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KILIAN (segundo libro)

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Continuación de "Kilian"

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
ximesensen
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
5.0 10 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1








Desperté sin abrir los ojos, todavía muy cansado como para recobrar mis sentidos correctamente, pero incluso en ese estado  estiré el brazo buscando a Kilian.


Para mi sorpresa solo sentí las sábanas dónde debería estar su bella existencia... Eso me trajo más y más a la realidad, abriendo finalmente los ojos y como supuse: no estaba a mi lado.


Me levanté preocupado, pero sin hacer movimientos bruscos o rápidos porque me dolía hasta pensar fuerte.


—Buen día —escuché decir a una corta distancia, giré levemente el rostro y Kilian estaba apoyado en el marco de la puerta, mirándome con una media sonrisa, con tal intensidad que me puse nervioso.


—Buen... Buenos días —sonreí y rasqué mi mejilla.


Lo observé de arriba abajo, no hizo falta emitir palabras porque mi cara decía explícitamente "¿Qué haces que no estas acostado dejando que te de amor?"


—Conociéndote sabía que si despertabas antes que yo querrías preparar el desayuno, sin importar qué tanto te doliese tu cuerpo, así que ya casi esta listo.


Inflé las mejillas en forma de protesta una fracción de segundos, pero no dije nada porque tenía razón, pensaba levantarme y preparar algo para comer.


Miré la habitación y estaba completamente limpia, hasta podría decir que brillaba de cierta forma.


«Se nota que Kilian esta feliz otra vez»


Tomé tímidamente mi boxer que se encontraba doblado sobre una silla a los pies de la cama y me los puse rápido.


Me sentía sucio y algo pegajoso por no haberme duchado anoche, pero tenía tanta hambre que pospuse ser un ser humano decente para continuar siendo un marrano cochino hasta que terminara de desayunar con Kilian.


—¿Qué quieres tomar? —preguntó sacándome de mi ensimismamiento.


—Emm, chocolate caliente ¿Puede ser? —asintió con una leve sonrisa.


—¿Tenías cacao en la alacena? No recuerdo que tuvieras la última vez que vine.


Ladeó su rostro y una casi imperceptible mueca en sus labios me hizo levantar las cejas.


—Antes de discutir, compré muchas cosas para que no necesitaramos ir al supermercado cada vez que quisieras cocinar... Las cosas no perecederas las conservé luego de limpiar el refrigerador y los estantes.


El rumbo de la conversación hizo que me sintiera algo mal recordando aquello, centré mi atención en mis propias manos y mordí mi labios para no demostrar mis tan obvias emociones... en vano.


—Pero aquí estás y eso es lo que importa —finalizó y guié mi vista hacia él nuevamente, palpitando con fuerza mi corazón cuando me observó lleno de gentileza en esos ojos que a veces parecían cargar un infierno dentro.


Pensé en algo y dubitativo hablé:


—¿A ti que te gusta desayunar? Digo ¿Qué tomarás? ¿O qué tomas habitualmente?


«Quiero saber qué le gusta para la próxima vez, cuando yo prepare el desayuno»


—Café negro.


Sonreí como si me hubiese dicho un secreto nacional, debo dejar de emocionarme por todo o creerá que estoy loco.


—Adivina qué preparé para acompañar el desayuno y ganas un premio —dijo caminado hasta mí.


—¿Huevos revueltos con tocino? —pregunté con una expresión obvia.


—Bien hecho. —Cuando me felicita, aunque sea por cosas tontas, me hace sentir algo cálido en el pecho.


Se inclinó hasta mi, me besó y sonrió sobre mis labios con esa tan jodidamente atractiva expresión de superioridad que suele poner en ocasiones.


—No sé como has sobrevivido hasta ahora —murmuré cómico negando con la cabeza.


—Eso sigue siendo un misterio hasta para mí —dijo con cierta ironía, cosa que me hizo fruncir las cejas un instante con varias dudas, pero un beso sorpresivo de su parte me hizo olvidar hasta el hambre.


Bueno, no, puedo perder hasta la dignidad, pero nunca el hambre.


Se giró para volver a la cocina dejándome ver su perfecta espalda... misma que tenía muchas marcas y rasguños.


Me sonrojé y seguido miré mi cuerpo con la luz diurna a mi alrededor, y a diferencia de anoche que solo contaba con la luz del velador, esta vez se percibía con mucha claridad y estaba peor que lo que recordaba.


El fuerte agarre de Kilian en mi cadera y los chupetones en todo mi pecho eran lo que más resaltaba.


Toqué mi piel y para mi sorpresa sonreí. ¿Cómo carajo podía sonreír por algo así? No es que sea masoquista, pero estaba tan feliz al recordar a Kilian besándome y mordiéndome de esa forma tan increíble que no pude evitarlo.


Me estoy volviendo un pervertido.


—Si suspiras tanto se te va a escapar el alma del cuerpo. —La voz de Kilian me sobresaltó.


Se acercaba a mí con dos bandejas de madera.


—¿Quién te dijo eso? —pregunté, recibiendo mi bandeja y viendo el desayuno.


«Que por cierto tenía muy buena pinta»


—Mi abuela siempre me lo decía —se notó un dejo de melancolía en su voz.


—¿Cómo era ella? —pregunté por impulso, dándole un sorbo a mi bebida.


Él se sorprendió un poco y luego volvió su seria expresión.


—Era increíble —comentó orgulloso—. Vivía lejos, y cuando digo lejos me refiero a otro país, ya que era Suiza. Mi padre —dijo esa palabra con desdén— también, vivió toda su vida en Suiza hasta que nací y al poco tiempo nos mudamos aquí... Ella venía cada año a visitarme y se quedaba un mes aproximadamente, ese mes eran como mis vacaciones mentales, era uno de los pocos momentos en el año en el que no sentía tanto terror.


—Pero... ¿Ella no podría haber pedido tu custodia? Es decir, hay leyes y... —soltó una carcajada seca.


—Cuando tienes dinero y poder, las leyes no existen —sentenció—. He visto a mi padre hacer cosas por las que debería pudrirse en prisión. Él ha hecho... —calló mirando hacia la nada.


No soy muy bueno descifrando sus expresiones, pero esta vez pude ver claramente cómo recordaba algo que incluso a él siendo tan radical le parecía espantoso y aterrador a niveles que yo jamás podría soportar si pudiese ver dentro de su mente.


—Cosas aberrantes. Cosas... imperdonables. —Tomé su mano haciendo que su vista volviera a mí y sacándolo de esos recuerdos.


Quizá no podría cambiar su pasado y el momento justo que esos recuerdos se aferraron a su subconciente, pero nada me impedía intentar que esos recuerdos no acabaran consumiéndolo frente a mis ojos.


Suspiró y continuó, como si fuese habitual para él convivir con ese tipo de horrores en su mente. Como si no fuese para tanto. Como si no le afectara.


—Odette era una gran mujer, hacía todo lo que podía teniendo en cuenta el hijo que le había tocado. Se notaba que me amaba y que se sentía culpable por no poder salvarme. —Esta vez si sonrisa no era una alegre— Pero al final lo hizo... supongo.


—¿Te refieres a la herencia que te dejó? —pregunté, recordando lo que me había contado antes y llevando un gran bocado de huevos revueltos a mi boca.


Asintió levemente.


—Sufría del corazón y cuando su estado empeoró yo estaba a punto de cumplir catorce años. No sé cómo, pero logró engañar a mi padre haciéndolo firmar mi emancipación. Me entregó los papeles junto con todos mis documentos, mis pertenencias, me dió todas sus joyas en un cofre plateado y dijo "vete, hay un auto en la puerta que preparé para que te recoja, te llevara a un avión privado y podrás escapar de él. Una vez descienda el avión busca este banco" o algo así, recuerdo que estaba anotado el nombre en un papel blanco, con instrucciones hechas apresuradamente... También recuerdo que dijo que estaría bien porque era alguien fuerte... Lamentaba "no poder hacer nada más por mí" y me beso en la frente... Hizo tanto por mí. No pude decírselo, no tuve tiempo, no fue suficiente tiempo...


«¿"Podrás escapar de él"? Me siento un poco aturdido... Esto suena como si su padre fuese una especie de monstruo demente, creí que sería un padre golpeador o abusivo, pero está situación va más allá» pensé con mi cara en blanco y él simplemente comía despacio, podía comer a pesar de hablar de temas que a mí me cierran la garganta por el nudo insoportable que se me forma.


«Este chico es la persona más resistente que he conocido, en muchos sentidos»


—Cuando llegué a Suiza no entendía nada, allí hablan francés, italiano y si no recuerdo mal también alemán. No tenía celular. Estaba completamente solo. Después de caminar horas sin rumbo agradecí con todo mi ser hablar inglés y haber podido comunicarme con unos tipos de Inglaterra que me crucé en la calle y así finalmente encontré el maldito banco que estaba anotado en el puto papel. Al llegar descubrí que ella me había dejado todo su dinero, habia vendido sus terrenos, viviendas y coches. Todo ese dinero habia pasado a ser mío. En ese momento entendí que ella iba a morir, ya sea que mi padre la asesinara o debido a que su corazón le fallase, pero que ella dejaría de existir era seguro. —Frunció el ceño y bajó la mirada— Recuerdo que comencé a llorar en medio del banco y la empleada creía que era de felicidad, por la gran suma de dinero que había en mi cuenta.


No sé en qué instante yo había parado de comer y solo me encontraba mirándolo. Se dió cuenta de mi triste y abrumada expresión, guardando silencio.


Respiró hondo y acarició el costado de mi cabeza, calmándome solo un poco, no del todo, porque era imposible hacerlo mientras mi mente maquinaba y procesaba esta nueva información.


—Lo lamento, Hunter, sé que para ti no es fácil de escuch... —Lo interrumpí antes de terminar su oración.


—Quiero hacerlo, quiero saber, por favor...


Dejé la bandeja al costado, sobre la cama y me posicioné detrás de Kilian. Deslicé mis brazos por su cuello y lo abracé por detrás como él siempre suele hacer conmigo cuando estoy triste. Obviamente no lograba cubrir todo su cuerpo con mis brazos, hasta parecía que me estaba aferrando a él como un bebé koala.


«Pero no me importa cómo se vea, es muy importante para mí y quiero hacerlo sentir bien. Sano y salvo. Del modo que me siento cuando me abraza»


Sonrió y besé su cuello suavemente.


—Como quieras, niño... de todas formas no te haré cambiar de opinión ¿Verdad? —Negué con la cabeza.


Suspiró.


—Ahí está el que decía que se me iba a escapar el alma —bromeé y no rio, estaba extrañamente serio.


—Prométeme algo...


—Dígame, señor —contesté cómico y con falso tono de mayordomo.


—Sin importar lo malo que sea mi pasado: no me dejarás —dijo aquello contundente—. No te he hablado mucho de mí porque prefería que todo siguiese como hasta ahora.


—Pero me gustas tú, no solo una parte de ti, todo tú... Con pasado, defectos y complicaciones —admití, apoyando mi frente en su hombro.


—No quiero que me odies o tengas miedo... ¿Ves que soy más egoísta que tú?


—Kilian —lo nombré con severidad—: nada me alejará de ti. Tu pasado no cambiará el hecho de que te amo. Pensé que te había quedado claro ayer que haré cualquier cosa por ti.


—Prometelo.


«¿A qué le tiene tanto miedo? ¿Qué puede ser tan malo como para inquietar a alguien como Kilian?»


—Lo prometo.


Me separé de él, levanté una mano e hice una equis con mi dedo índice en mi pecho del lado donde estaba mi corazón.


—¿Satisfecho?


—Carajo, sí que eres un niño —rio bajo y le di una palmada en la espalda.


—Y tú un abusivo —bromeé y Puso ambas bandejas en la mesita de luz, se giró hacía mí, me abrazó y sentí cómo suspiró en mi cuello, provocándome un leve cosquilleo—. ¿Me contarás? —pregunté acariciando su cabello.


—Lo que quieras —susurró deslizando esa húmeda lengua por mi clavícula, erizándome la piel, cosa que notó y mostró sus dientes con una malicia particular.


—O-Oye, no se vale... e-estamos hablando de algo serio... Y todavía no me he bañando, iuug —le recordé, alejándolo de mí.


—Yo me duché cuando desperté, pero podríamos bañarnos juntos. —Sus ojos brillaron como los de un niño pequeño y malvado— Es más, eso haremos.


En un segundo se levantó de la cama, me tomó entre sus brazos y nos dirigió hacia el baño.


—¡¿Q-Qué diablos?! —Intenté safarme, pero me dolía el cuerpo y estaba demasiado agotado como para luchar.


Bueno, ni con mi cuerpo y mente al cien por cien podría contra Kilian si él realmente quisiera someterme físicamente.


—Sé un buen chico y quedate quieto.


«Hablar con ese tono dominante y juguetón mientras sus manos se aferran duramente contra mi piel es hacer trampa ¿No tiene consideración con mis hormonas de adolecente cachondo? Dios, perdón, no sé qué estoy pensando»


—Esto es abuso por donde lo veas, es un abuso hacia mi persona, deshonor, deshonor a tu vaca —refuté mientras me dejaba gentilmente en la bañera y traía dos toallas.


«Lo malo de Kilian es que no entiende mis referencias de memes, películas, series o animes y parece que me falla cuando se me sale una que otra cosa así»


—¿Viste mulan? —dije porque sí y negó con la cabeza— Es una película de Disney, creo que una de las mejores de...


—Sé cuál es, Elian siempre pretende que las vea y por eso no lo hago —admitió irritado y me miró, de una forma que me hizo olvidar hasta de qué diablos estábamos hablando.


Recorrió mi cuerpo con su mirada tan poco racional y en total silencio, parecía haber un deseo tan grande en sus pupilas que sin siquiera cambiar si expresión ya me sentí cohibido.


—P-Puedes salir así termino de bañarme rápido —dije queriendo sonar causal y confiado.


Y como en casi todos los exámenes de matemáticas: fallé olímpicamente. Se podía prácticamente palpar mi nerviosismo y eso parecía activar una parte de Kilian que podría jurar sería irrefrenable una vez perdiera en control.


—¿No quieres que te acompañe en la tina? —Puso su mirada lastimera... pero sus ojos eran los de un lobo disfrazado de oveja.


—No me vas a convencer con eso, veo tus malas intenciones —contesté cruzándome de brazos.


—Oh... pero que cruel eres y yo que quería relajarme en el agua para contarte más cosas sobre mí... Pero esta bien, toma una ducha solo, más tarde quizás quiera hablar... —Me miró triunfal el muy maldito y en esa posición de pie junto a la tina su aire de superioridad y victoria era innegable— Quizá.


Ganó. Sabía bien cómo ganar y lo hizo majestuosamente el muy abusivo.


Fruncí el ceño e hice un ligero puchero. Abrí el grifo, me quité el bóxer y abracé mis piernas dándole espacio para que se sentase frente a mí.


Se quitó el chandal gris que traía puesto junto a su boxer azul oscuro y me costó pasar saliva.


—Eres un caprichoso —espeté mirando hacia la pared como mocoso castigado por la maestra.


—Y tú un niño igual de curioso que Dracarys — dijo entrando en la tina por detrás de mí en vez de usar el espacio que le dejé al frente.


Me abrazó haciendo que mi espalda roce con su pecho y mi parte baja con su miembro que a pesar de no estar erecto se sentía bastante... fuerte.


Tragué duro y respiré profundo.


—Pff, no es cierto... -dije intentando sonar calmado—. Ahora sígueme contando.


Sonrió en mi espalda y sus labios rozaron mi cuello sugerentemente.


—Antes de eso, ponle un poco de jabón a esa esponja que esta frente a ti y dámela.


—Pero... —bufé e hice lo que me dijo— Te acabas de bañar, no entiendo por qué tienes que enjabonarte de nuevo.


—¿Quién dijo que era para mí? —susurró a mi oído mientras tomaba la esponja— Ayudaré a un pequeño gatito curioso a ducharse.


Un escalofrío recorrió mi espalda y todo mi cuerpo sufrió un leve espasmo que me obligó a cerrar las piernas.


Diablos.


Me tomó firme de la cintura jalándome hacia atrás y se acercó tanto a mí que vi por el rabillo del ojo su sonrisa en su rostro al costado del mío, rozando mi hombro y cuello con su barbilla cuando se posicionó allí, sin nada de distancia entre su cuerpo y el mío.


Fue más que obvio lo mucho que lo complació mi reacción involuntaria y hasta mis hombros enrojecieron, encogiéndome más entre sus brazos.


—Y eso que todavía no he empezado a hacerte nada —se jactó con una voz embriagadora y rasposa.



Continuará...

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Buenos personajes

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Diálogos potentes

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author

tengo la esperanza de algún día poder terminar de leer este libro hasta el último capítulo, haci tenga que esperar 100 años

2 años
author

una pregunta este es la continuación del capítulo 39?

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