The open door

Sinopsis

Serie de 12 one-shots no relacionados escritos mientras escuchaba el álbum lirico y gótico "The open door" de la banda Evanescence. Cada one-shot se encuentra titulado como cada una de las canciones que lo inspiró, así como en su interior estará el universo en el cual se da cada uno y la personificación de Harry y Louis. Para más información revisar las "tags" que habrá en cada historia. Debido a lo oscuro y la estética de álbum, la mayoría de los shots se centrarán o tendrán inspiración en la ciencia ficción, es decir alternative universe. Aquí encontraras, mitología griega, romana, celta, egipcia, nórdica, mundos a blanco y negro, pero sobre todo omegaverse (el género favorito de esta "escritora"). Louis y Harry como dioses, ángeles, demonios, espectros, humanos... En fin, habrá smut, tristeza, felicidad, confusión, amor... Recomiendo escuchar cada canción que identifica cada historia, créanme, valdrá la pena.

Estado:
Completado
Capítulos:
18
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

SWEET SACRIFICE


“You poor sweet innocent thing

dry your eyes and testify

you know you live to break me- don’t deny

sweet sacrifice.”


Universo: Omegaverse / mitología romana. Tiempos A.C.

Personificaciones de los personajes:

Harry: Es un Larvae un espectro o espíritu de muerte en la mitología romana, una versión maligna de los espíritus del hogar. A los Larvae se le sacrificaban vírgenes para apaciguar sus comportamientos.

Louis: Es un omega masculino.

Tags: omegaverse, smut, sacrificio humano, mitología romana, Harry alfa, espectro, rituales antiguos, muerte de personaje.

Sumario: Donde Louis es un omega virgen que es dado en sacrificio por su pueblo a los Larvae para apaciguar sus malos comportamientos y un par de días llenos de oscuridad que perjudicaban sus cultivos. Mas una de esas criaturas de la noche, se compadece y decide que puede tomar ese dulce sacrificio para otros fines.



Año 337 A.C.

Transcurría el tercer mes para los romanos, ocurriendo un día impar según su calendario, cuando el día se tornó noche en un ligero parpadeo, demostrando que los espíritus de los difuntos empezaban a vagar alrededor de los hogares. El alfa de cada familia, lavaba sus manos para purificarse, mientras tomaba frijoles negros para lanzarlos a su espalda sin voltear su mirada, esperando que los larvaes los tomaran, se satisficieran, librando a sus familias de malos augurios.

Pero siendo el año siguiente a la guerra latina, parecía que los espíritus vengativos estaban lo suficientemente molestos como para aceptar unas pocas migajas. Los lares que eran los espíritus que bendecían el hogar, se desvanecieron con agradecimiento, como personas benévolas en su vida pasada siguieron su camino hasta el año siguiente.

Los larvaes por el contrario eran la maldad pura encarnada en los espíritus del más allá que no podían descansar después de una muerte trágica.

Harry, era un soldado latino del pueblo de Etrusco, que había luchado contra la invasión romana en el año 498. Era temible, como estratega militar había acabado con muchas vidas; Sin embargo, el ejército romano fue más fuerte. Cuando su cabeza fue arrancada de su cuerpo, vagó con pena por las tierras romanas. Años de pena, lo habían convertido en un larvae despiadado aún más que en sus épocas de humano en la guerra.

Los seres de piel blanca, habían omitido los últimos tres años el tercer mes de Lemuralia debido a la guerra, los castigos por parte de los larvaes, causó la muerte de infantes, daño de cosechas y enfermedades. En un acto de desesperación el senado romano ordenó contra toda circunstancia realizar aquel acto de honra a los muertos para apaciguar aquellos espíritus que tantos desastres causaban.

El día décimo primero debido a que no funcionaron aquellos rituales que comúnmente se usaban, se convino iniciar rituales de sacrificio para calmar aquellos seres. Harry observaba con una mueca de sonrisa la desesperación de los humanos luego de que las cosechas empezaran a morir. A su lado Rubious, se carcajeaba mientras tomaba una mecha de su blanco cabello y lo echaba hacía atrás... sacrificios siempre era agradable ver uno y recibir un nuevo espíritu de compañía.

Los larvae formaron una multitud materializándose en sus cuerpos humanos vistiendo las gruesas y pesadas capas negras junto con sus máscaras de carabelas; avanzaron con parsimonia al centro de aquel pequeño pueblo, mientras veían como los alfas ponían en sacrificio a tres omegas vírgenes; su pureza podía olerse en el ambiente por la dulzura de su olor, tan bueno.

"Cobardes” pensó Harry luego de ver como ponían a un ser débil en sacrificio, pues los alfas o betas no ocupaban su lugar. Realmente eran palabrerías de que los larvaes preferían vírgenes, él no sabe de dónde los humanos sacaron ese pensamiento, más en su mayoría lo disfrutaban, sacrificio era sacrificio y ello apaciguaba sus sentimientos de destrucción.

Las túnicas negras raídas arrastraban en el suelo arenoso, algunos larvaes conservaban su belleza humana, pero los que llevaban más tiempo en esa condición eran desagradables a la vista; la mayoría de recién transformados usaban su belleza para la maldad y perversión a su alrededor.

En medio de la plaza estaban aquellos preciosos omegas, apenas llegados a la adultez, vestidos de una túnica purpura orlada en sus bordes con lineas doradas, de su cabeza caía un velo del mismo color, ello significaba que eran sacrificio para los dioses estaban convocándolos a ellos como entidades a apaciguar y a Marte para su apoyo en futuras guerras.

El alfa humano continuó con sus plegarias elevadas al aire, mientras temblaba de miedo notando a su alrededor a los larvaes rodeándolo. Eran dos omegas femeninas y uno masculino. Harry se acercó con curiosidad al olor a cítricos que desprendía aquel omega, sus ojos eran azules como el mar de Neptuno, notó el miedo en su olor y en su mirada. Sin dudas, a diferencia de las omegas que tenían el apellido Decio, este omega parecía no estar por su voluntad en aquel lugar.

Las omegas fueron puestas sobre aquel muro de piedra, mientras su velo continuaba ocultando su rostro, su castaña cabellera caía sobre la superficie... Harry sonrió detrás de la máscara mientras escuchaba las risas de los demás larvaes, él era el que estaba más cerca; estaba solo a unos pasos del alfa que tomaría la vida de los omegas, se volvió un ser incorpóreo el momento que las pizcas de sangre volaron en todas las direcciones, en su mayoría chillaron de júbilo, mientras comenzaban a despejarse los cielos.

El alfa pareció estar alegre porque los sacrificios estaban funcionando, inclusive se arrodilló agradeciéndole a Marte y a los larvaes por su clemencia. Harry rió, realmente los humanos eran temerosos, sin realmente saber que gracias a su veneración era que los Dioses y espíritus tenían poder sobre ellos.

Cuando llegó el turno del omega masculino, Harry observó con atención como aquella túnica caía con gracia sobre su cuerpo, envolviéndose en su angosta cintura y sus amplias caderas. Su pectoral izquierdo estaba revelado, como era usual en los omegas masculinos para mostrar su género. El larvae se concentró en ese trozo de piel visible, así como la de su cuello, la cual dada su muerte prematura nunca llevaría una marca, era pálido, había pecas que se encontraban dispersas a lo largo de la piel expuesta.

Los pasos del joven hacía aquella mesa eran forzados mientras lagrimas corrían por sus mejillas, el alfa sintió el olor a romero invadir sus fosas nasales, era un ejemplar exquisito, sus lágrimas no le hacían sentir compasión, inclusive causar esa sensación en los humanos les generaba a los larvaes un placer sobrenatural, sin embargo, si le molestaba que fuera un sacrificio carente de voluntad. Deseaba que el omega estuviera postrado en aquella roca para fines diferentes a ser sacrificado; debería estar allí postrado para recibir adoración por su belleza.

Patrem, por favor. —sollozó el omega, mientras era acostado y atado a aquella mesa.

Hacía una brisa fría, ellos no podían verlo ahora mismo, pero estaba iracundo, aquel alfa estaba a punto de sacrificar a su hijo. Su ira salía en espirales escuchando los susurros contrariados de los demás larvaes. Observó como aquella hacha era levantada en las alturas mientras el omega giraba su cuello evitando la vista de lo que estaba por acabar con su vida.

Harry soltó un gruñido escalofriante.

Lo siguiente que se supo era que el pequeño cuerpo del omega estaba cubierto de sangre, luego de que su padre fuera decapitado por un ente invisible, el espectro de alfa sonrió ante los aplausos de los demás larvaes mientras se materializaba ante los ojos horrorizados del omega. Sus compañeros dieron la espalda soltando risas que mostraban su locura y maldad. Él sacó sus manos debajo de aquella capa tronando sus dedos en el aire liberando al omega de las cuerdas.

Había algo de placer burbujeando en su oscura alma cuando observo al pequeño oji-azul quitarse el velo que cubría un poco su rostro. La parte delantera de su ropa estaba cubierta de la sangre de su padre, y la parte atrás una vez se sentó cubierta de la sangre de los cuerpos inertes de las otras omegas que estaban a su lado.

El omega parecía completamente ido mientras ponía frente a su rostro sus manos cubiertas de sangre, en un momento de entendimiento de la situación en que estaba. Un gemido estrangulado salió de su garganta, una vez sintió unos pálidos y fríos dedos levantar su barbilla; un olor a incienso entró por sus fosas nasales mientras veía una máscara de carabela muy cerca de su rostro.

La mascara fue quitada, para revelar unos ojos verdes que lo atormentarían por días, mas no pudo evitar observar la belleza en él, su cabello castaño largo digno de un guerrero, así como la profunda cortada en el cuello que mostraba su razón de muerte, ahora exhibido como una hermosa cicatriz. ¡Por Júpiter!, debía estar enfermo, un espectro acababa de matar a su padre y él se dedicaba a enfocarse en los detalles de aquel ente materializado delante de él.

El espectro de alfa lo observaba con atención, mientras una sonrisa malvada se estiraba en sus labios.

—Una vez eres dado para el sacrificio, siempre serás eso... un dulce, dulce sacrificio que yo sabré cuando tomar. —Los ojos de Louis estaban completamente horrorizados—. volveré pequeño Louie, porque así es tu nombre ¿no?

Sin más el espectro desapareció ante sus ojos, mientras los aldeanos salían a celebrar la finalización de los días de lemuralia y la salida del sol luego de tanta oscuridad, las cosechas estarían bien, todo estaría bien pensó Louis a pesar de ver a su madre correr al cuerpo de su padre, quien había intentado sacrificarlo. Quizá los larvaes se habían apoderado de su alma, pero él no sintió lástima o dolor alguno.



Transcurría el mes en el que iniciaban las labores agrícolas cuando el omega empezó a tener sueños extraños de noche, sobre todo algunos que causaban que la tela sobre su montón de paja que hacía las veces de lecho, amaneciera húmeda; sentía un par de manos tocar su cuerpo con adoración y un olor a incienso invadir sus fosas nasales antes de despertarse y notar sus propias manos sobre sus genitales y pecho.

Se había entregado como esclavo a un hogar de betas a cambio de comida y lecho, luego de que su madre cayera en una locura dejándolo a su suerte y maldiciéndolo en nombre de Marte como un omega inservible que había causado la muerte de su alfa. No hubiera sido de otra forma, pues Louis tampoco deseó quedarse, varió su nombre a Louie sin razón aparente y buscó la forma de mantenerse con vida.

Esa noche en particular estaba rodeado de frío y penumbras, cuando entre sueños aquel ser lo visitó nuevamente. El olor a incienso entró como un bálsamo refrescante para su cuerpo ahora caliente, quería abrir los ojos, pero por alguna razón no podía hacerlo, estiró sus brazos en búsqueda de algo palpable que tocar, él quería sentirlo a pesar que sus manos quedaban en el aire, mientras sentía un tacto jugar con su pecho provocándole gemidos incontrolables.

Su omega reaccionó de forma instantánea, separando sus piernas a la nada, esto no era un sueño vivido, ya no más, no podía estar tan húmedo por una mera fantasía, ¡Por Venus! se sentía tan fértil, tan febril por sensaciones que deberían causarle miedo de sentir, sobre todo porque estaba dormido. A pesar de ello, unos ojos verdes no salieron en ningún momento de su mente.

Llevó sus manos contra sí mismo, palpando su erección bajo las telas de su túnica mientras sentía el frío adueñarse más de la habitación, se sentía observado. Un lado oscuro de su alma deseaba que fuera el espectro que le causaba fascinación quien lo observaba en ese momento. Sintió un frío rodear su cuerpo cayendo sobre él como una manta.

—Mi señor, por favor. Quiero verlo; quiero sentir y ver quien es el ser que me abruma en mis sueños y toma mi cuerpo cada noche. —el omega no se calmó solo con esa súplica—. es usted, el dueño de mi sacrificio, puede tomar mi virginidad como mi sacrificio para usted.

Gimió con fuerza cuando el peso dejó de ser ligero y ahora era una masa de músculos pesada sobre él y unos labios gruesos se dirigieron a su cuello, succionando. Él solo quería abrir sus ojos para ver aquel ser de nuevo, aquel espectro que lo había salvado de morir y que ahora robaba su virtud e inocencia con unos simples besos.

Entonces, aquella mano rasposa se posó en su mejilla derecha, permitiendo que sus ojos apreciaran la vista de un alfa hermoso cerniéndose sobre él. Sus ojos verdes, eran los mismos que lo visitaban en sueños, el mismo tono impasible que acabo con la vida de su padre en un chasquido. Aquellos ojos impasibles, pero cálidos cuando su mirada estaba sobre él, Louis se sentía como un tesoro siendo apreciado por aquellos ojos impenetrables, su cuerpo era una masa temblorosa y maleable en ese momento.

Estaba todo tan oscuro, que parecía la noche perfecta, Louis siempre amó la oscuridad, a pesar que una pequeña llamarada en algún lugar de la habitación le permitía ver las facciones pálidas de aquel muerto viviente. A cualquiera le hubiera horrorizado siquiera ser tomado por un larvae, un ser sin alma y maligno, más su omega interior no podía evitar clamar por él, inclusive él mismo. Su tacto era frío, pero a él le fascinaba el contraste con su tacto caliente. Olía varonil, a pinos e incienso, sus miradas siguieron conectadas y Louis simplemente se sentía ebrio.


Aquella noche Harry se atrevió, luego escuchar la invitación del humano a unirse en su lecho con él, parecía que Louie estaba preparado para tomarlo, vestía el color de Venus, el color del deseo; Su pálida piel lucía brillante con aquella túnica roja que caía ahora en su hombro, con sus dos pectorales en exhibición. Sus montículos eran tan rosados, lo invitaban a romper las barreras entre el mundo humano y el espectral. Él solo era una sombra condenada a vagar y vivir eternamente cometiendo malos actos, inclusive estaba a punto de cometer el más grave; que Plutón lo perdonara o le llevara al inframundo, pero el tomaría en sacrificio esa dulce inocencia.

Cortó la mirada al omega sintiendo el olor a romero llenar la habitación y simplemente se inclinó llevando el duro retoño de piel a su boca, apretando sus mejillas para sentir el sonido placentero del omega al ser torturado. Su capa negra que estaba atada a su cuello cubría el pecaminoso acto que estaba haciendo con sus labios, mientras sus manos subían aquella tela roja por los muslos de su exquisito omega.

Sería el primero, tendría esa honra, dejó de lado su maldad solo por cuidar del pequeño Louie. Desde que fue sacado de su hogar; claramente su madre había pagado la mala decisión de dejar a alguien como el pequeño omega que se deshacía ahora en sus brazos completamente solo, había sido una muerte extraña, pero ¡Oh! Su Louie no debía saber eso.

Estaba teniendo una respuesta tan buena a sus movimientos circulares en sus muslos, el omega solo se revelaba más para él, mucho más, pasó al otro montículo notando como su pecho se levantaba contra él, impetuoso, exigiendo más, le gustaba que su frío causara sensaciones al omega. Definitivamente, Louie era lo mejor que pudo haber degustado en su vida, a pesar de los omegas existentes en su vida humana. Se detuvo, sólo para ver los ojos ahora negros del omega observándolo con atención, sus mejillas estaban coloradas, mientras sus brazos caían a sus costados; la tela de la túnica roja había quedado enrollada en su cintura, el rojo sangre daba una sensación de que la cintura del omega sangraba, el color de su piel era un contraste excitante con aquella tonalidad.

La parte inferior del omega estaba completamente desnuda, mientras que la tela roja que permanecía debajo de sus glúteos ahora era color carmesí, debido a la humedad que estaba saliendo del interior.

—¿Mi señor? —preguntó Louis dubitativo observando como el alfa estaba de rodillas frente a él observando su desnudez sin palabra alguna.

—Harry, omega. En vida me llamaba Harry y es el nombre que ahora quiero que uses como si fuera una plegaria. Sólo observo la belleza del sacrificio. —comentó—. Como el rojo cae hermosamente sobre tu piel.

Lo siguiente fue una exhalación para Louis, cuando los labios de aquel misterioso hombre se enredaron con los suyos, dio cuenta que estaba siendo completamente devorado por él. Sus labios eran estirados mientras su boca era emboscada por la fría lengua del ente. El sonido de la lluvia cayendo le avisó de una tormenta, pero no importaba, no cuando su cuerpo se sentía en la gloria. Sentía la presión del pene del alfa contra el suyo que caía con gracia sobre su abdomen, la tela de la túnica negra del alfa raspaba con la fricción, pero había algo de placer en el dolor y su cuerpo estaba experimentando la sensación.

Un pequeño hilo de humedad unía sus labios cuando el espectro se separó de él con una mirada oscura.

—Hay tanta oscuridad en tu pequeña e inocente alma. —dijo el alfa—. Mírate listo para entregar tu cuerpo a una criatura de la noche. Un devorador de almas, un asesino.

Eso no lo asustó, debió hacerlo en algún momento, pero no pasó, mas el ente le dio una sonrisa malvada que lo hizo humedecerse aun más. Había un placer culpable en querer ser tomado con tanta intensidad.

Harry se inclinó y se permitió tomar de aquel brebaje que destilaba su virginal compañero, su reacción fue maravillosa debido a que sus uñas se incrustaron en su largo cabello jalándolo con fuerza, mientras más sonidos de placer salían de aquellos pequeños labios rosados. Como los cítricos el sabor del omega era dulce en principio y amargo en el fondo, succionó con fuerza aquel agujero, el cual sería atravesado por él dentro de poco, sería él, solo él, su alfa verberaba en su interior como un grito de guerra. El omega estaba tan caliente y él tan frío mientras su lengua exploraba el interior del omega con interés, sintiendo como más humedad era liberada para su deleite, bebió del omega con deleite a pesar de sus años vagando en la tierra sin probar bocado.

Jamás en su vida humana había degustado algo como aquello; se levantó sobre sus rodillas, sacando de sí aquella capa liberando su desnudez ante el omega, miro hacia arriba mientras truenos se escuchaban lo suficientemente cerca como para saber que el cielo se caía. Con socarronería le agradeció a Venus, la diosa de la fertilidad por tan buen espécimen esperando por él, a pesar que sabía que la diosa no escuchaba a los muertos; y eso estaba bien, no escucharía a un muerto, pero si escucharía los gritos de un humano siendo profanado por un espectro.

Louis se sentía acabado, luego de que su esencia fuera absorbida de su cuerpo, no sabía que algo así podría hacerse, sin embargo, ahí estaba recibiendo la boca de aquel misterioso espectro en su parte intima, bajó sus manos por su cuerpo, notando como la mirada de este seguía su camino. Puso su mano sobre su rosado pene acariciándolo un poco, sintiendo el olor a incienso incrementarse; movió su mano se arriba hacia abajo sobre su eje, para luego cubrirlo con la tela roja y frotándolo a través de ella, ocultándolo a la vista, sintiendo el raspón de la tela con el toque de su mano, abrió más sus piernas mostrando su rosado agujero al alfa mientras llevaba su mano desocupada a la zona y con su dedo índice, acarició en círculos suaves la zona regando un poco más de lubricante.

Las suaves pestañas del omega cayeron sobre sus pómulos, privando al alfa de la vista de aquellos ojos azules, mientras se tocaba, incitándolo; “es tan perverso” pensó Harry, había tanto oculto bajo esa inocencia, el omega era innatamente un provocador. Con impaciencia aparto las manos del omega de su propio cuerpo; mantuvo la tela roja cubriendo aquel hermoso pene, al omega le gustaba el placer y el dolor, por lo que él le daría todas las sensaciones que pudiera. Colocó sus manos sobre su cabeza y sostuvo sus muñecas juntas sobre su ella privándolo de cualquier movimiento.

Guío su pene al interior del omega. Observó aquellos ojos azules ahora completamente húmedos por las lágrimas, cuando la cabeza de su miembro pasara la primera barrera; llevó sus labios al oído del omega murmurando:

—Tendrás tanto dolor y placer, como solo yo puedo darte. Lo tomarás, me acogerás en tu interior. —dijo—. Los sacrificios no son placenteros rosea.

Escuchó el grito del omega una vez estuvo completamente en su interior, las lágrimas fluían por sus mejillas, y el simplemente no pudo evitar sonreír. Sin embargo, lo tomó por sorpresa que el omega levantara su cabeza y llevara sus labios a su cuello, succionando aquella cortada que develaba su forma de muerte; Harry se sintió el éxtasis mientras sentía al pequeño jalar su piel de la zona con devoción. Inició los empujes contra el cuerpo del pequeño, siendo duro, implacable, salvaje.

En cada oportunidad que un “Harry” salía de los labios del omega, su alfa aruñaba en su interior tratando de salir en totalidad; soltó sus muñecas sintiendo como las manos iban inmediatamente contra su espalda, enterrando sus uñas. El cuello del omega se curveó mientras su corto cabello castaño se pegaba a su frente y sus ojos permanecían cerrados. Más gemidos altos eran liberados, con cada estocada mientras sentía el placer de ser herido. La tela roja rapaba la piel de su abdomen, mientras sentía el bulto del miembro del omega a través de la tela chocar contra su pelvis con cada movimiento. Estaban en un nivel de placer en el cual el omega lloraba, pidiendo clemencia.

El frío en su interior, siendo apretado con su calor, lo tenía abrumado; en principio había sido un dolor desgarrador, pero ahora estaba ahí sintiendo un placer inimaginable, con su torso ligeramente levantado, mientras un brazo lo sujetaba con fuerza y el otro empuñaba su cabello al tiempo jalándolo hacía atrás, se sentía tan bien, tan supremamente lleno, mientras el alfa llevaba sus labios a su cuello torturado su piel con sus dientes y lengua.

Cerca, Louis estaba cerca de estallar, sintiendo que estaba perdiendo su inocencia de todas las formas posibles, las estocadas resonaban aún por encima de la fuerte lluvia, enterró sus uñas con más fuerza en la espalda de aquel alfa sintiendo como de repente se mojaban; entonces sintió el calor creciendo en su abdomen, reveló su cuello.

—Estas siendo tomado omega. —dijo con una voz ronca y tenebrosa aquel espectro—. Tan bueno, el mejor sacrificio que he probado jamás. Un alma pura e inocente, pero oscura y perversa. Serias capaz de hacer todo por mi ¿no?

—Mi señor. —gimoteó el humano sin fuerzas, mientras estallaba en la tela roja y de su agujero salía aún más líquido, apretando con fuerza al alfa, haciendo más difícil las estocadas, hasta que lloró sintiendo un gran nudo expandiéndose en su interior—. Lo haría, sí.

—Dulce omega. —rió el alfa en su cuello antes de enterrar sus colmillos con ímpetu en aquella piel lechosa, solo por herir, por tomar el cuerpo de aquel omega totalmente para sí, aunque no hubiera lazo existente.

Observó al omega con los cerrados y sus pestañas moviéndose como si quisiera mostrar sus ojos y no pudiera; podía sentir el olor a placer y felicidad bailando a su alrededor. Paso su dorso por los labios, se sentía cansado; había usado mucha energía para estar todo ese tiempo de forma corpórea, una vez su nudo se deshizo tomó su túnica-capa, cubriendo su desnudez. Guardó en sus pensamientos aquella imagen del sacrificio que había tomado.

Frente a él estaba el pequeño Louie, durmiendo apaciblemente, con su cuello sangrante, los dedos de sus manos cubiertos del líquido negro que ahora era su sangre como espectro. Estaba envuelto en aquella túnica roja enrollada en su fina cintura, manchada del blanco de su propia semilla, mientras la pequeña cabeza de su pene se revelaba entre el telar, sus piernas estaban ligeramente separadas; se desplazó un poco para ver entre ellas, notó que de su agujero salía el líquido blancuzco del cual lo había llenado y que ahora estaba corriendo por sus lechosos muslos, lo había tomado, él había tomado su dulce sacrificio.



Transcurría el tercer mes del año 336, siendo un día impar, en el que un joven acusado de robos y asesinato, se abría paso entre la multitud en la plaza para ofrecerse a sí mismo como sacrificio para los larvaes, mientras una túnica roja que cubría su cuerpo; la fama que tenía en aquel pueblo, no le permitió tener una muerte fácil con un corte a su cabeza, sino que fue cortado en su cuello hasta desangrar, justo donde una herida negruzca marcaba su piel; esforzándose por respirar, sintiendo su vida siendo arrancada lentamente, rió con maldad cuando lo último que vio fue unos ojos verdes observándolo con atención.