MIDNIGHTS (( Bakugo Katsuki x OC x Keigo Takami x

Sinopsis

AU Reinos, magia y tres amores medio raros.

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Black-Up

Apenas el sol salía en el reino pero todos se mantuvieron expectantes al anuncio del palacio, el cuarto príncipe del reino Samu nació trayendo esperanza a la corte imperial.


—Es perfecto— El rey tomó al pequeño en sus manos, era la creación ideal que dominaba los genes de la familia Todoroki con los genes del reino Hi, un reino más allá de las montañas donde los dragones aún existían y donde grandes guerreros custodiaban las fronteras, el lugar de donde venían los ancestros del rey.


La reina miró apenas al pequeño niño antes de que su esposo lo alejara de su lado, la desesperación en sus ojos era notoria, al fin el rey logró obtener el hijo que tanto anhelaba para que fuese el único heredero al trono.


—Mi hijo— sonrió con orgullo —Tú serás el medio para poder conquistar los países vecinos, el reino Hoseki y el reino Tao no tendrán forma de hacerte frente— Con la expansión de territorio y la creciente cantidad de soldados podían ir tomando mayores riquezas hasta tener el poder militar para entrar al reino Hi —¡Tú, mi heredero podrás culminar el sueño de mi vida!


—¿Tu heredero?— un pequeño de cabello rojizo lo miró con desdén ¿Esa pequeña rata quería arrebatarle lo que le pertenecía por nacimiento?


A su lado un niño más pequeño se aferró a sus manos, sabía que no tenía cabida en la familia, su debilidad, su falta de talento y coraje lo dejaban muy por debajo de su hermano mayor. No sucedería nunca, no tendría un propósito más allá de ser un lastre para cualquiera de sus tres hermanos.













Los dragones sobrevolaron el castillo despidiendo un fuego infernal disparado al cielo, supieron antes que la misma reina el momento exacto en que daría a luz a su rey.


—Oh— la reina miró arriba donde sus queridas criaturas sobrevolaban el palacio haciéndole saber al reino entero que su primogénito estaba a punto de nacer —Esto es jodidamente doloroso.


—Aguanta— su esposo pidió. Él era el rey, sin embargo, la regente era la reina, la mujer cuya sangre Bakugo fluía por sus venas como la lava del volcán Hisho, capas de domar a los dragones y capas de soportar el infierno llameante de Hi.


Apenas pasaron los segundos y el llanto de un bebé resonó con poderío por el palacio. Los corazones del pueblo entero se regocijaron en felicidad, los nobles agradecieron al Dios Hiyo por el milagro del príncipe y los dragones escupieron bolas de fuego que reventaron en el cielo como fuegos artificiales en señal de alegría.


—Mi hijo... mi tesoro más preciado— la mujer miró el cabello rubio del pequeño, era perfecto, cada centímetro de él era perfecto.


—Es hermoso— el rey abrazó a su reina, el regalo más maravilloso del mundo llegó al reino Hi haciendo que el sol resplandeciera aquel día.













Tenía unos ojos fríos, la institutriz no sabía a ciencia cierta si la frialdad derivaba del color púrpura que resplandecía como una joya gélida del reino Samu o si de verdad esa niña nació sin un alma como solían murmurar las criadas en los pasillos.


—Es perfecta— el médico de la casa llevó sus manos a su larga barba blanca tirando de sus cabellos hacia abajo —Se podría vender a un buen precio...— soltó con una voz risueña hacia el amo.


—Espléndido— alzó una ceja con desdén, su primogénito terminó siendo una niña la cual no podía heredar, pero podía servir como el receptáculo de un hijo para algún noble. La familia Akizuki era famosa por los hombres con el poder del rayo y las mujeres hace muchos años dejaron de ser útiles pues carecían de magia —Sabes qué hacer— lanzó una mirada a la institutriz.


—A la orden, amo— se apresuró a tomar a la niña del cunero, aún era tan pequeña que le costó creer fuera a ser vendida al mejor postor en unas horas... pero fue el mismo destino de muchas Akizuki fuera del reino Hoseki.


Los pequeños ojos púrpuras fueron de un lugar a otro, en la mansión todo resplandecía bellamente y desde los techos hasta el rincón más burdo de la casa tenía alguna joya alumbrando la oscuridad.


—¿Es esa?— un hombre de cabello azabache le echó una mirada a la pequeña, no se veía mucho más grande que un saco de harina pero suponía podía ponerle un buen precio apenas llegarán a Yoaido.


—Ella es la señorita— La mujer le ofreció a la pequeña.


Extendió sus manos para recibirla —Fue un placer, dile al señor de la casa que no se rinda, quizá el próximo sea un barón— se marchó para que de inmediato uno de sus hombres le entregara cuatro bolsas de oro a la dama.


Partieron deprisa llevando el cargamento valioso en el carruaje, debían llegar a Yoaido lo antes posible, mientras más joven entrara la bebé a la subasta mayor sería la ganancia.  













Era molesto, todos lo ignoraban como si fuera un bicho raro... pero maldición, era de la nobleza... Yoaido era un reino rico por el comercio ilegal que producía y el rey era un bastardo hijo de puta que tuvo la culpa de la muerte de sus padres pero... ¿Lo marginaban solo por sus alas? ¿Por qué debían llamarlo siempre el demonio rojo? Se revolvió en su asiento con molestia.


—Joven amo, ¿Desea ir a la subasta?— su tutor cuestionó entregándole un catálogo de artículos que se encontrarían esa noche.


—¿Artículos sorpresa?— cuestionó con duda.


—Por lo general son seres humanos— carraspeo al dar su respuesta, el joven amo no había ido aún a una subasta de esclavos.


Entorno los ojos ¿Humanos? ¿Para qué querría un humano? —Iré, me interesa adquirir uno de estos— Señaló un artefacto que servía para cubrir los ojos y las orejas proveniente del pueblo Sky donde todos sus habitantes tenían hermosas alas de ángel, blancas e inmaculadas... no como las suyas qué... lo relegaban de la sociedad.


—Prepararé el carruaje— suspiró, apenas el pequeño tenía seis años, actuaba como un niño de su edad pero debía tener las facultades para ser el señor del ducado Takami.


Miró atento durante todo el camino, no solía salir de noche pero era un chico listo, tenía que crecer más rápido que el resto de bobos que lo rodeaban en la academia y debía ser siempre el mejor en las habilidades mágicas, seguramente con el artefacto del pueblo Sky él podría volar con mayor libertad sin que bichos molestos se le encajarán en los ojos o el aire le bloqueará los oídos. Al llegar al destino se encontró desilusionado, era un lugar espantoso cercano al bosque, una bodega inmunda donde no se veía nada que reflejara valor.


—Póngase la capucha— el mayor acomodo la prenda antes de cubrirse y mandar al cochero a dar la vuelta, aunque no fueran en el coche de la casa debían ser discretos.


—Bien— escondió sus alas bajo la amplia túnica para abrirse paso junto a su tutor.


Adentro las cosas no eran diferentes de afuera, el lugar estaba sucio y lleno de personas con túnicas e incluso muchos de ellos llevaban máscara.


—Por aquí— corrió velozmente esquivando a la multitud para quedar en la primera fila, era absurdo que nadie quisiera los asientos de enfrente.


El hombre intentó mantener la calma, nadie tomaba los primeros asientos por que la luz permitía ver el rostro de los asistentes, se acercó haciendo que el pequeño se pusiera una máscara negra que ocultaba mejor su identidad —Usela— pidió en tono bajo antes de que atrajera atención indeseada.


—La subasta dará inicio— habló una mujer voluptuosa que se presentó en el escenario.


Un artículo tras otro lo mantuvo aburrido, joyas, gemas de mana, pinturas o esculturas antiguas no era de su interés, pero cuando aquel objeto del pueblo Sky salió a la luz fue el primero en levantar la mano para ofertar, el precio era bajo, ridículamente bajo que le pareció un insulto.


—Vendido al amo de la primera fila con el número 78— anunció —Pasé a pagar y por su objeto al final de la subasta— pidió amablemente como con todos los compradores anteriores.


Rodó los ojos, nadie además de él ofertó, pensó que sería divertido pero fue todo una pérdida de tiempo —Vámonos.


—Lo siguiente es una señorita noble, apenas tiene unos meses de nacida, una joven proveniente del reino Hoseki— en una jaula dorada se exhibía una pequeña bebé que aún dormía plácidamente entre la paja de una caja de madera.


—Una bebé ¿Para qué mierda querría alguien una bebé?— el rubio refunfuñó dispuesto a marcharse.


Varios hombres se pararon de sus asientos para verla de cerca lo que hizo que el rubio detuviera su andar por el repentino bloqueo.


—Se ve hermosa— la voz de un señor mayor fue audible —Sería una buena esposa.


—Una flor intacta que podré marchitar poco a poco— otro de ellos intervino con una risa asquerosa.


—¿Cuántos años debería esperar para tomarla? ¿Pudiera hacerlo desde ahora?— uno de ellos se relamió los labios, le encantaba comprar mujeres pequeñas pero esa sería su adquisición más joven.


—Hasta que le llegue el periodo puede tener bebés, antes de eso puedes divertirte con ella desde ahora, será un placer maravilloso.


—Yo la compraría para mi hijo, apenas tiene 16 años pero una mujer sin desflorar le caería bien, mejor aún si es una bebé que puede moldear a su antojo.


De nuevo la risa de esos hombres sonó como un chillido estridente que le molestó los oídos —¿De qué están hablando?— cuestionó a su tutor.


Trago saliva ¿En alguna lección le hablaron de sexo? Aún peor ¿Le habló alguien del abuso? Cuando menos él no toco esos temas escandalosos con su pequeño amo —Será mejor que nos vayamos.


—Responde— sus ojos dorados se afilaron.


—Quieren comprar a la bebé para hacerla su amante, para tener bebés con ella— su mirada tembló, ni siquiera supo que carajo dijo o si se dió a entender con el pequeño.


—¿Quieren hacer bebés con una bebé?— se giró a mirar incrédulo pero esos hombres seguían y seguían aumentando el costo, claro que sabía la forma en que se hacían los bebés, su niñera se lo explicó cuando la vio en el almacén pegada por sus partes con el cochero de la casa.


La mujer voluptuosa se lamió los labios, la oferta estaba en 20 bolsas de oro, era tan tentador... las niñas nobles siempre se vendían bien, era una pena que apenas llegaran pocas cada año —30 bolsas de oro ¿Alguien da más?— sus ojos aceituna se fijaron en el hombre que se frotaba las manos deseando reclamar el premio —A la una, a las dos.


Alzó la mano lo más alto que pudo —40 bolsas de oro— ofertó sin pensarlo.













Ahora que la veía ¿Qué debía hacer?


—Joven amo, gastó todo el presupuesto del mes en esa niña... ¿La quiere para usted?— preguntó con temor ¿Ese pequeño niño tenía esos deseos a tan temprana edad?


—¿He? ¡No! Por Dios señor Yamada— la apretó contra su pecho, era pequeñita y sentía que si la soltaba se haría pedazos en el suelo —Ella será mi hija.


El mayor sonrió, no podía ser su hija, a lo sumo podía ser su hermana menor —Querrá decir su hermana menor ¿No?


—No— dejó claro sin quitar sus ojos dorados de la pequeña, era tan bonita con ese cabello púrpura que le recordaba un cielo invernal y deseaba que abriera los ojos para descubrí también su color —Yo seré su padre, su madre, su hermano mayor, su maestro... ¡La cuidaré! No dejaré que nadie la lastime— la bebé y él se encontraban en el mismo barco ¿No? Los adultos solo querían aprovecharse de ambos.


El señor Yamada suavizó su expresión, el joven Keigo se la pasó tan solo durante el último año con la muerte de sus padres que no le resultó descabellado se aferrara con todas sus fuerzas al primer ser más indefenso que él mismo ¿De ese modo se sentiría fuerte?


—¿Qué necesita un bebé?— cuestionó en voz baja, antes de lo que pensó su cabeza se llenó de preguntas ¿Qué comía? ¿Cómo aprendía a caminar? ¿Tenía que enseñarle a ir al baño? ¿Cómo le enseñaría a leer? ¿Hablaba sola? —H-hola— balbuceó cuando vio los pequeños ojos abrirse, eran bonitos, eran los ojos más bonitos que vió, parecían joyas brillantes que se escondían detrás de unas pestañas largas y espesas. Ladeó la cabeza, era igual que una muñequita de porcelana.


La bebé apenas se movió al igual que un gusano.


—Necesitará una niñera, una doncella, ropa y una nodriza.


—¿Una qué?— no entendía que era lo último.


—Alguien que la alimente— dejó claro.


—Consíguelo, consigue todo lo que necesite, no importa el costo... consíguelo.


Suspiró, el jovencito no podía disponer de todo el dinero del ducado y ya se había terminado el dinero del mes en comprar a esa bebé... pero podían apretarse el próximo mes ¿No? —Entiendo y ¿Cómo se llama la joven señorita? Tiene que darle un nombre.


La miro detenidamente, cuando la veía solo podía pensar en los cerezos, la primavera, ¿Cuál era ese Kanji que le resultó tan empalagoso? Ah si —Ai, Ai Takami.































Hola a todos, bienvenidos a este UA, quiero aclarar unos puntos.


Conforme avance la historia habría Lemon y Lime ⚠️🔞


Shoto, Katsuki y Ai (La OC) son del mismo año de nacimiento solo que nacieron en diferentes reinos.


*Cuando Ai está en la subasta han pasado unas semanas que fue lo que demoraron en llevarla de un reino a otro*


Keigo y Tōya tienen la misma edad en la línea: 6 años.