Prólogo
— ¡A la una!
Felix miró atrás, a sus amigos agrupados en el centro del salón, dándose codazos en las costillas para ganar un lugar en la primera fila.
— ¡A las dos! —gritó por encima de la música y el zumbido de las máquinas de burbujas.
Levantó las manos sobre la cabeza. Miró a Hyunjin adelante, sonriendo solo para él.
—Y a las... ¡tres!
Felix balanceó los brazos y arrojó el ramo hacia atrás.
Florcitas rosas y lilas sujetadas con un moño blanco atravesaron el salón por el aire. Jisung logró tocar el ramo cuando saltó, pero se le resbaló de las manos. Se tiró al piso con un grito de decepción.
Changbin saltó al mismo tiempo y se tiró delante de él, agarrando el ramo antes de que cayera.
— ¡Lo atrapé! —Festejó dando saltitos, alejándose del grupo que intentaba quitárselo—. ¡No! ¡Es mío! ¡Innie! —gritó— ¡Dejame prometerte amor eterno!
Jeongin puso los ojos en blanco y caminó hacia la mesa fingiendo no conocerlo. Se enganchó en una conversación con Seungmin, que eligió dos vasitos de postre y le ofreció uno.
Chan abrazó a Changbin por los hombros y le dio palmaditas en el pecho para consolarlo.
— ¡Minho! —Jisung se acercó arrastrando los pies y Minho interrumpió su charla con Hyunjin para prestarle atención—. ¡Perdí! —Jisung hizo pucheros—. ¿Ahora cómo hago que me pidas casamiento?
Minho tomó un sorbito de su copa y acarició la mejilla de Jisung con la otra mano.
—Vas a tener que pensar en otra cosa —dijo.
— ¿Como qué?
Minho se encogió de hombros. Miró a Jisung con cariño, reprimiendo una sonrisa.
—Sos creativo. Ya se te va a ocurrir algo.
Felix rió. Alzó las manos tratando de tocar los pétalos que se habían desprendido del ramo y flotaban en el aire entre las burbujas.
Una burbuja se posó sobre su nariz por un instante. Felix logró ver su reflejo antes de que explotara.
Extraño, quebrado, rayos de luz atrapados en un caleidoscopio.
Felix pestañeó un par de veces.
Hyunjin apareció frente a él, vistiendo blanco y dorado. Un príncipe salido de un cuento de hadas. Se agachó en una reverencia elegante, estirando una mano hacia Felix.
Sus ojitos brillaban como la primera vez: con alegría, con la certeza de haber encontrado exactamente lo que estaba buscando. Con incertidumbre por el futuro, tal vez, pero con la seguridad de que todo saldría bien ahora que estaban juntos.
— ¿Me haría el honor de bailar conmigo, princesa? —preguntó, como haciendo magia.
Felix rió de nuevo; se dejó encantar.
Hyunjin sostuvo la mano de Felix y besó sus nudillos. Tiró suavemente de él para abrazarlo contra su pecho.
— ¿No es una locura? —dijo, hamacando a Felix con dulzura— Que nos hayamos cruzado en un mundo de posibilidades infinitas.
Felix abrazó sus hombros, se paró de puntitas para besar su mejilla con labios pegajosos de azúcar. Rió más fuerte cuando Hyunjin lo levantó en sus brazos y lo hizo girar, déjà vu.
—Me da igual que sean infinitas —Felix contestó, enredando las manos en el pelo de Hyunjin para sentir el perfume a jazmines—. Siempre te elegiría a vos.
Hyunjin lo abrazó más fuerte y lo volvió a dejar con delicadeza sobre el piso. Se acercó hasta tocar el pómulo de Felix con la nariz. Dejó un besito sobre su mejilla, otro sobre su mentón, un tercero sobre sus labios.
Felix se derritió bajo la boca de Hyunjin como ositos de gomita entre las sábanas.
—Es una promesa —dijo, persiguiendo los labios de Hyunjin para reclamar un besito más—. No importa a dónde vaya ni cuánto tiempo pase, siempre voy a volver a vos.
—Y yo siempre voy a estar buscándote.








