Prólogo
Tártaro, la prisión de máxima seguridad que todo villano de rango teme acabar ahí, y aunque existían excepciones, no es un logro que un emperador del mal, tan poderoso y reconocido, acabe en una pocilga lleno de idiotas que no supieron resguardar su pellejo, o era lo que pensaba con desdén el famoso Kai Chisaki, líder de las más grandes Yakuzas de todo Japón, la Shie Hassaikai, antes de acabar en el lugar que tanto despreciaba; sin embargo, fue una gran sorpresa para los medios y ciudadanos enterarse de la caída de este gran líder, puesto que la noticia no había tardado en llegar a cada minúsculo rincón de dicho país.
¿Quién diría que el villano más temido y odiado que deseaba eliminar el síndrome de Héroe, acabaría en una cárcel de mala fama como Tártaro? Nadies pudo adivinar pero si alguien en especial, que se mantuvo en anónimo mucho tiempo hasta que vio la oportunidad de verlo, a pesar de todo, fue un triunfo para la sociedad, más no para el mencionado, que se volvió una de las peores caídas que vivió a sus 30 años de vida.
Tan vergonzoso y lamentable.
No solo se había quedado sin su reconocimiento, sino sin su mano derecha y todo lo que tenía a su poder pero sobretodo, sin un quirk y sus preciosas manos, manos que fueron quitados por Tomura Shigaraki, líder de la Liga de Villanos. Así que no fue sorpresa para nadie ser la gran burla del año, donde su magnificente rostro no tardaba en aparecer en todas las portadas de las revistas más conocidas o en los más grandes titulares televisivos, recalcando como fue su fracaso y la cereza del pastel, la manera en cómo había acabado arrestado a Tártaro, totalmente perdido y loco, un digno paciente del psiquiátrico, que perdió la cordura apenas asimiló la idea de que su vida se dividió en pequeños pedacitos de cristal.
Donde cada esperanza de escapar parecía ir en picada tras permanecer encerrado en esas cuatro paredes tan grandes durante no sabe cuánto tiempo, ¿tal vez unos cinco meses o más de medio año? No lo sabía, pero aquella camisa blanca quedaba bien con su nuevo hogar y el holgado pantalón que de vez en cuando se caía, no parecía ir a su favor por una cuestión especial, sin encontrar la manera de levantarlo más que pedir "ayuda" a uno de los vigilantes que rondaban, humillante para quien en sus días era conocido como un líder Yakuza pero para otros, una pena ajena la cual reírse.
Sin embargo, no era para nada agradable escuchar murmullos de otros prisioneros sobre su condición pero no tenía más opción que morderse la lengua y dedicarse a seguir marcando las paredes con un trozo de lápiz todo masticado, contando las noches que pasaba despierto hasta ver el supuesto amanecer en la dichosa cámara que lo vigilaba las 24 horas o es lo que hacía hasta que la noticia de que nuevos villanos habían caído ante la poderosa justicia, se esparció por toda la prisión y es que el despertar del sucesor de AFO, provocó un montón de caos en la ciudad que desencadenaría lo más esperado por el bando enemigo, la última gota de esperanza daba inicio con el juego, comenzando por el y quienes se encabezarían la próxima rebelión.
—Ahora solo somos tú y yo, Chisaki-san.








