Ⅰ
Las cámaras estaban listas para rodar el próximo episodio de ‘EN-O’CLOCK’. Sunoo estaba especialmente emocionado por este capítulo, ya que Halloween se acercaba y era hora de grabar el tan esperado episodio de terror. Siempre había sido fanático de los fantasmas; las películas de terror ya no le causaban más que risa, así que ahora se encontraba disfrutando de como sus compañeros corrían de habitación en habitación buscando la salida de la casa encantada donde los habían encerrado, mientras algunos miembros del equipo disfrazados de fantasmas los asustaban.
Aunque encontrase la situación cómica, Sunoo no pudo evitar soltar algún grito cuando los dos últimos “fantasmas” los sorprendieron a él y a su compañero Sunghoon en la salida.
— ¡Por aquí! — gritó Sunghoon en el último momento, agarrando la capucha de Sunoo para cambiar de dirección.
— ¿QUÉ? NONONO — intentó protestar Sunoo. Conocía el camino; lo había visto en un mapa de la segunda planta. Solo tenían que doblar la esquina y encontrarían la salida. Sabía que su compañero estaba asustado y había optado por salir corriendo, pero Sunoo estaba contento de haber encontrado la salida primero. Probablemente sería la primera vez que ganaba uno de estos juegos, pero gracias a Sunghoon, terminaron saliendo por la puerta incorrecta. Y no pudo evitar molestarse.
— No era por aquí, maldita sea. ¿Qué se supone que haces? — preguntó intentando recuperar el aliento de la mayor carrera que se había pegado en su vida.
— ¿Cómo que no? Estamos fuera.
— Ay, por dios. No puedes ser tan estúpido... ¿No ves que aquí no hay nadie? Si fuera la salida nos estarían esperando los cámaras. — resopló Sunoo, mirando a su alrededor una vez que recuperó el aliento.
Habían terminado en un lateral de la casa, justo al lado de la entrada del bosque. Debían entrar antes de que al lúcido de Sunghoon se le ocurriera la maravillosa idea de buscar más allá.
— ¡Ay, joder! — casi le abandona el alma del cuerpo cuando Sunghoon gritó de aquella manera detrás suya. No temía a los fantasmas, pero no se sentía protegido en una casa abandonada hacía al menos dos años, junto a un bosque donde nadie vendría a buscarlos si gritaban, pensando que aún estabarían jugando. — ¿Hola?
La sangre se le congeló en las venas cuando miró hacia dónde Sunghoon había lanzado aquel grito, pudiendo vislumbrar una figura delgada, ligeramente encorvada sobre su figura que se acercaba. Al principio pensó que era parte del juego, pero cuando la anciana se acercó, se dio cuenta de que no llevaba una máscara ni maquillaje.
Estuvo a punto de ofrecer su ayuda, pues una señora así de mayor no debía de estar por el bosque a esas horas de la noche. Sunoo dio por hecho que probablemente se había perdido. Pero no le dio tiempo si quiera a hablar, pues aquella persona les lanzó una piedra que gracias a dios impactó en la pared. Aunque el único blanco era él, pues Sunghoon había decidido que Sunoo era el mejor escondite que podía tener a pesar de ser bastante más alto que él.
— ¡Hey, señora! — preguntó su compañero asustado y notablemente molesto. — ¿Qué demonios le pasa?
— ¡Fuera de mi casa! — Bramó. Sunoo hubiera jurado que la voz de la mujer resonó en todas las paredes de la casa, por todo el bosque y hasta sus huesos.
— Disculpe... Esta casa lleva tiempo abandonada. ¿La hemos molestado? ¿Vive cerca de... — intentó Sunoo.
— ¡¿Abandonada?! Esta es mi casa. ¡Me la habéis robado! Ladrones chupasangre. — gritó la anciana, lanzando otra piedra que esta vez sí golpeó el brazo de Sunoo. —Malditos seáis todos los que venís a ocuparla, esta casa es mía y de mi familia. No podéis profanarla así... ¡No! No podéis. ¡Yo os maldigo!
Cuando se acercó lo suficiente para que las luces pudiera revelar su aspecto, pudieron comprobar que aquella mujer iba con unas ropas andrajosas, el pelo sucio y cortes esparcidos por la cara. Sunoo dio por hecho que a lo mejor si que podía haber estado viviendo en aquella casa y que no les estaba mintiendo, al fin y al cabo, los del staff les habían informado que aquella casa llevaba abandonada unos años. Esta mujer podría ser perfectamente alguna homeless que se refugiaba allí.
Se dispuso a adelantarse para acercarse a la señora pero Sunghoon se lo impidió. Estaba claro que aquella mujer necesitaba ayuda y un par de rocas no iban a impedírselo. Solo había que verla, ahora se había puesto a coger cosas del suelo... hojas, estaba recogiendo hojas y murmurando cosas sin sentido. Él tenía también una abuela de avanzada edad y le gustaría que si alguien la encontrase perdida por la calle, le brindase ayuda.
— No puedes acercarte, no sabes si tiene algún arma.
— Sunghoon, es una anciana. — No estaba muy de acuerdo con su respuesta y lo hizo ver cuando sus dos anchas cejas se arquearon hacia arriba.
Sunoo iba a seguir explicándole por qué era una muy mala idea y poco ética dejarla sola allí sin ninguna protección, podía caerse y hacerse daño como poco. Pero no fue consciente en aquella conversación de miradas de que la mujer había creado un pequeño fuego en sus manos con las hojas que había recolectado y estas empezaron a arder haciendo de nuevo que los dos retrocedieran hasta chocar contra la pared, asustados.
Realmente aquello tenía que ser una pesadilla o alguna broma del staff. El juego se había transformado en una película de terror en vivo y en directo.
Ambos se quedaron paralizados, observando cómo la anciana murmuraba palabras ininteligibles con los ojos clavados en ellos, mientras las hojas ardían en su mano como si no le estuvieran quemando la palma. De veras que aquel pequeño atisbo de esperanza de que fuera una broma de mal gusto lo mantenía en el sitio y no lo hacía salir corriendo por la puerta, junto con su deber de querer ayudarla.
Cuando finalmente cesaron los cantos, las llamas se extinguieron de repente, como si fueran apagadas por un viento invisible. Sunghoon tiró de la capucha de Sunoo para llevarlo dentro del edificio, pero este solo podía fijarse en las piedras que la anciana había colocado a sus pies formando un círculo. ¿Estaba realizando algún tipo de ritual de magia negra? Tenían que largarse de allí cuanto antes y pedir ayuda.
Sunghoon abrió la puerta apresuradamente antes de que la anciana, que se acercaba lentamente, los alcanzara. Detrás entró Sunoo que no pudo evitar echar un último vistazo para observar como soplaba las cenizas de las hojas que habían quedado en su mano en dirección a ellos con una sonrisa que hizo alertar todos los sentidos del chico.
Aunque nada realmente grave había sucedido y Sunghoon agradecía que estuvieran a salvo mientras buscaban ayuda sin llegar del todo a soltarse entre los dos, Sunoo no podía dejar de pensar, de sentir, que acababan de condenarse de alguna forma.