él en educación física la mayoría de chicos se peleaban por meterlo a sus equipos. Llegó a pensar erróneamente que a lo mejor estaba empezando a hacer amigos, hasta que se dio cuenta de que en realidad el pobre estaba asustado. Uno de sus compañeros lo había tomado de un brazo y otro del otro, ambos jalaban para que el contrario perdiera el agarre de la muñeca del pelinegro, quien aún a costa del dolor que se notaba en sus ojos permaneció mudo hasta que el entrenador fue a separarlos.
Aunque no lo pareciera, sus notas siempre habían sido altas en ciencias, matemáticas e inglés, ganando incluso varios concursos de spelling bee dentro de la escuela y a veces representando a Kamome en concursos de matemáticas o ferias de ciencias.
Otro hecho era que mantenía una relación bastante cercana con el profesor de ciencias, cosa que la peliblanca había notado, pues cada que la clase estaba por iniciar, el profesor Tsuchigomori lo llamaba para que lo ayudara a transportar los materiales para las actividades de laboratorio o incluso para prestarle libros.
El hecho de que el par de gemelos mantuvieran una relación muy estrecha era algo que cualquiera podría afirmar ya que casi nunca se les había visto pelear o discutir.
Sólo habían sido un par de veces en que sus padres habían hecho acto de presencia en los terrenos de la escuela a pesar de que no eran raras las ocasiones en que ambos se metían en problemas. Por lo que sabían, los hermanos habían heredado el físico frágil y delicado de su madre, y los ojos y cabello de su padre.
Nadie sabía dónde vivían. A veces Amane llegaba en bicicleta junto con su hermano cuando se les hacía tarde, indicando la posibilidad de que tal vez vivían algo retirados de Kamome.
La albina estaba en un dilema. Si bien Amane se había ganado el título de amigo, todo lo que acarreaba era probablemente bastante para ella; ¿qué haría si un día la metía en problemas?, ¿cómo actuar si volvía a pelear contra uno de sus compañeros?, ¿y si trataba de mostrarle una de sus revistas?
Varias situaciones y escenarios corrían por su mente, pero no era momento para ahondar en una en concreto, estaba decidida a encontrar la verdad sobre Amane Yugi y entonces decidiría si podría o no con todo el misterio que lo envolvía.
La resolución a la que había llegado no era la más ortodoxa, pero necesitaba respuestas y pruebas, por lo que decidió llevar una bitácora donde anotaría todo lo que su compañero realizaba durante la semana.
Lo observó durante clases y lo evitó durante el almuerzo. Aoi la ayudaba a que todo pareciera normal; sin embargo él se sentía cada vez más solo.
¿Tan poco tiempo había saboreado las mieles de la amistad? Se preguntaba.
Bueno, eso ya se lo esperaba de por si, trataba de consolarse al llegar a casa. Siempre era igual; conocía a alguien y luego de unos días la persona desaparecía de su vida, tal vez era mejor así. Nene no tenía por qué lidiar con alguien como él, aunque en el fondo hubiera deseado que fuera la excepción a la norma y se quedara a su lado.
Pasó la semana de prueba.
El lunes había llegado nuevamente y durante la hora del almuerzo tanto Nene como Aoi habían ido a atender asuntos de su club. Habían mencionado algo sobre unas semillas nuevas y tener que trasladar algunos de los brotes que recién habían crecido a las parcelas.
Aunque la verdad era que Amane ya no ponía tanta atención como antes a lo que le decían para excusarse de pasar el almuerzo o cualquier otro momento del día sin él.
Se fueron y fue ahí cuando notó como una pequeña libreta caía del bolsillo de la falda de su amiga peliblanca.
La recogió y decidió guardarla hasta que regresara; pero, algo en él le decía que tal vez no era mala idea echar un vistazo.
Leyó las pequeñas notas que Nene había hecho la última semana sobre sus movimientos. La verdad era que no sabía cómo sentirse, por lo que simplemente colocó la libreta en la butaca frente a él y siguió en lo suyo.
En otra parte de la escuela Nene y Aoi hablaban sobre los hallazgos de la espía en potencia hasta el momento.
—¿Has tomado ya una decisión, Nene-chan?
—Sí, la verdad es que no pude encontrar nada malo en él. Para ser sincera me decepcionó un poco, pero lo que ahora no entiendo es, ¿por qué crean rumores sobre él? ¡Es el chico más normal que me he topado!
—¿Qué esperabas entonces?
—No lo sé; tal vez una doble identidad, un amor secreto con el cual molestarlo cada que dice algo sobre mis piernas, alguna inseguridad o incluso alguna manía como comerse los mocos o morderse las uñas. Pero no fue así, es un ser humano como cualquier otro.
—Lo haces sonar como si hubieras esperado encontrarte con un alíen. ¿Qué planeas hacer entonces?
—¡Seguiré siendo su amiga!
Una vez el timbre de salida se escuchó, Amane se apresuró a tomar sus cosas para irse. No se sentía con ganas de hablar con Nene. Siendo honestos ni siquiera quería verla, estaba confundido y sabía que si se le acercaba solo la lastimaría, siempre pasaba eso cuando se sentía herido.
Para su mala suerte se percató de la ausencia de su celular en su bolsillo una vez que ya se encontraba casi en la salida de la escuela. Después de buscar en su mochila y en la bolsa de su camisa sólo quedaba como opción el ir a revisar al salón.
Regresó tratando de evitar ser visto por Nene quien seguía en el salón regando las plantas. Tal vez si esperaba a que se fuera o a que se descuidara podría ser lo suficientemente silencioso para arrastrarse hasta su lugar y buscar su celular en el compartimento debajo de su mesa sin que ella se percatara.
Dándose ánimos y aprovechando que la fémina se encontraba de espaldas, se metió al salón a gatas; no obstante el nerviosismo y las ganas de terminar con su misión de inmediato le hicieron olvidarse de que por encima de su cabeza ya se encontraba la paleta de su asiento por lo que al voltear hacia arriba para empezar a revisar se golpeó la cara, alertando a la chica peliblanca quien, algo asustada por el sonido, se dirigió hacia el origen del estruendo y se encontró con su amigo sentado en el suelo.
—¿Yugi-kun?, ¿estás bien?, ¿qué pasó?
Amane estaba adolorido y avergonzado, se podría decir que el dolor en su cara era menor al que sentía en el poco orgullo que le quedaba después de semejante situación tan embarazosa. Nene le extendió la mano y él en un acto reflejo la tomó para levantarse.
—No pasa nada, solo vine por algo que olvidé —dijo, buscando su celular.
—¿Estás seguro?
—Sí.
El tono cortante de Amane hizo que Nene se preguntara qué pasaba por su mente, así que lo detuvo tomándolo de la muñeca antes de que pudiera darle la espalda para irse.
—¿Pasa algo?
—No.
—¿Te han molestado? ¿Alguien te ha dicho o hecho algo para que estés así?
—Siendo sinceros, sí, hay alguien que me lastimó.
—¿Quién?
—¿E-en verdad creíste todo eso de mí?... Me hubiera gustado que me preguntaras directamente sobre lo que se dice de mí, no era necesario que me vigilaras. Todo este tiempo pensé que había hecho algo mal o que ya no querías ser mi amiga y que por eso te comportabas tan distante conmigo. Te extrañé mucho, ¿lo sabías? —La mirada ambarina partió el corazón de la contraria, dejándola sin palabras y sólo permitiéndole ver como el zaino se iba corriendo del salón.
Desde la ventana pudo ver a Amane llegar a la salida y encontrarse con su gemelo, quien, antes de que se fueran, volteó a verla.
Una vez concluidas sus tareas de cuidado de plantas tomó sus cosas y se fue, ni siquiera se molestó en despedirse de Aoi quien regaba las plantas del salón de junto. Tampoco prestó mucha atención a la persona con la que había chocado en su camino hacia la salida de la escuela.
Llegó a su casa y se acostó en su cama, se sentía mal consigo misma.
Algo dentro de ella se había roto, pero no sabía qué.
Teru Minamoto, también conocido como “El Príncipe de Kamome, era sin duda el chico con el que toda adolescente soñaba; guapo, inteligente, fuerte, caballeroso, de sonrisa gentil que complementaban un carisma y gentileza digna de la nobleza. Era justamente por eso, por su posición como el presidente del consejo estudiantil y muchos más detalles, que no podía hacer más que preocuparse por la chica que estaba tirada frente a él.
—¿Estás bien?
—S-sí, e-estoy bien.
A pesar de que en ningún momento había volteado en su dirección era evidente que estaba al borde del llanto, se preguntaba si era a causa del choque entre ambos pues tal vez se había lastimado.
—¿Estás segura?, si en verdad te sientes mal puedo acompañarte a la enfermería. —Le ofreció, tendiéndole la mano para ayudarla a pararse.
—N-no es necesario, ya me tengo que ir —respondió la chica mientras tomaba las cosas que habían salido de su mochila debido al impacto.
—¡Espera!
El joven le mostró su estuche de lápices a la distancia y ella no tuvo de otra más que regresar por el objeto con el rostro sonrojado para luego salir huyendo.
—¿Quién era, Teru-nii?
—Ni idea. ¿Qué tal tu primer día como miembro de los monitores de pasillo?
—¡Fue muy divertido!, aunque Mitsuba aún no sabe si ofrecerse como voluntario o no, después de todo nuevamente tiene un concurso de fotografía en puerta.
—Es una pena. Vayamos a casa, Kou.








