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De pronto desperté, volví a mis cinco sentido. Mis ojos se abrieron como si fuera la primera vez y tomé la información a mí alrededor. La gente no para de hablar y me concentro solo en lo que me hizo disociar desde un principio.
La mesa número cinco llena de chicas bonitas que no paran de hablar sobre sus vidas eran insufribles. Parecía que se la pasaban todo el año en vacaciones, ninguna estudiaba o eso me dejan pensar, solo se concentran en ser bonitas y salir con chicos. Ese era el tipo de chica que me cae mal y para mí desgracia tenía que atenderlas yo.
—Hola, mí nombre es Alina y seré su mesera el día de hoy. ¿En que puedo ayudarlas?—Ellas sonrieron con falsa simpatía mientras me inspeccionan de arriba hacia abajo. Decir que me siento como una ridícula es poco.
Una vez volví a la cocina para dar el pedido dejé salir un suspiro cansado, sentía que mí cuerpo ya no aguantaba luego de casi diez horas de trabajo. Sé que había sido mí decisión cubrir el horario de mí compañera hasta que llegara, pero parece que su imprevisto iba a tomar toda la tarde y yo necesitaba el dinero.
Mi teléfono suena con un mensaje. “¿Ya llegas?” de parte de Nico.
Veo por la ventana cómo el sol ya quiere irse y me siento mal por no contestar el mensaje.
Así pasa otra hora hasta que mí jefe me para luego de atender por cuarta vez la mesa número cinco.
—Malea ya llegó. Puedes retirarte—Con un movimiento de cabeza indica la puerta y es todo lo que necesito. No hablo ni hago contacto visual con ningún otro trabajador mientras cambian de turno.
“Voy saliendo” contesto a penas tengo un pie fuera del restaurante y con una última mirada a la mesa cinco parto camino a casa.
El camino es solitario y el aire frío, la gente pasa disfrutando de su sábado por la noche de la misma forma que lo hicieron ayer. Los autos pasan con la música alta, la gente se ríe tanto que parece querer contagiarme, no sucede.
Mis pies duelen de estar tanto tiempo parada, mí estómago está vacío y ni pienso en usar el dinero que tenía en la billetera, eso era para otra cosa.
Desde la ciudad hasta mí barrio hay alrededor de dos horas de viaje los cuales las paso mayormente parada entre un tumulto agobiante de gente o sentada siendo la ganadora de la lotería entre la gente igual de cansada que yo.
Cierro mis ojos con la cabeza colgando intentando ahogar algo del ruido que me rodea y está comenzando a desesperarme.
Otro mensaje hace que mí teléfono vibre <<¿Por donde estás?>> pregunta Nico, otra vez. Yo respondo <<20 minutos. Alístense>>
Bajo del transporte a los diez minutos y en seis minutos llegó a la casa tocando la puerta solo por cortesía.
Una señora mayor me atiende, la reconozco, la señora Luna, mí vecina y niñera gratis de mis hermanos que conoce desde que eran pequeños y la tragedia sucedió.
—Hola, linda—Me regala una hermosa sonrisa que intento imitar—. Pasa, debes estar cansada ¿Has comido? Tengo un estofado para combatir este frío que es perfecto.
Y sigue hablando hasta cuándo sirve la mesa, llama a mis hermanos para que bajen a la sala de estar y se despide de nosotros.
Otra vez, el camino es frío aunque menos solitario. Mis hermanos, Nico y Lia me cuentan de su día mientras transitamos las calles restantes hasta llegar a casa.
—Nico no quiso ayudarme con mí tarea—Hace un puchero la pequeña niña.
—¿Otra vez?—suspiro cansada.
—Solo tiene que leer su libro, las respuestas están allí.
—¡Pero quiero tu ayuda, Nico!
Rodé los ojos al escucharlos, no tenía la energía para lidiar con ellos ahora y los dejé ser haciendo oídos sordos. Sé que es un tema del que debería hablar con él luego, la actitud de Nico no ha sido la mejor últimamente, no debería dejarlo estar.
Al final de nuestro camino frente nuestro se presentaba la gran casa que contenía espacio de sobra para tres personas, la que tenía que haber estado habitada por cinco o más personas, una familia en crecimiento. Nuestra casa.
Volver a mí hogar luego del trabajo todos los días se sentía deprimente, era triste tener que volver al lugar donde todas las responsabilidades y los recuerdos caían sobre mí.
A penas entramos Lia corre por la sala de estar buscando sus juguetes y Nico se retracta a su habitación como todo adolescente incomprendido.
—¡Lía, ven aquí!—La llamo desde la cocina para que traiga sus libros y poder ayudarla con su tarea mientras busco qué cocinarles.
Son las diez de la noche cuando la cena está casi lista. No será la cena más nutritiva, ni la más ingeniosa o completa, pero es lo máximo que puedo sacar de mí.
Mañana será otro día, me prometo a mí misma intentar un poco más, esforzarme un poco más por ellos.
—¡Nico!—exclamo su nombre esperando una reacción, al ver qué no contesta lo vuelvo a llamar—¡Nicolais!
—No te escucha—canturrea mí hermanita mientras quita sus cosas de la mesa para que pueda servir la cena.
—¿Puedes ir a buscarlo, nena?—Ella asiente con una sonrisa que me da a dudar y sale corriendo.
Sabía que le iba a molestar a él, pero no tenía otra opción. Solo espero que no…
—¡Déjame en paz!—Escucho a Nico gritarle desde el piso de arriba y unos pasos rápidos acompañado de más gritos.
—¡Alina me dijo que venga a buscarte!
—¡Sí, que me avises, no que me vengas a molestar!
—¡Alina!—gritan los dos al mismo tiempo una vez llegaron a la cocina.
Mi cabeza comienza a doler un poco con solo escucharlos. Les doy una mirada muy clara para comunicarles que se callen y lo hacen.
—La cena esta lista.
Comemos en silencio, no hay mucho que decir, todos estamos cansados, el día fue muy largo y tan agotador que consumió todas nuestras energías.
Pero la noche aún no acaba, luego de la cena los obligo a sentarse a terminar su tarea para que al día siguiente puedan descansar mejor sin ninguna preocupación.
Lavo los platos en la innecesariamente extensa cocina y Nico junto a Lía sacan sus libros. Nico no habla con nadie, solo se limita a copiar, pero Lía aun es pequeña y quiere preguntar sobre todo lo que causa que su hermano se irrite.
—¿Y como es que construyen las computadoras?—suspiro cansada después de la décima cuarta pregunta que hace e intento buscar la respuesta
—Eh, no lo sé, Lía ¿Por qué no le preguntas a tu maestra cuando vayas a la escuela el lunes?
Terca como solo una niña como ella sabe ser le pregunta a su hermano.
—Nico.
—No sé, Lia—la interrumpe sin dejarla terminar.
—¡Pero, Nico!—Él no contesta.
La casa vuelve a caer en silencio y sigo con la limpieza de la casa, los juguetes de Lia y la ropa que no pude doblar.
Siento un tirón en la espalda cada vez que me agacho para recoger algo y los pies me duelen aún más cuando los descalzo sintiéndolos arder ante el inminente frío de la casa.
Por las paredes de la casa rebota la voz de mis hermanos, Lía hace preguntas y no recibe respuesta, aún cuando me acerco los escucho un poco distantes.
—¡Lía!—Me llama ella cuando paso por la cocina en dirección a la lavandería.
—Nico, por favor, ayúdala. No puedo ahora.
Él se queja y Lía se ríe, no para de hacer preguntas.
—Aquí dice, describir el proceso de fotosíntesis ¿Qué es eso?
—No lo sé.
Veo la hora, cada vez es más tarde y Lia aún no ha terminado, Nico no coopera y mí cabeza duele.
—¡Ayúdala!—Le recuerdo mientras meto algo de ropa a lavar, la sacaría mañana por la mañana.
—¡Eso!—Lo molesta Lía y escucho movimiento.
—¡Déjame en paz! ¡Dios, si que eres molesta!
—¡Mentira! ¡Alina!—Me llama ella y yo cierro la puerta con fuerza haciendo ruido.
—¿¡Puedes callarte por un momento!? —La tensión se siente en toda la casa, Nico está enojado y yo estoy cansada— ¡Menos mal que mamá ya no está aquí, eres tan insoportable que ya se hubiera ido!
—¡Nicolais!—exclamo furiosa cuando llego hacia ellos y él se da vuelta algo asustado, pero su actitud no flaquea.
—¡No pienso ayudarla, Alina! ¡Que aprenda ella sola! —Él intenta retirarse pero del enojo lo agarró de la manga de su camisa.
—¡Te he dado una orden y debes cumplirla, solo eso te pedí!
—¿¡Quien te crees que eres para darme órdenes!? ¡Solo eres mí hermana! —Lo sacudo del brazo con fuerza sintiendo todo el enojo fluir por mí cuerpo.
Sus palabras dolían y me enfurecían tanto que no me sentía en control de mí cuerpo ni de mí mente como mis palabras.
—Soy tu hermana y como si no fuera suficiente, tu tutora. Compro tu ropa, pongo la comida en tu mesa y pago la maldita casa en la que vives, al igual que el colegio al que asistes, las salidas con tus amigos y demás—Las palabras salen frías de mí boca, de una forma tan autoritaria que nunca usé—. Si te digo que hagas algo, lo haces, ¿entiendes?
Nadie dice nada, la casa se sume en su silencio habitual y vuelvo a sentirme en mi cuerpo dándome cuenta de lo que acabo de hacer.
Suelto a Nico, quiero disculparme por hablarle así, pero él se va antes y dejo que se vaya, una acción a la que ya me acostumbré a hacer de forma inconsciente.
Giro a ver a Lia que me mira con los ojos llorosos. La tarea puede esperar.
—Ven, hora de dormir—hablo de forma suave y tranquila para calmarla.
Lia es sensible, aunque no lo parezca y ha tomado el hábito de dormir conmigo cuando se siente triste, hoy no es la excepción. También es muy charlatana cuando está de buen humor, por lo que no se me hace raro que no hable todo el rato hasta que ya nos acostamos.
—¿Nico está bien?—pregunta con su voz baja y yo dudo un poco.
—Él estará bien.
—¿Por qué le gritaste?—susurra por lo bajo preocupada.
—No debí hacer eso—Es la única respuesta que puedo darle en el momento—. Y tú, debes relajarte un poco con las preguntas. Sé que eres curiosa, pero ni yo, ni Nico sabemos la respuesta a todo, podemos buscarla juntas en otro momento, ¿okey?
—Lo siento, Ali—acaricia mí mejilla sacándome una sonrisa.
—Discúlpate con Nico mañana.
Ella asiente y me quedo acostada a su lado esperando a que se duerma.
De camino a la sala de estar paso por el cuarto de Nico. Puedo darme cuenta que no hay ni una luz encendida del otro lado de la puerta cerrada, tampoco hay ruido, seguro ya está durmiendo o me está evitando, de cualquier forma no puedo culparlo.
La mesa de la cocina quedó desordenada con todos los útiles escolares y decido dejarlo así, mañana seguirá igual.
Un sonido repetitivo se escucha rompiendo el silencio de la casa, al principio pensé que podría ser el lavarropas, pero cuando lo voy a ver este todavía sigue trabajando.
No logro reconocer de dónde sale el sonido y comienzo a desesperarme cuando después de diez minutos no para.
Este se hace más fuerte a medida que me acerco a la sala de estar y entre medio de un mueble lleno de libros encuentro una pequeña luz roja que me llega a la cara encandilándome.
¿Qué mierda es esto?
Saco los libros de forma brusca buscando o recordando desde hace cuanto tengo esto en la puta casa.
Nunca lo había visto, ni lo había escuchado. Parece estar atascado a la pared.
Con un cuchillo de la cocina busco golpearlo hasta que se pare, no creo que sea lo más seguro, pero me importa poco solo quiero que el ruido pare.
Lo golpeo con un poco mas de fuerza y finalmente se apaga, la luz se va y el sonido ya no se escucha pero sigue pegado a la pared.
Despacio lo quito con ayuda del cuchillo y este se desprende del pedazo de pared, a simple vista no parece ser nada más que una simple luz que se enciende como si fuera el árbol de navidad.
Pienso en él mientras miro su foto justo arriba de la luz y creo que sé quién lo puso.
Dexter. Cómo el científico loco que siempre fue, no me sorprendería que lo haya dejado aquí, la pregunta es ¿para qué lo dejó aquí?
Ya no quería nada de él, no quería volver a verlo ni tener que escuchar su nombre a metros de distancia, suficiente ha hecho ya, o mejor dicho, lo que no ha hecho fue suficiente para enseñarme que no lo necesitamos con nosotros.
Sentí miedo ¿Qué haría si quería volver a vivir con nosotros? Tendría que estar sintiendo el arrepentimiento más grande de su patética vida si piensa que puede volver como si nada. Yo podría echarlo, pero se que mis hermanos lo extrañaban, más Nico, que estoy segura de que necesita un figura paterna estable en esta etapa de su adolescencia.
Intento relajarme, quiero pensar que todo es un mal entendido y que nada va a pasar, que nuestras vidas van a seguir su aburrido curso sin la intervención de gente que no necesitamos.
De verdad que quiero relajarme, pero aún cuando me recuesto al lado de Lia y cierro los ojos solo puedo pensar en el gran desastre que es esto y mis sueños giran entorno a mis últimos pensamientos.
<<No pagué las cuentas>> bufo abriendo los ojos de golpe.
Ya estoy cansada y ruego que no me corten la luz mañana. Pueden esperar hasta el lunes.








