Chapter 1
La leyenda cuenta que Azazel, el demonio de la corrupción, fue condenado por Lucifer a la reclusión. Solo cada 100 años, el sello se rompe, y Azazel es liberado y se convierte en un depredador que se alimenta de sangre mortal, un recordatorio del líquido carmesí que derramó en el pasado.
Ahora, su elegante figura de cabellos largos y dorados, en conjunto con su atuendo negro atrasado en la epoca, llama mucho la atención de los transeuntes, parece un duque, uno hermoso, el demonio simplemente ignora esas molestas miradas, el olor de su sangre le repugna. Su atención esta enfocada en un edificio de apartamentos. En el tercer piso, una ventana abierta le ofrece una oportunidad irresistible. sus labios se ensanchan en una sonrisa, revelando colmillos ansiosos por probar carne fresca.
Dentro, Julien, un humano vanidoso, se mira en el espejo, sonriendo satisfecho con su apariencia.
—Pues, feo no estoy —posa para la foto, con una mano metida en el mandil, y una sonrisa de lado.
Lamentablemente, el timbre del horno interrumpe su autoelogio. La tarta de manzana está lista, y Julien rie como idiota crendo toda una escena mental en su cabeza de sus amigos alabandolo por su apetitosa creación.
—Huele bien —saca con cuidado la humeante tarta.
Mirando su obra, una ligera arruga se forma en su entrecejo, y sus labios forman una linea fina en clara decepción. La tarta se ha desbordado, esto no es lo que le prometió el tutorial que siguio al pie de la letra.
Apoyado en una esquina de la cocina, en una postura relajada, Azazel observa de brazos cruzados al mortal. Arquea su ceja derecha se arquea con desdén, mientras que sus labios se curvan en una ligera mueca de desinterés.
—Al diablo con esta maldita tarta —murmura, y se pone manos a la obra para intentar nuevamente.
2 Horas despues
Sus manos tiemblan ligeramente mientras intenta nuevamente. Este es el cuartto intento. Con movimientos rápidos y un tanto imprecisos, mezcla los ingredientes con más fuerza de la necesaria, derramando un poco de harina y azúcar sobre la encimera. Las manchas de masa y las manchas de ingredientes derramados cubren la superficie, mientras intenta controlar su respiración para no dejarse llevar por el estres. Nunca mas cocinaria, nunca, Jamas, never.
—Bien, esta será la última vez. Si no me sale bien, llamaré al maldito delivery —murmura frustrado.
Mientras se arrodilla frente al horno, sus ojos brillan con una mezcla de esperanza y anticipación. Cada minuto que pasa es acompañado de una mirada fija en el horno, la tensión en su rostro disminuye a medida que el aroma tentador llena la cocina. Cuando finalmente abre la puerta del horno y ve la tarta dorada y perfectamente cocida, una sonrisa amplia y genuina se dibuja en su rostro. Su alegría es palpable; sus ojos se iluminan y una risa de satisfacción escapa de sus labios. Con movimientos cuidadosos y tiernos, saca la tarta del horno, la coloca sobre la mesa y la observa con orgullo. La expresión de frustración que antes predominaba se ha transformado en una mezcla de alivio y orgullo.
—El talento es imposible de ocultar, soy perfecto —exclama feliz y claramente para nada egocentrico.
Julien, con el rostro aún iluminado por la satisfacción, se dirige apresuradamente a su habitación, dejando la tarta en la isla con una sensación de logro. Mientras se limpia, su entusiasmo es evidente en su expresión y en la rapidez con la que se deshace de las manchas de harina.
Por otro lado, Azazel, con una expresión de desaprobación, se acerca a la tarta con cierto interes, examina la creación con una mirada crítica. La curiosidad lo lleva a pinchar el caliente postre con una de sus negras garras, la lleva a su nariz, oliendo levemente, antes de mostrar sus colmillos mordiendo la tarta, su boca se curba en una mueca de desagrado escupiendo rapidamente ese bocado asqueros.
«Huele bien, pero sabe asqueroso».piensa antes de lanzar el postre por la ventana.
—Estoy haciéndole un favor —murmura, con un tono frío y despectivo, mientras avanza lentamente por la cocina en ruinas, sucia y llena de harina y huevos.
«Asqueroso».El orden y limpieza no es algo que ese mortal conozca al parecer, con una mueca de desagrado, trata de ignorar el evidente desorden, centrado en su objetivo principal, la sangre.
Julien, completamente feliz, sale ya listo, emocionado por restregarles en la cara a sus amigos, que claramente si sabe cocinar.
—Les gustará mi tarta, y se arrodillarán por más —canturrea con satisfacción.
Sin embargo, se sus pasos se detienen lentamente extrañado al no ve ru tarta en el lugar donde la dejo. Sus ojos recorren la habitación, deteniéndose en la ventana abierta. Frunce el ceño, su mente intentando recordar si había dejado la ventana así. Finalmente, con un gesto de impaciencia, murmura:
—Yo la dejé aquí —mira la isla de la cocina con la esperanza de que la tarta regrese por sí sola.
Comienza a buscarla por toda la cocina, Incluso rebusca en la basura, con esperanza de haberla arrojada de forma inconciente ahi, pero nada, no hay, desaprecio, se esfumo.
—¿Dónde está? —se rasca la cabeza parado en medio de la cocina sin saber donde mas buscar.
Azazel, mientras tanto, observa en silencio, siendo una presencia invisible en el entorno, deleitándose con la confusión de Julien. La cocina, antes iluminada por la luz natural y acogedora, ahora parece mas oscura y solitaria, con sombras que se alargan de manera antinatural.
—¿La hice o no? — murmura Julien, sus ojos desenfocados, como si la línea entre lo real y lo imaginario comenzara a desdibujarse. — ¿Lo habre imaginado?.
Pero es imposible, el molde esta claramente aun tibio en la isla. No tiene sentido.
«Ya jugué demasiado»,Azazel hace visible su presencia.
Da un paso hacia adelante, apenas perceptible para Julien, quien está demasiado absorto en una crisis mental.
—Quieto —susurra Azazel a su oido, su frio aliento rosa la piel de Julien causando une escalofrio de puro terror en su cuerpo.
Su corazón se hunde, su instinto de correr se ve pribado al sentir su cuerpo tremendamente pesado, las manos le temblaban, el bendito miedo no lo dejaba reaccionar, ¿no es asi como imagino su primer intento de robo?, se supone que debia dar pelea, es un cobarde, o eso es lo que piensa, con su mente trabajando a mil, exigiendole a su estatico cuerpo correr y coger cualquier cosa a su alcanze para defenderse.
—Llévese todo lo que quiera, solo no me haga daño —aunque trato de sonar lo mas seguro posible, el temblor en su voz fue perceptible en las silenciosas y agobiantes paredes del lugar.
—¿Qué me puedo llevar de aqui?, todo es tan inservible —suspira Azazel con falsa decepción, frotando sus una de sus garras ese blanco cuello que lo tienta a incrustar sus colmillos ahí.
Julien siente el contacto de algo filoso tocandolo, una fría presión que lo hace estremecerse, no quiere morir degollado, ¿Que diran los noticieron?, “Sujeto muere degollado por arma punsocortante en la seguridad de su casa”, eso es espantoso, no, se niega, imposible, tiene mucho por vivir. La realidad de su peligro inminente se cierne sobre él, aun así, intentando controlar el temblor en sus labios, abre la boca.
—No... no tengo mucho dinero, pe..pero.. puede...llevarse..todo—balbucea Julien, su voz temblando a pesar de sus esfuerzos por sonar firme.—. Si no... si no se va... mis amigos lo descubrirán,y llamaran...a...la policia.
Azazel se ríe con una carcajada baja y fría, un sonido que resuena con la cruel diversión de un depredador ante su presa.
—¿De verdad crees que tus pobres intentos de soborno me van a conmover? —dice Azazel, su voz en un susurro helado que parece deslizarse por la piel de Julien—. Tus amigos no están aquí para salvarte, y tu dinero... bueno, no es como si pudiera comerlo.
Azazel rosa su nariz debajo de la oreja del mortal, complacido al ver tiembla, eso solo incrementa el delicioso aroma que destila su sangre.
Julien traga saliva aterrado, claramente el sujeto detras suyo es un pervertido, debe tener el rostro todo feo y grasiento. Que repugnante, toma aire y observa el cuchillo de mantequilla a unos metros de la isla, puede cogerlo, claro que puede, son solo unos pasos, como flash, rapido y sin miedo, con los musculos tensos y el corazón latiendole a mil por hora se impulsa hacia adelante intentando correr hacia su salvación.
Pero antes de que pueda dar el segundo paso, un fuerte brazo se envuelve alrededor de su cintura, inmovilizándolo con una fuerza implacable. El contacto es brutal: su espalda se estremece del dolor al sentir el pecho duro del atacante presionando contra él, como si hubiera chocado contra un bloque de hierro desde una gran altura, Robandole el aliento dejándolo sin poder moverse ni respirar con libertad.
—Chico malo —Azazel, chasquea la lengua desilusionado.
Julien, con el cuerpo temblando y el rostro pálido por el terror, intenta hablar entre jadeos. Sus palabras salen atropelladas, cada sílaba cargada con desesperación y pánico.
—¡Llevate todo lo que tengo, mis tarjetas de credito, todo!, ¡No te denunciare! —Exclama alarmado, presa del panico por haber cometido un error y cerrar su sentencia de muerte— ¡Pero por favor, no me hagas daño! ¡No quiero morir!
—No soy un ladron —se deshace del agarre que tenía sobre la cintura de Julien y lo agarra por los hombros con una fuerza inhumana causando que el humano soltase un gemido de dolor.
El cual Azazel ignora, forzandolo y enfrentarse cara a cara a su captor.
Cuando Julien finalmente mira hacia arriba, lo que ve no es nada menos que un espectáculo aterrador. Lo que estaba frente a él no es humano, aunque su apariencia tenga un extraño atractivo. Las características amenazantes del ser son imposibles de ignorar. Sus ojos, de un rojo intenso, están enmarcados por un fondo negro profundo, casi como un abismo sin fin. Las grandes alas negras de Azazel en conjunto a esos cuernos de cabra en su cabeza, agregan mas mounstruosidad a su apariencia.
La sonrisa de Azazel, que se extiende de oreja a oreja, revela una fila de colmillos afilados, como si estuvieran sedientos de sangre. En el lado izquierdo de su rostro, unas marcas oscuras similares a raíces o venas negras emergen desde su hombro y se extienden hasta su cara, creando un patrón inquietante y perturbador.
Julien, con el corazón latiéndole con fuerza, apenas puede procesar lo que está viendo. Su mente lucha por encontrar palabras, y su voz sale en un grito ahogado, mezclado con un terror casi paralizante.
—¿Qué cosa eres? —incluso el dolor en su espalda se le olvido al ver semejante ser atroz.
Azazel, sin prisa, se inclina hacia Julien, satisfecho ante el terror absoluto en los ojos del humano. Con un gesto despreocupado, se encoge de hombros.
—Un demonio, ¿No es obvio? —con voz helada, responde al oido del humano— uno muy hambiento.
Julien, aterrorizado, apenas puede procesar la escena delante de él. La belleza del demonio es una ironía cruel en contraste con la amenaza que representa. Intenta correr nuevamente, siguiendo su instinto de supervivencia, pero es inutil, el demonio vuelve a sostenerlo con fuerza, una muy dolorosa que le vuelve a quitar el aire.
Siente el aliento caliente de Azazel en su cuello. Esos colmillos, afilados y fríos, rozan su piel, y la sensación de la presión y el dolor creciente lo lleva al borde de la locura. La piel de Julien empieza a perforarse, y el dolor agudo lo hace soltar un grito ahogado.
—¡Por favor, no! —suplican sus labios— te juro que no tengo buen sabor.
Su cuerpo tiembla incontrolablemente. Su mente lucha con la desesperanza de que no hay salida, y morira por ese mounstruo desgarrandole el cuello. Tal vez Dios, o quizás el diablo, o fue tan solo el destino, no se sabe, pero lo que si, es que a Julien se le devolvió el alma al cuerpo con tan solo el sonido del timbre.
—Salvado por la campana —susurra Azazel al oído de Julien con tono divertido.
El peso del cuerpo del demonio se desvanece, y en cuestión de segundos, Azazel desaparece, dejando a Julien temblando.








