Historias Creadas En Desvelo por thextiger en Inkitt
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Historias creadas en desvelo

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Sinopsis

Libro de historias cortas de diversas temáticas. Aquí dejo constancia de las ideas que se me ocurren en las noches y como las transformo en historias cortas.

Genero:
Other/Horror
Autor/a:
thextiger
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Agua sobre carne

Los días lluviosos suelen ser fríos o nostálgicos, pueden ser tormentosos y acogedores, incluso pueden relajar y dar nostalgia. Pero la lluvia solo puede dar estas sensaciones, porque es simplemente agua que cae del cielo, pero esto hace otra cosa, esto no es una simple lluvia, ¿por qué hace esto, por qué genera tanta paz y calma al mojarte?

Es tanto lo que hace que hasta se le da un día simplemente para disfrutarla, la gente de este lugar deja todo de lado, incluso sus puestos de trabajo con tal de estar bajo este aguacero rosado.

Sí, olvide mencionarlo, esta lluvia es de un pálido rosa, tan raro que no es imitable su color ni su aroma.

—¿¡Por qué me das un caso climático!? No soy ningún ambientalista o científico, mucho menos uno de tus empleados nuevos para darle un trabajo básico —refunfuña—.

—¡Porque no es un trabajo cualquiera, Esteban! Es de los que te gustan, enigmáticos y paranormales —pasa documentos sobre el escritorio—. Ya no me puedes decir que pierdes el tiempo con los casos que te doy, este te va a entretener.

A este desespero de hombre lo llamó mi jefe y también Roberto. Trabajó para él como un periodista promedio, pero con bastantes años bajo sus alas. He de decir que verdaderamente me tienen intrigado los casos paranormales, al final tienen un desenlace de lo más común, pero entretiene más que un crimen policial o algún anuncio deportivo.

Recojo los documentos que me dirigió y me propongo a mirarlo por encima. Lo que se puede leer a simple vista y resaltado es el titular «LLUVIA ROSADA DE LA PAZ». El artículo menciona que, al norte de la Patagonia, entre ciudades y pueblos, se encuentra una zona en particular; cerca de los bordes de una meseta, se genera una lluvia que es impredecible para los meteorólogos del lugar.

En la parte de detalles en el documento, dice que, este evento único ocurre una vez al mes, pero que no se sabe con exactitud que día del mes caerá; los lugareños afirman que su aroma es tan llamativo que les genera nostalgia y un aroma dulce sin ser penetrante, «un olor exquisito que no dejas de oler» menciona la dueña de una panadería. Otro detalle es su color es su color rosado, no se sabe a qué se deba, no es ningún organismo vivo como alguna bacteria o plantas como algas o algún hongo en la atmósfera, lo único que se sabe es que su tono es debido a algo orgánico, aún se sigue estudiando.

Dejo el documento sobre el escritorio de nuevo y miro a Roberto de nuevo, con una cara de incredulidad palpable.

—¿Es en serio que esto es real? No quiero que sea una broma pesada, porque si es así no estoy de humor, tengo que trabajar de verdad —dice-

—Lo digo en serio, Esteban, es una noticia que está rondando por Argentina. Ya bastante gente está yendo al lugar y lo confirman, demasiada gente con plata, gasta para ir luego y saber que llegaron tarde o que incluso ya no habrá nada hasta el siguiente mes —continúa hablando mientras se reclina en su silla—. Y los que sí lograron llegar parecieran como si les hubieran hecho el mejor maldito masaje de su vida, vuelven con mejor ánimo y hasta parecen jóvenes —exclama—.

—Eso sí, es algo inusual —se sienta del lado de visitas del estudio— como algo así da tantas cosas y no perjudica, al menos por el momento —mira a Roberto esperando una respuesta—.

—La verdad es que no tengo la más mínima idea y es por ese motivo que te quiero a vos ahí mismo - se inclina sobre el escritorio para ver mejor a Esteban—. Mira, este es el trato, te mando a este lugar un mes, ya que termino la lluvia de este y tomas las fotos que puedas de todo el evento y la zona, escribís una nota detallada de lo que ocurre y detalles sobre la lluvia. —Se pone de pie y rebusca en los archivos guardados detrás de él— Acá tengo una muestra de la lluvia que me consiguió un compañero, estuvo visitando a un familiar allá y durante la lluvia dejo esto afuera.

—Roberto le dirige una bolsa de plástico con un pañuelo de tela con patrones— ¿Quedo mojado y se volvió de un tono rosado? Pareciera como si simplemente lo lavara con ropa roja en un lavarropas.

—Roberto señala con el dedo el pañuelo— Cuando llegues allá, úsalo para saber cuando está por llover. Es lo mismo que cualquier llovía, el aire tiene un olor cuando se acerca la tormenta y este pañuelo solo tiene el olor de esta lluvia, así que te va a servir.

Después de esta charla y de arreglar el papeleo para conseguirme un viaje y alojamiento en el pueblo, salgo de la oficina y voy directo a mi escritorio personal. Aprovecho todo lo que tengo para anotar los sucesos que vaya a ver. Realmente me emociona ver algo que no conocía, por lo que investigaré lo que pueda durante el viaje en colectivo.

A medida que voy contando los pocos días que faltan para el viaje, dedique el tiempo que tenía libre para organizar y planear el viaje, buscar información del lugar y de como se produce este extraño acontecimiento. Lo que logre encontrar fue que se da en un lugar llamado Villa Regina, La zona donde ocurre la lluvia es en una meseta donde se emplea mucho el turismo con caminos donde pueden ir en auto o simplemente hacer senderismo. Un sitio bastante desértico comparado con el resto del pueblo.

La lluvia normalmente comienza de día y dura unas pocas horas. Se ha tratado de conservar el agua para beber, pero tiene un sabor poco agradable, como si bebieras agua con óxido y como lo comprobamos, el agua puede manchar las telas e impregnar su olor en las cosas.

Lo más extraño que pude comprobar fueron dos cosas, la primera es que los niños parecen disfrutar más de la lluvia, por lo que juego en lo alto de la meseta; lo segundo es que siempre ven a una doña en el lugar cuando comienza la lluvia y cuando termina, por lo que parece ser la que más comprende la situación, ese debería ser un punto importante que debo tomar. Visitar a esta señora debería ser una clave para la información que necesito.

Una vez empacada todas mis herramientas de trabajo me dispuse a salir de viaje, ya había pasado la semana hasta que se cumpliera el primer día del mes. Durante el abordaje del colectivo, me dieron el asiento más cercano a la ventana del segundo piso, así que pude aprovechar, ver el paisaje y tomar fotos del camino para agregar al documento. En el viaje aproveché a revisar una vez más el documento y me percaté de que no había comprobado el pañuelo aún, si estoy de camino puedo investigarlo.

Retire el pañuelo de la bolsa, la tela estaba tan suave que parecía nueva y hecha de seda, era como si sostuviera al aire mismo, la extendí para ver la forma completa. Su color era tan claro que apenas se distinguía el rosado, pero sabías que ese era su tono ahora, era algo apenas visible, pero que de algún modo te hacía notar su presencia. Me intrigaba tanto tal objeto que hice lo que Roberto me dijo, cerré los ojos y la olfatee. Y lo que paso después fue espectacular para mi cerebro.

Un aroma dulce invadió mi nariz, era oler el viento floral con caramelos en el aire, un olor que recuerda a la infancia, me dije a mí mismo. En ese momento me invadió esa nostalgia de la que tanto remarcan de esta lluvia, me hizo recordar tan vívidamente mi niñez, jugando con mi pelota, estando con mis primos y mis primas; jugando a las escondidas o al chento; las comidas caseras de mamá y de los abuelos; era vivir todos los buenos recuerdos de mi infancia que había encajonado mi cabeza en lo más profundo de mi subconsciente; un aroma así me dio más de lo que pude imaginar, me intrigaba cada vez más lo que era esta misteriosa lluvia.

Al abrir mis ojos me invadió la luz del amanecer y una pasarela de peatones con el cartel «Bienvenido a Villa Regina», lo único que pude pensar era, que de un viaje entre 14 a 16 horas, llegue en lo que tarde de olfatear el pañuelo.

—¿Será que también te hace perder la noción del tiempo?, eso o que estoy ya bastante agotado del trabajo —dije convenciéndome a mí mismo—.

Me bajo del colectivo y busqué mi maleta, estaba tan embobado por lo que había pasado que solo me propuse buscar mi alojamiento. Al llegar, acomode todas mis herramientas de trabajo, la notebook, mi cámara, los documentos del caso y mi propia libreta para hacer mis anotaciones personales que sirvan durante la investigación, luego de eso simplemente me recosté un rato para ordenar mi cabeza. Recordé las emociones que me hizo sentir el pañuelo, ordene los pensamientos que tuve en aquel momento y trate de armar algo coherente en mi cabeza.

Con el descanso que tuve fue suficiente, así que libro en mano, comencé a escribir todo lo que sentí y recordé con aquel aroma, detalle, su olor, la textura del pañuelo y las emociones que me hizo sentir, explicando que todas las emociones me desembocaron a recuerdos alegres de la niñez, momentos que te hacen sentir feliz; tuve que remarcar este dato como «bastante relevante», por el hecho de que parece ser un síntoma recurrente provocado por la lluvia, pero sacaría más datos una vez que lograra experimentar con mis propias manos sus propiedades tan peculiares.

Algunas semanas me dediqué simplemente a revisar el paisaje y la zona del pueblo, no eran muy diferentes a cualquier otro pueblo, pero aún seguían proceso de crecimiento y urbanización, la zona donde se producía esta lluvia tampoco era muy inusual. Se encontraban los senderos que mencione, los que te permitían subir a los bordes de la meseta, debajo de esta a nivel del suelo, solo se encontraba un parque pequeño y frente a este las vías del tren, que aún seguía pasando de vez en cuando.

—Tiene su encanto ciertamente. Pocas veces tengo la oportunidad de salir de Buenos Aires, esto es un cambio de aires —Me dije—.

Lo que podía destacar era que la pared de la meseta estaba bastante erosionada por la lluvia, lo que la dejaba con marcas fluviales de un tono rosado, que se combinaba a juego con el tono rojizo amarillento de la meseta. Tome un par de fotos al lugar y a las vías, también a las personas que pasaban por la zona a tomar aire fresco y matear. Los adultos y los más ancianos parecían tan enérgicos que era envidiable, pero de algunos de los niños y adolescentes no se podía decir lo mismo, la mayoría jugaba o se hablaban entre ellos, contándose chismes de la juventud; mientras el resto parecían decaídos, sin ganas de hacer nada o simplemente dando vueltas por ahí con cara melancólica o rascándose el cuerpo bastante.

Pensaba que debían estar enfermos por alguna alergia de la zona, de la cual tendría que tener cuidado si quería seguir trabajando. Me acerqué a una de estas familias para realizarles algunas preguntas del lugar, cosas históricas y otras que tuvieran que ver con el evento. Lo más destacable que me dijeron fue, que posiblemente había muchos mosquitos por la zona, que esa era la razón por la que los chicos están picados y rascándose tanto; la otra cosa fue que me acercara a hablar con la doña que vive cerca de «la barda», como la llaman ellos, que ella podría saber más, ya que siempre estaba los días de la lluvia cuidando las plantas de la capilla que había sobre la meseta y a los chicos que iban arriba para ver la lluvia caer.

No había mucho más para sacar, así que en los días que quedaban me dedique a buscar a esta señora mayor, no sabía su rutina. Pero sí que siempre se encontraba regando en la cima de la meseta, así que trate lo más que pude encontrarla en el momento indicado, ya que solo estaba poco tiempo, solo se mantenía de más cuando era el día de la lluvia. No pasaron muchos días hasta que pude congeniar el horario con ella.

Apenas iba llegando con una manguera para conectarla a la canilla de la capilla. Me acerqué tratando de no asustarla y por lo que vi, sabía que la estaba buscando.

—Hola querido, me estabas buscando bastante tiempo, les diste un susto a mis nietos, pensaban que me ibas a hacer algo, mira si te iban a hacer algo —decía mientras conectaba la manguera y la estiraba—.

—Perdona, señora, gracias por tratar de no hacerme nada supongo —decía jadeando por la subida de escalones y el pánico por lo que escucho—.

—No pasa nada, se nota lo poco que viajas o quizás sos porteño, también puede ser ambas —da unas carcajadas antes de encender la manguera—.

—Si... Quizás si...—ríe incómodo—. Me llamo Esteban y vine hasta acá para investigar un poco sobre esta lluvia rosada, se está volviendo una noticia grande —dije mirándola regar—.

—Se ve que sí, me gusta que venga gente nueva, mueve la plata por Regina, pero que sea por esta lluvia me da algo —dice concentrada en sus plantas— Perdón por no responderte, estoy vieja —ríe mirándome—, me llamo Rita, un gusto.

—Me acerco a una banca en la puerta de la pequeña capilla— Un gusto también Rita, quería charlar con vos un poco sobre esto justamente, mucha gente a la que entreviste me indica que vos podrías saber algo más, ya que estas los días de la lluvia.

—Rita deja su manguera para que riegue las plantas grandes y se queda parada— Sí, la verdad es que vengo a cuidar mis plantas, como vivo cerca de acá puedo oler cuando se forma la tormenta, así que me quedo acá arriba con los chicos que lleguen a estar en la lluvia —Se acerca a la otra banca cerca de la puerta—, pero sinceramente no soy fanática de la lluvia, si puedo la evito.

—Un poco atónito, me acomodo y me inclino a su dirección— ¿Hay alguna razón para que la evites? Todos parecen fascinados con ella.

—Bueno, la verdad es que cuando estás acá arriba y ves las cosas como son, me da tristeza. Recuerdos y sensaciones que te ponen a pensar las cosas que pasan por ahí, simplemente vengo para no olvidar esas cosas y rezar por mí y por aquellos que los necesitan —dice mirando al pueblo—.

El tiempo que estuvimos ahí, la interrogue sin profundizar en temas delicados para ella o sobre su familia. Me menciono que nunca probo los efectos de la lluvia y que estaba bien sin hacerlo, también de que si necesitaba saber cuando se acercara la lluvia me avisaría por un mensaje, lo que siguió a que yo le dejase mi número telefónico. Me indico que normalmente se da a horario de la tarde y finaliza antes de las 20 de la noche. También me recomendó que en lo posible no sucumbiera a experimentar la lluvia, que si de verdad quería ver como sucedía y los efectos, debía verlo desde dentro de la capilla al resguardo del agua.

—Lo más importante que te voy a decir nene, es que te prepares, no con tus cosas del trabajo, sino acá —apuntándose a la cabeza—, porque si la lluvia te da todas esas cosas lindas que dicen, el no disfrutarla es lo contrario.

—Está bien Rita, muchas gracias por el aviso y por tu tiempo, no quería tenerte por tanto rato —digo mientras acomodo mis cosas para irme—.

—No hay problema, cuídate y pensá en todo lo que te dije, si no vas a tener que rehacer todo hasta el siguiente mes —Se levanta y se dirige hacia sus plantas para continuar el trabajo—.

Hice justamente lo que Rita me había pedido, todas las ideas dieron miles de vueltas por mi cabeza, el saber como se podría dar la lluvia; el porqué era más importante no mojarme y ver la lluvia desde un interior; si ella tiene algo que ver en todo este fenómeno meteorológico; si hay algo más oculto entre sus palabras; la verdad es que tantas hipótesis me tuvieron en desvelo algún par de noches, pero pude escribir algo legible en el documento para Roberto. Lo último que quedaba era organizarme para el día que llegara la lluvia.

Pase los pocos días antes del evento acomodando los ajustes de la cámara para poder llevarla y grabar durante la lluvia, preparar los editores de la notebook. Luego salí a disfrutar de lo que tenía Villa Regina para mí, sus comidas, los lugares turísticos y los comercios abiertos al público que concurre diario; aunque ha sido para disfrutar algo el tiempo que estuve, todo giraba al trabajo y a completar el informe de este fenómeno.

Estoy ya a más de la mitad del mes y recibo varias notificaciones de llamadas entrantes, salgo de mi trance entre la computadora y yo, me dispongo a atender y era Rita, diciéndome que estaba por comenzar. Hasta este punto no me lo podía creer, ya había llegado la fecha e iba a ver un evento en el que yo tenía un privilegio de aviso sobre ello. Un evento único del que no sabía que iba a salir tan mal de él.

Coloque la cámara en un bolso y llame un taxista que está libre para que me llevara lo más cerca de la barda. La calle se estaba plagando de gente porque estaban presintiendo que se avecinaba la lluvia, en ese momento pensé que tantas veces que la han experimentado, sabrían detectarla como Rita. Al llegar al pie de la barda vi hacia arriba que ya habían llegado los chicos más jóvenes, así que me apresure a subir.

No mucho después me encontré a Rita dentro de la capilla con velas encendidas y rezando un poco, me dio lugar para acomodarme y prepararme para el acontecimiento, sin antes de escuchar una advertencia de ella.

—Por nada del mundo salgas a la lluvia o te acerques a los chicos, recuerda lo que te dije, es mejor que lo veas desde aquí y podrás ver todo y la verdad de la lluvia —se giró y volvió a rezar en silencio—.

Asentí en su dirección y me conforme con lo que ya tenía hasta el momento, desempaque la cámara del bolso y me puse a ajustarla en modo video, deje el paraguas cerca de la puerta de la capilla y me senté a observar lo que estaba por comenzar.

Los chicos se hablaban entre ellos, algunos con algo de incomodidad y otros seguros de estar ahí arriba; se pusieron en fila mirando para el pueblo, uno al lado del otro, algunos de ellos se pusieron sentimentales y comenzaron a tirar pequeñas lágrimas diciendo en voz baja que lo sentían. Por un momento pensé lo peor, hasta que dejaron ver lo que de verdad iban a hacer.

Cada uno de ellos mostró sus brazos, donde habían estado las picaduras de los mosquitos, algunos no las tenían, pero me di cuenta de que no eran picaduras, ellos mismos se estaban pinchando los brazos con agujas de cocer o algún objeto que los hiciera sangrar. Me quedé duro en el lugar, con la cámara grabando todo lo que pasaba. Los chicos se dejaban sangrar con los brazos extendidos, mientras las gotas caían a la tierra, decían para sí mismos cada uno, que querían a su familia feliz y que no se lastimaran más entre ellos.

Segundos después se comenzaron a ver nubes de un gris profundo acercarse solamente al pueblo, con grandes estruendos y rugidos de la madre naturaleza. Comenzó a caer pequeñas gotas apenas notables, hasta que de un momento a otro comenzó el aguacero, era tanta la cantidad que parecían baldazos de agua, pero no daban una sensación fría. El olor se hizo presente y era el mismo que conocí, uno tan dulce y llamativo que te invitaba a sumergirte bajo la lluvia; los chicos parecían llorar bajo la lluvia, pero no sufrir por dolor o algo parecido, era algo tan extraño que no sabía lo que ocurría.

Me giré para ver a Rita y tratar que me diera una explicación coherente sobre lo que estaba pasando.

—Eso era lo que querías ver, como se formaba la lluvia y como era —Se levanta del banco y mira hacia afuera cerca de mí—. Este es el pago por la famosa lluvia, la estabilidad y emociones de estos chicos. Para no sufrir más los abusos que suceden en sus casas vienen acá, si quieren hacer felices a su familia vienen acá o si quieren que todos sean buenos con otros vienen acá, dan su futuro y lo que sienten para que otros sientan felicidad y que ellos ya no sufran ni dolor, ni maltrátate.

—¡¿Pero, por qué nadie hace nada Rita?! —digo exaltado por la situación—. ¡Esto es horroroso!

—Por el mismo motivo por el que nosotros no nos metemos a la lluvia —Apunta hacia el pueblo—, porque los que sabemos no podemos salir, sino que nos volveremos adictos a la lluvia, todo el pueblo sabe cuando lloverá, porque hace lo mismo que las drogas nene, te mantiene atado, no te deja ver las cosas como son y querés más, dañas lo que sea por más. Mira tú mismo las cosas, para eso es el paraguas que te dije.

Mire mi paraguas y me acerque a él, como si tuviera miedo de usarlo o más bien de ver las cosas que me está diciendo esta señora, cosas que no me puedo hacer a la idea. Al no decidirme que pensar, por puro instinto abro el paraguas y tomo la cámara conmigo, me la llevo grabando todo como si fuera un documental. El exterior de la capilla es completamente de un rosa acuarela, llamativo, pero transparente; un color realmente raro, la lluvia en el barro parecía leche rosada; los chicos que provocaron esto estaban sentados en el barro, con la mirada perdida y con sus heridas ya casi cicatrizadas.

Me dispongo a bajar con cuidado por las escaleras y lo que voy viendo parecía una película bizarra y desagradable, la gente que estaba bajo la lluvia sucumbió a emociones de satisfacción como ninguna otra, sé frotaban el agua por todo el cuerpo, por cada rincón que pudieran hacerlo, lo disfrutaban tan intensamente que no les importaba nadie más que ellos mismo y la lluvia que recurría su cuerpo, dentro de las casas que daban luz a la calle, se veía a muy pocas familias o personas solitarias mirando por la ventana o mirándome a mí caminar entre la gente bajo la lluvia, una imagen bastante deprimente y sórdida de un momento al que llamaban placentero y que da paz.

Lo único que pude pensar es que esta gente, es la verdadera maldad para una familia, toda esta gente, se acosan entre sí; se gritan y se pegan; dañar psicológicamente a otros, lloran y odian por otros o a otros que no son a quienes deberían hacerlo, y están a mi alrededor, bañándose felizmente bajo la lluvia, una lluvia sangrienta. Es donde terminan a parar esos deseos de los más pequeños, los deseos de que sus papás y mamas ya no les peguen ni les griten; que ya no lloren ni sufran por culpa de ellos; esta gente se está bañando en la inocencia.

Volví poco después a mi alojamiento durante la caminata, mientras la lluvia iba cesando, pude presenciar que tardo unas pocas horas para terminar, pero yo quería terminar ya con este lugar. Arregle todo el video lo que pude y lo acomode junto al documento y lo mande directamente a Roberto para que quisiera hacer lo que le venga en gana.

Con Rita seguramente teníamos el mismo pensamiento, si esto se llegaba a publicar, podría impedir que siguieran con esta terrible tradición. Sin embargo, horrorosa sería mi expresión al saber que se publicó y lo único que paso, fue un aumento en el turismo de Villa Regina, familias enteras las visitaban, con niños pequeños.

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