Prólogo
Me sentí como si me hubiera sentado en el banquillo de los acusados, los siete me miraban detenidamente, la expresión en sus rostros lo decía todo, yo había roto el trato y tenía que irme, así eran las reglas.
-Te lo advertimos-me reprendió Kim Seokjin, no sabía si estaba molesto o decepcionado, era difícil saberlo.
-No pude evitarlo-Dije con todo el estoicismo del que fui capaz, pero por dentro me estaba muriendo.
Rogué al cielo porque no descubrieran mi secreto, para que no me obligaran a decirlo, para que no supieran de quien se trataba, pero entonces él se puso de pie, me miró con asco y yo sentí el mundo desmoronarse bajo mis pies. Escuché la voz de Seokjin mezclada con la de los demás, pero yo ya no estaba poniendo atención. Él hombre del que me había enamorado, a pesar de las reglas, se acercó a mí, cauteloso, iracundo, como nunca lo había visto antes, estuve segura de que iba a echarme a patadas, y lo merecía, lo merecía si había osado a poner los ojos en él.








