Aserrín, carbón y rosas
Me encuentro en el establo tosiendo sangre, mi cara contra un charco pegajoso y hediondo, mi cabeza duele y sangra, esos hijos de puta se excedieron otra vez, veo como los guardias se acomodan la ropa y uno incluso se acerca de nuevo, levantándome por lo que queda del cuello de mi remera, arrastrándome cual juguete usado mientras mi cuerpo se embarra por la mugre que hay camino a mi celda antes de arrojarme a ella. No lloro o me quejo mucho, esto ya es casi habitual.
El grupo de guardias se acerca con un viejo cuadro y uno de ellos se ríe mientras mira el cuadro, y luego a mí.
- ¿Así que, esta es la hermosa princesa? “cabello blanco perfectamente alisado, delgada, pechos firmes, ojos rojos cual conejo albino”, pff, ni se por qué decían eso de ti, lo único que veo es una chica desnutrida, ojos rojos pero de cansancio, lo único usable tuyo es ese culo, y también está perdiendo su encanto.- Acto siguiente, arrojó el cuadro al suelo mientras se iban caminando, esperaban que respondiera, que mostrara dolor, pero permanecí en silencio, ya no me quedaban fuerzas para quejarme siquiera.
Agarro un pedazo del cuadro para limpiarme la sangre de la cabeza, me miro en el cuadro cual espejo y recuerdo, solía ser una chica alegre, mi única preocupación eran mis clases de etiqueta, mis amigas hablando de cada chico que intentaba ligárselas, y de no salir al sol por mucho tiempo o me quemaba la piel. Ahora, luego de tanto tiempo, todo eso suena a estupideces, a cosas de niña mimada... Cosas que realmente añoro y sé que no volveré a ver. Nueve años desde el ataque de los “Ocultos”, nueve años desde que me han aprisionado, nueve años me han usado como trofeo de su victoria contra mis padres, me han torturado por diversión, me han tenido trabajando con los demás prisioneros, inhalando aserrín y carbón como si fuera escoria... Pasó tanto tiempo, que ya me lo empiezo a creer.
El reino de mi padre no era perfecto, ninguno lo es, pero era próspero al fin y al cabo. Muchos ex funcionarios, la mayoría despedidos por corruptos, no estuvieron felices por las decisiones que él tomó.
Han pasado nueve años de igual manera, y nadie intentó nada, un golpe de estado, o un levantamiento... Ni siquiera una protesta, nada, empiezo a creer que la gente está contenta con la nueva administración. Ningún príncipe o caballero vino a rescatarme, he intentado escapar incontables veces, me rendí luego del tercer año.
He visto prisioneros llegar e irse, suicidarse en mi celda, intentar violarme, hacerlo con éxito, los mismos guardias lo han hecho varias veces... Hoy iba a acabar con todo, ponerle fin a todo mi sufrimiento.
...
O iba a hacerlo, hasta que trajeron a aquella prostituta. Una chica alta, metro setenta y cinco, su vestido morado ajustado, un corsé que parecía cortar la respiración, pelo negro con reflejos rubios, ojos marrones, voluptuosa y hermosa como ninguna otra chica que hubiera visto en años.
La metieron a la celda mientras que ella parecía estar ebria, riéndose mientras era encerrada. Olía a perfume, era abrumador, casi me hace toser, pero era un alivio del olor a suciedad.
- ¡Vamos! El príncipe pagó por acostarse conmigo, estoy seguro que no iba a importarle que tomara una propina...- Dijo ella mientras que uno de los guardias la abofeteo.
- Si, pero tomarla de las arcas reales es otra historia, sucia zorra. Tus nuevos clientes te pagaran en carbón, eso es de lo que mereces.- Le dieron una patada en el pecho a la prostituta y ella cayó al piso, tosiendo sangre mientras que los guardias cerraban la puerta y se iban lejos. Inmediatamente me acerqué a ella y tosí un poco, el perfume sí que era abrumador, pero decidí ayudarla a incorporarse y llevarla hasta mi cama para que se echase un poco, aflojé su corsé para que pudiera respirar y suspiré profundamente.
Ella se quejó del dolor y estaba algo enojada, tratando de tomar aliento mientras me miraba, sus ojos eran hermosos, pero sobraba el maquillaje... Extraño el maquillaje.
- Ugh... que idiota, ese guardia me las va a pagar. Gracias por ayudarme lindura.- Claro que primero habló, y luego me miró bien, porque no creía que fuera ninguna lindura, no en este estado. Ella sonrió un poco mientras ya respiraba con normalidad.- Bueno, ese guardia es un tarado, pero cuando vea que esta noche falta gente, va a ser al primero que cuelguen por ello.
- ¿Que falte gente? Mira, llevo aquí nueve años, no hay manera de salir. Estas ebria, o drogada, o ambas... En todo caso, no gastes energías, no hay manera de salir... Por cierto, soy Marilin ¿Cómo te llamas?- Pregunté mientras trataba de devolver su mente a la triste realidad.
- No estoy drogada, si ebria, pero no drogada... Es distinto. Soy Lila, y si hay forma de escapar, solo tenemos que esperar hasta la noche, tengo un plan de respaldo.
- No digas tonterías, ni con el ejército más grande del mundo saldrías, tendrías que tener gente trabajando dentro del castillo, y no hay nadie más que los tontos estos de los ocultos.
Ella me miraba algo confundida mientras se incorporaba, sentándose al borde de la cama, mientras que se acercó a mí y me tocó la nariz.
- ¡Boop! Tenías carbón.- ¡Me tocó la puta nariz! ¡Esta chica está mal del cerebro!
- No vuelvas a hacer eso.- En cuanto lo dije, intento hacerlo de nuevo y aparté su mano.
- Vamos, no seas pesimista, es en serio que tengo un plan. ¿Crees en la magia?- Dijo ella con entusiasmo
- Claro que sí, pero no se hacerla, y si tu supieras, seguro no estarías aquí.- Seguía molesta por lo de la nariz, fue extraño... Pero si, si tenía magia, no estaría aquí.
- Pues yo en si no tengo magia, pero tengo un cristal mágico que nos sacará de aquí, pero necesito que los guardias estén dormidos para usarlos, por eso debe ser a la noche.- Dijo ella con una sonrisa que me desconcertaba, y parecía no entender lo serio de su problema.
- Cristales mágicos... Claro, si estás hablando de droga en serio me voy a enojar.
- No idiota pésimas... Ugh, mira, espera hasta la noche y verás que estaremos bien, solo tienes que darme una mano, si no me crees, quédate aquí respirando carbón y caca de los establos.- Parece que estaba más centrada ahora, pero la hice enojar con mi actitud, y con insistir que se drogaba, mi culpa.
- Bueno, está bien. Disculpa... Literalmente he perdido toda esperanza, así que es difícil creer que alguien llegue de la nada y tenga la solución a mis problemas.- Suspiré mientras que me senté a su lado, ella mientras estaba jugando con su cabello un poco, era tan hermoso que parecía de sueño, solo tenía vagos recuerdos de tener el pelo tan bien cuidado.
- No te preocupes, no te diré que lo entiendo porque no es así, lo que pasaste debe haber sido desastroso... ¿Qué hiciste para que te encerraran?- Preguntó ella mientras yo suspiraba algo adolorida por el recuerdo de aquella noche.
Tomo el cuadro que habían arrojado los guardias más temprano, y lo pongo cerca para que vea, casi se me sale una lágrima mientras me veía con el vestido celeste en aquella pintura.
- Nada muy malo en realidad, solo ser la legitima heredera del reino... Pero de lo único que soy princesa, es de aquella ratita que está en la esquina, un carbón con el que cuento los días, y eso de ahí.- Señalé una muñeca hecha del pelo que me había cortado con los años.- Estoy encerrada aquí desde los quince, y...
- ¿Tu eres la princesa de Cor? Carajo, si estas hace mucho tiempo, para el resto del pueblo, el golpe de estado fue una transición ligera, casi imperceptible, solo cambiaron la denominación de Reino a Imperio, y las vidas de los aldeanos no cambiaron en lo absoluto... Casi me había olvidado de que había sucedido.- Ella contaba la anécdota de la manera más despreocupada posible, mientras que yo me partiría en llanto si me quedaran ganas de llorar.
- Es bueno saber que al reino no le dolió la muerte de mis padres.- Dije con sarcasmo, mientras que estaba anocheciendo, sonando la trompeta de cambio de guardia.- Como sea, si tienes un plan, es momento de actuar.
- Bien, es hora de que saque el cristal, si no te importa, dame una mano ¿Si? El vestido es muy incómodo como para buscar libremente.
La miré algo incrédula, ayudándole a quitarse el corsé y empezando a desatar los nudos en la espalda del vestido para que estuviera más cómoda, este vestido era más ajustado que nada de lo que jamás hubiera usado- ¿Y en donde lo tienes si es tan real este cristal? Tu vestido no tiene ningún bolsillo y claramente en el pechamen o el corsé no puedes esconder mucho.
No noté mientras la ayudaba que ella se había estado arremangando la falda del vestido, momento en que vi que llevaba lencería negra, no había terminado de sonrojarme cuando vi que se estaba bajando las bragas y ahí fue cuando la detuve y me alejé un poco.
- ¿¡Qué carajos haces!? No no no no, no vas a usarme como los otros prisioneros y- Ella me interrumpió, acorralándome contra la pared y poniendo su mano sobre mi boca, la cual intenté morder pero ella me estaba mirando seria, lo más seria que había estado en toda nuestra charla.
- No voy a violarte, ni nada parecido. Cálmate o traerás a los guardias.- Dijo susurrando, mientras que hacia un gesto de dolor ligero, y veía que su otra mano sostenía lo que parecía ser un plug anal con una enorme joya en la punta, con forma de Rosa.- Esta es nuestra salida, así que calla y haz lo que yo diga, estaremos bien.









