Capitulo 1
En un pueblo lejano, rodeado por un denso y oscuro bosque, vivían tres hermanos cerditos llamados Tomás, Lucas y Hugo. Decidieron construir cada uno su propia casa para protegerse del temido lobo que merodeaba por la zona, un lobo que no solo era astuto, sino que también tenía un oscuro y siniestro pasado.
Tomás, el más joven y perezoso, construyó su casa con paja. Lucas, un poco más trabajador pero aún buscando la facilidad, optó por construir su hogar con madera. Hugo, el mayor y más sabio, decidió construir su casa con ladrillos, dedicando días y noches para asegurarse de que fuera fuerte y resistente.
Una noche, mientras la luna llena iluminaba débilmente el bosque, un aullido escalofriante rompió el silencio. El lobo estaba cerca. Sus ojos brillaban con una maldad inusitada, y su pelaje oscuro se mimetizaba con las sombras. Este no era un lobo común; era una criatura que había hecho un pacto con fuerzas oscuras, buscando venganza contra cualquier ser viviente que se cruzara en su camino.
El lobo llegó primero a la casa de paja de Tomás. Observó la débil construcción con una sonrisa sardónica en su hocico. Con una voz profunda y resonante, dijo:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
Tomás, aterrorizado, respondió desde dentro de su frágil hogar:
—No, no, no, por nada del mundo te dejaré entrar.
El lobo, sin perder tiempo, inhaló profundamente y sopló con una fuerza sobrenatural. La casa de paja se desmoronó instantáneamente, y Tomás se encontró cara a cara con el depredador. Intentó correr, pero el lobo fue más rápido. Con un salto, atrapó al cerdito y lo arrastró hacia la oscuridad del bosque, donde los gritos de Tomás se apagaron rápidamente.
Lucas, que había escuchado los gritos de su hermano, se apresuró a refugiarse en su casa de madera. Apenas logró cerrar la puerta cuando el lobo llegó, su pelaje salpicado de sangre. De nuevo, el lobo habló:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
Lucas, con voz temblorosa, respondió:
—No, no, no, por nada del mundo te dejaré entrar.
El lobo rió, un sonido que hizo eco entre los árboles. De nuevo, inhaló profundamente y sopló con toda su fuerza. La casa de madera crujió y se rompió en pedazos. Lucas intentó huir, pero el lobo lo alcanzó rápidamente. La cacería fue breve y brutal, y los gritos de Lucas se desvanecieron en la noche.
Hugo, el hermano mayor, había estado trabajando en su casa de ladrillos cuando escuchó el horror que había sucedido. Sabía que el lobo vendría por él, pero confiaba en la solidez de su hogar. Se atrincheró dentro, asegurando cada puerta y ventana, y esperó.
El lobo llegó, sus ojos brillando con un hambre insaciable. Miró la casa de ladrillos y sonrió. Esta vez, sin embargo, su tono era más oscuro, casi hipnótico:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
Hugo, decidido a resistir, respondió con firmeza:
—No, no, no, por nada del mundo te dejaré entrar.
El lobo no respondió de inmediato. En lugar de eso, comenzó a susurrar palabras en una lengua antigua, invocando un poder oscuro. El aire a su alrededor se volvió espeso y helado, y una niebla negra comenzó a surgir del suelo. Con un último susurro, el lobo sopló, no solo con fuerza física, sino con un poder maligno.
La casa de ladrillos resistió el primer embate, pero pronto las paredes comenzaron a agrietarse. Hugo, sintiendo el terror en su corazón, corrió hacia el sótano, esperando que la estructura más profunda le brindara refugio. Pero el lobo no se detuvo. Continuó soplando, y la casa de ladrillos se derrumbó lentamente, piedra a piedra.
Finalmente, el lobo entró en los restos de la casa, buscando a su última presa. Hugo, escondido en el sótano, escuchó los pasos del lobo acercándose. Sabía que no había escapatoria. En un último intento por salvarse, Hugo buscó entre los escombros alguna herramienta para defenderse, pero todo era inútil.
El lobo lo encontró, y con una sonrisa llena de dientes afilados, se abalanzó sobre él. Hugo luchó con todas sus fuerzas, pero el lobo era implacable. En un instante, la oscuridad envolvió a Hugo, y sus gritos se unieron a los de sus hermanos en el eco eterno del bosque.
El lobo, saciado y victorioso, se alejó, dejando tras de sí solo ruinas y el rastro de una tragedia. El bosque, ahora más oscuro que nunca, guardó el secreto de los tres cerditos y el lobo, un secreto que se susurraba entre los árboles cada vez que el viento soplaba, como una advertencia para aquellos que osaran desafiar la oscuridad.
Y así, el cuento de los tres cerditos terminó en terror y desesperanza, recordando a todos que, a veces, las historias no tienen finales felices.
Creador : Lucas Román (LR)








