Prólogo
Vampiros, hombres lobo. Es lo que leemos en libros de fantasía o vemos en películas basadas en aquellas mismas historias. Criaturas sobrenaturales que, para la mayoría de las personas, no son más que ficción, leyendas que el ser humano inventó para dejar volar su imaginación y crear mundos donde lo imposible pudiera existir.
Eso es lo primero que piensa Violet Swan cuando alguien menciona a aquellas dos criaturas fantásticas. Después de todo, no es como si pudiera encontrarse con un vampiro o un hombre lobo en su día a día y confirmar que realmente existen. Violet ama la ficción, la fantasía y, sobre todo, leer. Le encanta perderse entre las páginas de un libro y descubrir mundos completamente diferentes al suyo, aunque también disfruta de algo tan sencillo como salir de compras y pasar una tarde tranquila. Durante años creyó que los vampiros, los hombres lobo y todas aquellas criaturas pertenecían únicamente a las historias que tanto disfrutaba leer. Incluso llegó a lamentar que no fueran reales, porque, si tuviera la oportunidad, adoraría conocer a uno.
O eso es lo que pensaba hasta que los conoció a ellos.
Damon Salvatore llevaba demasiados años vagando por el mundo desde que había sido convertido por la persona que creyó amar y que, en algún momento, pensó que también lo correspondía. Después de aquello dejó atrás a su hermano y a la reencarnación de aquella misma mujer, intentando encontrar un propósito para una existencia que parecía no tenerlo. Los años pasaron y Damon continuó moviéndose de un lugar a otro hasta que, durante uno de sus tantos viajes, terminó encontrándose con los Vulturi y, gracias a ellos, conoció a Carlisle.
Aquel encuentro terminaría cambiando su eternidad.
Con el paso del tiempo, Damon y Carlisle formarían su propio aquelarre, rodeándose de otros vampiros que terminarían convirtiéndose en parte de aquella extraña familia. Todos intentaban evitar beber sangre humana y, aunque Damon respetaba la regla en cierta medida, había encontrado una pequeña excepción que, desde su perspectiva, no hacía daño a nadie: robar bolsas de sangre de los almacenes del hospital. No estaba matando a nadie, después de todo.
Con los años, más vampiros se unieron a ellos y Damon comenzó a descubrir algo que jamás había sabido que existía. Algunos de los miembros de su aquelarre encontraban a sus parejas, personas con las que compartían un vínculo que parecía ir mucho más allá del amor común. Damon, sin embargo, continuaba siendo el único que no encontraba a la suya.
Al principio ni siquiera sabía que aquello era posible, pero después de tantos años escuchando hablar del tema, comenzó a preguntarse si realmente existía alguien destinado para él. Rosalie fue la primera en sorprenderse cuando descubrió que Damon jamás había encontrado a su pareja, llegando incluso a preguntarle cómo era posible que no lo supiera teniendo tantos años de existencia. Carlisle, en cambio, siempre mantenía la misma tranquilidad cuando Damon sacaba el tema. «Cuando encuentres a tu pareja, lo sabrás, Damon. Solo debes seguir buscando», le había dicho más de una vez.
Pero Damon ya estaba cansado de buscar.
¿Cuánto tiempo más debía esperar?
¿Cuántos años más tendría que pasar solo?
Tal vez la respuesta estaba mucho más cerca de lo que imaginaba.
Tal vez se encontraba en una pequeña librería, leyendo sobre criaturas que jamás creyó que fueran reales.
Tal vez, mientras Violet Swan soñaba con conocer a un vampiro, uno de ellos ya estaba destinado a encontrarla a ella.








