CAPÍTULO 1
Hace ya varios años desde que me mude a Francia, con solo una maleta y un poco de dinero. Decidí irme por todo lo que estaba pasando a mi alrededor; Necesitaba desconectar por un tiempo y buscar mis propias pistas. Entrené un par de años para conseguir entrar en la CIA, donde actualmente trabajo como agente, donde pude aprender cosas que no sabía en un pasado.
Me encuentro en la cama, tengo mi mano tapando mis ojos cerrados, quería descansar, estar en esa cama durante horas o incluso días, sin tener ninguna preocupación.
Al momento una llamada se hizo escuchar por toda la habitación, abro mis parpados levemente por la luz que traspasaba la ventana, me inclino hacia la derecha y cojo el móvil de la mesita de noche.
—¿Sí? – me siento en la cama mientras me froto los parpados.
—¡Agente Fisher!, la espero en la calle Ribot. – era la voz de mi compañero que se escuchaba entre las sirenas de la policía. – Dese prisa.
—Entendido. – me levanto de la cama – Podrías alguna vez decirme hola o unos buenos días… — oigo un sonido “Buuph”. Separo el teléfono de mi oreja – Me ha colgado… - resoplo dejando caer el teléfono en la cama que estaba deshecha.
Camino hacia el lavabo para lavarme la cara y después hacia el armario para coger la ropa que me iba a poner; Una blusa blanca y unos pantalones negros. Vuelvo a coger mi teléfono para echar un último vistazo antes de dirigirme hacia la cocina y así prepararme un café antes de salir hacia el lugar donde mi compañero me esperaba.
Bajo las escaleras de mi bloque con el café recién hecho en mi mano y las llaves del coche en la otra; el coche estaba aparcado en frente del edificio, me subo y me dirijo hacia la dirección que mi compañero me había dicho. Hacía un día muy soleado, donde la claridad inundaba todas las calles de Francia y una brisa fresca acariciaba mi rostro y manos.
Al llegar, varios coches policiales se encontraban aparcados en la acera, donde varios policías estaban empezando a acordonar el lugar con la cinta policial. Aparco al lado de una ambulancia, pego un último sorbo al café y dejo el vaso en el posavasos del coche, salgo y me dirijo al callejón donde se encuentra la víctima. Al acercarme a la cinta policial, varios reporteros ya estaban allí intentando conseguir una imagen. Enseño mi placa al policía que estaba más cerca, tras ello levanta la cinta frente a mí saludándome.
Me adentro en el callejón, había varios policías y mi compañero hablando con los testigos, pero yo me dirijo hacia el forense que estaba examinando el cuerpo.
—Hola. – me agacho poniéndome de cuclillas en frente del cuerpo que estaba tendido en el suelo del callejón. El cuerpo estaba boca arriba, sus parpados cerrados y su pelo lleno de polvo, tenía una gran mancha de sangre en el pecho donde se podía ver un orificio de bala. El forense deja de mirar su cuaderno donde estaba anotando cosas para observarme.
—Hola agente Fisher. – Era un hombre de mí misma edad, su pelo corto de color negro y sus ojos color caramelo, me miraba mientras hacía una breve sonrisa.
—¿Qué tenemos? – observo cada detalle del cuerpo por si veía algo fuera de lugar. En sus dedos había un polvo oscuro como si se tratase de pólvora.
—Varón no identificado, podría tener entre cuarenta, y cuarenta y cinco años. – señala con el bolígrafo la herida de bala que tenía en el pecho – La causa de la muerte es de un disparo en el corazón. No tiene cartera y tampoco ninguna identificación así que no podemos saber quién es. – aproxima el bolígrafo hacia la mano de la víctima – Como puedes ver tiene pólvora en las uñas.
—¿Ha habido algún forcejeo?, ¿Algún moratón? – observo sus muñecas.
—No tiene ninguna marca de que haya forcejeado con alguien. – apunta algo en el cuaderno.
—¿Hora de la muerte?
—Sobre las cinco de la mañana. Pero para saberlo con más exactitud, tendré que llevarlo al laboratorio.
—De acuerdo. – me levanto al mismo tiempo que el forense – Gracias. – me mira mientras asiente con la cabeza.
—Agente Fisher. – me giro tras escuchar mi apellido. Camina hacia mí, mi compañero con una camiseta color cielo, pantalones negros de traje y una americana.
—Hola, agente Walker. – se acerca a paso ligero hasta posicionarse al lado mío – ¿Han dicho algo los testigos?
—No han aportado mucho… – mira hacia los testigos haciendo que su pelo castaño que empezaba a tener canas se moviera ligeramente por la brisa – Son los que encontraron el cuerpo. Han dicho que vieron a un hombre salir corriendo del callejón, sobre las seis de la mañana y… – mira hacia el cuerpo que ya estaban cubriéndolo con una manta blanca – El forense calcula que murió sobre las cinco de la mañana.
—¿Lo conocían? – señalo a los testigos que seguían hablando con varios policías.
—Uno sí. Chris Adams. – saca de su bolsillo de la chaqueta una pequeña libreta y busca una página hasta encontrarla – Dice que cada día lo veía en este callejón donde se encontraba con un hombre encapuchado. Dice que la víctima se llamaba Luke Evans, no llegaron a hablar mucho.
—Era una persona bastante distante hacia los demás… - sujeto mi barbilla de forma pensativa – Este tipo de personas hacen más complicado buscar cosas sobre ellos.
—Me recuerda a alguien… - hace una media sonrisa mientras desvía su mirada hacia los policías.
—Voy a hablar con él. – inicie mi caminata hacia los testigos.
—No sabe nada… - me siguió – Fisher.
—Quien de vosotros es Chris Adams. – me posicione al lado del policía, el cual estaba aún interrogándoles. Los observé a ambos mientras cruzaba mis brazos.
—Soy yo. – levantó la mano tímidamente.
—Puedes llevarte a los dos restantes. – miré al policía, él inmediatamente asintió.
—Seguidme. – pronunció mientras les guiaba hacia otro lugar.
—Ahora que estamos a solas necesito que seas sincero conmigo. Quiero que me describas como era el encapuchado. – me lo quede mirando mientras inclinaba ligeramente mi cabeza.
—Ya se lo dije a él. – señala a mi compañero.
—Pero él no soy yo. – me aclare la garganta – Te lo vuelvo a decir, ¿Cómo era la persona?
—Era-era una persona alta y por su forma de caminar tenia pinta de que era un hombre y no una mujer.
—Solo lo conocía la víctima. ¿No?
—Si. – asintió.
—Algo no me cuadra… - me giré para poder hablar con Walker – Dice que es su amigo, entonces cuando lo vio cada día junto a una persona sospechosa, ¿Por qué no se acercó? – desvíe mi mirada hacia Chis - ¿Por qué no te preocupaste por él?
—No podía… - bajó su mirada.
—¿No podías o no querías? – alce la voz.
—No podía… - negó con la cabeza – Intente saber de él, lo intente, pero cuando por fin di el paso, el hombre encapuchado me acorralo un día dándome una paliza por inmiscuirme en algo que no me importaba. – su respiración se había acelerado – Y creo que fue eso el detonante de todo… Intenté que dejara de hablar con tipos así, pero no me escuchaba. – elevó ligeramente los hombros.
En ese momento un ruido se hizo escuchar por todo el callejón, era una especie de alarma de un móvil. Mi compañero y yo nos miramos unos segundos para acto seguido buscar de dónde provenía ese ruido. Hasta que por fin encuentro un teléfono escondido detrás de varias cajas que se encontraba a un par de metros de distancia. Donde se podía leer en la pantalla “Número desconocido”.
—Walker. – saco de mi bolsillo trasero un pañuelo para coger el teléfono – Número desconocido. – me giro para observar a mi compañero que se acercaba a mí a paso ligero.
—Dame. – le ofrezco el teléfono ya que él tenía los guantes de látex. Lo sujeta mejor para poder responder - ¿Quién es? – con la mano que tenía libre me ofrece un par de guantes – ¿Por qué? – me mira de reojo.
Me pongo con rapidez los guantes de látex que me había ofrecido, aunque mi mirada seguía fija en mi compañero. Miro nuevamente el lugar donde encontré el teléfono, se podía apreciar varias gotas de sangre en el suelo. Hice un gesto a uno de los policías que estaba sacando fotos, para que hiciera una. Una mano me sujetó del hombro izquierdo.
—Toma. – Walker me estaba ofreciendo el teléfono. – Quiere hablar con otra persona - Cojo el teléfono mientras le miraba sorprendida.
—¿Sí? – observo como mi compañero apoya sus manos en su cintura y me observa fijamente.
—Esta muerto ¿no? – era una voz temblorosa de hombre. – No debí de ir, si no seguiría vivo. – se le notaba angustiado.
—¿Quién eres? – pregunto mientras observo al policía con la cámara en la mano.
—Soy él que huyó de ese callejón y puede que sea la siguiente víctima.
—¿Cuál es tu nombre? - observo mi alrededor - ¿Por qué quieres hablar conmigo?
—Samuel Anderson. Por favor, no quiero morir… – cada vez se ponía más nervioso – Lo-los que cogen primero el teléfono, suelen ser los capitanes y… No me gustan.
—Vale, Samuel Anderson. ¿Dónde estás? – observo como mi compañero escribe su nombre en su pequeña libreta, tras ello me mira y asiente.
—Estoy en un avión dirección a los Ángeles, tenía que salir de Francia si me quedase allí, me encontraría y me mataría.
—Porque no has ido a una comisaría, en vez de irte a otro país.
—No lo sé. – alza la voz.
—Vale, vamos a situarnos. ¿Quién quiere matarte?
—No lo sé, es por eso que necesito vuestra ayuda. – de fondo se podía escuchar un murmullo de gente.
—Tienes que decirnos lo que has visto.
—Iba dirección hacia él…
—Hacia Luke.
—Si… Era un hombre corpulento que apareció de la nada y le pegó un tiro en el pecho. Me quedé paralizado al ver eso, el hombre me vio, pero no hizo nada y yo corrí y no miré hacia atrás. Era mi amigo…
—Lo encontraremos y pagará por lo que ha hecho, pero necesito saber por qué has cogido esa dirección. ¿Por qué los Ángeles? – aparte mi teléfono para hablar con mi compañero – Tenemos que ir a los Ángeles.
—Espera, ¿Cómo? – me miraba sorprendido mientras volvía a posicionar el teléfono en mi oreja.
—Yo antes viva en los Ángeles, por eso iré a la casa donde nací. – respondía Samuel – Aun soy joven para morir.
—No merece morir nadie. Dime la localización exacta.
—Espera, puede ser él quien lo ha matado. Nos puede llevar a una trampa. – mi compañero se acerca a mí mientras negaba con la cabeza. Aparté nuevamente el teléfono.
—Tú lo has dicho puede y también puede ser la próxima víctima, como dice. – resopla mientras con su mano derecha se sujetaba la cintura y con la otra se frotaba la frente de forma pensativa – Si llegase a pasarle algo, tu conciencia te lo recordaría siempre.
—Vale. – desciende la mano de la frente – Pero sigue sin convencerme.
—Samuel dime donde iras. – vuelvo a poner el teléfono en mi oreja.
—Iré a la calle San Pedro 43, 421. Si sigue igual, la casa será de un color rojo.
—De acuerdo, iremos lo antes posible. – observo a varios policías que nos observaban a varios metros intrigados.
—Gracias. – lo dijo con una voz temblorosa.
—Ya no podremos hablar más por aquí. Así que escóndete allí y solo espéranos.
—Sabía que no eras como los demás policías.
—Cada uno es valioso en algo. Recuérdalo. – respiré profundamente – Nos vemos Samuel. – tras decir eso colgué.
Mi compañero sujetaba una bolsa de plástico y yo dejo caer el teléfono dentro de ella. Al momento la mirada de mi compañero se fijó en mí.
—En cualquier momento nos puede mentir. – cierra la bolsa. – Es alguien que ha huido de una escena de un crimen.
—Lo sé, pero también nos puede ayudar a saber quién mato a este hombre. — señalo donde estaba el cuerpo y donde aún se podía apreciar la mancha de sangre en el suelo. – Él vio como mataban a su amigo y quedó paralizado, dando la oportunidad al agresor a verle. Ahora mismo puede estar en ese avión junto a él yendo a los Ángeles y él, no lo sabría. – respira con profundidad.
—De acuerdo, pero sigo sin saber porque confías en todos… Hay personas que no merecen eso.
—Él no es así, lo intuyo, pero si llega a mentirme dejare de confiar. – observaba como miraba a mi alrededor – Tenemos que ir a los Ángeles y protegerlo.
—Joder… Vale, primero de todo tenemos que hablar con el jefe, para informarle y ya después ir.
Después de pronunciar su última palabra empezó a caminar hacia el principio del callejón donde los reporteros nos esperaban como buitres para hacernos preguntas. Nos hicimos hueco sin decir nada al respecto, hasta llegar a un punto donde nos tuvimos que dividir para coger nuestros respectivos coches. Al entrar al vehículo mi mirada se fijó en el vaso de café, lo cojo y pego un trago.
—Está frío… - resoplo mientras lo volvía a dejar donde antes.
Arranco el coche y conduzco hacia la comisaria, no hubo tráfico en la carretera así que fue rápido para llegar. Salgo del coche con el café en la mano, mi mirada se dirigía a los coches aparcados, hasta que vi a mi compañero salir de su vehículo. Camino a paso ligero hacia la primera papelera que vi, para tirar el café y acto seguido vuelvo para encontrarme con mi compañero.
—Ya he informado a los compañeros que trabajan en Los Ángeles, para que vigilen el piso de Samuel, y si pasa algo nos lo dirán. — guarda su teléfono en el bolsillo trasero de su pantalón mientras caminamos hacia la puerta de la comisaria.
—Entendido. — entramos a la comisaria. Había demasiado movimiento de lo normal.
—¿Por qué ha huido? – mostramos nuestras placas al policía para que nos dejara pasar.
—Samuel había visto como mataban a Luke, por eso la única idea que tuvo era huir, no pensó en alternativas.
—Es lo peor que ha hecho. – resopla mientras nos dirigimos hacia el despacho del capitán – Es mejor que entre yo solo. – me frena en seco posicionando la palma derecha en frente de mí.
—Espera. ¿Como? – le miro sorprendida.
—Hazme caso. – me sujeta del hombro – Ves a tu mesa, a ver si encuentras más pistas ¿Vale?
—De acuerdo. – desvío mi mirada hacia el suelo. Él comenzó a caminar hacia la sala del capitán, solo fueron segundos hasta que decidí seguirle, no podía quedarme sentada en mi mesa esperando
—No es por qué no quiera que entres, es porque quiero ponerle todos los papeles sobre la mesa al capitán.
—No pasa nada. – vuelvo a mirarle - Me quedare en mi mesa. – señalo hacia detrás mío. – Y buscaré pistas mientras me traen la documentación de la víctima.
Me doy la vuelta y empiezo a caminar hacia mi mesa. Escucho el portazo retumbar en mis oídos. Al llegar me siento en la silla y apoyo mis codos en la mesa. Samuel no cuadra como un asesino, estaba demasiado nervioso y encima que te explique todo, donde se va a quedar y encima que te de la dirección exacta… No tiene sentido.
—Agente Fisher. – al momento mi mirada se dirigió al agente de pelo castaño y ojos claros que se acercaba hacia mí – Aquí tiene la documentación de Luke Evans. – me ofrece la documentación.
—Que rápido, gracias. – le muestro mi mejor sonrisa.
Me regala una sonrisa y se da la media vuelta. Dejo todos los papeles encima de la mesa y empiezo a ojear cada página de arriba a abajo.
—Evans era repartidor de comida… - con la mano derecha sujeto mi barbilla – Tenia nacionalidad española y estadounidense – resoplo – Que hacías en Francia… – susurro mientras vuelvo a releer. – La empresa se llama IBs…
Al momento busqué información respecto a esa empresa hasta encontrar el teléfono en internet. Cogí el teléfono que estaba situado en mi mesa y llamé. A los segundos una mujer me respondió con una voz dulce.
—Buenos días, en que le puedo ayudar.
—Buenos días, estoy buscando a un tal Luke Evans, es que ayer me trajo comida a mi casa y se me olvidó darle una propina. – acerque mis codos a la mesa, sabía que no iba a colar.
—Espere un momento.
—Claro. – escuchaba como tecleaba hasta que volvió a hablar – Lo siento mucho, pero en esta empresa no trabaja ningún Luke Evans.
—¿Está segura?
—Si señorita, tengo justamente el documento en la pantalla y no sale la persona que me ha dicho. ¿Por qué cree que trabaja aquí?
—Me dio una tarjeta de la empresa.
—¿Una tarjeta? Nosotros no damos tarjetas.
—Lo siento, me habré confundido. – colgué.
Me paso la mano por mi frente, pensativa mientras dejaba el teléfono en la mesa. Si no trabaja en la empresa que pone en su documentación, en que empresa trabajaba.
Levanto mi vista ya que la puerta del despacho del capitán estaba abierta, y donde la voz de Walker se escuchaba, hasta que por fin salió del despacho y se dirigió a mi mesa.
—¿Nos da bandera verde? – dejo los papeles en la mesa
—Sí, pero hay que informarle desde allí, en todo momento.
—A llegado la documentación de Luke Evans. – me levanto de la silla mientras le ofrezco los papeles.
—Vale. – los coge y empieza a ojearlos.
—Evans fue repartidor desde hace dos años en una supuesta empresa llamada iBs.
—¿Supuesta? – me mira extrañado.
—He llamado a la empresa, pero me han dicho que Luke Evans nunca ha trabajado ahí
—Entonces, ¿Para quién trabajaba? – me mira de forma incierta.
—Todo lo que sabemos de él es mentira o al menos, lo que dice su documentación.
—Iremos a los Ángeles para coger a Samuel, estoy seguro que él sabe quién es Luke y donde trabaja.
—Vale. – asentí con la cabeza.
—Entonces vamos, no hay tiempo que perder. – sujeta mejor las hojas y empieza a caminar hacia la salida.
—Espérame. – hago un movimiento brusco para dirigirme hacia él, pero me tropiezo con la esquina de la mesa, tuve la suerte de no caer. Mi cara empezó arder notaba como el color rojo inundaba mis mofletes.
—¿Estás bien? – alzo mi cabeza para observarle, estaba a punto de reírse.
—Si... No te rías. – le señalo – Soy bastante torpe, deberías de saberlo. – empiezo nuevamente a caminar hacia la salida.
—De acuerdo. – logro escuchar la voz de Walker entre la risa que empezaba aparecer en él.








