Capitulo UNO
Durante siglos, el mundo había estado dividido entre Alfas, Betas y Omegas. Los Alfas ocupaban los puestos de mayor poder, los Betas mantenían el equilibrio de la sociedad y los Omegas, aunque considerados valiosos dentro de las familias nobles, eran frecuentemente utilizados para fortalecer alianzas entre las Grandes Casas.
Entre todas ellas, cinco familias se alzaban por encima de las demás: los Veyr, los Blackthorne, los Devereux, los Voss y los Ravencroft.
Cada año, las cinco Casas se reunían en el Gran Baile, una celebración que había comenzado como una tradición y que, con el paso de los años, se había convertido en el acontecimiento más importante de la aristocracia. Era una noche de música, vestidos elegantes, máscaras, alianzas y secretos. Pero, sobre todo, era la noche en la que podían anunciarse nuevos emparejamientos.
Y aquel año, uno de ellos ya estaba decidido. La familia de los bellos mellizos había recibido una propuesta de una de las Casas más poderosas del reino. Su hija sería emparejada con uno de sus herederos, sellando así una alianza que podía cambiar el futuro de ambas familias.
Para sus padres, era un honor. Para ella, una condena.
-Ni por arrebato fatuo me cansaré con ese infatuado - exclamó - me niego madre, Cassian es todo lo que detesto en un alfa no me puedes hacer esto ¡por favor!
-No hay apelaciones es tu deber como cabeza de esta familia, eres la Omega de la Casa Devereux tu deber está con tu familia y legado - señaló lo obvio.
La pequeña Omega, en su altivez, ignoró las reverencias de la servidumbre y atravesó el salón sin otorgar una sola mirada a los presentes.
-¡Freya! Regresa de inmediato, muchacha insolente -ordenó, dejando escapar un suspiro cargado de exasperación-. Artemisa, Valery, síganla y asegúrense de que no cometa ninguna otra imprudencia. Y díganle a Kael que, por el momento, necesito de su presencia en mi despacho.
Las señoritas hicieron una pequeña reverencia y salieron del gran salón en busca de la señorita.
Mientras tanto, en el gran jardín del palacio, se encontraba un joven omega de cabellera rojiza que, con meticulosa delicadeza, cortaba las flores más hermosas. A unos metros de distancia permanecían sus damas y damos de compañía, quienes se limitaban a observarlo en respetuoso silencio, procurando no interrumpirlo.
Al otro extremo del jardín, bajo la sombra de un elegante quiosco, se encontraba la Gran Omega Regente. Desde allí contemplaba a la distancia a su pequeño, observándolo con una mezcla de orgullo y afecto mientras disfrutaba de la tranquilidad de aquella mañana.
La Omega Regente volteó hacia sus damas y sonrió con evidente entusiasmo.
-¿No es acaso una de las mejores noticias que he recibido? Mi niño está cada vez más cerca de contraer matrimonio. Solo estamos a la espera de encontrar un candidato digno para él. En cambio, ella ya cuenta con uno. Los Veyr han aceptado esta misma mañana el acuerdo; enviaron una paloma con su respuesta y, poco después, llegó también el mensajero con el gran lote que se le entregará a mi niña esta noche. - comentó, visiblemente emocionada.
-Madre, ese entusiasmo te hace ver reluciente.
La voz se escuchó a su espalda. No era nadie más que Kael, quien había terminado de cortar las flores y ahora se dirigía hacia su madre, habiendo escuchado parte de la conversación que mantenía con su servidumbre.
Al verse descubierta, la Gran Omega Regente se sonrojó de inmediato; sus mejillas adquirieron un intenso tono rojizo, semejante al de dos pequeñas remolachas. De pronto, un estruendo rompió la tranquilidad del jardín. El inconfundible relincho de un caballo resonó por todo el palacio.
Frente al quiosco apareció, durante apenas unos segundos, una escena que los dejó completamente perplejos: Freya, montada sobre su caballo de pura sangre, atravesó los jardines a toda velocidad, dirigiéndose directamente hacia la salida del castillo.
-¡Freya! -se escuchó gritar a lo lejos.
Detrás de ella cabalgaba parte de la guardia real, intentando detenerla antes de que pudiera abandonar el castillo. Kael y su madre apenas tuvieron tiempo de reaccionar cuando, momentos después, dos rostros conocidos aparecieron frente al quiosco.
Eran Artemisa y Valery, las damas de compañía de su hermana. Ambas llegaron agitadas y visiblemente alteradas.
-¡Su Alteza! -exclamó Artemisa, intentando recuperar el aliento-. Su presencia es requerida en el despacho de Su Majestad de inmediato.
Kael dejó las flores a un lado y frunció el ceño. Algo le decía que aquella no sería una conversación agradable.
Kael observó a ambas jóvenes durante unos instantes. La preocupación en sus rostros era evidente, y eso bastó para que su expresión cambiara.
-¿Qué ha ocurrido? -preguntó con seriedad.
-No podemos explicarlo aquí, Su Alteza -respondió Valery, todavía intentando recuperar el aliento-. Su Majestad lo espera en su despacho.
Kael asintió lentamente.
-Entonces será mejor no hacerlo esperar.
Se volvió hacia su madre y le dedicó una breve mirada antes de comenzar a caminar.
-Madre, volveré en cuanto sepa qué sucede.
-Kael... -lo llamó ella.
Pero el joven ya se había alejado, siguiendo a las dos damas hacia el interior del castillo.
La Gran Omega Regente permaneció inmóvil bajo el quiosco. Su sonrisa había desaparecido por completo.
Miró hacia los jardines, todavía inquieta por el estruendo que había provocado la huida de Freya. Después volvió la mirada hacia el camino por donde acababan de desaparecer Kael, Artemisa y Valery
.
-¿Qué demonios está pasando? -preguntó con exasperación.
Ninguna de sus damas respondió de inmediato.
La regente entrecerró los ojos.
-Hace apenas unos minutos estaba celebrando el futuro matrimonio de mis hijos y ahora mi hija huye del castillo perseguida por la guardia real. ¿Alguien piensa explicarme qué está ocurriendo?
Una de las damas bajó la mirada, visiblemente incómoda.
-Mi señora... creemos que Lady Freya se enteró del acuerdo con los Veyr.
La regente guardó silencio.
Por un instante, pareció no comprender.
-¿Se enteró?
-Sí, mi señora.
La mujer cerró los ojos y llevó una mano a su frente.
-Por todos los cielos...
Había conocido a su hija desde que era una niña. Si Freya había tomado la decisión de escapar a plena luz del día, entonces aquello no era un simple berrinche.
La regente tomó aire y se incorporó con toda la dignidad que aún le quedaba.
-Entonces será mejor que vaya a averiguar qué ha sucedido antes de que alguien tome una decisión de la que todos terminemos arrepintiéndonos.
-¡Princesa Freya, deténgase en nombre de la Casa Devereux y del Gran Rey Alfa! -se escuchaba a lo lejos-. ¡No queremos lastimarla!
Freya hizo oídos sordos. El viento golpeaba su rostro mientras mantenía las riendas firmemente entre sus manos. La salida del castillo estaba cada vez más cerca.
Su libertad estaba al alcance de sus dedos.
-Vamos, Gia... Vamos, bonita. ¡Vamos! -la animó, acariciando el cuello de su caballo-. Ya casi, ya casi estamos afuera.
Pero entonces escuchó una orden que hizo que su corazón se detuviera por un instante.
-¡Cierren las puertas!
Las enormes puertas del castillo comenzaron a cerrarse lentamente.
Freya abrió los ojos con incredulidad.
-No... No, no, no.
Clavó los talones y tiró de las riendas, intentando hacer que Gia acelerara.
-¡Vamos, Gia!
Pero ya era demasiado tarde. Las puertas terminaron de cerrarse justo cuando Freya estaba a pocos metros de ellas.
-¡No puede ser!
Unos segundos después, los guardias lograron alcanzarla.
-¡Suéltenme!- Freya soltó un grito ensordecedor cuando varios soldados rodearon a su caballo. Uno de ellos tomó las riendas mientras otros se acercaban para impedirle escapar nuevamente.
El comandante Winn avanzó entre los guardias y tomó las riendas de Gia.
-Princesa Freya -dijo con firmeza-, hemos recibido órdenes del Gran Rey Alfa de escoltarla hasta sus aposentos.
Freya lo fulminó con la mirada.
-¡No pienso ir a ninguna parte!
-Camine por su propia voluntad o nos veremos obligados a utilizar la fuerza.
-¡Vete al demonio, Winn!
Sin pensarlo dos veces, Freya escupió sobre la armadura del comandante. Los guardias contuvieron el aliento.
Winn cerró los ojos durante unos segundos, respirando profundamente para conservar la paciencia.
-Princesa...
-¡Traidor! ¡Mal amigo! -le gritó Freya-. ¡Te voy a desterrar! ¡Te juro que te voy a desterrar en cuanto tenga la oportunidad!
-Puede añadirlo a la lista de amenazas que recibiré después de esta tarde -respondió Winn con resignación.
hizo una señal con la mano.
-Llévenla.
-¡No! ¡Suéltenme!
Los guardias sujetaron a Freya y comenzaron a escoltarla hacia el interior del castillo mientras ella continuaba forcejeando y lanzando insultos contra todos los presentes.
Mientras tanto, en otra ala del palacio...
Kael llegó finalmente frente a las imponentes puertas del despacho del Gran Rey Alfa. Respiró profundamente antes de entrar.
-Padre -anunció con respeto.
El alfa levantó la mirada desde su escritorio. Al reconocer a su hijo, su expresión severa se suavizó de inmediato.
-Kael, mi cachorro. Acércate.
Kael obedeció, aunque la preocupación seguía reflejándose en su rostro.
-Me dijeron que querías verme.
-Así es.
El alfa se levantó de su lugar y se acercó a su hijo.
-Supongo que tienes algunas preguntas.
Kael guardó silencio unos instantes.
-¿Qué ocurrió con Freya?
La expresión del rey cambió ligeramente.
-¿Ya te enteraste?
-La vi atravesar los jardines a toda velocidad, seguida por media guardia real. Después, Artemisa y Valery fueron por mí. Padre... ¿por qué mi hermana intentó escapar?
El Gran Rey Alfa soltó un suspiro, no quería ocultarle la verdad a su hijo.
-Esta mañana recibimos la respuesta de la Casa Veyr. Han aceptado formalmente el acuerdo matrimonial.
Kael frunció el ceño.
-¿El acuerdo... con Freya?
-Sí.
El joven permaneció en silencio.
-Tu hermana será prometida a uno de los herederos de la Casa Veyr. El compromiso será anunciado oficialmente muy pronto.
Kael bajó la mirada, intentando asimilar la noticia.
-Entonces ella...
-Se enteró del acuerdo -continuó el alfa- y se negó a aceptarlo.
Kael levantó nuevamente la mirada.
-¿Y por eso huyó?
-Al parecer, sí.
Kael abrió la boca para responder, pero en ese instante las puertas del despacho se abrieron de golpe.
-¡¿Cómo pudieron hacerme esto?!
La voz de Freya resonó por toda la habitación.
Kael y su padre se giraron al mismo tiempo.
Freya estaba allí. Tenía el cabello completamente desordenado, el vestido cubierto de lodo y las mejillas empapadas por las lágrimas. Su respiración era agitada y su expresión reflejaba una mezcla de rabia, desesperación y dolor.
-¡No voy a casarme con ese hombre! -exclamó, entrando al despacho-. ¡No pueden decidir mi vida de esa manera!
-Freya... -dijo el rey con voz firme.
-¡No! -lo interrumpió ella-. ¡No quiero escuchar ninguna explicación! ¿Cómo pudieron aceptar ese acuerdo sin siquiera preguntarme?
Kael observó a su hermana en silencio.
Ahora entendía por qué había intentado escapar. Freya se volvió hacia su padre, con lágrimas todavía recorriendo sus mejillas.
-¿Acaso mi opinión no importa? ¿O por ser omega ya decidieron que mi única función es casarme con quien ustedes consideren conveniente?
-Freya... - kael susurró
-¡No! No te permito verme de esa manera kael, te lo prohíbo - Señaló.
Freya se volvió hacia su hermano, todavía con lágrimas en los ojos.
-¡Y tú! -exclamó, señalándolo-. Tú sí podrás escoger a tu alfa cuando llegue el momento. Podrás decidir con quién quieres compartir tu vida, conocerlo, aceptarlo o rechazarlo si no es lo que deseas.
Kael la miró con desconcierto.
-Freya...
-¡Pero yo no! -continuó ella, con la voz quebrada-. Para mí ya está decidido. Tengo que aceptar al alfa que ustedes eligieron y comportarme como si debiera agradecerlo.
El Gran Rey Alfa permaneció en silencio, observándola con severidad.
-Se trata de un acuerdo entre casas -respondió finalmente-. No puedes ignorar las obligaciones que corresponden a nuestra familia.
-¿Obligaciones? -Freya soltó una risa amarga-. ¿Y por qué esas obligaciones siempre tienen que recaer sobre mí?
Kael dio un paso hacia ella.
-¿Qué quieres decir con que yo puedo elegir y tú no?
Freya lo miró directamente.
- Mientras tú tendrás la oportunidad de escoger a tu alfa, a mí me están entregando a Cassian como si fuera parte del acuerdo.
Kael se quedó completamente perplejo.
-¿Cassian?
Su hermana asintió, apretando los puños.
-Cassian Veyr.
Kael frunció el ceño. No comprendía qué intentaba decirle exactamente su hermana ni por qué pronunciaba aquel nombre con tanta indignación.
-Espera... ¿qué tiene que ver Cassian con todo esto?
Freya abrió la boca para responder, pero las palabras parecieron atorarse en su garganta.
-Él es el alfa con el que quieren que me case.
Kael la observó en silencio.
Por primera vez desde que había entrado al despacho, comenzó a comprender la verdadera razón de aquella desesperación.
-Freya... ¿tú nunca aceptaste este matrimonio?
Freya lo observó durante unos segundos, completamente incrédula. Después soltó una pequeña risa cargada de sarcasmo.
-No, Kael. Por supuesto que no acepté el matrimonio -respondió, haciendo énfasis en cada palabra-. ¿Qué parte de todo esto te hizo pensar que estaba encantada con la idea?
Kael abrió ligeramente los ojos, sorprendido por la respuesta.
Antes de que pudiera contestar, las puertas del despacho volvieron a abrirse.
-¡Suficiente!
La voz de la Gran Omega Regente resonó por toda la habitación. La reina entró acompañada por varios guardias reales. Su expresión era serena, aunque la evidente tensión en su rostro dejaba claro que había llegado al límite de su paciencia.
-Freya, basta de este comportamiento. Has alterado todo el palacio con tu imprudencia.
-¡¿Mi imprudencia?! -replicó Freya-. ¡Me están obligando a casarme con un hombre al que ni siquiera he elegido!
La reina respiró profundamente.
-Y podremos discutirlo cuando estés más tranquila. Ahora mismo vas a regresar a tus aposentos.
-¡No!
La regente hizo un pequeño gesto hacia los guardias
.
-Llévenla.
-¡Madre, no puedes hacerme esto!
Dos guardias se acercaron a la princesa.
-¡Suéltenme! ¡Puedo caminar sola!
A pesar de sus protestas, los guardias comenzaron a escoltarla hacia la salida.
-¡Esto no se queda así! -gritó Freya mientras se alejaba-. ¡No pienso casarme con Cassian! ¡¿Me escucharon?! ¡No voy a hacerlo!
Sus gritos continuaron resonando por el corredor.
-¡Y tú, Winn! ¡Sigo estando enojada contigo!
Kael permaneció inmóvil en medio del despacho.
No dijo una sola palabra.
Solo observó cómo su hermana desaparecía por las puertas, escuchando sus protestas cada vez más lejanas.
-¡Suéltenme! ¡Puedo caminar sola!
La puerta terminó cerrándose.
El silencio que quedó después resultó casi incómodo.
Kael bajó lentamente la mirada hacia su padre.
Ahora tenía muchas más preguntas que antes.








